Archivos de la categoría Educación

¿DONDE ESTÁN NUESTROS ESCRITORES?

Por Mariela Sagel, El Siglo, 23 de octubre de 2017

 La semana pasada registraba es este mismo espacio lo contenta que estaba por el prolífico mes de octubre que vivíamos en el campo de la literatura, con un nuevo Nobel de Literatura, un ganador del Premio Planeta, la entrega de los premios IPEL y el fallo y entrega de galardones de los Premios Ricardo Miró.  La gran decepción que me tengo es que, a pesar de que las categorías cuento, poesía, ensayo y teatro recayeron sobre sólidos representantes de la intelectualidad panameña, en su mayoría autores emergentes, la categoría novela fue declarada desierta.

Fueron 30 trabajos los presentados y en esta categoría es donde hay mayor entusiasmo. Pero al declararla desierta me indica que los aspirantes presentaron muy malas historias, que no estuvieron a la altura de merecer el premio.

Es preocupante, porque tenemos muy buenos narradores de historias y realidades que se pueden novelar, como son la turbulencia política, la apertura del canal ampliado y otras que hasta en el género negro cabrían. Debería ser de máxima urgencia que los organizadores revisen dónde está el fallo.  De igual forma, los profesores de español y literatura deberían hacer un análisis del por qué hemos llegado a esta situación.

En la era de las redes sociales las personas están muy enfocadas a escribir mensajes cortos, y pareciera que se están dejando llevar por lo breve, lo sintético.  De allí que el género cuento sea el de mayor participación: somos un país de cuentistas y también de cuenteros.

Estoy segura que todos los que asiduamente me leen y tengan una vivencia o historia que contar, o la imaginación para hacerla una novela anímense.  Ya el Concurso Ricardo Miró cumplió 75 años, es respetable y respaldado por jurados internacionales.  Que no los venza la pereza y la inmediatez, y los que participaron, revisen sus textos y mejórenlos que el otro año los pueden volver a someter.

CELEBRANDO LA CULTURA CULINARIA ITALIANA

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá

 En el mes de noviembre la Embajada de Italia en Panamá celebra una semana gastronómica en la que combina la rica cultura culinaria con otras manifestaciones artísticas.  El año pasado se celebró un concierto en el Domo de la Universidad de Panamá con la célebre soprano Valeria Esposito, acompañada por el maestro Guilio de Luca.

Este año la cita gastronómica se vuelve más ambiciosa, porque incluye, entre todas las degustaciones y grandes comilonas, la presentación de un libro titulado “Por qué a los italianos les gusta hablar de comida” que es un mágico itinerario a través de la historia, la cultura y las costumbres italianas. El libro no sería tan relevante si no estuviera escrito por una persona famosa, Elena Kostioukovitch, que reside en Milán y con apenas 25 años se convirtió en la traductora de Umberto Eco al traducir al ruso “El nombre de la Rosa”, libro que en esos momentos estaba prohibido en la Rusia soviética.  Pero la mejor parte del asunto es que el prólogo del libro es del mismo Eco, quien al solicitársela una opinión para la contratada dijo que por qué no un prólogo, lo que la misma autora no se esperaba.

Por qué a los italianos les gusta hablar de comida

Elena vive en Milán desde hace 20 años, donde además de traductora es editora y escritora y una personalidad en el mundo de la literatura italiana.  Su departamento, con libreros blancos (igual que los de Eco) tiene unos 25,000 libros, en estricto orden y clasificación por temas, autores y ediciones.  Un lugar especial tienen todos los libros de Umberto Eco que ha traducido y por supuesto los escritos por ella en todas sus diferentes ediciones.

MILÁN Y ECO

Elena Kostioukovitch estudió lenguas italianas en su natal Rusia y tradujo un importante manuscrito al inicio de su carrera de un predicador y tratadista moral italiano, Emanuele Tesauro, titulado Il cannocchiale Aristotelico, que iba abriendo paso a las transformaciones que se avecinaban en el siglo XVII dentro del panorama del barroco europeo.

Ella encontró “El Nombre de la Rosa” en 1982 y lo empezó a traducir.  A pesar de que tenía otros proyectos en mano, siguió con los libros de Eco.  Llegó la época de la Perestroiska y las cosas se fueron abriendo, de manera que el autor se fue interesando en quien era esta joven traductora de sus obras al ruso.  Cuando se conocieron, junto a la esposa de Eco, con la que mantiene una estrecha amistad aún después del fallecimiento del célebre escritor el año pasado, y su editora, hicieron la presentación en Moscú de uno de sus libros y según me contó Elena en la cena que compartimos en su apartamento en Milán recientemente, el público que acudió era enorme y sobre todo, entusiasta.

Elena ha estado enseñando traducción  literaria y literatura rusa en las universidades italianas de Tiestre, Trento y Milán.  A mi pregunta de cómo se le ocurrió la idea de hacer este libro me contestó que a través de un amigo empezó a conocer sobre cómo se cosechan los alimentos en Italia y la devoción que le tienen a la pureza de sus diferentes recursos (por ejemplo, la pasta al “dente” para nosotros estaría cruda).  La clase de madera que se usa para cocinar las pizzas y cómo cada una de ellas cambia el sabor de las mismas.  Fue así que se embarcó en un recorrido por todas las regiones italianas para entender cada una de sus gastronomías y primero lo escribió en ruso.  Luego, al ver la traducción al italiano la rehizo, por lo que el producto está doblemente marinado.  Según su introducción, el libro nació con la idea de poner en un solo manuscrito historias sobre el simbolismo de los alimentos en cada región de Italia y su significado “ideológico”.  “Entre un alimento y otro habrá siempre la ocasión de hablar sobre historia, sociología, democracia y totalitarismos” enfatiza la autora.

Elena en su biblioteca con las obras que ha traducido de Umberto Eco

El libro ha sido aceptado con entusiasmo y lleva varias ediciones en Italia, 20 en Rusia y 20 en los Estados Unidos, entre otros.  La editorial Tusquets, del Grupo Planeta, lo ha editado en español.  Además, después de su publicación en 2006 recibió el premio Bancarella Cucina al año siguiente. El libro ha sido traducido, además de al español, inglés y ruso, al chino, coreano, polaco, serbio y publicado en Australia y Ucrania.

Elena Kostioukovitch ha traducido numerosos y muy conocidos escritores y poetas italianos al ruso, entre los que destacan Pier Paolo Pasolini, Ludovico Ariosto y muchos más pero su gran valor internacional le llegó a partir de las traducciones de los libros de Umberto Eco.

ELENA KOSTIOUKOVITCH EDITORA Y NOVELISTA

Su carrera literaria no estaría completa si no hubiera incursionado en la edición y la novelística.  Hace unos diez años fundó una agencia literaria para difundir a prominentes representantes de la literatura actual y mediante ella administra los derechos literarios de nombres com Iliá Erenburg, Iliá Mitrofánov o Yuri Lotman y colabora con Memorial, la asociación para la difusión de archivos documentales de inapreciable valor histórico.  También escribe artículos periodísticos en medios como L’Espresso (Italia), Panorama (Italia), Itogui (Rusia), Ezhednevny Zhurnal (Rusia), Nóvaya Model (Rusia).  Tiene una novela reciente titulada “Las siete noches”.  Su actividad no para. El día que nos encontramos me mostró los que estaba haciendo en torno a la arquitectura italiana, y vaya que allí sí hay tela que cortar en ese tema.

Una relación irrompible con la obra de Eco

Lo mejor de toda esta historia es que Elena Kostioukovitch viajará a Panamá para la presentación de su libro “Por qué a los italianos les gusta hablar de comida”, en el marco de la Semana de la  Gastronomía Italiana, el 21 de noviembre en la Sociedad Italiana de Panamá.  Allí podremos abordarla en todas las interrogantes que tengan los expertos gastrónomos y los sibaritas y gente del común, que se ha aficionado a la pizza sin saber de sus orígenes y el método para prepararla.  Elena ya presentó este libro en Argentina, donde hay muchos descendientes de italianos, con un éxito inenarrable.  Panamá, con una población de italianos y descendientes de italianos representativa seguramente le dará la mejor de las bienvenidas y la cálida acogida de la que somos referencia mundial.