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De ya pa’ ya

MARIELA SAGEL
El Siglo, 10 de Mayo de 2010

A fines del mes de abril se formó una corredera de parte de los que somos dueños de propiedades porque, sin apenas darnos cuenta, el último día de ese mes teníamos que pagar un impuesto sobre la tierra en que está erigido el edificio o casa en que vivimos. Poca fue la información que se tenía y mucha la ansiedad porque cualquier desembolso, por mínimo que sea, causa estrés a los ya menguados bolsillos de los panameños.

Lo malo no fue que se impusiera ese impuesto sin que apenas nos diéramos cuenta, lo peor fue que había que correr a pagarlo. La Ley 8 del 15 de marzo de 2010, que modificaba una regulación anterior del impuesto de terraje (Ley 49 de septiembre de 2009) hizo apenas bulla y nadie se enteró que, como ahora le toca al pueblo , todos tenemos que pagar no importa si cuando compramos nuestras propiedades, estaban exentas de impuestos por 20 años.

La información vía internet es deficiente y complicada así que hay que armarse de valor para acercarse a la Dirección General de Ingresos y en la sección de atención al contribuyente, hacer una fila de zigzag donde un señor, con un chaleco dentro del cual se siente militar, gritaba “siéntense, avancen”, pues la fila pasaba por otra fila de sillas.

Más parecía el juego de las sillas musicales que otra cosa. Aunque era fluida la circulación, no faltó quien preguntara si había fila de jubilados y otro que, lleno de angustia, decía que no sabía de dónde sacaría para pagar ese súbito impuesto. Cualquiera que tuviera una cámara indiscreta podría habernos filmado y pensaría que estábamos en una clase de “steps”.

Antes de eso, uno debe saber que tiene que “apersonarse”, como se dice en el argot del monstruo burocrático, con el número de la finca de tu departamento o propiedad y la cédula o RUC del contribuyente, para no hacer perder tiempo a los eficientes funcionarios que en tres patadas te dicen cuánto debes, te imprimen los montos y te indican si pagas en el banco, cómo debes hacerlo y si lo haces en el MEF, cuál es su modalidad.

La verdad es que ya uno no sabe si echarse a reír o ponerse a llorar de tantas sorpresas. Ahora se habla de cobrar mantenimiento a los apartamentos que no se han vendido, lo que trae de cabeza a los promotores, que han visto cómo la burbuja se ha ido desinflando de a poco y, al final, afecta que se emprendan nuevos.

Lamentablemente, tal parece que al final estamos casi como los argentinos, quienes acuñaron un dicho que me parece excelente: “Las crisis no son terminales y las oportunidades nos encargamos siempre de perderlas”.

La importancia de reciclar

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com

En todas las instancias se insiste lo importante de reciclar y, en nuestro país, sin mucha cultura al respecto, ciertos productos y también algunas empresas se han estado ocupando del tema.

Para que todos estemos al tanto de lo que significa el término, el mismo se define como “someter a un proceso fisicoquímico y/o mecánico a una materia o un producto ya utilizado a un ciclo de tratamiento total o parcial para obtener una materia prima o un nuevo producto”. Otra definición es “la obtención de materias primas a partir de desechos, introduciéndolos de nuevo en el ciclo de vida y se produce ante la perspectiva del agotamiento de recursos naturales, marco económico y para eliminar, de forma eficaz, los desechos”.

El símbolo de reciclaje es un triángulo verde compuesto de flechas que van dando vueltas. De la manera más doméstica, en nuestro país las personas conscientes de la importancia de reciclar llevamos los periódicos a centros de acopio, separamos y destripamos las latas de aluminio para ponerlas por separado en donde se coloca la basura y en algunas ocasiones, los más enterados, separan los vidrios de los plásticos.

En países avanzados, como puede ser Canadá y Estados Unidos, existen reglas muy estrictas para, al disponer de la basura, en un tambucho se coloque el papel, en otro los plásticos, en otros las latas y en otros los vidrios. Lo que no se recicla son los desperdicios de comida, sea cocinada o cruda y el “foam”. Aún cuando en lugares públicos como el aeropuerto de Tocumen existen esos tambuchos y cada uno tiene un color, no hay una homologación de colores que permita al conocedor de todo el sistema de reciclaje identificar dónde tiene que depositar determinado desperdicio. Y la razón es muy sencilla: 15% de los hombres son daltónicos (no identifican un color de otro).

Sin embargo, hay una nueva tendencia en el tema del reciclaje, que está impulsando el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y es simplificarlo a dos tambuchos: uno donde vayan los desechos orgánicos y en el otro los materiales que se pueden reciclar.

En nuestros países eso puede ser aplicable desde el hogar -especialmente enseñando a los niños y las empleadas domésticas- la importancia de segregar qué va en uno y en otro. Luego eso va a las bolsas que recoge el Municipio y de allí a Cerro Patacón. Creo que es una manera muy amigable para no solo crear conciencia de la importancia de reciclar, sino ofrecer trabajo a los llamados pepenadores para que separen lo que se debe reciclar y se lleve a los lugares correspondientes.

Es urgente empezar a adoptar desde el hogar estas prácticas edificantes porque los recursos se agotan y hay que crear conciencia que la naturaleza nos lo agradecerá.