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PROTESTAR CONTRA LA GUERRA

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 13 de mayo de 2018

      Baltimore, Maryland —. En esta visita casi familiar que me ha alejado de la entrega de los Premios de Periodismo, que organiza anualmente el Fórum de Periodistas por las libertades de expresión e información, me regocija el reconocimiento, más que merecido, que se le ha rendido a la periodista Flor Ortega, premiando su excelencia en la profesión.  La Profesora Ortega, además de una consagrada profesional, ha dedicado sus años más productivos a la docencia.  Fue fundadora del Fórum y también su Directora Ejecutiva, labor que cumplió con pulcritud y compromiso.  Por dos años seguidos se ha entregado este premio, que reconoce la excelencia de un periodista, a mujeres que se han dedicado a enseñar y formar profesionales en el oficio que García Márquez definía como el mejor del mundo.  El año pasado a Griselda López, que fue la directora de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Panamá hasta hace poco y ahora lo recibe la Profesora Ortega.  Enhorabuena por el reconocimiento a su trayectoria y al género femenino.

Como siempre que visito lugares cercanos o lejanos me gusta adentrarme en las historias que los definen, al lado del suburbio donde me estoy quedando, en Ellicott City, cerca de Baltimore, hay una pequeña población llamada Catonsville, de unos 40 mil habitantes, de donde son oriundos los famosos Catonsville Nine, nueve activistas católicos que en 1968 se opusieron abiertamente a la guerra de Vietnam y que levantaron sus protestas de las maneras menos ortodoxas.  Entraron a los archivos de las oficinas gubernamentales, donde había 378 expedientes de jóvenes que estaban en el frente, se los llevaron a un espacio abierto, les echaron napalm y les prendieron fuego.  Dos de ellos, un cura jesuita y un artista, habían formado parte de los Baltimore Four, que previamente habían hecho una acción similar, pero derramando sangre humana sobre los expedientes. Estaban en libertad condicional cuando participaron con los otros siete en el acto de Catonsville.

Los propósitos que buscaban, y que lograron, fue llamar la atención sobre la insensatez de la participación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam.  A pesar de ser juzgados y condenados la población se manifestó masivamente a favor de detener ese demencial conflicto bélico.  Algo parecido se refleja en la película The Post (o Los papeles del Pentágono) que fue estrenada a principios de este año y cuyos actores estelares son Meryl Streep y Tom Hanks, y en la cual la actriz a la que Trump insultó públicamente llamándola actriz “sobrevalorada”, personifica a la mítica Katherine Graham, dueña del Washington Post y primera mujer que dirigió un periódico.  Muy bien recreada en los años ‘70, muestra la dura batalla que libraron The Washington Post y The New York Times al publicar los famosos papeles del Pentágono, que demostraban que administración tras administración, desde Harry Truman, pasando por Eisenhower, Kennedy, Johnson y Nixon, encubrieron la verdad sobre las “razones para creer” que tenían para participar en esa lamentable confrontación.  Ambos diarios fueron llamados a juicio por atentar contra La seguridad nacional, y a ellos se les unieron otros medios que respaldaron la libertad de expresión que estaba en juego en esos momentos.  Al final del juicio, el veredicto del jurado los eximió —en las afueras del edifico donde se celebraba la audiencia se hicieron presentes miles de personas que apoyaban a ambas publicaciones — y muchos han comparado las actuaciones de Richard Nixon con las de Donald Trump, especialmente por la escena final, en las que se ve el perfil del presidente que renunció por el escándalo Watergate (por andar pinchando teléfonos) girando instrucciones para que ningún periodista del Washington Post entrara a La Casa Blanca ni a cubrir un evento social.  Nixon opacó sus logros, — como ponerle fin a la intervención en Vietnam, la traída de los prisioneros de guerra a su patria, eliminar el servicio militar obligatorio, el establecimiento de relaciones diplomáticas con China y el inicio del détente con la Unión Soviética—, con el escándalo Watergate, al punto que es el único presidente en la historia de los Estados Unidos que ha dimitido.

Esta magnífica película fue nominada a varias categorías de los Oscares y los Globos de Oro y fue elegida mejor película de 2017 por el National Board of Review y seleccionada como una de las 10 mejores películas del año por la revista Time y también por el American Film Institute.  Demuestra que la guerra no lleva a ningún lado y que Donald Trump ha sobrevalorado sus estrategias bélicas.

 

 

JAVIER MORO Y “MI PECADO”

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 6 de mayo de 2018

El escritor español Javier Moro, que en 2011 ganó el Premio Planeta con “El imperio eres tú”, novela histórica que relata el reinado del emperador Pedro I de Brasil y IV de Portugal, vuelve a sorprendernos con su última novela, acabada de salir, “Mi pecado”, sobre la vida de Conchita Montenegro, una actriz vasca que en los años ’30 triunfa en Hollywood y tiene amores con los más importantes galanes de la época.

El libro salió a la venta el 5 de abril, pero a fines de febrero recibió el Premio Primavera de Novela, de la editorial Espasa, dotado con 100 mil euros. Yo estaba en Madrid y había hablado con Javier el día antes de recibir el premio y justo estaba leyendo un libro de una periodista, también española, Carmen Ro, titulado “Mientras tú no estabas” que trataba de la vida de la actriz.  Le dije a Javier sobre la coincidencia y después leí que se había formado una polémica en torno a unas declaraciones que él había dado al recibir el premio, ya que desconocía de ese otro libro.

Mi pecado

Al terminar de leer “Mi pecado”, que me hizo llegar el autor como lo ha hecho con sus libros anteriores, puedo decir, sin temor a equivocarme, que su libro no tiene nada que ver con el otro.  El de la señora Ro trata se enfoca en los años de Conchita en Hollywood, pero desde el recuerdo de un enamorado perdido que ella tuvo, que ya está en sus últimos días, y la recuerda con todas sus extravagancias, compartiendo esos recuerdos con una joven que, para paliar su depresión por una ruptura amorosa, va a leerle a los ancianos. El personaje no es la actriz sino el anciano y la chica. Ni asomo de la rigurosidad de la investigación de Javier Moro y, sobre todo, de los acontecimientos posteriores que vivió la actriz, a la que llamaron la Greta Garbo española.  Esos hechos son primordiales para entender la trascendencia de Conchita y que sea una referencia histórica que, además de haber llevado una vida glamorosa y excéntrica, llena de amores y desamores, también fue un eje fundamental en los acontecimientos políticos de la II Guerra Mundial y la dictadura de Francisco Franco.

UNA POLÉMICA DE PELÍCULA

Apenas Javier Moro recibió el premio se desató una polémica en torno a un libro que todavía no había salido.  Los más aguerridos periodistas y opinadores le cayeron encima por haber ignorado el libro de Carmen Ro, sin siquiera haber leído “Mi pecado”.  Yo le insistía a Javier que siempre que hay polémica, los libros se venden más y la historia se vuelve más interesante. Él debería saberlo porque su libro, “El sari rojo”, publicado en 2006, que narra la vida de Sonia Gandhi, fue prohibido en India sin que ningún miembro de la familia Gandhi lo leyera.  La imagen del escritor fue quemada y sus otros títulos también.  No fue hasta hace tres años, en 2015 que, cuando los Gandhi fueron desplazados del poder, Javier Moro volvió a Nueva Delhi y en menos de un mes le rindieron honores y firmó contratos para que su libro fuera traducido a varios de los dialectos que se hablan en ese inmenso país y se publicaron millones de ejemplares.

“El sari rojo” trata a Sonia Gandhi con benevolencia y hasta con inmenso respeto, no había ninguna razón para que los miembros del Partido del Congreso Indio, de la dinastía Nehru-Gandhi, se ofendieran por lo novelado en el libro.  Pero victimizaron al autor y el resultado ha sido que ahora más indios han leído sobre la nuera italiana de Indira Gandhi.

El escritor español Javier Moro

Lo mismo está pasando con éste, aunque repito, uno no tiene ni remotamente comparación con el otro, porque se abordan desde dos enfoques diferentes.  “Mi pecado” lleva el título de un perfume que el gran amor de la vida de Conchita Montenegro, el actor británico Leslie Howard, le regalaba y es de la casa Lanvin, lanzado en 1924.

UNA HISTORIA FASCINANTE

     Javier Moro es un maestro en la técnica de novelar historias.  Lo hace con elegancia y cadencia, que son importantes a la hora de leerlo.  Sus capítulos son cortos y sus párrafos también y describe los ambientes y los personajes con preciosismo y meticulosidad. Él mismo vivió en Hollywood durante cinco años así que conoce los escenarios donde lo llevó la investigación sobre la diva española.

En el caso de Conchita, ella se va a Estados Unidos con su hermana Justa para perseguir una carrera de actriz en el Hollywood que tiene que adaptarse a la transición del cine mudo al sonoro, y a una industria que para sobrevivir en medio de una crisis económica que arrasó al mundo, vive en una burbuja de derroche y fiestas estrafalarias.  Conchita aprende rápido el inglés (ya hablaba francés pues tenía un show de baile en París antes de su aventura hollywoodense) y su fuerte carácter e impactante físico le ganan el respeto y los favores de los más importantes directores del momento.

Fue famosa porque no se dejó besar por Clark Gable, porque se hizo amiga de Charles Chaplin y Greta Garbo, así como por haber sido la obsesión de jóvenes actores (o aspirantes a serlo) que en ocasiones tomaron revancha contra ella cuando los despreciaba.

A pesar de sus devaneos amorosos, su corazón quedó prendado de Leslie Howard, que estaba casado y no pretendía dejar a su familia y le llevaba veinte años.  Sufría de ansiedad que la llevaba a comer en forma descontrolada para después provocarse vómitos (bulimia) y rechazaba cualquier connotación a que se le viera como una artista latina, no anglosajona.

Conchita era además muy buena amiga, buena hija y buena hermana.  Mantuvo sus vínculos familiares intactos a pesar de las distancias y las formas tan complicadas en que se tenían que comunicar de un continente a otro.  Se casó, cuando su meteórica carrera de artista estaba en la cúspide, con el marido de su mejor amiga después que ella murió en un lamentable accidente de auto, y se fue a vivir a Brasil. Él era un actor brasileño y su matrimonio no duró mucho y ella se volvió a Madrid, donde conoció a un diplomático con el que conspiró contra los nazis y contra Franco.  Era su prometido cuando Leslie Howard reapareció en su vida, con una misión importante que le encomendó Winston Churchill.  Gracias a esa coyuntura, se logró que Franco declarara la neutralidad de España en la II Guerra Mundial.

Mi pecado” es un libro fascinante, sus descripciones de las fiestas del Hollywood de ese tiempo, de los encuentros amorosos de Conchita y Leslie y de los escenarios donde ella vive, tanto en España como en Estados Unidos, son cautivantes.  Javier tiene la virtud de entretejer en la trama a todos los protagonistas, muy famosos en la industria del celuloide de sus tiempos y al final hace un recuento, en el epílogo, de qué pasó con cada uno de los personajes principales, especialmente los españoles que fueron a dar a Hollywood.  No deja por fuera la feliz coincidencia de que su padre, Julio Moro, era el radiotelegrafista del barco en el que Conchita se trasladó a Montevideo para gozar su luna de miel, ni la apreciación que el escritor cubano, Guillermo Cabrera Infante tenía de la actriz: “Conchita Montenegro fascinó a todos un momento y después desapareció.  Inútil buscarla en los libros, y en las enciclopedias de cine: ni siquiera la mencionan.  Solo nos queda su imagen fugaz, su belleza perenne y su encanto mórbido e inquietante”.

Javier Moro ha puesto a Conchita Montenegro y su vida de vuelta en las historias que hay que conocer y leer.