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UN JUSTO RECONOCIMIENTO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 16 de febrero de 2020

     Hace unos días se dio a conocer que la revista de prestigio internacional National Geographic, fundada en 1888, había elegido, en su edición del próximo mes, a Reina Torres de Araúz, como una de las 20 mujeres que, a nivel mundial, abrieron el camino de la exploración en sus respectivos campos.  Esta noticia cobra relevancia en estos momentos, en que un patronato privado está gestionando la reapertura del Museo Antropológico que lleva su nombre, y que tiene años de estar cerrado.

     Reina Torres de Araúz fue una pionera en el campo de la antropología y etnografía, y una dama que en la década de los 70 e inicios de los 80 sentó precedentes en la investigación patrimonial de nuestro país.  Era una humanista a carta cabal y, junto a su esposo y científicos de National Geographic formó parte de una expedición que se internó en lo más profundo de la provincia de Darién.  En ese entonces, la espesura de la selva limitaba con el pueblo de Chepo.

Reina Torres de Arauz

     La antropóloga, que tuvo una vida corta pero muy fructífera (apenas vivió 49 años) fue la primera en dirigir la Dirección de Patrimonio Histórico una vez fue creado el Instituto Nacional de Cultura (INAC).  También ejerció como profesora de antropología en el Instituto Nacional (su alma mater) y en la Universidad de Panamá.  Había estudiado filosofía y letras con especialización en antropología en la Universidad de Buenos Aires, donde se doctoró.  Ejerció la dirección de Patrimonio Histórico por una década, sentando pautas en una ciencia que era incipiente en Panamá.

     Fue autora de numerosos trabajos de investigación, que fueron publicados tanto en inglés como en español, así como en varios países del mundo y que principalmente versaban sobre las etnias indígenas locales.  Mientras estuvo a cargo de la Dirección de Patrimonio Histórico logró que se aprobara la Ley 14 del 5 de mayo de 1982, por la cual se dictan medidas sobre la custodia, conservación y administración del patrimonio nacional.  Era una feroz defensora de los objetos que nos identifican como nación y eso la llevó a denunciar a los panameños y estadounidenses que practicaban la huaquería (el robo de huacas precolombinas y piezas arqueológicas en sitios donde hubo asentamientos humanos, especialmente culturas indígenas y su salida del país).  De forma personal y muy directa exigió a museos estadounidenses la devolución de esas piezas que forman parte de sus colecciones.

     También fue una gran gestora cultural en el campo museístico, pues bajo su dirección se fundó el Museo del Parque Arqueológico El Caño, en Coclé, el Museo de la Nacionalidad, en la Villa de los Santos, el Museo de Arte Religioso Colonial, el Museo Afroantillano, el Museo de Ciencias Naturales, el Museo de Historia y el Museo del Hombre Panameño, en la antigua estación del ferrocarril, en la plaza 5 de mayo, construcción que data de 1912, de estilo neoclásico.  Debido a esta circunstancia, la Dra. Araúz peleó como una leona una locomotora del siglo XIX (la No. 299) que estaba frente al edificio, y que fue removida en 1979, dos años después de la firma de los tratados Torrijos-Carter, y enviada a un museo en New Jersey.  La pieza estaba incluida en la lista de patrimonio histórico nacional y se había establecido que la misma reposaría en la estación ferrocarrilera.  Describió, en su momento, la acción del gobernador que tomó la iniciativa de removerla como “una flagrante violación a todos los instrumentos internacionales sobre el patrimonio histórico de la humanidad”.

La antigua estación de ferrocarril donde debe funcionar el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz

     La revista National Geographic la describe como una mujer que ayudó a preservar la historia de Panamá, que ayudó a instituir media docena de museos en Panamá.  Hace también mención de que, en 1961, una compañía estadounidense demolió un edificio colonial llamado La Pólvora, para dar paso a una carretera.  En ese entonces, Reina Torres de Araúz tenía 29 años y, muy disgustada, se quejó con el entonces presidente, Roberto F. Chiari, quien la escuchó y tuvo la iniciativa de formar la Comisión Nacional de Arqueología y Monumentos Históricos y la puso al frente para asegurarse de que los sitios patrimoniales fueran preservados.  Ya era una persona conocida como defensora de la herencia cultural y había participado de la expedición que identificaría la mejor ruta a través de Panamá por la que pasara la carretera interamericana, que en teoría uniría Alaska con Chile.

     Pasó su luna de miel con su esposo, Amado Araúz, recorriendo esos agrestes caminos, expedición que fue documentada ampliamente por la revista que ahora la honra.  Salieron de ciudad de Panamá en dos vehículos y llegaron a Colombia cuatro meses después, completando la primera incursión entre norte y sur América.  Su hijo, Hernán Araúz, tiene un interesante video en YouTube sobre su vida y su obra.

     El mejor homenaje a esta panameña ilustre, que dejó entre sus alumnos más destacados quienes han preservado su legado a Julieta de Arango, Directora del Patronato de Panamá Viejo, es que se reabra cuanto antes el museo que lleva su nombre, con la colección completa, que es parte de su acervo.

PREJUICIO Y DESINFORMACIÓN

Por Mariela Sagel, 9 de febrero de 2020, La Estrella de Panamá

     Los acontecimientos tanto nacionales como internacionales que nos afectan como ciudadanos de este país han hecho mucho ruido en los últimos días, especialmente por la repetición y a veces intoxicación de algunos a través de las redes sociales.

     El coronavirus ha sido el foco de atención aquí y afuera, pero en nuestro país se dio una circunstancia lamentable, la protesta de los residentes de Pacora por la presencia en el área de un grupo de estudiantes que habían llegado de China en una escuela que, por estar ahora los estudiantes de vacaciones, no está en uso.  Esa reacción, como escribió un columnista el viernes pasado, no fue consecuencia de intolerancia basada en la ignorancia sino de la mala información.  Yo agregaría que más que mala información se debe a la desinformación.  Si los chicos estaban allí recluidos para una especie de cuarentena, no debió haber alarma en la población sino todo lo contrario, solidaridad para con esas familias que estaban pasando por un momento incierto.

     A través de las redes se divulgó que había casos de coronavirus en Panamá, lo que no es cierto, y algunos médicos se pronunciaron de manera contundente de que debe haber sanciones para los que divulguen noticias falsas.  No se trata de coartar la libertad de expresión sino de la irresponsabilidad de divulgar mentiras y alarmar innecesariamente a la población.

     Después nos cayó la fuga del criminal de cinco jóvenes asiáticos hace unos años en La Chorrera.  Este individuo, de altísima peligrosidad estuvo definitivamente en posición de haber perpetuado su escape en complicidad con estamentos de la seguridad del penal, la mafia internacional y mucho dinero de por medio.  No es la primera vez que se escapa y esa escaramuza hizo rodar las cabezas de dos ministros del gabinete.  No entiendo por qué él tenía una cortina para que tuviera privacidad, lo que le permitió cortar los barrotes de su celda.  Sus escapadas son dignas de una serie de Netflix.  Pero tanto la masacre que ocurrió en La Joyita hace un mes como esta fuga deben abordarse con el uso de inteligencia tecnológica al más alto nivel, ahora con drones y con dispositivos de ubicación geográfica (GPS) no hay límites para controlar los más mínimos movimientos que se dan en cualquier lugar, con mucha más justificación en los centros penitenciarios, donde se puede monitorear a control remoto cualquier incidencia que se produzca.  De igual forma, habría que revisar la ley penitenciaria y adecuarla a las tecnologías con que hoy se cuenta.  Es cuestión de voluntad y de modernización.

     Y llegamos a la designación a la ministra de Gobierno, bajo cuya responsabilidad está el Sistema Penitenciario.  Conocí a la señora Grajales en su cargo de gobernadora y en todo momento me pareció una persona con decisión y voluntad de hacer su trabajo.  Al recibir la noticia de su nombramiento, me pareció acertada.  No habían pasado un par de horas cuando se hizo viral un video en el que se le mostraba gozando de los carnavales, como si fuera un pecado o algo inmoral que le gusten esas fiestas.  Me pareció una crítica injusta e improcedente, pero, sobre todo, machista.  Estoy segura de que a un hombre no le sacan los trapos como se lo están sacando a ella y con tanta saña. 

     Los prejuicios son ideas preconcebidas, generalmente negativas, hacia algo o alguien, pero se agudizan con las mujeres, a las que nos achacan toda clase de acciones negativas, amantes que no existen y descalifican nuestras capacidades profesionales y de liderazgo sin siquiera darnos la oportunidad de probarlas.  Al tiempo que se dejan obnubilar por los prejuicios, tanto machistas como partidistas, los que se adelantan a divulgar estas escenas y noticias, más que desinformar, hacen un daño terrible al ya de por sí clima tenso en el que vivimos a diario.  Un presidente fue electo hace diez años por una gran mayoría de incautos unos meses después de haberlo filmado saltando de colchón en colchón en carnavales, y nadie lo criticó (o muy pocos).

     Con estas actitudes, donde es más fácil prejuzgar, divulgar por WhatsApp, Twitter o cualquier otra red social, sin siquiera averiguar si es cierto lo que se está propagando es una inmensa irresponsabilidad y con ello no contribuimos a elevar la cultura ciudadana que reclamamos a otros pero que no practicamos.  Basta de la desinformación, la saña, los prejuicios y el machismo.  Construyamos un mejor país con las buenas acciones de todos.