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Aprendiendo de las buenas prácticas

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 30 de agosto de 2020

La noticia que sacudió a Turquía el pasado 21 de agosto fue el hallazgo de un depósito de gas natural en el Mar Negro de proporciones tan impresionantes que permitirá al antiguo Imperio otomano convertirse en una potencia en este campo a la vez que mejorará su balanza de importaciones del rubro de países como Rusia, Irán y Azerbaiyán. No es poca cosa, pues la nación había dependido de estos suministros y ahora podrá disfrutar del usufructo de sus recursos, especialmente en beneficio de una población tan numerosa como avanzada, en todos los campos, especialmente el tecnológico, turístico y científico.

Interesante también es la forma en que este país ha manejado la pandemia que azota al mundo, la de la COVID-19, que tiene a la mayoría de los países arrodillados. Desde el mes de junio Turquía volvió a la normalidad y en sus calles lo único que notas es que la gente lleva mascarillas y hay dispensadores de alcohol por todos lados. En algunas tiendas no puedes entrar, pero te despachan desde dentro y en otras no puedes probarte la mercancía, pero te dan 60 días para devolverla en caso de que no te quede (en rubros como ropa). Todo lo demás funciona casi normal, con una exigencia de distanciamiento físico en transportes, restaurantes, y otros sitios donde se congrega mucha gente. El no uso de la mascarilla es sancionado por ley.

Evaluando las cifras que arrojan a diario los nuevos contagios y comparando con la cantidad de población que existe, se puede apreciar que el país y sus instituciones tomaron muy temprano control del virus y lo bloquearon parcialmente. El turismo, que aporta 16 % al PIB del país, ha decaído no tanto por la situación de aparente normalidad que aquí se aprecia, sino por las restricciones que imponen otros países a sus ciudadanos a viajar. Y aún así hay mucha actividad en este verano que ya casi termina.

La tasa de letalidad anda por el 2.7 y el total de casos alcanza 260 mil. Los muertos apenas seis (6) mil y se han aplicado a la fecha más de seis (6) millones de pruebas. Turquía tiene una población de alrededor de 82 millones de habitantes.

Intrigada en qué habían hecho bien para que estén tan bien, y valga la redundancia, además de estadísticas y análisis que revisé, conversé con un alto funcionario de la Cancillería turca que me manifestó que el Gobierno ha invertido mucho en el sistema de salud en los últimos años, lo que le ha permitido enfrentar el virus de manera frontal y sin improvisaciones o adaptaciones de estructuras para que sirvieran de hospitales. Su capacidad hospitalaria nunca ha alcanzado ni el 75 % de ocupación. Eso, aunado a una fuerte inversión en educación, para que la gente entendiera que no eran medidas coercitivas, sino preventivas, permitió que se controlaran a tiempo los contagios. En estos días han impuesto medidas como la prohibición a los mayores de 65 años de asistir a bodas o eventos sociales similares, por un leve rebrote. Se espera que, como en todos los países, haya una nueva oleada de contagios por la prueba de fuego que representa la reapertura de los colegios, en el mes de septiembre. El cierre de las fronteras con los países vecinos, especialmente Siria e Irán en el mismo momento que se declaró la pandemia, representó una ventaja para el control de la misma.

Algo que ha mostrado la larguísima cuarentena que se observa en Panamá, que se ha ido relajando poco a poco por la presión económica que representa la paralización de sus actividades, es que nuestros sistemas de salud no están ni sincronizados ni son robustos, por el contrario, son tremendamente frágiles. Eso, aunado al abandono que tuvieron los Gobiernos anteriores a las estructuras sanitarias y la capacitación de personal ha producido un choque brutal, del que no logramos reponernos. También la educación juega un papel relevante, toda vez que la compresión y observación de todos los residentes del país a las reglamentaciones que impone el Gobierno solamente pueden ser adoptadas por una población disciplinada y eso únicamente se obtiene en una sociedad educada. Debemos aprender de las cosas buenas que hacen los países que han no vencido, sino controlado el desborde de la pandemia.

DECISIONES ACERTADAS Y DESACERTADAS

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 2 de agosto de 2020

     Al momento de escribir esta columna me entero de la muerte de mi gran amigo Eusebio Leal Spengler, historiador de la ciudad de La Habana, que hizo un trabajo titánico en rescatar la parte vieja de esa urbe que es centro de interés de antes y de ahora.  El compañero Leal, como le dicen sus compatriotas, era un trabajador incansable y creativo, que pudo detener el derrumbe de una ciudad fundada a fines del año en que surge la primera nuestra, establecida en Panamá Viejo, en 1519. Muy amigo de Panamá, lo recordamos con inmenso cariño.

     En el desarrollo de la pandemia en nuestro país hemos pasado de ser el que mejor ha manejado el embate de este enemigo invisible al que más casos de Covid tiene por 100 mil habitantes en el mundo.  Muchos atribuyen esta lamentable estadística que nos pone una vez más en el foco de las referencias mundiales al prolongado y estricto confinamiento, que cumplimos, de cuatro meses, cerrados a cal y canto.  Yo veo a diario que la cultura ciudadana es la que está ausente en el accionar de las personas puesto que no aprendemos a seguir las directrices que nos imparten, lo que provoca que se conviertan en medidas drásticas.

     El gobierno nacional tomó la sabia decisión de cancelar ser sede de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se llevarían a cabo en 2022 por la alta inversión que tendría que hacer el estado en la celebración de ellos.  El costo era demasiado oneroso para comprometer dineros que van a ser necesarios para la recuperación económica después de este golpe mortal que hemos recibido por la pandemia.  No han faltado los quejosos y los deportistas que tenían cifradas sus esperanzas en dicho escenario, pero es comprensible que, en estos momentos, hace falta empezar a acondicionar infraestructuras deportivas y construir otras que, o están en mal estado, o no existen.

     Estos Juegos Centroamericanos y del Caribe se celebran desde 1926 y Panamá ha sido sede en dos ocasiones, en 1938 y en 1970.  Son un evento de múltiples disciplinas deportivas que se realiza cada cuatro años dentro de la región de América Central y la cuenca del Mar Caribe, llegando a ser el acontecimiento multidisciplinario regional más antiguo del mundo.  En 2022 se realizará la versión número 24 de los juegos y aún no se define el país sede ahora que Panamá ha declinado ese honor.

     Todos recordamos las sendas estructuras deportivas que se construyeron para ser sede de la XI versión en 1970, que incluyó un velódromo que estaba detrás de Tocumen, la piscina Patria, el estadio Revolución y otros, a los que les han cambiado los nombres.  Desde entonces, pocos han sido los esfuerzos por dotar a los amantes del deporte con infraestructuras adecuadas.  Lamentablemente, hay otras prioridades en este momento histórico que nos está tocando vivir.  Si bien el deporte es salud, también el ser anfitriones nos ponía en una óptica muy sensible para que se luciera el país, y como se dice en forma coloquial, el horno no está para bollos.

     Por otro lado, nos sorprendió la decisión del alcalde de El Valle de Antón de imponer la ley seca en esa comunidad, donde están ahora confinados un montón de personas buscando aires más saludables y de donde surgió la magnífica idea de conformar un Equipo de Apoyo Solidario.  Este grupo ha resultado en un modelo a emular por otras comunidades pues han creado un microcosmos en el cual se apoyan los residentes permanentes y logrado mantener la cantidad de infectados por el virus, y los decesos, a niveles bajísimos.  Pero la noticia que dio a conocer esta medida los puso como que eran los que arrojaban cifras alarmantes de contagios, lo que no se apega a la realidad.  El asunto está en que, en la mente de la gente que escuchó la noticia, las aclaraciones posteriores nunca van a ser suficientes para olvidar la impresión que causó la noticia, y el decreto, bien intencionado, estuvo mal redactado.

     Esperemos que se subsanen estos apuros, producto de la inmediatez que nos corroe.  Nadie, en toda la bolita del mundo, estaba preparado para recibir este embate y hemos ido aprendiendo con el ensayo y error.  De allí que lo bueno que ha salido debe ser para replicar y multiplicar, no para derrumbar.