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Cretinos contra animales

Como les prometí la definición de cretinismo, según el DRAE, es una enfermedad caracterizada por un peculiar retraso de la inteligencia, acompañado, por lo común, de defectos del desarrollo orgánico, ó estupidez, idiotez, falta de talento. En la aplicación, se conoce a un cretino por ser engreído, abusivo y de malas intenciones, cayendo muchas veces en la xenofobia. El origen de la palabra, si bien es griego por los procedentes de Creta, es muy usada en Francia (cretin), en Suiza (chretien) ó en Alemania (kretiner), tal como usamos nosotros los chistes de los boludos argentinos, los tontos gallegos, los engreídos judíos y hasta los pinches mexicanos.

En estos momentos, posiblemente nos habremos enterado que la Asociación de Amigos de los Animales y la Naturaleza fue desalojada del local que ocupaba cerca del Hipódromo Presidente Remón. Este espacio, que alberga cerca de 200 perros y gatos abandonados y dejados al olvido, había recibido del Presidente Pérez Balladares ese local para que los voluntarios atendieran a tan singulares compañeros de los seres humanos. Apenas llegó el gobierno de la señora Moscoso se les quitó, mandándolos a quién sabe qué lugar, donde estaban más hacinados que en una lata de sardinas. Durante la Patria Nueva tampoco se corrigieron los entuertos y, a pesar de leyes municipales existentes en cuanto a los albergues de animales y su protección, todos los estamentos han hecho oídos sordos al clamor de los que amamos a los perros (y los gatos).

Esta asociación ha pasado más de diez años pidiendo una respuesta para la protección de su albergue, pero ha sido en vano. Al momento que escribo este artículo, posiblemente habrán sacrificado más de 200 perros y gatos por el cretinismo de las autoridades municipales y del corregimiento de Juan Díaz. La razón, según las autoridades: Se necesita el espacio para expandir la ciudad deportiva.

Los que amamos a los perros y los que gozan del misterio de los gatos no podemos quedarnos de manos cruzadas. Se ha demostrado, científicamente, que los animales domésticos son más valiosos que una tafil, y que su atención y cuidado redunda en una paz que no la da ningún amante furtivo o cónyuge dedicado. No en vano muchas parejas duermen con sus perros entre ellos y la mayoría de las veces son el centro de atención de la familia y el catalizador de muchas tensiones.

Yo estuve exenta de esos amores hasta hace diez años, cuando mi hija me convenció de tener uno, Venus, una Shar Pei que era tan fea que todo el mundo la encontraba linda. Tuvo una vida muy alejada a lo que se llamaría “vida de perros”, se le hicieron varias operaciones cosméticas y al final, se murió el día que la iba a poner a dormir. Yo misma siento que mi vida cambió a raíz de tener una mascota. Luego llegó Rocco, un adorable Schnauzer que iba a ser sacrificado (como los perros del albergue) y que lo rescató mi vecina y me lo trajo. A pesar de la diferencia de estilos, Rocco ahora es el rey de la casa y hasta la nana de mi hija es ahora la nana de Rocco. Y por ser un perrito maltratado, es aún más agradecido y cariñoso, además de lector, porque he contado en anteriores entregas las delicias que ha hecho de mis libros más preciados.

Tanto como he clamado por un cambio de actitud en cuanto a los ciudadanos, así también debemos hacerlo con los animales. Bien dice el dicho “cuanto más conozco al ser humano, más quiero a mi perro”. Hagamos causa común por estos animalitos que han sido cuidados por voluntarios y que solo buscan alguien que los quiera y ojalá que para estas fechas, no los hayan sacrificado.

Recordando a mi padre

En estos días de euforia consumista, donde nos sentimos en la obligación de homenajear a nuestros padres, hayan sido estos malos o buenos, me entra mucha nostalgia por la dicha que tuve al tener un papá como el que tuve, y que partió después de mucho sufrimiento en esta vida, para nutrirnos a
diario con sus bendiciones.

Mi padre fue un hombre enfermo con una salud de hierro, o al revés. Estuvo en silla de ruedas más de 10 años y usando oxígeno, pasó las de Caín con todos los males que atravesó, llegando a decir que cuando entraba a un hospital, los únicos que no lo atendían eran los ginecólogos, los pediatras
y los siquiatras. Mi amiga Rosa María Britton se encargó de desvirtuar aquello de los ginecólogos yendo a revisarlo personalmente una de las tantas veces que estuvo hospitalizado en el Centro Médico Paitilla.

Le dio de todo, hasta cáncer en la piel. Infarto, embolia, problemas respiratorios, solamente hay que mencionar qué hay en el glosario de enfermedades y él las tuvo. En 1988, en plena crisis, le quitaron un pulmón por un cáncer que tenía en el timo, lo que le produjo una gran deficiencia respiratoria en el pulmón que le quedó. Lo más inverosímil del caso es que nunca fumó ni toleró que nadie le fumara al lado.

Siempre tuvo una actitud positiva en la vida, capeando los temporales con tan buen humor que nadie creería todas las dolencias que le puso Dios en su camino. Fue equitativo, justo, tenaz y sobre todo, cariñoso con sus hijos y nietos. Para mi hija es la figura paternal de la que careció y para todos
nosotros, sus hijos y nietos, además de mi madre, su ausencia es un gran vacío que no se puede llenar sino por sus buenos recuerdos.

Los médicos le consideraban un fenómeno. Mel Fábrega, Rosendo González, Jorge Sinclair y muchos más que lo atendieron aquí y en Estados Unidos, otros muchos profesionales de la medicina. Las asistentes médicas del Centro Médico Paitilla y los auxiliares siempre se acuerdan de él, de su buen
humor, de su afabilidad. Ojalá alguno de nosotros, sus hijos y nietos, nos pareciéramos a él aunque fuera un poquito.

He escrito mucho sobre él, de cuando estuvo muy enfermo, de cuando casi se muere y de cuando finalmente partió. Fue una lección de tenacidad y estoicismo ante los avatares de la vida. Y un ejemplo a seguir, con el espíritu en alto y enseñando con el ejemplo. Mi madre, que lo cuidó con
dedicación y amor hasta el último día de su vida es hoy el centro de atención de la familia y le queremos dar a ella todo lo que le dimos a mi padre.

Por eso en este Día del Padre, no quiero dejar de recordarlo, por su buen humor, su positivismo, su apoyo incondicional a todo lo que hiciéramos sus hijos y nietos y sobre todo, por habernos enseñado el camino correcto a seguir en la vida. Feliz día papá, que Dios te tenga en su gloria.