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LA HORA DECISIVA DE MÉXICO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 1 de julio de 2018

Hoy se celebran en México elecciones federales en las cuales se elegirá al Presidente de la República, 128 senadores y 500 diputados.  Estas elecciones se llevan a cabo cada cinco años y diez meses, lo que constituye el sexenio de ese país que, como dice el dicho, atribuido a Porfirio Díaz pero que en realidad lo acuñó Nemesio García Naranjo, intelectual regiomontano, “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.  Díaz fue presidente en siete ocasiones, por un período total de 30 años.  Su gestión al mando de los Estados Unidos Mexicanos se conoció como el “porfiriato”.  Los senadores y el presidente son electos por seis años y los diputados por tres.  La campaña inició oficialmente desde el 30 de marzo y la veda la detuvo el pasado 27 de junio.

Fueron interesantes los debates que se transmitieron a nivel internacional, el primero desde la capital, Ciudad de México, el segundo desde Tijuana y el último desde Mérida.  De una población de unos 125 millones, hay 90 millones inscritos en partidos políticos.  Las encuestas apuntan a que el candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), partido en alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Encuentro Social que tiene el slogan “Juntos haremos historia” sería el ganador ya que el “destapado” del tradicional Partido Revolucionario Institucional (PRI), que estuvo al frente del poder por 70 años, José Antonio Meade, no levanta ni malos pensamientos.

Hay otros candidatos en carrera, que no llevan chance. La disputa estará entre Meade, López Obrador (AMLO) y Ricardo Anaya, del Partido Acción Nacional (PAN) en alianza también con otros movimientos.  Termina así el sexenio de Enrique Peña Nieto, que estuvo más lleno de escándalos que de logros.  Durante su gestión no solo no disminuyeron los asesinatos y ejecuciones por parte de los sicarios de los cárteles de la droga que controlan muchos de los estados de ese país, sino que se exacerbó el morbo por los turbios manejos que tuvo el presidente y su esposa, entregados a la “civilización del espectáculo”, que involucraron escándalos por pagos recibidos por la ex actriz de parte de una cadena de televisión y otras acciones cuestionables.  También termina un sexenio en que el presidente de México no quiso acercarse a los predios de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara ya que, en campaña, metió la pata, no una sino dos veces, cuando le preguntaron por sus libros preferidos.  Confundió autores y títulos.  Durante todos estos años, aún cuando jefes de estado han ido a la apertura de la feria, como el caso del difunto Primer Ministro Simón Peres (cuando Israel fue el invitado de honor, en 2013), le dejó el protagonismo a Felipe González, ex presidente del gobierno español.  Inédito en un presidente en un país donde la cultura ha sabido aliarse con el turismo en las manifestaciones artísticas y literarias.

López Obrador se presenta a las elecciones por tercera vez: en el año 2006 se dice que ganó y le hicieron trampa a favor de Felipe Calderón, que continuó el mandato que había iniciado el PAN con Vicente Fox, y que le había arrebatado al PRI la hegemonía sobre el gobierno durante esos 70 años anteriores.  En el año 2012 volvió a correr, ya con un movimiento partidista resquebrajado (el PRD), y no hubo reclamo de fraude.  Ahora las cosas son distintas.  Se le acusa de ser “chavista” o de ser de “izquierda”, pero antes no había un Trump en la Casa Blanca, ni un muro que levantar entre las fronteras de los países vecinos.  AMLO usa sutilmente los términos “un gobierno sin privilegios” (de los que ha abusado Peña Nieto), la élite y, sobre todo, la poderosa mafia, para describir a sus enemigos y la comunidad empresarial, que definitivamente no le conviene tener a un hombre progresista en Los Pinos, está alarmada.

México es, definitivamente, un caso de estudio, donde se perfeccionó la dictadura de un partido – el PRI. (“La dictadura perfecta”, película cuyos argumentos para mantener el poder hacen palidecer hasta a Nicolás Maquiavelo) –.  Y el PAN, que siguió y sublimizó las tácticas del PRI.  Un país donde los periodistas tienen que disfrazar sus reportajes en novelas y ganar premios para que sean divulgadas, donde la gente no se muere, sino que la matan, donde la corrupción ha alcanzado niveles realmente extravagantes, al mismo tiempo que tiene grandes poblaciones que sufren de enorme marginación.  Hoy día que se eligen a nuevas autoridades, esperemos que prevalezca el buen juicio y la transparencia, y que gane el que obtenga los votos, sin manipulación ni fraude.  De esas autoridades dependerá el desarrollo de las políticas del loco que ocupa la Casa Blanca y que por supuesto, afectarán a toda la región.  Ya es hora de que alguien se le pare firme y le haga respetar a todos por igual.

AÑOS ELECTORALES

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 17 de junio de 2018

Entre el año pasado y el próximo se estarán celebrado elecciones en más de 10 países de América Latina, en donde unos 625 millones de votantes estarán decidiendo sobre su futuro político.  Y todo parece indicar que este trienio (2017-2018-2019) mueve el péndulo de izquierda a derecha, aunque en algunos casos, como en Venezuela, no prevalezcan las garantías para que se realicen procesos transparentes.

El primero en arrancar fue Chile, con la vuelta al poder del derechista Sebastián Piñera, dando a la mandataria saliente, Michelle Bachelet, un nivel de aceptación del 39% versus el 84% que obtuvo cuando terminó su primer mandato.  Su partido cometió varios errores estratégicos que le costaron el triunfo al candidato oficialista.

Le siguió Costa Rica a principios de año, asumiendo como vicepresidenta la primera mujer afrodescendiente en el cargo.  La señora Epsy Campbell estará de visita esta semana en Panamá y se organizan interesantes encuentros con ella y asociaciones vinculadas a los temas de igualdad de las mujeres.  Con motivo del viaje del presidente Alvarado a Estados Unidos, la señora Campbell asumió como presidenta, siendo la primera mujer afrodescendiente en ejercer la Presidencia de un país de América continental.  Contrario a Panamá, donde el presidente carga con su vicepresidenta para todos lados y si se ausenta, no la encarga, Costa Rica no queda en modo avión.

Las tres economías más importantes de la región, Colombia, México y Brasil tendrán elecciones este año y en los tres países se ha dado el fenómeno de que se han presentado (y en el caso de Colombia, han pasado a la segunda vuelta) candidatos alejados de los partidos tradicionales, como son Gustavo Petro en Colombia, Andrés Manuel López Obrador en México y Jair Bolsonaro en Brasil.  Hoy domingo se decide quién será el presidente de Colombia y la contienda está entre Iván Duque, heredero político del expresidente Álvaro Uribe y Gustavo Petro, ex guerrillero del M19 y exalcalde de Bogotá.  En los debates que he estado viendo en Twitter y en los medios colombianos hay muchos que alegan que votarán en blanco.  Cito un tuit del periodista Jon Lee Anderson sobre la irresponsable decisión de votar en blanco: “Los que “no votaron” a Hillary porque no les gustó su peinado nos regalaron a Trump por 4 años”.

Sigo de cerca lo que ocurre en el vecino país, con el que compartimos una frontera indescifrable.  Creo, como lo he conversado con entendidos que, si Sergio Fajardo hubiera unido esfuerzos con Humberto de la Calle, estaría hoy disputándole a Duque la presidencia y con muchas probabilidades de ganar.  Lo mejor que puede hacer el candidato de Uribe, si llega a ganar, es cortar con él.  Recuerden el libro de Iván Cepeda “Uribe y la derecha transnacional”, donde muestra las similitudes y sociedades entre éste y nuestro nunca mejor ponderado “loco” Ricardo Martinelli, que volvió a Panamá esta semana para enredarnos la vida y hacer a diario su show, exigiendo un respeto a los derechos que él nunca respetó y hasta violentó.

No sé si los colombianos calcularon que en medio de la celebración de la Copa Mundial de Fútbol se celebraría la segunda vuelta.  En un país que se caracteriza por ser super hinchas de ese deporte, ver un partido puede significar una alta abstención.

A México le toca el turno el 1 de julio y todo apunta a una victoria de AMLO a pesar de que los empresarios, que siempre han puesto al ocupante de Los Pinos del siguiente sexenio, están diluidos entre Ricardo Anaya, un tipo al que solo le faltó sacar una AK47 en el segundo debate, y José Antonio Meade, el “destapado” del Partido Revolucionario Institucional (PRI) sin ser miembro de ese partido y que no levanta pasiones.

Octubre tendrá de protagonista a Brasil, donde el “impeachment” a la presidenta Dilma Rousseff en 2016 le impidió terminar su mandato y su mentor político, Luiz Inácio Lula da Silva, que tiene los mejores pronósticos para ganar, está encarcelado.  Lula cumple condena de 12 años de prisión por corrupción y lavado de dinero.  En su defecto, se apunta a la figura de Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, que sus detractores acusan de ser ultraderechista.

Y nos abocamos a las nuestras, que se realizarán en mayo de 2019.  El panorama es incierto e intranquilo, con un independiente desconocido, salido de la nada, financiado por el partido gobernante para impedir que los que realmente se han doblado la espalda recogiendo firmas tengan su oportunidad.  Es importante que tengamos presente que en casi todos los países donde se están realizando elecciones, y otros de la región, un fantasma recorre las gestiones de gobierno y las obras de infraestructura: Odebrecht.  Y no podremos pretender erradicar la corrupción sin que sepamos a quiénes tocó y cómo en las elecciones de 2009 y 2014.