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Nos vamos pa’ Lima

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com

Esa fue la expresión que me escribió un amigo cuando le “chateé” que al ex presidente Pérez Balladares le habían otorgado el permiso para salir del país y así viajar a la capital peruana.
Y ya me imagino la andanada que vendrá de parte de sus detractores cuando tengan la oportunidad de reponerse del golpe que la decisión del fiscal Ayú Prado les ha representado. Y es que ahora su principal acusador (el que “abrió” el caso el 3 de agosto del año pasado, según se lee en un recuento recientemente) se va a sentir defraudado.

En lo que se insiste de manea viciosa es que el ex presidente está involucrado en un caso de blanqueo de capitales. Sus voceros hemos explicado en estos más de 80 días que han pasado desde su reclusión que blanqueo solamente se puede dar cuando la proveniencia del dinero es ilegal. Y tal como se le ha querido señalar, se le acusa de recibir dinero de sociedades que se dedican a los juegos de azar que, hasta donde tiene la población entendida, no es ilegal.

Las cosas han cambiado desde el aciago 14 de enero en que un sorprendido Pérez Balladares se vio ilegalmente restringido de su libertad, al acudir voluntariamente a la Fiscalía Especializada del Crimen Organizado. Un fiscal, arrogándose el derecho que no le correspondía, lo manda para su casa. Luego le niegan por varias semanas el derecho que tiene todo ciudadano a tener un “debido proceso” al no asignársele un juez, en dos ocasiones le niegan la fianza y posteriormente, le ponen una suma ridícula y astronómica que él, con buen juicio y el consejo de su familia y abogados, se negó a consignar.

Y es que la procuradora -hoy separada- abrió el caso “de oficio” por las simples y venenosas publicaciones de un medio, y “de oficio” el procurador encargado no ha querido abrirle causa al director de la Policía por las supuestas acusaciones que durante la invasión persiguió a ciudadanos estadounidenses.

Ese medio siempre quiere ser juez y parte de los temas en los que se empecinan y cuando las cosas no le salen como esperaban, inventan y arman cualquier ataque. Acostumbrados a actuar sin rendir cuentas a nadie, seguramente ahora el fiscal les parecerá un vendido y quién sabe qué más cosas.

Al tiempo que han arrastrado por el lodo a un ex presidente, inmisericordemente, sin importarles la certeza de sus aseveraciones, defienden a quienes no tienen ni honra de la qué vanagloriarse. Tienen guardado en el clóset al artífice de toda esta telaraña y lo soltarán, literalmente, cuando no quieran dar la cara y una vez utilizado, lo sacarán del país, como en ocasiones anteriores.

Pero en todo, aunque pasen 30 años, rendirán cuentas oportunamente y en esto, como hemos insistido desde el principio, los cimientos los hicieron utilizando una débil arcilla que se ha ido desmoronando rapidito.

Se requiere un profundo análisis

MARIELA SAGEL*

El reciente anuncio que el gobierno nacional compraría de vuelta a las empresas concesionadas los corredores diseñados dentro del proyecto Estampa, en los años ”80 y construídos durante la administración de Ernesto Pérez Balladares –por lo menos, el inicio de ellos— ha generado una gran cantidad de comentarios, algunos encontrados, que demandan un profundo análisis y sobre todo, una evaluación técnica y desapasionada de lo que ello implica.
Por un lado se escuchan los argumentos que se invertirían los ahorros del país en algo que ya tiene funcionando más de diez años y que con ese mismo dinero se pueden construir obras viales que son de urgente necesidad para los habitantes de este país.

Por el otro lado se dice que las empresas mexicanas que se beneficiaron con esas concesiones han expresado que su recompra les representa el mejor negocio de su vida empresarial, toda vez que ese dinero fresco que les entraría lo pueden usar, a su vez, para otras obras que también les generarán millonarios dividendos. También he leído que la noticia causó, inmediatamente, una baja en el “ranking” que otorgan las calificadoras de riesgos, si eso es que eso es importante para el vulgo.

Lo único que sí es válido, en mi humilde entender, es que los corredores NO VAN a ser gratis ni creo que bajen de precio, y mucho menos, van a recibir el mantenimiento que actualmente tienen cuando pasen a manos del estado. Invito a los expertos en economía, en finanzas y en ingeniería –y a quienes negociaron dichas concesiones— a que participen de un foro abierto donde la población se ilustre sobre las ventajas o desventajas y, de alguna forma, haga sentir su voluntad en contra o a favor.

De la misma manera, se requiere analizar las consecuencias de legalizar 100 mil ciudadanos colombianos de los más de 350 mil que hoy viven en Panamá y las implicaciones que ello traería en varios aspectos de la vida nacional. Sean colombianos, dominicanos, venezolanos, Panamá siempre ha sido un crisol de razas, pero hace falta una política migratoria que no discrimine, ni en contra ni a favor, para que se llegue a la conclusión de, en un momento de obnubilación, acceder a la legalización de personas que no se sabe a qué negocios edificantes se dedican. Propongo que todos aquellos que de alguna manera hemos sido parte del tema analicemos, con el único interés de beneficiar a Panamá, lo que ello representaría.

Los mexicanos que han atravesado la frontera al sur del Río Grande persiguen implacablemente esa moratoria generosamente ofrecida en la ciudad de Medellín al gobierno colombiano, período tras otro de sus presidentes, sin acercarse a algo parecido. Y las circunstancias son totalmente distintas así como lo es el manejo de las mismas.

Y finalmente, analicemos con estadísticas en mano y sin la intención de practicar marketing político, si la criminalidad ha ido en aumento o si el gobierno ha logrado bajar la inseguridad que a todos nos tiene muy preocupados y en lo que parece haber opiniones encontradas. Es necesario aclarar que la tipificación de los delitos ha cambiado radicalmente en los últimos años, y que los robos de autos han dado paso a los ajusticiamientos, y los hurtos sencillos han dado paso de ser delitos menores a  delitos mayores llamados contra la salud, que son el tráfico y consumo de drogas.

Si criticamos ofrezcamos soluciones para que no se diga el día de mañana que nos oponemos a todo. A lo único que no podemos oponernos es al desarrollo y debemos ser responsables del país que estamos construyendo porque, seamos parte del engranaje gubernamental o no, nuestras acciones, decisiones y opiniones son las que pesan al final para hacer un mejor Panamá.

Vista del Corredor Sur con el paisaje urbano de la ciudad de Panamá al fondo
Vista del Corredor Sur con el paisaje urbano de la ciudad de Panamá al fondo