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NI UN HUECO MÁS

Por Mariela Sagel, El Siglo, 3 de diciembre de 2017

Está por terminar el año y las calles de Panamá siguen siendo las más peligrosas en cuanto a los huecos que tienen.  El Ministro de Obras Públicas, que en las encuestas resulta con la peor aprobación a su gestión, dijo en una ocasión que él no había visto ni un hueco en las calles de la ciudad.  No sé si él se transporta en helicóptero o simplemente quería hacernos una broma, que se convirtió en ofensa para muchos.

Pongamos como ejemplo la calle 74E de San Francisco, que va desde calle 50 a Vía Israel, donde está la Escuela Belisario Porras.  En esa calle uno cae por lo menos en 10 huecos profundos y por esquivarlos, puede causar un accidente ya que la vía tiene dos paños.  Si encima de todo llueve, la cosa se pone peor: el agua tapa los huecos y uno pasa por allí e irremediablemente cae en esos huecos, causando un daño irreparable al auto y a la columna y riñones de los conductores.

El problema no solamente es del Ministerio de Obras Públicas, sino del IDAAN y del municipio y las empresas que realizan obras, como soterramiento de cables y demás. La práctica usual es que, si hay una fuga de agua, el IDAAN la repara, abre la calle, pero deja el hueco porque le corresponde al MOP cerrarlo y asfaltarlo.  Y como esa coordinación no se da, tenemos una ciudad en estado deplorable.

Se supone que en el 2019 no solo tendremos cientos de miles de visitantes para la Jornada Mundial de la Juventud, sino que encima seremos Ciudad Cultural por designación de la UNESCO.  La coordinación de esta celebración corresponde a la Alcaldía, que debería desde que recibió la designación, ir preparando la infraestructura y los eventos que conlleva este honor.  Con una ciudad en este estado de descuido, basura, falta de conciencia en reciclaje, no podeos alardear de que tenemos cultura.

 

NOS HACE FALTA UN RÍO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 24 de julio de 2017

     En casi todas las grandes (y pequeñas) ciudades del mundo hay un centro neurálgico que lo ofrece la naturaleza, casi siempre es un río, por eso el transporte pluvial fue tan importante en tiempos pasados.  Paris tiene el Sena, Londres el Támesis, Madrid el Manzanares, Praga el Moldova, San Petersburgo el Neva y así nos vamos, por Lisboa el Tajo, Oporto el gran Duero y Santiago de Chile el Mapocho.  La bella población de Salamanca tiene un Tormes algo reducido por la gran sequía, Sevilla el Guadalquivir, Valencia el Turia y por Budapest, Hungría, pasa el Danubio, que también lo hace por ciudades de Alemania, Austria, Eslovaquia, Croacia, Serbia, Rumania, Bulgaria, Moldavia y Ucrania. Montreal, en Canadá, gira alrededor del río San Lorenzo y Boston en torno al Charles. El gran poeta español Jorge Manrique, en una de sus más célebres obras decía “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar”… (Coplas a la muerte de su padre).

Aquí solamente podemos decir que, para la ciudad de Panamá, donde se concentran la mayoría de la población y la actividad comercial, tenemos el río Matasnillo, que fue desde su primera referencia en la historia panameña, piedra angular en la construcción de la ciudad.  Pero hoy nadie escapa a su mal aspecto, a su nauseabundo olor y la vista patética que ofrece, la basura que arrastra, contrario a los ríos que son emblemáticos de otros países.

Nos seguimos llenando de concreto, invertimos fortunas en adecuar los espacios de la ciudad con mucho cemento, acero y vidrio y poca vegetación, pero estamos descuidando algo tan valioso como podría ser el rescate del río Matasnillo, sanearlo, darle espacio, construirle un puente que sea emblemático de la ciudad y donde hasta los enamorados pongan sus candaditos de amor eterno.

Salvemos nuestros atractivos naturales y no sigamos haciendo íconos artificiales que al final no nos identifican como nación.