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EL AMANTE POLACO

Por Mariela Sagel, Vida y Cultura, La Estrella de Panamá, 29 de diciembre de 2019

     Uno de los eventos más esperados de la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) fue la presentación de la última obra de la escritora mexicana, Elena Poniatowska, la “Poni”, como cariñosamente la llaman.  Nacida princesa en París, descendiente del último rey de Polonia, Stalislaw Poniatowski (Estanislao II Augusto Poniatowski, que nació en Wolczyn el 17 de enero de 1732 y murió en San Petersburgo el 12 de febrero de 1798) y fue el último soberano de Polonia como nación independiente (1764-1795).

     Días antes Elenita, a quien adoran los mexicanos, se había lucido presentando a Siri Hustvedt, la novelista y ensayista estadounidense que revolucionó esta versión de la Fil (es esposa de Paul Auster) y entre chanzas, en español e inglés hizo una presentación magistral, ante un público enorme.  Siri me había dicho, la noche anterior en el cóctel de Planeta, la editorial que las publica a ambas, que ella se había leído todos los libros de la Poni, y volvió a mencionar en su presentación que admiraba mucho a la “princesa roja”, como le dicen por su militancia política.

     “El amante polaco” es el primer libro de su biografía, que intercala la vida de su antepasado con retazos de la de ella.  Al final de cada capítulo hay un relato que nos retrotrae a lo vivió ella desde que abandonó París, donde nació, a los 10 años, por el conflicto bélico que ensangrentó Europa.  Su madre, Paula Amor Yturbide, era mexicana y Elena, su hermana Sofía y la madre, arribaron a ciudad de México en 1942 y su padre lo haría posterior al final de la guerra.  En 1947, cuando ya su padre se les había unido, nació su hermano Jan.

ELENA PONIATOWSKA

     Nacida como Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska en 1932 (hace casi 88 años) es un referente mexicano tanto en periodismo como en narrativa.  Ha cultivado un género que se ha catalogado como polifonía testimonial y varias de sus obras, escritas bajo este rigor, han sido premiadas.  En 1968 su libro “La noche Tlatelolco” fue aclamado por narrar la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas.  Lo hizo recopilando una serie de testimonios que recogían el pensamiento y sentimiento de personas a favor y contra el movimiento estudiantil que se gestó en ese momento.

     Entre su larguísima bibliografía están valiosas obras dedicadas a personajes femeninos, como Tinísima (Tina Modotti, fotógrafa italiana que vivió en México), Leonora (sobre la vida de Leonora Carrington, pintora y escritora inglesa que perteneció al movimiento surrealista codeándose con André Bretón, Salvador Dalí y llegó a involucrarse sentimentalmente con Max Ernst).  La Carrington era muy voluntariosa y durante la ocupación nazi en Francia se vinculó al Freier Künstlerbund, movimiento subterráneo de intelectuales antifascistas.  Eso la puso en aprietos, tuvo que huir a España y gracias al escritor y poeta mexicano Renato Leduc, pudo embarcarse a México, y con quien se casó para los propósitos de su escapada de Europa.  Vivió hasta los 94 años en su país de adopción.  También ha escrito sobre Angelina Beloff, pintora y grabadora mexicana.

     Tiene alrededor de 50 libros publicados y ha sido traducida a 15 idiomas, sin contar con los muchos artículos que ha escrito, ya que su principal profesión es la de periodista, aunque no tuvo una educación formal.  Recibió de Oscar Lewis la influencia para usar la entrevista y el testimonio gracias al trabajo que ejerció como su asistente, con el que aprendió a aplicar sus técnicas sociológicas. Oscar Lewis fue un historiador estadounidense, antropólogo, que introdujo el estudio de la pobreza desde un punto de vista social, y creó el concepto de “la cultura de la pobreza”.  Su obra más conocida es “Los hijos de Sánchez”.  Sin embargo, el amigo de Elena, el escritor ya fallecido Carlos Monsivais, expresó en su momento que la autora sortea el perjuicio teórico de Lewis para alcanzar conclusiones opuestas que buscan una respuesta moral.

     Mereció el Premio Cervantes de Lenguas Castellanas en 2013 y contó, en forma pícara que, al momento de recibirlo de manos de los entonces Príncipes de Asturias, le dijo a la hoy Reina Letizia que había una gran ironía en sus vidas, ella había pasado de ser princesa a periodista, y Letizia, de periodista a princesa.

EL AMANTE POLACO

     El relato es fascinante porque abarca los años previos a que Stalislaw August Poniatowski se posesionará como Rey de Polonia, antes de la tercera partición de ese país en 1795, que desapareció de la faz de la tierra durante 123 años.  Relata las intrigas de palacio, pero no solo de Polonia, sino de Prusia, Rusia y Austria, que le tenían el diente hincado a ese país.

     Lo interesante de este primer tomo de las memorias de la Poni es que se concentra en la etapa en la que Pedro III de Rusia era gran duque aspirante al trono ruso y contrae nupcias con la alemana que entonces se llamaba Sofía de Anhalt-Zerbst y que, convertida a la fe ortodoxa, se conoce y recuerda como Catalina II de Rusia, una reina poderosísima que impuso sus criterios y también sus amantes en todos los aspectos de la vida de ese enorme país.

     El antepasado de Elena, el príncipe Poniatowski, cuyo mayor linaje le venía de su madre, la familia Czartoryska, fue asiduo a la corte rusa y se convirtió en amante de la entonces duquesa, que llegó a ser emperatriz (con la gran suerte que cuando su marido estaba a punto de despojarla, para quedarse con la amante, una vez convertido en Zar de todas las Rusias, murió, reinando solo 8 meses).

     Las descripciones de las intrigas de la corte, abanicadas por Charles Hanbury Williams, diplomático inglés que, estando en Dresde, conoció a Poniatowski y fue él quien le presentó a la que sería su desaforada amante, son muy precisas.  Otro personaje determinante de esa corte fue Lev Naryszkin, aristócrata y lugarteniente de la corte, que alcahueteaba la relación entre el príncipe y la futura zarina.

     Sin embargo, Catalina no se quedaría con Stalislaw, y por eso lo haría Rey de Polonia, para quitárselo de encima.  El polaco sufrió mucho, pero hizo un buen reinado, defendiendo a su país de los rusos y hasta de su poderosa soberana.  Hizo avanzar a su país en ciencia, salud y cultura.

     El desenlace está por verse, el primer tomo termina con la entronización del antepasado de Elena en Polonia.  Su parentesco es indirecto, ya que ella desciende de un sobrino del rey y segundo príncipe Poniatowski, quien emigró a Toscana a raíz de la tercera partición de Polonia y se casó en Roma con una italiana.  Dos generaciones de Poniatowski provienen de esa región, el bisabuelo de Elena se casó con una noble francesa, estableciéndose en París y de allí es que proviene el linaje de la Poni.

     El libro es apasionante y muy aleccionador porque la escritora se enfrenta a su pasado, contó cómo pudo desmembrar todo este antepasado real y estrambótico, así como enmarcarlos en el contexto histórico.  Tienen mucho valor sus anécdotas a final de cada capítulo, de su vida en México, incluso la violación que sufrió de un gran intelectual mexicano, que la dejó embarazada y se tuvo que ir a Roma a tener a su bebé, que fue adoptado posteriormente por quien fue su esposo, Guillermo Haro.

     El segundo tomo debe estar en camino porque en la presentación contó que había terminado todo su libro de memorias pero que una amiga le había aconsejado partirlo en dos por lo largo que había salido.  El amante polaco, con apenas 405 páginas se lee con júbilo y prisa, por la fluidez de la narrativa de la princesa polaca que, según Juan Villoro, vino a México para ser la más “chingona”.

20 AÑOS DE ADMINISTRACIÓN PANAMEÑA DEL CANAL DE PANAMÁ

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 29 de diciembre de 2019

     El próximo 31 de diciembre se conmemoran 20 años de que Panamá recibió el control y la administración total del Canal de Panamá, que desde 1914, cuando fue inaugurado por el gobierno de los Estados Unidos, ha prestado servicio al mundo entero.  Alcanzar este control y administración no fue ni fácil ni rápido, se realizó en función a lo estipulado en los tratados Torrijos Carter, firmados en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) el 7 de septiembre de 1977 por parte del General Omar Torrijos, que había liderizado las negociaciones con el coloso estadounidense, y el presidente de ese país, James Carter.

     Los 23 años que transcurrieron entre la firma de los tratados hasta la transferencia final no fueron una autopista sin obstáculos, pero se cumplieron en estricto derecho, con algunos altibajos.  No era poco desmontar toda una infraestructura que servía más a los objetivos e intereses geopolíticos de los Estados Unidos que a la navegación mundial.

     Esta fecha coronó 94 años de luchas patrióticas, que se iniciaron desde el mismo momento que un francés firmó por nuestro país, en 1903, a unos días de separarnos de Colombia, a perpetuidad, un tratado que le otorgaba a los Estados Unidos el control y usufructo de la vía interoceánica, y lo que se conoció como Zona del Canal, que no era otra cosa que una colonia dentro de nuestro país, una franja de 10 millas a cada lado del paso transístmico.

     ¿Pero en 20 años se ha logrado que los panameños interioricen lo que significa el Canal de Panamá para todos?  Cuando se realizó el referéndum para la aprobación de la ampliación, en el año 2006, hubo un gran abstencionismo de votantes, especialmente en lugares alejados a la cuenca. En ese momento nos dimos cuenta de que para muchos panameños el Canal era solo una mención, que nunca lo habían visitado y tampoco habían recibido nada de él.  Esta interiorización es importante para que todos sintamos el orgullo que nos palpita en el corazón cuando vemos la magnificencia de la ingeniería en el funcionamiento de las esclusas, tanto los dos primeros juegos de esclusas, que, a pesar de ser centenarias, siguen funcionando perfectamente, como de las nuevas, que impresionan por la mecánica escogida para pasar los buques, su profundidad y su ubicación.

     En fecha reciente, el Canal de Panamá inauguró un centro interactivo en Santiago de Veraguas para ir aumentando el sentido de pertenencia de todos los panameños, así como se concluyó la construcción del tercer puente sobre el Canal, el Atlántico, que tiene una luz de 530 metros, un portento de la ingeniería, que comunica la ciudad de Colón con la costa oeste de esa provincia.

     La operación del Canal de Panamá depende absolutamente de la cuenca y éste manejo es a lo mejor más importante que la misma operación.  Los lagos Gatún y Alajuela no solo alimentan esa mecánica, sino que abastecen de agua a la región interoceánica, siendo el agua el elemento más importante no solo para su funcionamiento sino para el mundo entero.  La administración del Canal de Panamá ha ido modificando su modelo de negocios a uno enfocado en el servicio al cliente y a la vez obtener una buena rentabilidad para el país.

     Cuando se realizó el referéndum para la ampliación, fue la primera vez que los panameños decidíamos sobre un tema que concernía al más importante activo del país.  Esa obra les dio trabajo a 41 mil personas y demostró que el recurso humano es lo más valioso en cualquier proyecto.

     Los panameños debemos sentirnos orgullosos de estos 20 años de administrar el canal.  Según Capital Financiero, de 1914 a 1979 (65 años y a partir de que se implementó el tratado) Estados Unidos le dio a Panamá 74.2 millones de dólares.  De 1980 a 1999, durante la transferencia y por 19 años, 1,803.7 millones de dólares, y, a la fecha, del año 2000 a 2019 15,117.2 millones de dólares.  Eso convierte a el Canal de Panamá en la empresa que más aporta al fisco.

     Llegamos a este aniversario de porcelana con un nuevo administrador, que viene de las entrañas de la organización y que le ha impreso una dinámica muy actual, Catín Vásquez. Pronto asumirá como subadministradora la primera mujer en esa posición, también con más de 30 años de experiencia, Ilia de Marota, y un Ministro del Canal que fue negociador clave de los tratados, comprometido con la causa que nos unió como nación, Arístides Royo.

     Comparto mi regocijo por este aniversario, por los resultados obtenidos, por haberlo hecho tan bien, por demostrar al mundo que podíamos hacerlo, pero, sobre todo, por seguir identificando nuestro país con un servicio de primer mundo que ningún papel ni ninguna lista ha logrado empañar.  Podemos decir orgullosos, y en alto, que “alcanzamos por fin la victoria”.