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La vida de un Tycoon

María Mercedes de la Guardia de Corró
María Mercedes de la Guardia de Corró

Reseña de la biografía de Gabriel Lewis Galindo, “Hasta la Última Gota”

El mérito de esta biografía radica no solamente en recoger en un volumen una vida fascinante sino, el conocimiento de muchas de las acciones que dieron paso a que hoy seamos soberanos sobre nuestro principal recurso natural.

Mariela Sagel

PA-DIGITAL-15 de Nov. 2009

Con mucho interés, pero con más entusiasmo, emprendí la lectura de la biografía de Gabriel Lewis Galindo, “Hasta la Última Gota”, escrito de forma magistral por María Mercedes de la Guardia de Corró. “Chelle”, como se le conoce, estuvo en el medio periodístico casi una década y su pluma siempre fue reconocida como aguda, elegante y acertada. Sin embargo, en su debut como biógrafa no solo supera las expectativas que pudiéramos habernos creado sobre ella sino que deslumbra el nivel de investigación que denotan las numerosas instancias por las que nos lleva de la mano en esa vida fascinante que tuvo Gabriel.
Más de dos años le tomó a “Chelle” escribir la biografía de un hombre que no descansó un minuto en sus 67 años de vida, quien dejó a su paso no solamente obras que son dignas de admirar, sino que sus acciones le ganaron, por igual, detractores, seguidores y más de un creyente de que su estilo es irrepetible.

Lo más importante de este trabajo es darnos a conocer, al mortal de los panameños, el valor que tuvieron, tanto Lewis Galindo como el resto de los negociadores de los tratados del Canal, conocido como Torrijos Carter, así como las presiones a las que se vieron sometidos por parte de la potencia del norte.

Quizá a muchos de los de mi generación los diversos y variados libros sobre la invasión nos dejaron más o menos claros cómo llegó Noriega a convertirse en el monstruo egoísta que era, y confieso, honestamente, que pensé que ya me lo había leído todo sobre el tema y, como quien dice, era periódico de ayer. No sólo devoré lo que escribieron tanto los autores gringos como los panameños sino que me formé mi propia conclusión de ese período tan trágico que fue la época de los últimos años ’80. Tengo, inclusive, el manuscrito de la obra de John Dinges (o primera prueba) ‘Our Man in Panama’, por deferencia del autor y, en mi haber, variadas vivencias de la cruzada civilista y, especialmente, de la época post invasión, donde por circunstancias de la vida me tocó estar en primera fila en el escenario de cómo se manejaba el nuevo gobierno con los representantes estadounidenses y lo meritorio y censurable que resultó ese triunvirato juramentado en la antigua Zona del Canal.

Lo importante del libro es la combinación que tiene de episodios determinantes de nuestra historia patria, junto con intimidades familiares que, si no fuera por lo dicho en la presentación y leído en los medios, fueron autorizadas por la viuda y los hijos de Gabriel, junto a sorprendentes causalidades que se fueron dando durante la vida de este magnate panameño que se recuerda en todos los círculos locales y en los políticos de Washington.

La historia entrelaza la niñez de los hermanos Samuel, Gabriel y Carmen y también sus antepasados, con la boda de “Nita” y Gabriel, esa dama excelsa e inimitable que compartió penas, desventuras y éxitos siempre junto a su amado esposo y luego la llegada de cada uno de sus seis hijos.

Paralelamente, la incursión en los negocios de un hombre que no tuvo academia, pero que demostró más que disposición para el emprendimiento y el trabajo. Se avanza en su lectura con su encuentro con el general Torrijos, la química que surge entre ellos, viniendo cada uno de tan diferentes orígenes. Esto es comprensible en la medida como se calibre la personalidad de ambos y su objetivo común: servir a la patria.

La época de Contadora es narrada con gran detalle y efusividad y remueve muchos recuerdos que por lo menos yo tenía de esos paseos en el Casimiro (en una de sus versiones, porque otra fue quemada por las huestes de Noriega) incluyendo aquello con lo que Gabriel estaba obsesionado, retener en una cámara fotográfica todos los momentos que vivía pero, sobre todo, compartía, razón por la que muchas de sus cámaras fallecían de agotamiento, según el decir de Samuel Casimiro, su cuarto hijo. Una nota curiosa, y que no acabo de aclarar, es el detalle que menciona la autora al principio: que “Nita” y Gabriel atendían desde su casa o su bote, mas no se sumergían en el mar, porque no sabían nadar.

Avanza el libro con detalles intrincados de su sociedad con los tíos y las grandes oportunidades que se dieron precisamente por la visión del “tycoon” que era Gabriel (se traduce como magnate) y su posterior incursión en el mundo diplomático con la única misión de capturar con su encanto y “charm” a una elite tan especial y siútica como es la de los políticos de Washington. Excelente selección que tuvo Torrijos padre para ponerle una presión de “tractor” a la recuperación de nuestro mayor recurso, usufructuado injustamente por los gringos desde su construcción.

Prosigue con la muerte del general, la degeneración del gobierno militar y la decisión de Gabriel en irse de vuelta precisamente, donde era querido, admirado y respetado y su papel determinante en conducir tanto a los cruzados en el exilio como a los políticos que no sabían qué hacer con el narcodictador.

Me produjo tanta admiración cómo sumó a convencidos y sumisos adláteres de Noriega a su causa, a riesgo de sus vidas y cómo sufrió, él y su familia, toda clase de vejámenes, peligros y enormes pérdidas económicas personales. Posiblemente, algunos libros describieron este proceso, como el de Juancho Sosa u otros, pero estoy segura de que no tienen el valor tanto estilístico como humano que se siente en “Hasta la Última Gota”.

Su posterior integración a la vida nacional y el rechazo que sufrió por parte del gobierno de Guillermo Endara no dejaron de causarme cierta sorpresa aunque la vida me ha enseñado que “Mal paga el diablo a quien bien le sirve”. Todo lo referente a los negocios con el banco donde tenía intereses y la mezquindad de los socios al no permitirle hacerse con más acciones (y más peso) me causó mucha tristeza, similar a la de saber que su fiel Rufino lo había dejado en la mitad del camino.

La desaforada gestión que llevó a cabo como Canciller del gobierno del Presidente Pérez Balladares, apenas dos años antes de su muerte y la dolorosa enfermedad que lo llevó a recibir un trasplante de pulmón y el apoyo que le dieron sus amigos, de todas partes del mundo, poniendo al alcance de su familia los mejores tratamientos e instituciones médicas dan cuenta de que, como dice la autora, a estas alturas, Gabriel no tenía adversarios, “todos querían verlo de pie, andando. El gran seductor se acercaba a la batalla final respaldado por una pléyade de amigos”.

María Mercedes, además de demostrar un conocimiento extraordinario del manejo del lenguaje, supo combinar tanto los valores familiares como los momentos históricos importantes, conjugándolos con hitos en el devenir de la humanidad que, de una y otra forma, afectaban tanto la economía mundial como la definición de Panamá como país. No deja de sorprenderme la cantidad de “perlas literarias” que logra “Chelle” transmitirnos –como me dijo un gran amigo mío lector— en su bien lograda biografía, y, más aún, cómo “la vida te da sorpresas”, según dice la canción, ya que, en la presentación del libro, no solo estaban presentes sempiternos enemigos o adversarios políticos sino una variopinta de aquellos a quienes Gabriel combatió, sumándose al justo tributo que merecía en vida y merece su más que elocuente labor como patriota.

El mérito de esta biografía radica no solamente en recoger en un sendo volumen una vida fascinante sino, el conocimiento de muchas de las acciones que dieron paso a que hoy seamos soberanos sobre nuestro principal recurso natural: el Canal de Panamá. También el darnos cuenta de que, aunque “hijo de tigre nace rayado”, ni el vástago del general ni el del embajador-canciller les llegaron a los tobillos a sus progenitores durante sus gestiones en la administración pasada. Y lo más importante, la dedicación, asertividad y compromiso con la verdad, por un lado, por parte de la encomendada a llevar a cabo este importante proyecto, como de la familia –su viuda e hijos— que se atrevieron a mostrar al mundo, en cuerpo y alma, las interioridades de una vida llena de virtudes y también de defectos, como la de todos los seres humanos.

Finalmente, emerge la fortaleza de una mujer que fue eco de todos los pensamientos, aunque fueran descabellados, de su marido, y que se atrevió a darlos a conocer, sin tapujos. Con justa razón, “Chelle” le dedica a “Nita” el libro, porque es la historia de su vida, que ha vivido hasta la última gota.

Portada de "Hasta la Última Gota"
Portada de "Hasta la Última Gota"

Culpable por titulares

Opinión, 27 de Septiembre de 2009, La Estrella de Panamá

Es costumbre en Panamá que cualquier caso donde se señale a un político –o a alguien cercano a uno, no importa de qué partido— primero se denuncia en un medio impreso, se juzga y se condena y posteriormente se averigua si es cierto o tiene asidero el caso que se discute. Hemos creado, por esta malsana costumbre, un culto a la Corte Suprema de la Prensa Escrita.

Esto ha sido mucho más evidente en forma reciente, por los “ sonados ” casos de ensañamiento contra candidatos y figuras políticas, gracias a la “ acuciosidad ” de las pseudo llamadas unidades investigativas. Un ejemplo elocuente es el del candidato a alcalde de la ciudad de Panamá que, ahora dicen, lo van a sobreseer de las acusaciones que se le hicieron en cuanto a que tuvo tratos con un apresado narcolavador. Fue tan abrumador el cambio de simpatías y efecto que tuvo esa campaña que ahora tendremos que vivir por los próximos cinco años con un burgomaestre que no solo mete a diario la pata, sino la mano y todas sus extremidades, de forma estrepitosa y lamentable y, que encima, cierra salas de cine a su antojo para su uso privado y anda con el doble de escoltas que un jefe de la Policía.

Esta cultura de ser culpable por titulares está tan arraigada que los lectores de los medios impresos acusan el conocimiento o siquiera la comprensión de un tema con solo leer el titular. De este sensacionalismo, generalmente cultivado por los tabloides de mucha circulación y con fotos pecaminosas en sus portadas, no han escapado los más conspicuos diarios de “ prestigio ” en este país.

Y precisamente sobre la comprensión de lo que se lee, mi artículo anterior tuvo muchos comentarios que no se ven reflejados en la página web, sino en correos que mis lectores me mandan. Uno de ellos fue el uso que dí a la palabra “ comprehensivo ”, que en el DRAE significa lo mismo que comprensivo, pero que para mí tiene mayor peso por el hecho de entender y comprender lo que se está leyendo. Tal fue el productivo debate que sostuve con una lectora y amiga que llegué a consultar con un par de filólogos, uno de los cuales, mi querido Pedro Altamiranda, me absolvió de una posible falta en la que pude haber incurrido.

También mi definición de “ segundo mundo ” produjo el comentario de un distinguido abogado que me señaló, acertadamente que los países que se consideraban de ese mundo eran aquellos que, en teoría, eran afectos al bloque comunista, y en términos conceptuales, los que tienen una economía estatizada o de planificación central, con una participación mayoritaria del Estado.

Todos esos aportes son ampliamente bienvenidos, especialmente porque en mi infinita ignorancia lo que trato es de opinar sobre los signos de deterioro que muestra nuestra sociedad y la vorágine que hemos caído en esta carrera interminable por ser los más modernos de la Región, pero no los más cultos. Una connotada periodista y con un libro recién publicado me externó que cómo hace uno para vender la idea de que la cultura y la educación son importantes en un país en donde ha quedado ampliamente demostrado que el progreso — económico — se puede dar sin éstas. Y adicionó que Panamá es uno de esos países donde se puede alcanzar el “ éxito ” sin tener cultura y educación. Es más, diría que hay cierto desprecio hacia ambas. Para muestra, un botón: tenemos funcionarios de alto nivel que ni diploma tienen y su “ éxito ” es totalmente mediático, al igual que el del alcalde.

Pero los medios televisivos no ofrecen mejores panoramas. En un noticiero recientemente escuché a un periodista diciendo, textualmente, que la Policía, en contubernio con la comunidad, estaba haciendo un operativo tal. La definición de esta palabra es “ cohabitación ilícita o alianza o liga vituperable ”. Yo supongo que el periodista no quería decir esto, sino que la acción se había tomado en coordinación con la comunidad. En manos de estos usurpadores de la palabra estamos.