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EL PINTOR DE ALMAS

Por Mariela Sagel, Vida y cultura, 29 de septiembre de 2019. La Estrella de Panamá

     El escritor catalán Ildefonso Falcones, que ha vendido más de 10 millones de libros desde que empezó a publicar novelas (2006) cuando se estrenó con “La catedral del mar”, ha irrumpido con fuerza otra vez con su nuevo libro “El pintor de almas”, que salió a fines de agosto en España y Latinoamérica bajo el sello Grijalbo.  Afectado por un cáncer que le ha demorado la finalización del libro ya que recibe tratamiento de quimioterapia, duda si éste será su último libro.

     Tal como “La Catedral del Mar”, donde el protagonista es la ciudad y la Basílica de Santa María del Mar, en “El pintor de almas” Barcelona vuelve a ser el escenario y el modernismo, movimiento que le dio a la ciudad condal su sello inigualable en el campo de la arquitectura y la decoración, el telón de fondo de esta historia entre un artista, pintor y ceramista y una combativa mujer y todos los imponderables que se levantan entre ellos.

     La historia empieza a inicios del siglo XX, en 1901 y se desarrolla por unos 30 años, pero su énfasis es en la lucha obrera que se dio durante la época en que estalló con fuegos de magia y creatividad el modernismo, por los arquitectos Antoni Gaudí, llamado el arquitecto de Dios, y otras figuras tan importantes como él, como Lluís Domènech i Montaner, Josep Puig i Cadafalch, Josep Maria Jujol y otros que adoptaron el lenguaje de la naturaleza y el empleo abundante de las líneas curvas y asimétricas.

EL PINTOR DE ALMAS

     Los personajes de Falcones son generalmente muy potentes, enfrentan situaciones en extremo complicadas y hasta tristes, y en este caso, no hay excepción.  Dalmau Sala es un pintor que inmortaliza el alma de aquellos que posan para él y su mujer, Emma, es una líder social, codiciada por los hombres a su alrededor por su voluptuosidad.  Se desarrolla en una Barcelona donde la lucha obrera y reivindicativa está en su punto máximo, explota el modernismo, y la iglesia católica se distancia de la realidad de los más necesitados, aliándose con la burguesía.

Ildefonso Falcones y su libro El pintor de almas

«Siempre me pareció una idea tremendamente atractiva escribir sobre el modernismo que se desarrolló en esa Barcelona a caballo de dos siglos, planteando una trama que no se centrara en una obra concreta, sino que ofreciera una visión de conjunto de ese estallido de magia y creatividad”, ha destacado el autor en una entrevista en medios españoles cuando el libro salió a la venta.  Una ciudad convulsionada por los reclamos de los obreros, inundada de “trinxeraires” (niños mendigos), y una febril actividad en torno a la construcción de los íconos arquitectónicos con que hoy se identifica. Dalmau es protagonista activo de esas construcciones, pues trabaja en un taller de cerámica cuyo dueño, un ultraconservador contratista que lo pone en contacto con la Barcelona del lujo y la ostentación, también pinta y su maestro, además de librarlo del servicio militar, exhibe los dibujos que hace de los rostros de los “trinxeraires”. 

Su lectura es adictiva porque es muy ágil la secuencia de situaciones que se van dando, y en ella podemos recrear la construcción de la Casa Batlló, la Pedrera y del Palau de la Música, que se trató de desvirtuar posteriormente como que era inadecuado para escuchar conciertos allí.  También incorpora otras obras emblemáticas de la ciudad condal, como el hospital de Sant Pau, obra de Lluís Domènech i Montaner. Es importante la descripción de cómo llega el artista a dominar la técnica del “trencadís”, característica del movimiento modernista que consiste en armonizar pedazos de cerámica entre sí.

Casa Batló

La trama se desarrolla entre pasiones personales de Dalmau y Emma, su madre y afectos, y una insistente trinxeraire, Maravillas, que en cierta forma se enamora del artista y al tiempo que le roba, pretende protegerlo.  Cuando Dalmau y Emma dejan de verse, él, capturado por su maestro, se desatan pasiones que llevan a ambos a sucumbir al mismo infierno (en el caso de Dalmau, se entrega a la bebida y las drogas).

Maravillas lo rescata llevándolo a un antro donde todo tiene precio, a cambio de que el pintor le haga un cuadro al contrabandista que maneja ese lugar que se conoce como Pekín.  Mientras tanto, se cura de su adicción a la morfina por la abstinencia y en cierta forma, por su fuerza de voluntad.  Al regresar a la vida de la Barcelona del trabajo, y por causa de un daño irreparable que causó involuntariamente a su maestro, se ve impedido de trabajar como ceramista y llega a ser hasta cargador de materiales, cuando la ciudad se preparaba para la gran Exposición Universal de 1929.  Vuelve a pintar y vuelve a destacarse, siempre perseguido por la sombra del maestro que le cierra todas las puertas para que no exponga, no consiga trabajo, para que no se haga famoso.  En un acto de desesperación, Dalmau le roba un objeto sagrado al maestro para pagar la cuenta que tiene pendiente con él, por haberlo librado del ejército, y que fue la causa de que le embargaran hasta la máquina de coser de la madre, que era su instrumento de trabajo y que generaba su sustento.

La historia de Emma no es menos dramática, es una mujer de carácter y fortaleza, cocinera, líder nata que se encarga de la capacitación de los obreros y que, después de perder al marido y ya teniendo una hija (en el lapso en que Dalmau se desapareció de su vida) se va a vivir con la madre de éste, porque su familia la desahucia.

Palau de la música

DESPUÉS DEL MODERNISMO

     Tras la explosión del modernismo, caracterizado por una imaginación exuberante, Barcelona se fue al extremo del racionalismo estricto, el “noucentisme”, que exigió reflejar los ‘valores de orden’ de los catalanes.  La historia, por la extensión que abarca la novela, nos lleva a leer lo que representó la “Semana Trágica” que se desarrolló entre julio y agosto de 1909 y durante la cual se quemaron templos, conventos y seminarios católicos. Hay escenas dignas de la caída del imperio romano, con Barcelona en llamas vista desde la azotea de la Pedrera “porque las iglesias ardían mientras los burgueses estaban de fiesta”. Se relatan los conflictos que existían entre los bereberes (de Marruecos) que desembocó en la guerra del Rif. Poco después, antes de que terminase ese año de 1909, el 18 de diciembre, las autoridades españolas firmaban un tratado de paz con el que ponían fin a ese conflicto.

Casa Mila (La Pedrera) by Antoni Gaudi. Barcelona, Spain.

     Como todos los relatos de Falcones, en esta poderosa novela no faltan las escenas de erotismo, de ternura y de venganza.  La descripción de la ciudad bien merece volver a recorrerla con todos sus monumentos, sus recovecos y sus sitios emblemáticos.  De la misma forma, los detalles de vestuario de los protagonistas (hasta de los “trinxeraire”) están muy bien tratados.  Emma no es una protagonista secundaria, es tan importante como el pintor de almas, y su fuerte personalidad, su determinación y los sacrificios que tiene que hacer para mantener su trabajo y de esa manera ayudar a la madre de Dalmau y criar a su hija, Julia, son inmensos.

     Al final, uno termina el libro maravillado de la magnífica novela que ha podido escribir Falcones, especialmente en momentos por los que atraviesa, que le es hasta doloroso teclear.

     Su primera novela, “La Catedral del Mar” fue llevada a serie y se puede ver en Netflix, y ahora está a la espera de la culminación de la producción de la serie de su último libro, “Los herederos de la tierra”.  Falcones es también autor de “La mano de Fátima” y “La reina descalza”, todas novelas poderosas, que tienen protagonistas fuertes, recios, decididos y las mujeres son muy feministas, decididas e íntegras.

LA ERA DE NETFLIX

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 29 de septiembre de 2019

     La plataforma de servicio de contenidos que ofrece Netflix ha revolucionado la forma de ver la televisión.  De hecho, Netflix empezó con el envío de DVD’s a domicilio en 1997 en California, pero uno de sus dueños, usuario de Blockbusters, al devolver una película con retraso, tuvo que pagar $40 dólares de multa.  Empezó a concebir un servicio que fuera “on demand”, de manera electrónica, y es así como surge la empresa, que se expandió en 2011 a América Latina, y en 2017 ocupaba el 20% de la banda ancha de internet.

     Sus dueños no se han conformado con obtener los derechos para reproducir películas clásicas, sino que inició una agresiva producción audiovisual desde la concepción o adquisición del producto hasta su difusión, a través de una plataforma por internet de contenidos propios.  Los que somos usuarios de esa plataforma tenemos infinitas opciones para ver películas, series, programas de televisión y muchas otras opciones.

     Mi permanente campaña por la lectura se complementa con los contenidos históricos que ofrece Netflix.  Desde las obras del escritor cubano Leonardo Padura, con el detective Mario Conde personificado por Jorge Perugorría (“Cuatro Estaciones en La Habana”) así como las del escritor sueco ya fallecido Henning Mankell, “Wallander”, he podido disfrutar de series y películas muy bien logradas y apegadas al texto literario.  No están exentas de esta excelencia películas y series basadas en libros como “El tiempo entre costuras” de María Dueñas, “La reina del Sur” de Arturo Pérez Reverte (la primera temporada, en la segunda el escritor cartagenero no tiene nada que ver), “La Catedral del Mar” de Ildefonso Falcones y muchos otros, como el basado en el asesinato de Trotsky en México, Los Borgia, la historia del imperio romano (recomendado por Arturo Pérez Reverte como de las mejores series producidas), Troya, Versalles, y las que giran en torno a la reina Isabel de Inglaterra (The Crown), La Reina de España (con Penélope Cruz) y un montón de opciones que se escapan a este recuento entre las que están el imprescindible e inolvidable “Ministerio del Tiempo” que confirma los hechos históricos.

     Lo que ofrece Netflix no solo es basado en literatura o historia.  También tienen divertidas series y películas, como “Grace & Frankie”, o dramáticas como “La Casa de Papel”, “Tiempos de Guerra” y “Las chicas del cable”, “Ingobernable” (con Kate del Castillo). Las hay también de temas de narcos, pero esas no me interesan. A mí en lo particular las pelis de Netflix complementan mi acervo literario y de vez en cuando, alguna diversión.  Me encantan los filmes donde actúa Jeremy Irons, Hugh Grant, Jane Fonda y otros actores de mi predilección.

     Recientemente ha capturado la atención del público la serie “Bolívar”, que es una producción colombiana con 60 capítulos.  El comentario general ha sido que históricamente está muy bien basada, los personajes son exquisitamente representados y lo que es más importante, por lo menos para mí, se reivindica a Manuelita Saénz, “la esposa del Dr. Thorne” como reza el título del libro del escritor venezolano Denzil Romero.  Para muchos Manuelita era una advenediza, una mujer sin escrúpulos, y en esta serie la ponen como lo que era: revolucionaria, agresiva, decidida a apoyar a Bolívar en cualquier batalla que se le presentara.

     Me encantó “Kurt Seyit ve Şura”, basado en un libro de la autora turca Nermin Bezmen, porque retrata la época de la caída de los zares por la Revolución Rusa (1917), la huida de ambos amantes hacia Turquía y cómo culminan su vida ante la aclamación del triunfo de Mustafa Kemal Ataturk, padre de la nación turca, cuya revolución abolió el imperio otomano en 1923.  Y me siguen gustando series tanto divertidas como históricas, porque a través del cine, de buen cine, es como si leyeras, si están bien hechas las películas o series.  Esto, complementado con el cine literario que se pasa una vez al mes en la Academia de la Lengua, es parte de la alegría de ver buenas adaptaciones a obras de la literatura.

     Hoy día, Blockbuster desapareció y Netflix es cada vez más popular entre los que tienen acceso a internet, se suscriben al servicio, que cuesta una bicoca mensual y pueden ver una inmensa cantidad de contenidos.  El menú es vasto y siempre lo orienta a uno de acuerdo con sus preferencias.  Es algo parecido a los taxis versus Uber. Lo importante es el servicio.  En este mundo donde todo el mundo tiene una conexión a internet, cualquiera puede contratar Netflix, no es cuestión de élite.  Vale la pena.  Las televisoras nacionales deberían ir poniéndose a tono con lo que ofrecen porque las películas o novelones están siendo desplazados y con ventaja:  uno las ve cuando quiere y como quiere.