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La gestión municipal

19 de Julio 2010

Estoy en la altiva provincia chiricana impartiendo el módulo del diplomado que describí hace unas semanas, y me he encontrado con un grupo de personas beligerantes, preocupado por la forma en que las acciones de gobierno se perciben en la población y cómo un tema álgido llegó a degenerar en crisis en las semanas pasadas. Aunque no es la materia que me toca, dedicamos un tiempo a identificar los problemas que hubo tanto en el manejo como en la forma, ante los acontecimientos que se dieron en las bananeras y sus secuelas en los intentos de reprimir la libertad de expresión e información.

Este grupo de estudiantes ha ofrecido un panorama hasta ahora ignorado por la mayoría de los medianamente educados de la capital. En Boquete, me dicen, existe desde hace varios años un programa de reciclaje y disposición de desechos. El mismo surgió, no tanto por la influencia de los extranjeros allí residentes -como pensaría el común de los mortales- sino por la contaminación que producía la basura en el agua que tomaban los habitantes de David.

Este tema es relevante porque se me informó que no solamente se enseña, desde las aulas de primaria, a disponer de la basura con visión de reciclar, sino que se adopta esta práctica en los hogares. Los niños crecen con la actitud de saber manejar los desechos y no se crea el problema que afecta a la mayoría de las poblaciones del país, que es la acumulación de la basura, y su recolección.

También me entero que en David, el alcalde ha hecho un buen trabajo, fue reelecto al puesto en las pasadas elecciones, y que los habitantes consideran que tiene un proyecto de ciudad y lo está llevando a cabo en forma satisfactoria. ¡Qué lejos estamos los habitantes de la capital de gozar de un mínimo de satisfacción para con la gestión municipal! Valdría la pena conocer más sobre la ejecutoria del burgomaestre, lo que trataré de hacer en el corto tiempo que estoy pasando, como estrella fugaz, por esta tierra de mis antepasados.

Hace falta que los gobiernos locales hagan más en dar a conocer sus logros para que se evalúe la importancia que tiene la descentralización municipal. Y a los ciudadanos exigirle a los gobernantes que expongan su proyecto de gobierno e ir chequeando punto por punto cómo lo van cumpliendo.

Sin placas no hay paraíso

18 de julio de 2010

Panamá se está distinguiendo, de entre todos los países del mundo, por carecer de placas de circulación o identificación vehicular. En buen panameño, si un conductor comete un delito, no hay manera de rastrear el auto, a menos que los sofisticados sistemas de seguridad del Estado ya tengan un GPS instalado —sin nuestro conocimiento— en nuestras licencias o cualquier otro dispositivo.

Las placas son responsabilidad del Municipio y, según he investigado, la gestión anterior dejó la casa en orden para que todos tuviéramos esa identificación que hace unos años, por decisión de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre, nos clavó con una imagen de un sistema de transporte que nunca llegó a realizarse. Es muy peligroso no tener esa identificación y no todos mostramos el papel que nos da la autoridad competente en la ventana del auto, mucho menos los agentes se toman la molestia de verificarlo.

El burgomaestre, que ya no puede ir más abajo en las encuestas de aceptación entre sus propios electores, porque tendría que ser submarino para hacerlo, ante la botada que le dio el presidente, descubrió, ¡oh sorpresa! después de un año, que su antecesor le había dejado, supuestamente ‘las arcas vacías’. Eso quiere decir, para la gente medianamente inteligente, que por un año el tipo no miró ni lo que había recibido, ni mucho menos hizo su trabajo. Quiso romper un record Guinness en la Cinta Costera y la convirtió en una sucursal de Cerro Patacón. Adjudicó casi un millón de dólares en consultorías que, honestamente, cuando veo los nombres de los beneficiados, podría decirle al oído, no me ayudes compadre.

Su renuencia a renunciar se convirtió en cinismo, que ya ni siquiera da risa, sino que ofende. Lo que se muestra en su acto de aferrarse al puesto contra todo y contra todos es el desmembramiento del partido que lo postuló, que lo nacionalizó y que ahora lo quiere reemplazar sin perder el espacio, porque sabe que el avasallamiento del disco compacto que le viene va a ser peor que una aplanadora y quedará fuera de la papa.

A estas alturas del partido, aferrarse a la excusa que no se tenía experiencia en el manejo público es un atrevimiento. En la Alcaldía de la Ciudad Capital se ha registrado el 10% de los despidos masivos que se han dado en el gobierno, especialmente en puestos que no son los gerenciales, —mismos que ahora el alcalde ha pedido sus renuncias—, personas con gran experiencia en la gestión municipal, que tanta falta hace.

En una caricatura se mostraba al alcalde con varias patas, como el pulpo Paul, haciendo ver que no tenía suficientes para meterlas todas y creo que se quedó corto el autor de la misma. La Alcaldía capitalina se le entregó mediante una transición ejemplar, sistemática y, sobre todo, electrónica, donde todo estaba registrado; y eso fue hace más de un año y por espacio de dos meses, donde hubo abrazos y manifestaciones de apoyo de parte y parte. Y que conste que el alcalde anterior tuvo a una Contraloría hostil a cuestas durante sus dos períodos.

Como la ignorancia es atrevida, montarle una campaña sucia al señor Juan Carlos Navarro por culpa de la incompetencia del señor Vallarino ya raya en lo ridículo. Pero peores cosas he visto en este tortuoso año y, la verdad, ya nada me sorprende por el descaro y desparpajo como se han estado haciendo las cosas y se ha ido ‘a balazo’ hacia una dictadura civil con altas dosis de racismo y ofensa y, sobre todo, violación de los derechos humanos.

Ceder la Alcaldía al Chucky legislativo va a ser otra burla y una abierta violación a la Ley, además que será peor para el agonizante partido arnulfista seguir perdiendo ese espacio donde camina como en un entramado de tablas carcomidas por la polilla. La polilla del poder a todo trapo. A lo mejor le toca considerar al inmenso burgomaestre lo que escuché en el Cañonero de Domplín que le ofrecerían: ser embajador extraordinario y plenipotenciario de Panamá en el reino mágico de Walt Disney. ¿Por qué no? Allí seguramente rompería un record, lo que le encanta: ser el primer panameño en presentarle sus credenciales a Micky Mouse.