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MARC CHAGALL EN EL POMPIDOU

Por Mariela Sagel, Sección Vida y Cultura de La Estrella de Panamá, 1 de julio de 2018

Ya que andamos en modo ruso, vale la pena destacar una exposición del famoso artista de ese país Marc Chagall, que se muestra en el Centro Pompidou de París, el llamado Beaubourg, en el distrito que se conoce como Les Halles y cerca del mítico restaurante Au pied de cochon en el 1st arrondissement de la ciudad luz.  Este pintor liderizó la vanguardia artística rusa y soviética que representaba la escuela de Vitebsk y que estuvo vigente entre los años 1918 y 1922.  Junto a magníficos cuadros de Chagall se pueden apreciar obras de El Lissitzky, Kazimir Malévich y otros, que suman unas 200 piezas, procedentes de museos y colecciones de todas partes del mundo.

Fachada del Centro Pompidou

Chagall, de origen judío y nacido en lo que era parte del Imperio ruso y hoy es Bielorusia, concretamente en Vitebsk, se vinculó desde sus estudios superiores a la escuela de la Sociedad de Patrocinadores del Arte en la ciudad de San Petersburgo, donde se había mudado en 1907, a los 20 años.  Sus obras son oníricas, en las que resuenan las fantasías y es un digno representante de la vanguardia de su generación.  Entre los años 1909 y 1911 realizó estudios bajo la tutoría de un reconocido maestro de la plástica rusa, Nikolái Roerich y una vez se fue dando a conocer, se marchó a Paris, la meca de todos los artistas, para vivir y pintar en el barrio de Montparnasse.  Regresó a su pueblo natal en 1914 y allí permaneció durante el desarrollo de la primera conflagración mundial.

La revolución rusa inspiró el movimiento

Una vez se van desarrollando los acontecimientos de la revolución rusa, que eclosionaron en noviembre de 1917, Chagall se vuelve un participante activo de la misma y es nombrado Comisario de Arte para la región de Vitebsk, fundando la Escuela de Arte en 1919.  Siendo un pintor tan de vanguardia y expresionista, la carga burocrática se le vuelve insoportable y empezó a tener diferencias con su colega artista Kazimir Malévich, por lo que se muda a Moscú en 1920 y posteriormente a Paris en 1923.

Obra de Marc Chagall titulada “Doble retrato con copa de vino”, 1917-1918

Con la ocupación alemana de la capital de Francia, durante la Segunda Guerra Mundial y la persecución de los judíos y deportación de éstos a los campos de exterminio nazis, Marc Chagall tiene que abandonar la capital francesa.  Se va a Marsella y de allí logra escapar a Estados Unidos, pasando por España y Portugal.  Vuelve a Francia en 1948 y muere en la localidad de Saint Paul de Vence, en el sur de Francia, a los 97 años, en 1985.

Sobrevolando la ciudad, de Marc Chagall

Su obra se ha cotizado a precios exorbitantes, algunos cuadros en más de 6 millones de dólares y ejemplos de ella se pueden apreciar en museos importantes del mundo, como el Guggenheim de New York, el Museo de Tel Aviv,  el Hermitage de San Petersburgo y otros.  En 1964, Charles de Gaulle le encargó que pintara el techo de la Ópera de París y en 1977 recibió la orden de la Legión de Honor de Francia.  También le encargan en 1965 los dos grandes murales del vestíbulo de la Metropolitan Opera House de New York.

La escuela de arte de Vitebsk representó la vanguardia rusa soviética, antes que el arte se volviera estrictamente adscrito al realismo socialista y en ella Malévich fundó el primer colectivo de la historia del arte, llamado UNOVIS.  La exposición estará abierta al público hasta el 16 de julio en el Centro Pompidou.

EL SUPREMATISMO

Esta exposición reúne los trabajos de algunos de los artistas que se aglutinaron en algún momento bajo el suprematismo y la escuela UNOVIS, un movimiento artístico enfocado en formas geométricas fundamentales y generalmente monocromáticas.  Se buscaba evitar cualquier referencia de imitación a las formas de la naturaleza.  El suprematismo está respaldado por un ensayo escrito por Malévich donde elabora sus teorías, que data de 1920.

Los suprematistas no seguían los estilos tradicionales de la pintura, y no trasmitían mensajes sociales. Las obras suprematistas fueron aumentando su colorido y composición con el paso del tiempo.  Pero en la medida que se fue asentando la revolución rusa, se determinó que existiendo tanto analfabetismo en ese inmenso país, era urgente volver al realismo, por lo que cerca del año 1925 sus representantes se habían dispersado y el movimiento como tal había desaparecido.  Las obras de Wassily Kandinsky están cerca del movimiento, especialmente por la abstracción que cultiva.

Maquetas que exponen las teorías del suprematismo

En Rusia, donde se gestó, por los lineamientos gubernamentales que se fueron estableciendo, no tuvo muchos seguidores, pero fue indudablemente una gran influencia en el desarrollo del arte y el diseño en los países de Occidente y de la escuela de diseño Bauhaus, fundada por Walter Gropius en Weimar, Alemania, en 1919 y cerrada por las autoridades prusianas en manos del Partido Nazi en 1933 ya que la veían como socialista, internacionalista y judía.  Tuvo, entre sus directores, al célebre arquitecto Ludwig Mies van der Rohe.

Después de su desmantelamiento sus más relevantes exponentes siguieron impartiendo sus ideas en los Estados Unidos, que incluían las manifestaciones arquitectónicas, la tipografía y la fotografía, entre otras.

EL CENTRO POMPIDOU

     El Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou fue inaugurado en 1977 y su concepción le correspondió al mandatario francés que lleva su nombre, que falleció antes de que se inaugurara.  Le correspondió al presidente Valéry Giscard d’Estaing la apertura y dentro de su rocambolesca estructura funciona un centro de investigación musical y acústica (IRCAM), la Bibliothèque Publique d’Information, que tiene una capacidad para unas 2.000 personas y el Musée National d’Art Moderne, que tiene un patrimonio de unas cien mil obras de arte moderno y contemporáneo, lo que lo pone al nivel de museos como el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York y la Tate Modern de Londres. Entre los artistas que allí están representados figuran Pablo Picasso, Joan Miró, Brancusi, Amadeo Modigliani, Henri Matisse, Francis Bacon, Jean Dubuffet, etc.

Vista de la Torre Eifell desde la terraza del Centro Pompidou

El Centro Pompidou está en el solar donde hasta los años 70 funcionó el mercado de Les Halles, que era una zona deprimida económica y socialmente.  Había allí un mercado de abastos, un enorme centro que vendía productos al por mayor y al por menor. Pompidou, para revitalizar el área, decidió derribar este mercado ya que desprendía malos olores y contribuía al caos vehicular. En su lugar se construyó el edificio de la bolsa, de planta circular, unos jardines y un nuevo centro comercial con conexión a la estación de metro del barrio.  El Centro Pompidou es otro de los edificios que pertenece a este plan de revitalización.

Interior del Centro Pompidou
Otra vista de la fachada
Escaleras mecánicas que son vistas desde afuera

Su diseño es totalmente vanguardista e innovador, sobre todo para los años en que se construyó, ya que es de estructura industrialista, con los elementos funcionales visibles, tales como conductos, escaleras, ascensores.  Las tuberías están pintadas en colores vivos y todo se puede ver desde afuera, de manera que el interior es muy diáfano.  Tiene unos 7 pisos y en su azotea hay un restaurante con vistas de París a 360 grados.  Debido a ser tan moderno y por el lugar donde se construyó, hubo una polémica cuando se inauguró, pero la comunidad se ha acostumbrado a su aspecto y es muy popular.  Su arquitectura representa una de las primeras manifestaciones de “high tech” en París.

Desde las escaleras mecánicas se ve el entorno parisino

En 1985 el pintor chileno Roberto Sebastián Matta realizó una exposición retrospectiva a cuya inauguración tuve el privilegio de asistir, y todavía recuerdo los peculiares zapatos que vestía el famoso artista, eran unos guantes de cuero para pies que tenían hasta la forma de los dedos.

 

 

“LOS DIVINOS” DE LAURA RESTREPO

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 27 de mayo de 2018

Hace año y medio un crimen atroz conmocionó a Bogotá, a Colombia y al continente entero.  Se trataba del secuestro, violación y asesinato de una niña indígena que perpetró el arquitecto bogotano, de clase alta, Rafael Uribe Noguera.  Yuliana Andrea Samboní, de apenas 7 años era de una familia de los desplazados por la violencia.  Esto ocurrió el 4 de diciembre de 2016, en el barrio marginal Bosque Calderón y los vecinos se alzaron y los gobernantes no pudieron proteger al chico de mamá y casi lo linchan.

Ese crimen enfrentó, según las noticias, las dos Colombias, la de las clases pudientes, que evaden la justicia comprando los que la administran, y los desplazados y pobres –que hay muchos en ese país – y el mismo presidente Juan Manuel Santos pidió que se investigara de manera expedita.  Se sospechó que los hermanos del sicópata, Francisco y Catalina estaban involucrados y el conserje o guardia de seguridad apareció muerto unos días después, aparentemente se suicidó.  El juicio se celebró, condenando a Rafael Uribe Noguera a 58 años de cárcel, y los padres de Yuliana se regresaron a su pueblo para nunca más regresar a la capital.  Su madre estaba embarazada de siete meses y durante el funeral de la pequeña se desmayó dos veces.

Laura Restrepo, ganadora del Premio Alfaguara con su obra “Delirio” en el año 2004 y autora de diez novelas, acaba de publicar “Los Divinos”, un libro que relata de una manera magistral el aberrante secuestro, abuso y asesinato de Yuliana Samboní.  Restrepo ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz en 1997, que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara a historias escritas por mujeres por la novela “Dulce compañía”

LOS DIVINOS

     Así se titula su última novela, la primera que publica desde 2012 y se sintió impactada por la tragedia que conmocionó a toda la sociedad colombiana.  La ubica en Bogotá, en el ambiente de los privilegiados de la clase alta, que tienen de todo y que, siendo profesionales, se entregan a toda clase de desafueros.  La novela lleva un ritmo trepidante y no es hasta más allá de la mitad que va entrando en materia del secuestro y abuso de la niña.

Portada de Los Divinos

Laura Restrepo se revela en esta nueva novela como una escritora con muchísimo bagaje cultural, cuajada en el oficio periodístico y como estuvo involucrada en política y sufrió un exilio forzoso, es muy crítica de las clases pudientes colombianas, llenas de códigos de estatus y desprovistas de prejuicios.  También utiliza de manera preciosista el lenguaje, sobre todo el coloquial, y el humor al grado máximo, haciendo que un tema tan duro y escabroso se haga interesante y no horrorice más de lo necesario.

Los personajes de “Los divinos” son cinco amigos que vienen juntos desde la secundaria.  Cuatro de ellos son exitosos profesionales y el quinto, que es el protagonista, un maniático de la soledad, traductor y soltero.  Sus sobrenombres son de lo más sintomáticos, “El Muñeco” (que es el asesino), el Duque, Tarabeo, El Píldora y Hobbo, el que narra.  De esos sobrenombres derivan otros: El Muñeco es alias Kent, Milindo, Dolly-boy, Chucky.  El Duque es alias Nobleza y Dux.  Tarabeo es también Táraz, Taras Bulba y Rexona, entre otros; El Píldora es Piluli, Pilulo y Gorila, y el Hobbo es el Hobbit y Job.  Se llamaban a sí mismo los Tutti Frutti, y tenían unas formas de hablarse y comportarse muy particulares e hilarantes.

Los juegos de palabras con formidables, los retos intelectuales entre el Hobbo y El Píldora son a punta de versos. Hobbo está enamorado de la novia del Duque, pero nunca se lo dice.  Tarabeo está casado, pero tiene una “polverita” (un departamento para sus aventuras) y El Duque tiene una finca fastuosa donde a veces se reúnen los Tutti a jugar al póker.

Así se lleva la historia, con idas y venidas, juergas y bromas, puro hedonismo, con la advertencia de la novia del Duque de que El Muñeco estaba actuando raro, estaba obsesionado con un juego y que todo indicaba que algo iba a pasar, muy al estilo de “Crónica de una muerte anunciada” del Nobel García Márquez.  Cuando ocurre el fatal desenlace, uno de los amigos trata de ayudar a El Muñeco a huir del país, lo que no logra, y otro le pide al Hobbo –sin decirle el lío en que se metió su compañero de juergas – que borre de la computadora del asesino toda evidencia, que elimine los archivos que contengan pornografía.  Con la paciencia de Job el traductor se dedica a quitar fotos y videos no sin que antes vaya en ascenso su sorpresa de cuánta degeneración hay en esa Mac que le pidieron limpiar.  Cuando llega a las imágenes de niñas, queda horrorizado de que su amigo, El Muñeco, el niño de mamá, exitoso, bello, corpulento, esté metido a pederasta.  Y entonces le suena la campana: lo llama su hermana desde Australia para decirle que están buscando al Muñeco porque unas cámaras de seguridad lo vieron llevarse a la niña, que había sido reportada por sus familiares.  Hobbo es distraído y ensimismado y no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor.

De allí en adelante no puedes soltar el libro y Laura Restrepo logra, a partir de un crimen que aconteció y estremeció a la ciudadanía, construir una ficción, pero una punzante, que revela el oscuro andamiaje que habían tejido los Tutti Frutti.  Las vidas de la mayoría de ellos los va llevando, de manera inexorable, al camino de la transgresión intolerable. El más cercano a Hobbo, el Píldora, se suicida por lo que tuvo que hacer para proteger al Muñeco, personificando así al celador del edificio donde se perpetró el crimen.

La crítica ha dicho del libro que “Los Divinos” es un extraordinario ejercicio de comprensión y reinterpretación de los hechos, además de un relato perturbador contra el feminicidio.  “En esta novela, la autora trasciende el crimen narrado para llegar, a través de él, hasta los recovecos más oscuros de toda una cultura”.

LAURA RESTREPO

Su obra ha tenido una constante que no incluye esta recreación de un crimen tan espantoso, pero ha estado siempre vinculada con la política y los movimientos sociales en varios países.  Se graduó de Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes y tiene un post grado en Ciencias Políticas.  Ha sido profesora de literatura en la Universidad Nacional y del Rosario y posteriormente se activó en los temas políticos.

Laura Restrepo

Su activismo lo inició en su tierra natal, pero lo continuó en España, y siguió en Argentina, donde trabajó en la resistencia contra el gobierno militar.

Es una mujer muy sensible a la pobreza, la injusticia, la desigualdad y los abusos de poder que afectan a los más vulnerables, que generalmente son las clases bajas, los niños y las mujeres.  Se dedicó al periodismo y ha participado en zonas de guerra, viajando a lugares en conflictos, como el tiempo que estuvo entre Nicaragua y Honduras, a fin de escribir sobre las guerras entre los Sandinistas y los Contra.

Gabriel García Márquez fue su mentor en la revista Semana, donde lo conoció (ella estaba encargada de los acontecimientos políticos nacionales e internacionales) y formó parte, en 1983, de la Comisión de Paz, Diálogo y Verificación que debía negociar un acuerdo en el Movimiento M-19.  Se vio forzada a emigrar por las situaciones que vivió y de su experiencia es el libro reportaje “Historia de un entusiasmo”.  Vivió en México y trabajó en La Jornada y la Revista Proceso, viajando constantemente para sensibilizar a los diferentes países de que se volvieran a abrir los procesos de negociación para lograr la paz en Colombia, que le es tan esquiva.

De su narrativa se han expresado elogiosamente José Saramago, Gabriel García Márquez, Harold Bloom y ha tenido importantes reseñas en The New York Times Book Review. Sus novelas han sido traducidas a más de veinte idiomas.  Publica regularmente en el diario El País de España y da clases en la Universidad de Cornell, en el estado de Nueva York.