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CELEBRANDO LA CULTURA CULINARIA ITALIANA

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá

 En el mes de noviembre la Embajada de Italia en Panamá celebra una semana gastronómica en la que combina la rica cultura culinaria con otras manifestaciones artísticas.  El año pasado se celebró un concierto en el Domo de la Universidad de Panamá con la célebre soprano Valeria Esposito, acompañada por el maestro Guilio de Luca.

Este año la cita gastronómica se vuelve más ambiciosa, porque incluye, entre todas las degustaciones y grandes comilonas, la presentación de un libro titulado “Por qué a los italianos les gusta hablar de comida” que es un mágico itinerario a través de la historia, la cultura y las costumbres italianas. El libro no sería tan relevante si no estuviera escrito por una persona famosa, Elena Kostioukovitch, que reside en Milán y con apenas 25 años se convirtió en la traductora de Umberto Eco al traducir al ruso “El nombre de la Rosa”, libro que en esos momentos estaba prohibido en la Rusia soviética.  Pero la mejor parte del asunto es que el prólogo del libro es del mismo Eco, quien al solicitársela una opinión para la contratada dijo que por qué no un prólogo, lo que la misma autora no se esperaba.

Por qué a los italianos les gusta hablar de comida

Elena vive en Milán desde hace 20 años, donde además de traductora es editora y escritora y una personalidad en el mundo de la literatura italiana.  Su departamento, con libreros blancos (igual que los de Eco) tiene unos 25,000 libros, en estricto orden y clasificación por temas, autores y ediciones.  Un lugar especial tienen todos los libros de Umberto Eco que ha traducido y por supuesto los escritos por ella en todas sus diferentes ediciones.

MILÁN Y ECO

Elena Kostioukovitch estudió lenguas italianas en su natal Rusia y tradujo un importante manuscrito al inicio de su carrera de un predicador y tratadista moral italiano, Emanuele Tesauro, titulado Il cannocchiale Aristotelico, que iba abriendo paso a las transformaciones que se avecinaban en el siglo XVII dentro del panorama del barroco europeo.

Ella encontró “El Nombre de la Rosa” en 1982 y lo empezó a traducir.  A pesar de que tenía otros proyectos en mano, siguió con los libros de Eco.  Llegó la época de la Perestroiska y las cosas se fueron abriendo, de manera que el autor se fue interesando en quien era esta joven traductora de sus obras al ruso.  Cuando se conocieron, junto a la esposa de Eco, con la que mantiene una estrecha amistad aún después del fallecimiento del célebre escritor el año pasado, y su editora, hicieron la presentación en Moscú de uno de sus libros y según me contó Elena en la cena que compartimos en su apartamento en Milán recientemente, el público que acudió era enorme y sobre todo, entusiasta.

Elena ha estado enseñando traducción  literaria y literatura rusa en las universidades italianas de Tiestre, Trento y Milán.  A mi pregunta de cómo se le ocurrió la idea de hacer este libro me contestó que a través de un amigo empezó a conocer sobre cómo se cosechan los alimentos en Italia y la devoción que le tienen a la pureza de sus diferentes recursos (por ejemplo, la pasta al “dente” para nosotros estaría cruda).  La clase de madera que se usa para cocinar las pizzas y cómo cada una de ellas cambia el sabor de las mismas.  Fue así que se embarcó en un recorrido por todas las regiones italianas para entender cada una de sus gastronomías y primero lo escribió en ruso.  Luego, al ver la traducción al italiano la rehizo, por lo que el producto está doblemente marinado.  Según su introducción, el libro nació con la idea de poner en un solo manuscrito historias sobre el simbolismo de los alimentos en cada región de Italia y su significado “ideológico”.  “Entre un alimento y otro habrá siempre la ocasión de hablar sobre historia, sociología, democracia y totalitarismos” enfatiza la autora.

Elena en su biblioteca con las obras que ha traducido de Umberto Eco

El libro ha sido aceptado con entusiasmo y lleva varias ediciones en Italia, 20 en Rusia y 20 en los Estados Unidos, entre otros.  La editorial Tusquets, del Grupo Planeta, lo ha editado en español.  Además, después de su publicación en 2006 recibió el premio Bancarella Cucina al año siguiente. El libro ha sido traducido, además de al español, inglés y ruso, al chino, coreano, polaco, serbio y publicado en Australia y Ucrania.

Elena Kostioukovitch ha traducido numerosos y muy conocidos escritores y poetas italianos al ruso, entre los que destacan Pier Paolo Pasolini, Ludovico Ariosto y muchos más pero su gran valor internacional le llegó a partir de las traducciones de los libros de Umberto Eco.

ELENA KOSTIOUKOVITCH EDITORA Y NOVELISTA

Su carrera literaria no estaría completa si no hubiera incursionado en la edición y la novelística.  Hace unos diez años fundó una agencia literaria para difundir a prominentes representantes de la literatura actual y mediante ella administra los derechos literarios de nombres com Iliá Erenburg, Iliá Mitrofánov o Yuri Lotman y colabora con Memorial, la asociación para la difusión de archivos documentales de inapreciable valor histórico.  También escribe artículos periodísticos en medios como L’Espresso (Italia), Panorama (Italia), Itogui (Rusia), Ezhednevny Zhurnal (Rusia), Nóvaya Model (Rusia).  Tiene una novela reciente titulada “Las siete noches”.  Su actividad no para. El día que nos encontramos me mostró los que estaba haciendo en torno a la arquitectura italiana, y vaya que allí sí hay tela que cortar en ese tema.

Una relación irrompible con la obra de Eco

Lo mejor de toda esta historia es que Elena Kostioukovitch viajará a Panamá para la presentación de su libro “Por qué a los italianos les gusta hablar de comida”, en el marco de la Semana de la  Gastronomía Italiana, el 21 de noviembre en la Sociedad Italiana de Panamá.  Allí podremos abordarla en todas las interrogantes que tengan los expertos gastrónomos y los sibaritas y gente del común, que se ha aficionado a la pizza sin saber de sus orígenes y el método para prepararla.  Elena ya presentó este libro en Argentina, donde hay muchos descendientes de italianos, con un éxito inenarrable.  Panamá, con una población de italianos y descendientes de italianos representativa seguramente le dará la mejor de las bienvenidas y la cálida acogida de la que somos referencia mundial.

LA EDUCACIÓN ES LA HERRAMIENTA DE LA LIBERACIÓN

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 15 de mayo de 2017

El cineasta chileno mundialmente conocido, Miguel Littin, estuvo en Panamá, pero no lo hizo en forma clandestina sino como orador del inicio de una serie de eventos que conmemorarán el 40 aniversario de la firma de los Tratados Torrijos Carter.  Y es que el director de “El chacal de Nahueltoro”, “Actas de Marusia”, “El recurso del método” (basada en la obra de Alejo Carpentier), “La viuda de Montiel” (un cuento de Gabriel García Márquez), “Alsino y el cóndor” entre otras, fue el protagonista de un reportaje que le hizo el Gabo titulado “La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile” relatando la estadía en forma clandestina de uno de los 5 mil exiliados con prohibición absoluta de entrar a su país por la dictadura pinochetista, y cómo filmó más de 7 mil metros de película que se convertiría en un documental, “Acta general de Chile” que mostraría la realidad después de 12 años bajo el yugo militar.  Con tres equipos europeos que entraron junto con él con diversas coberturas legales, cambiado físicamente que ni su suegra lo reconoció en plena calle, sin los dispositivos electrónicos con los que hoy contamos para comunicarnos entre sí, Littin hizo una verdadera odisea y García Márquez entendió enseguida, cuando escuchó su relato, que detrás de su película había otra sin hacer que corría el riesgo de quedarse inédita.  El resultado fue ese libro cuyo primer tiraje fue de 250 mil ejemplares y ha vendido millones.

La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile

Sus trabajos cinematográficos han tenido mucho impacto por las denuncias sociales y políticas contenidas en ellos, y varios han sido nominados al Oscar (“Actas de Marusia” y “Alsino y el cóndor”), al festival de Cannes (“Actas de Marusia” y “El recurso del método”) y al Festival de Cine de Berlín.

LITTIN HABLA SOBRE GABO

Lo conocí desde mucho antes de contarle mi aventura. Me lo presentó Álvaro Mutis en París en la década del 70, ya lo había leído y lo admiraba mucho.  Estaba con Mercedes y nos fuimos a ver “La tierra prometida”, una película mía que estuvo en Cannes y a él le gustó mucho.  Le propuse filmar algo suyo, como Cien años de soledad…………… Me dijo que tenía un cuento, “La Viuda de Montiel”, si me gustaba bien, y si no “te chingaste” me dijo, y se fue caminando con su aire de bailarín de mambo, a pesar de que yo le dije que hacía largometrajes y él me dijo que alargara el cuento.  Yo me fui a buscar el libro y compré dos libretas para escribir el guion.  Un tiempo después nos volvimos a juntar y me preguntó si lo había escrito. Me pidió mostrárselo y las abrió, viendo que estaban en blanco.  Y le dije que el cuento se resumía en la frase “Cuando murió José Montiel todo el mundo se sintió vengado menos su viuda”.  Esa es la película….

Yo considero a Gabo un hermano, lo recuerdo con mucha emoción todos los días de mi vida y cada vez que puedo pongo una rosa amarilla en mi escritorio, como lo hacía él.  Fue un amigo más allá de toda posibilidad de definición.  Tenía gestos únicos, como llamarme muy temprano para que fuera a su casa, y en ese entonces escribía de un lado y por el otro lado salía impreso lo que estaba escribiendo, (Crónica de una muerte anunciada) y quería que lo leyera.  Era un juego, de gran confianza.  Tuve el privilegio de conocer esos libros en su primera lectura.  En las tardes íbamos a escuchar boleros (tenía una colección de discos extraordinaria) a su casa.  Hablaba por teléfono por horas, llamaba a medio mundo, desde presidentes de la república hasta guajiros.  Me ha costado la vida cotidiana sin el Gabo.  Nunca supe si había quedado satisfecho en la adaptación de La viuda de Montiel, pero sí creo que le gustó.

Miguel Littin en su visita a Panamá

SU REGRESO A CHILE

Cuando uno está en el exilio tiene la imagen de su país como una tarjeta postal, y no toma en cuenta el proceso dialéctico que lógicamente ocurre.  Mostraba esplendor definitivamente, había una ciudad que funcionaba normalmente. Después fui encontrando más sorpresas y eso está plasmado en “Acta general de Chile”.  Gabo, cuando llegó a mi casa después que yo había regresado de Chile me dijo: “cuéntamelo todo pero solo lo que yo pueda repetir”.  Y le conté, pero yo había entrado antes muchas veces siempre colaborando con la resistencia a la dictadura.  El verdadero milagro económico de Chile se da con los gobiernos de la concertación, que abren los caminos a los grupos económicos internacionales sin distinción a las posibilidades de inversión, y se crea el desarrollo vitivinícola, industrial, minero pero se descuida la educación.  A partir del gobierno de Ricardo Lagos, con un gran accionar, el país avanza en términos de la educación y el clímax llega con el de Michelle Bachelet, que establece que debe ser gratuita. Y se sigue luchando por la gratuidad, que es un fenómeno definitivo.  Chile tiene una de las desigualdades más grandes del mundo y esas son brechas que hay que ir cerrando.  Sin educación no vamos a ser un país desarrollado.

LAS OTRAS CARAS DE LITTIN

Fui Alcalde de mi pueblo natal, Palmilla, como una forma de echar ancla pero quería seguir haciendo películas.  Le metí mucho a la educación, a erradicar la pobreza y construir soluciones de viviendas.

“La última luna” la filmé en Palestina, porque mi abuelo era palestino y narro cómo mis abuelos se establecen en Chile.  Y también tengo un abuelo griego, y mi libro “El viajero de las 4 estaciones” cuenta la vida de ese abuelo griego, que fue una de las personas que más me ha impactado en la vida.

Actualmente dirijo una escuela de cine. Siempre he hecho talleres en lugares tan dispares como la India y Calcuta porque considero que parte de mi responsabilidad es transmitir los conocimientos a los jóvenes porque allí está el futuro.  Ahora fundé el Instituto de Altos Estudios Audiovisuales en la nueva universidad estatal de O’Higgins que inauguró la Presidenta Bachelet bajo la forma de gratuidad.  El programa abarca hasta 19 diplomados profesionales y este año dará maestrías.  Esa escuela tiene una vocación Latinoamérica, tiene acuerdos con algunos países, entre ellos Irán.

El gran problema en Chile en la política es la abstención, por eso se debe seducir, lo que es un gran desafío, especialmente a los jóvenes.  Conquistamos la libertad a costa de nuestras vidas, para que incluso la derecha tenga opciones, ahora tenemos que luchar contra la falta de interés, hay que motivar con la verdad.  América Latina tiene un futuro y un proyecto y el estado debe ser incorruptible.

SOBRE TORRIJOS

Me impresionó mucho.  Graham Greene tenía razón en sentir fascinación por él y Gabo sostuvo que había sido su gran amigo y el mandatario con que mejor se entendió.  La epopeya de Omar Torrijos, de conseguir la devolución del Canal a manos panameñas es uno de los hitos históricos de América Latina, algo que nos honra como latinoamericanos.

SOBRE TRUMP

La oportunidad de América Latina de unirse es ahora, el muro no es con México, es con el resto del continente. Y es la oportunidad que tienen los sectores más conservadores de Estados Unidos para detener los procesos de migración, de crecimiento de los grupos democráticos, de la gente que le gusta vivir y trabajar.  También se está produciendo un despertar en los sectores democráticos y libertarios muy grande, que a lo mejor les sirve para recuperar la esencia misma de lo que es los Estados Unidos.

En la charla que ofreció la noche del 11 de mayo, se pudo ver su película “Allende en su laberinto” y debatir sobre ella.