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Miedo a los que no tenemos miedo

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com
La Estrella de Panamá

Continuando con el tema de la seguridad y los derechos humanos, asistí la semana pasada a la presentación del Cuaderno de Desarrollo Humano No. 2 que amplía los conceptos y ofrece estadísticas sobre la Seguridad Ciudadana, identificándola como una responsabilidad compartida.

Y se convierte en compartida toda vez que al esfuerzo que ha hecho el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se ha unido la Cámara de Comercio de Panamá, lo que hace muy interesante la correlación de fuerzas ahora en juego y se puede decir que el gremio empresarial más importante ha comprendido finalmente que los esfuerzos de los organismos internacionales y la llamada sociedad civil deben ser compartidos para que se obtengan resultados positivos a corto plazo.

En Panamá, tal como lo muestran las cifras, los índices de criminalidad han ido en aumento y las famosas ‘mano dura’’s demostraron ser un fracaso. Ya no se habla de seguridad sino de inseguridad. La delincuencia común ha sido desplazada por la delincuencia organizada y las formas de combate a la primera es muy diferente a cómo se debe atacar la segunda.

Este Cuaderno de Desarrollo viene a aportarnos los conceptos urgentes que tenemos que manejar al momento que se abra el debate para identificar las causas de inseguridad y se logre una comprensión cabal del fenómeno. Señala de manera puntual que la cooperación y la corresponsabilidad recae en los actores públicos y privados para que todos, en conjunto, diseñen las estrategias para poder combatir este flagelo. También comprende los contenidos esenciales en toda propuesta de políticas públicas de seguridad, a fin de que se llegue a tener una visión integral de los elementos que identifican el problema y brinda la información completa.

La inseguridad limita el derecho humano y el ejercicio de las libertades y debe abordarse desde dos ángulos: por medio del análisis de la percepción que tiene la ciudadanía y la medición de los hechos mediante las estadísticas. Debe iniciarse un proceso participativo, equitativo, inclusivo y sostenible en la lucha contra la miseria, la ignorancia y la ausencia de oportunidades. Para los seres humanos, la seguridad es la ausencia de temor y de carencias, sean éstas de ámbito económico, alimentario, salud, ambiental, personal, comunitario y político.

A la par de estas teorías que han sido ampliamente estudiadas y plasmadas, también se han realizado ensayos de combatir la violencia mediante la cultura, como es el caso de Medellín, administrando una alcaldía de manera coherente, al punto que esa ciudad colombiana, que tenía un índice altísimo de muertos, es hoy un ejemplo de civismo y de seguridad; y lo más importante, el cambio lo inició un alcalde, y lo han continuado dos gestiones municipales posteriores no necesariamente del mismo partido, y el progreso continua. Se ha logrado ofrecer a los habitantes tanto espacios abiertos y verdes, como seguros, para toda clase de actividades familiares, deportivas y culturales (Medellín goza de un excelente clima) y se les ha contagiado también el gusto por las manifestaciones artísticas, sean musicales, pictóricas, teatrales, etc.

Lastimosamente, el papel lo aguanta todo si no se lleva a la práctica. Todos estos estudios y teorías que se presentan a diario es poco lo que pueden hacer, mientras la clase política no se integre a este esfuerzo. Los grandes ausentes en estos foros son precisamente los funcionarios públicos que pueden ser los que provoquen los cambios y hagan los correctivos. Y más recientemente, los que ejercemos el derecho inalienable de opinar y peor, disentir de lo que se haga desde las esferas del alto poder se nos amenaza, persigue y, en los casos lamentables de los periodistas Carlos Núñez y Paco Gómez Nadal, ver sus derechos seriamente conculcados. Carlos Núñez, por su edad, tiene derecho a no ser recluido en un centro penitenciario y a Paco le han cambiado el escenario de sus culpas, porque no tienen nada en su contra, solo el hecho que ha sido un crítico agudo y puntual de la actual gestión gubernamental.

‘Nos tienen miedo, porque no tenemos miedo’, decía Bety Cariño, activista antiminera mexicana asesinada recientemente. Nuestras voces y palabras no podrán ser acalladas, porque son parte de nuestros derechos humanos.

Vuvuzelas políticas

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com

Para estar dentro de la onda futbolística que tiene al país al revés, asistí el viernes al entretenido programa radial “Proyecto Criollo”, que fue anunciado en una glosa como el escenario donde tendría lugar un partido de fútbol con un equipo del PRD, del que participarían el Toro, Martín, Pachi, Mitchell, Bimbín, Pedro Miguel y Oranges, al ritmo de las vuvuzelas.

Ya que he confesado mi infinita ignorancia con relación al fútbol, busqué lo que significaba vuvuzela, que en lenguaje zulú es una especie de trompeta larga, que se usa en el juego para animar a los equipos, especialmente en los campos de juego sudafricanos. Aunque ya eran utilizadas en citas mundialistas anteriores, este año cobran más relevancia por estar celebrándose la Copa en Sudáfrica.

Pero lo sorprendente del asunto fue que la glosa era una cuña para que las personas escucharan el programa, pero uno de los mencionados en ella se apersonó en punto a la emisora y con su vastísima experiencia nos nutrió, a los conductores del programa y a mí, en el tema que tratamos, que era, precisamente, uno de los ingredientes que aderezaron la ley 30, conocida como “langosta o chorizo”, de la patente de corso que se le otorga a los agentes policiales a disparar, y en consecuencia, no podrán ser objeto de medidas cautelares ni suspendidos de sus cargos.

Los pelaos que conducen el programa, muy acuciosamente, mostraron la Ley No. 57 del 27 de noviembre de 1995, que dicta normas especiales de carácter procesal, penal y penitenciario aplicables a los miembros de la fuerza pública y de la antigua PTJ, la misma que fue señalada por el comentarista Juan Carlos Tapia. La existencia de esa norma jurídica ni siquiera fue tomada en cuenta para modificarla al condimentar la Ley 30, lo que es a todas luces una inconsistencia judicial que raya en la chabacanería.

Las vuvuzelas tienen a todo el mundo muy atolondrado, más a los funcionarios que cuando ven un micrófono dicen lo primero que se les ocurre, como el atrevimiento que tuvo el Presidente al decir que los gobiernos anteriores tuvieron tratos con el narcotráfico. Temeraria acusación que se suma a otras que no se prueban, pero se vierten en forma irresponsable.

A fin de cuentas, el Presidente formó parte de dos gobiernos anteriores, sería interesante que señalara cómo eran esas relaciones y también explicara cómo un asesor del hoy ministro de Seguridad se reunía personalmente con presos vinculados con ese negocio ilícito.

Vuvuzelas con los colores de los partidos del Mundial