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LA AUTOBIOGRAFÍA DE UN INCANSABLE ESCRITOR

Por Mariela Sagel, Facetas, 23 de abril de 2017

El famoso novelista inglés, John Le Carré, cuyo verdadero nombre es David Cornwell, publicó el año pasado su autobiografía con el título, en español, de “Volar en círculos” y en inglés “The pigeon tunnel”.  Le Carré es muy conocido en nuestro medio por el libro que hace unos 20 años escribió titulado “El sastre de Panamá”, y después se rodó una película con el mismo nombre, estelarizada por Pierce Brosnan.  En su momento, se dijo de la película que era “el desastre de Panamá” y conversando recientemente con Jon Lee Anderson, me comentaba que ese libro era un refrito de la famosa novela policíaca escrita por otro escritor inglés famoso, Graham Greene, “Nuestro Hombre en La Habana”.

John Le Carré tiene 85 años y sigue escribiendo, desde un recóndito lugar de su país, Cornualles, y está estrenando en estos días una nueva novela.  Pero su autobiografía es fascinante, porque cuenta muchas interioridades que muestran cómo llega a estructurar los personajes, en quién se inspira, y cómo logra una historia basada en experiencias  vividas.

John Le Carré

El autor inglés “vuela en círculos” alrededor de su vida, contando anécdotas hilarantes de sus encuentros con destacados espías soviéticos, con primeros ministros, incluso una cena con Margaret Tatcher, a quien él no apoyó y que le invitó tres veces a comer hasta que no le quedó de otra que aceptarle la invitación.  Otra anécdota se refiere a una cena al que lo invitó el primer ministro italiano y él se esmeró en llevarle un libro empastado en cuero y en inglés, a solicitud del mandatario, para después darse cuenta que ese señor no hablaba inglés y que a su llegada a la residencia, se confundió con un asistente muy bien vestido y le entregó el libro pensando que era el primer ministro.

UN BUEN ESCRITOR

Le Carré ha escrito más de 25 novelas, 10 de las cuales han sido llevadas al cine o a series de televisión, además de algunos ensayos, piezas cortas y guiones cinematográficos.  Sus libros han sido traducidos a 30 idiomas.  Ha tenido una vida fascinante y tropezada.  Su padre era un estafador profesional, su madre los abandonó, al marido y los dos niños cuando David tenía apenas 5 años.  Asistió a los mejores colegios ingleses y desde allí nació su interés en la cultura y el idioma alemán, que en cierta forma era el del enemigo.  A los 17 años fue seducido por el servicio secreto británico en Berna, Suiza, donde estudiaba –huyéndole a la influencia paterna — y pasó por el entrenamiento debido mientras estudiaba en Oxford.  Después impartió clases en Eton, donde se codeó con la alta sociedad y al mismo tiempo entró a la inteligencia inglesa donde trabajó de 1960 a 1964 en Berlín, fungiendo como funcionario de la embajada de su país.  Escribía en sus ratos libres relatos policiales sin mucho éxito pero con el tercero, “El espía que surgió del frío”, se catapultó a la fama.  Esa novela, firmada con el “pen name” (seudónimo) de John Le Carré, le permitió dejar ese oscuro empleo y dedicarse a escribir.

En estos 38 capítulos que componen su autobiografía, Le Carré cuenta cómo fue la relación del productor de esa película, Martin Ritt y el actor principal, Richard Burton, que recién se había casado con Elizabeth Taylor y que él no entendía por qué estaba deprimido (una semblanza a lo que escribió Gay Talase con “Frank Sinatra está resfriado”).  De igual forma relata las relaciones que ha tenido con otros productores que han querido adaptar sus libros a películas, como el caso de Fritz Lanz, que quiso filmar su novela “El amante ingenuo y sentimental”, a quien solo vio una noche y nunca más supo de él. O a Francis Ford Coppola, que quería filmar su novela “Our game”, lo invitó a su viñedo en Napa Valley, trabajaron en el guion entre juerga y juerga e identificaron a Harrison Ford para que hiciera el personaje principal.  Después de esos días, esperó pacientemente para saber en qué quedaba lo que habían acordado y nunca más pudo hablar con Coppola sino con su secretaria.  Termina ese episodio con una frase cajonera: Nadie hace el silencio mejor que Hollywood. Reconoce a Alec Guinnes, que actuó en la adaptación a una serie de “El Topo” que hizo la BBC, como una persona extraordinaria.

A la vez que desgrana muchas de sus vivencias de trotamundos impertérrito, sediento de experiencias que plasmar en sus historias, que estaba comiendo con Joseph Brodsky el día en que le dieron la noticia al poeta disidente ruso que había ganado el Premio Nobel de Literatura en 1987, deja de decir muchas historias que lo han marcado en su vida de intelectual respetado.  Su musa inspiradora por muchos años y muchas novelas fue la guerra fría y una gran parte de su obra novelística gira en torno a ella.  Ahora, inquieto y curioso, se ha reinventado y desde su cómoda posición de ser una autoridad literaria, visita los más deprimidos escenarios del mundo, desde Chechenia, Congo, Beirut, Israel, Ruanda, la Costa Azul, o la mismísima city londinense.  A su edad, se le puede encontrar analizando el trabajo de las fuerzas especiales de Putin, o tratando de entender el conflicto israelí, entrevistando a una terrorista alemana o quién sabe dónde más.

Volar en círculos

LA TRILOGIA SMILEY

Las obras de Le Carré estuvieron relacionadas por un detective llamado George Smiley y protagonista de 6 de sus novelas: “Llamada para el muerto” (1961), “Asesinato de calidad” (1962), “El topo” (1974), “El honorable colegial” (1977) “La gente de Smiley” (1979) y “A Legacy of Spies” (que sale publicada este año 2017). Smiley también interviene como personaje secundario en otras 3 novelas del autor: “El espía que surgió del frío” (1963), “El espejo de los espías” (1965) y “El peregrino secreto” (1990).  A Panamá le dedica, en su autobiografía, un capítulo especial, primero en sus pesquisas para “The Night Manager” (El infiltrado) y después para “El Sastre de Panamá”.

Sin embargo, hay algunas personalidades que él trató y que lo inspiraron para elaborar sus personajes y tramas, como Markus Mischa Wolf, el gran jefe de la Stasi, el servicio secreto de la República Democrática Alemana, de quien se dice se inspiró para el personaje Karla, el Negro Grial de Smiley, que no menciona.  Tampoco habla de Alan Turing, a quien se le acredita que la II Guerra Mundial duró dos años menos gracias a su trabajo informático y al intercambio de información entre la CIA y los agentes de seguridad británicos.  Mucho menos menciona su casi mítica polémica con Salman Rushdie por temas de libertad de expresión o el artículo que fue pirateado y reproducido por el diario cubano Granma, titulado “Los Estados Unidos se han vuelto locos”, que se leyó en toda Latinoamérica.

En relación a Graham Greene, con quien tuvo una relación de amor y odio, a quien admiraba y respetaba con cierta distancia, lo compara con Edward Snowden, ya que ambos han estado vinculados por el tema de fondo del secreto de Estado y el derecho a divulgarlo. Y se pregunta con sorna: “¿Cuántos de nuestros atormentados espías habrían preferido que Snowden escribiera una novela?”.

Del último capítulo podría salir una película cómica porque a través de todo este vuelo sin orden cronológico de su larga y productiva vida, John Le Carré o David Cornwell demuestra que posee un gran sentido del humor, pero del “very british”, humor inglés, que hay que saber entenderlo.  Bien dijo en su momento que “Un buen escritor no es experto en nada salvo en sí mismo. Y sobre este tema, si es listo, cierra la boca”.  Y Le Carré es muy listo.

 

EL ARTE QUE INTEGRA

Por Mariela Sagel, Facetas, 16 de abril de 2017

En todas las disciplinas, desde la seguridad hasta la limpieza se habla de integración o del concepto integral.  Mucho se nos ha repetido que se han implementado planes de seguridad integral, o de que la salud debe ser integral (que lo abarca todo).  En las manifestaciones artísticas, en el arte, también se puede aplicar este concepto, integrando la música, la danza y el diseño junto a otras, como puede ser la pintura, la escultura, el teatro o las letras.  El próximo 19 de abril, en el Teatro Anita Villalaz, a las 7:30 p.m la Asociación Diplomática en Panamá presentará una función bajo el título de este artículo, pero lo más interesante son los generadores de estas manifestaciones.

Es un evento cultural solidario, con un concepto innovador en Panamá, que tiene como propósito apoyar y promover la increíble labor de tres importantes programas locales de integración social a través del arte que son:

La Escuelita del Ritmo (Música), ubicada en Portobelo, provincia de Colón,  por medio de la cual se fomenta la música y el arte como instrumentos de desarrollo, buscando el mejoramiento de la calidad de vida y la inclusión social de niños y adolescentes en condiciones de vulnerabilidad. www.laescuelitadelritmo.org

Enlaces (Danza Contemporánea), es un programa preventivo para niños y adolescentes en riesgo social, de 9 a 18 años, de la Comunidad de San Felipe y áreas aledañas, que a través de la danza contemporánea busca el desarrollo de su potencial artístico y brindarles herramientas de auto-cuidado y de habilidad social.  www.fec.org.pa/enlaces

IntregARTE (Taller de Moda): es la primera marca penitenciaria de Panamá registrada por el Ministerio de Gobierno, que trata de respaldar los mejores productos elaborados por mujeres privadas de libertad que con sus manos y talento pueden crear y construir una nueva realidad, que es la clave para contribuir al desarrollo de sus familias y al proceso de su propia reintegración social. Esta  marca recientemente fue promovida por las principales figuras del gobierno, que las lucieron en actos públicos en respaldo a esa iniciativa https://www.facebook.com/integrartepa/

La Asociación Diplomática en Panamá se enfoca en brindar un mejor futuro a niños, adolescentes y mujeres, y la señora Ana Pessoa e Costa, Presidenta de esta asociación y esposa del Embajador de Portugal nos cuenta:

En todos los países hay una asociación diplomática y siempre he estado involucrada en ellas.  Es una forma de integrarnos y facilita el poder conocer el país donde llegamos.  En Lisboa tenemos una Asociación de Diplomáticos Portugueses y como somos de carrera, siempre he colaborado en ella.  Es una misión, un compromiso con nuestra labor.  Creo que ahora tengo la madurez de enfrentar estos retos, porque he acumulado conocimientos y experiencias que me permiten apoyar las iniciativas que impulsen la inserción social.

Es importante que la asociación genere confianza y que todos los países que la forman aporten a los proyectos, y que éstos perduren.  Nosotros estamos poco tiempo, debemos actuar con rapidez y asertividad para hacer un trabajo solidario.

Propusimos una estrategia de retos, para que todos nos enfocáramos e identificamos esos proyectos en forma puntual, que fueran diferentes, especialmente en lo que concierne a las reclusas o privadas de libertad.  Hicimos una donación de telas a IntegrArte, el proyecto del Sistema Penitenciario, y a partir de allí analizamos cómo darle continuidad a esa donación, para que tuviera continuidad, que no quedara solo allí.

En Mozambique tuve una experiencia parecida, y pensé que se podía iniciar un concepto innovador en Panamá.  Estaba segura de que se podía lograr algo visionario, y como conozco al chico que maneja la escuelita en Portobelo (es portugués) que hace arte e integración a través de la música lo sumamos.  Así empezó a evolucionar el concepto, buscando visibilidad a estas dos ramas del arte.

Ana Pessoa e Costa en el comedor de su residencia, frente a una imponente reproducción del Palacio Real de Queluz, antigua residencia de los reyes.

Entonces me puse a buscar la danza, y conocí a la directora de Enlace.  Así nació ese concepto diferente y de allí el título “El arte que integra”, para que perdure, para que quede el concepto y evolucione.  Ojalá que se realice una vez al año y dé paso a otras manifestaciones.  Esta es la semilla y es la primera vez que se hace en Panamá.  Es una gran oportunidad de crear un evento cultural solidario para dar visibilidad a estas organizaciones, donde cada uno va a hablar de su proyecto.  Se necesitan becas y otras cosas y que las empresas que tienen responsabilidad social apoyen.

La asociación tiene como misión apoyar proyectos sociales.  Tenemos una obligación moral con ellos.  El evento del 19 de abril es gratuito, es una tarima para las organizaciones que hemos escogido para esta primera presentación, y nosotras, la Junta Directiva, vestiremos los diseños de IntegrArte.

Va a ser un evento elegante, un poco intimista pero busca ser una donación de la asociación a la sociedad, a la vez que es una promoción de estos tres proyectos, de lo que poco se conocen.

IntegrArte es más que vestido, es una forma de resocializar a estas mujeres que están presas, para que salgan de allí y sean útiles, descubran un talento.

Durante mi carrera he estado involucrada en proyectos que ofrecen oportunidades a individuos que son drogadictos, alcohólicos, buscando la reinserción social, allí donde están las situaciones más difíciles.  La vida personal se hace más completa si seguimos lo que Fernando Pessoa señaló: Todo vale la pena cuando el alma no es pequeña, y eso es algo que tengo muy presente.  Es un pensamiento que resume mucho, porque hay resistencia cuando uno quiere hacer cosas diferentes.  Tengo fé que ese evento se va a hacer por muchos años, cada vez mejor y sumando otras manifestaciones.

Estoy muy contenta, feliz de representar a mi país y abrir la misión portuguesa en Panamá.  Siempre trato, cuando hago proyectos, que echen raíces y que perduren, más allá de nuestro paso por Panamá.  De allí nuestro lema: Vivir, sentir, compartir Panamá.  Ese lema lo resume todo. Es importante que los que están en la asociación sigan esa conducta, que nos involucremos.  Hay que compartir nuestras culturas, conocimientos y experiencias de nuestros países.

La esposa del Embajador de Portugal ha unido su profesión al buen gusto y su vivienda es una muestra de ello, con la mezcla ecléctica de diferentes estilos y objetos de arte.

Es una obligación moral, de mi parte, y del resto de las que integran la asociación y las acciones que ha hecho así lo atestiguan.  Seguiremos haciendo actividades vinculados con el arte y la cultura, porque son los que integran.  En Panamá hay muchos recursos y se pueden hacer muchas cosas.

Esta dinámica dama, que une a su vocación de servicio como esposa de diplomático una carrera profesional en el campo de la publicidad y mercadeo, ha servido a su país en Inglaterra, Austria, España y ahora en Panamá, como los primeros Embajadores de Portugal que se establecen aquí.  Su esposo, compañero y amigo, el embajador Pedro Pessoa e Costa, ha sido el pionero en establecer una misión portuguesa en este país y su casa es un despliegue del arte que caracteriza ese país, reconocido mundialmente por su cerámica, porcelana y cristalería, y por sus vinos y gastronomía.  La Asociación Diplomática en Panamá tiene más de 20 años de estar vigente pero solamente obtuvo su personería jurídica hace 7 años y en la directiva acompañan a la señora Pessoa e Costa las esposas de los embajadores de Chile, Perú, Israel, Italia, Brasil, Unión Europea, Parlatino y también una diplomática panameña, que se han sumado de manera entusiasta a las iniciativas trazadas por la señora Pessoa e Costa.

Fernando Pessoa decía: “Todo vale la pena cuando el alma no es pequeña”