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UNA CORONA CON CANTÁRIDAS

Por Mariela Sagel, Vida y Cultura, 16 de septiembre de 2018, La Estrella de Panamá

La escritura de novelas cortas es uno de los géneros que ha sido tradicionalmente cultivada por grandes novelistas y está en medio del cuento y la novela como la conocemos.  De novelas cortas tenemos de las mejores plumas, como F. Scott Fitzgerald (“El Gran Gatsby”), Albert Camus (“El extranjero”) y el irremplazable Juan Rulfo con su “Pedro Páramo”.  Gabriel García Márquez escribió una muy buena, “El coronel no tiene quien la escriba” y hasta los rusos, dados a las novelas muy largas tienen sus estrellas rutilantes, como “Noches blancas”, de Fiódor Dostoievski y “La tormenta en la nieve” de Leo Tolstoi.  “El amante”, de Marguerite Duras solamente tiene 128 páginas, lo que le bastó para catapultarla a la fama.  Tristán Solarte con “El ahogado” y Ramón H. Jurado con “El desván” son los mejores ejemplos que tenemos de novelas cortas panameñas.

Desde el año 2014 el Taller Editorial Sagitario convoca a un concurso de novela corta y la ganadora del 2018 fue la obra “Una corona con cantáridas” del panameño Rogelio Guerra Ávila, un escritor que tal parece que gana en cada certamen en el que participa, pues este año se ha hecho merecedor de dos premios, el Centroamericano Rogelio Sinán y el Sagitario de Novela Corta.  Anteriormente ha ganado en dos ocasiones el José María Sánchez en cuento, tres veces el Premio Ricardo Miró en novela, y una vez el Premio Joaquín Beleño, también de novela, que otorga la Universidad de Panamá.

Portada del libro “Una corona con cantáridas”

Esta versión del premio es la quinta desde su instauración y anteriormente lo han ganado Allen Patiño, con “Casa de David”, Eduardo Soto, con “El colmillo de los dioses”, Carlos Fong, con “Aviones dentro de la casa” y María Laura De Piano con “El color de las buganvillas”.  Consta de un premio único de $2,000.00 y el jurado está integrado por tres eruditos.  La edición del libro fue presentada recientemente en la Feria del Libro de Panamá.

El Taller Editorial Sagitario fue una evolución de la editorial 9 Signos, que dirigía Enrique Jaramillo Levi, y publica periódicamente otros libros, el más reciente “Complicidades”, 18 asedios al cuento y la poesía de Jaramillo Levi y el destacado poeta Salvador Medina Barahona, una asociación entre la editorial y el grupo “El duende gramático” que comanda Medina Barahona, que también presentaron en la FIL.

UNA CORONA CON CANTÁRIDAS

Con apenas 150 páginas, el escritor Guerra Ávila logra engarzarnos en la historia de una pareja, desde que se conocen hasta que uno de ellos muere, y todas las vicisitudes que pasan a lo largo de sus vidas.  Exenta de dramas nacionalistas, toca el tema de la invasión a Panamá (1989) y también a la República Dominicana (1965) por los Estados Unidos y la forma en que gente común las vivieron.  Es una bella historia de amor teñida de dolor, que enseña los valores de los vecinos, los parientes y también las tragedias que a lo largo de una vida pueden empañar la existencia.

Jerónimo Chirú, el protagonista, se casa con una hermosa dominicana a quien conoce en su remoto pueblo de San Juan de la Maguana que destaca por su gracia y, sobre todo, por sus ojos verdes.  Se la trae a vivir a Panamá, contra la voluntad de su madre, que le hace la vida imposible despojándolo, incluso, de su parte del patrimonio familiar.  Tienen dos hijos, al mayor lo matan y el segundo se entrega al vicio.   Con el tiempo, su reina, Mahuampi, se precipita al fondo de la demencia senil y allí también recae una enseñanza:  el trato que se le dispensa a los pacientes con este tipo de enfermedad y la comprensión a las personas mayores.

Durante la invasión de Estados Unidos a Panamá Chirú cava un hoyo para esconder un arma, en vista de que su barriada, cerca de las ruinas de Panamá Viejo, es visitada constantemente por los “marines” que andan detrás de Noriega. Encuentra, por esos azares del destino, un cofre con las joyas de la Virgen de la Asunción, entre ellas una corona con esmeraldas, el color de los ojos de su mujer.

Cómo llega a ser enterrado ese cofre también lo narra el autor en un capítulo donde reproduce documentos de la época en la que los españoles colonizaron el Istmo, con su castellano ancestral y el hecho de que el que enterró el cofre desapareció en la revuelta que se creó ante el ataque inminente que se cernía sobre la primera ciudad fundada en el Océano Pacífico.

Las cantáridas son insectos que se conocen también con el nombre de “mosca de España” y se destacan por su intenso color verde.  Son usadas medicinalmente para laceraciones de la piel y también se usó –lo que se extrae de ellas — como afrodisiaco hasta el siglo XVII, cuando cayó en desuso porque causaba envenenamientos.  En literatura se le encuentra en la obra “El general en su laberinto”, de Gabriel García Márquez, que narra los últimos días de Simón Bolívar y al que se le aplicaron parches de cantárida.  Hay una novela titulada “La mosca española” del autor valenciano Lorenzo Galiana Gallach que narra un viaje a principios del siglo XIX para establecer una nueva ruta para el tráfico de la cantaridina, el alcaloide que se extrae del escarabajo.

La obra “Una corona de cantáridas” cobra aún más valor en vísperas de la celebración de los 500 años de la fundación de Panamá Viejo, que se celebra el próximo año, ya que su relato acontece en esa área y tiene relación directa con el ataque que perpetró el pirata inglés Henry Morgan, antes del cual fue enterrado ese cofre con joyas que engalanaban a la virgen.  Tal como dictaminó el jurado “la obra encuentra fortaleza en su coherencia literaria, su excelente y enriquecedor manejo del lenguaje, por la prevalente claridad y sencillez de la forma, así como por el extraordinario enfoque social y humano que nos induce a refrescar la ocurrencia de hechos como la invasión norteamericana a Panamá”.  A fines del próximo año también se cumplen 30 años de esa infame acción militar contra nuestro país.

SOBRE EL AUTOR

     Rogelio Guerra Ávila no es de los escritores que andan en grupitos de unos contra otros, como bien los señaló Priscilla Delgado en una reciente entrevista que le hizo Luis Pulido Ritter, con el que me honro compartir este espacio una vez al mes.  Contador de profesión, me contó, en un ameno encuentro, que había dejado de escribir durante más de diez años.  Bastante tímido, recibió con agrado mi valoración de la obra, señalándole que al texto le hacía falta edición, aunque estaba bien impreso y diagramado y con pocos errores tipográficos.  De igual forma me llevó otro de sus libros y me confesó que le gusta escribir novelas largas, por lo que el ejercicio de hacer ésta le exigió mucha disciplina.

El escritor Rogelio Guerra Avila

Es un autor que merece ser conocido en el extranjero, que las editoriales extranjeras se fijen en él por la solidez de su talento narrador (sus fuertes son los diálogos) y que sus novelas sean promovidas y leídas a todos los niveles.  Ya pasó la época en que solamente los adinerados (y añade él, los que tienen un autor fantasma) sean los que consiguen que las casas editoriales más importantes publiquen sus obras.  “Una corona con cantáridas” es fé del talento de este narrador que es un fenómeno: donde participa gana, que es casi como que “lo que toca lo convierte en oro…. o esmeraldas”.

 

 

 

LOS CHINOS EN EL CANAL DE PANAMÁ

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 16 de septiembre de 2018

Para todos los que respaldamos el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Panamá y la República Popular de China fue una alegría que éstas se concretaran el 12 de junio de 2017.  La Asociación Panameña de Amistad con China, establecida hace 16 años, a la que me honro en pertenecer, desplegó una ingente labor para que muchos panameños conociéramos las ventajas de ser amigos de los chinos del continente, un país milenario que es el segundo usuario del Canal de Panamá.  Li Yonglu, el recordado representante comercial de China (las relaciones comerciales entre los dos países se establecieron formalmente en 1996 con rango de embajador) comparó una vez el tener relaciones con Taiwán y no con China como si las tuviera un país con la isla de Taboga (ubicada en la bahía de Panamá) y no con Panamá.

La presencia china en nuestro país data de más de un siglo. La escritora Berta Alicia Chen, de ascendencia china, la documenta en su libro “Cómo, cuándo y por qué llegaron los chinos a Panamá” y la ubica en 1854 cuando llegaron 705 nacionales de ese país al istmo.  Ha sido un pueblo trabajador que ha puesto su cuota de sacrificio en las grandes obras que se han construido en esta estrecha cintura del continente, como el ferrocarril (para eso fue que los trajeron) y hoy día son dueños de un gran porcentaje del comercio al detal de manera ejemplar y sacrificada.  Pero no hay que confundir la gimnasia con la magnesia.

La peregrina idea de otorgarle a la embajada de China un terreno a la entrada del Canal de Panamá, en el área de la Calzada de Amador, es un error y un exabrupto que ha levantado todas las alarmas, incluso la de los gringos, tan despreocupados e indiferentes a lo que pasa en este lado del continente, que no sea el muro que quiere construir el pelirrojo que ocupa ahora la Casa Blanca en la frontera con su vecino México.  Pero la reacción del gobierno panameño ha sido equivalente a un harakiri, pero sin el honor de ese ritual.

Los terrenos de la calzada de Amador, que estuvieron vetados para los panameños mientras existió la Zona del Canal (por 74 años, hasta la firma de los Tratados Torrijos-Carter), no deben ser utilizados para establecer sedes diplomáticas de ningún país, ni para el que empezó su construcción (Francia), el que la finalizó (Estados Unidos) ni para su segundo usuario (China).  Hay muchas tierras que bien pudieran usar los diplomáticos chinos para poner su sede.  Ni que ellos nos hubieran dado un pedazo del Palacio de Verano o de la Muralla China en Beijing, que son emblemáticos de su país.

Pero la torpeza mayor la ha cometido, por supuesto y para variar, nuestro presidente, al defender esa prebenda inconsulta.  Al argumentar sobre la iniciativa de su casi agónico gobierno (le quedan menos de 10 meses de mandato) justificó que a la Fundación Omar Torrijos se le dio un espacio para ubicar un mausoleo donde reposaban las cenizas del general.  Un mausoleo vacío que, en palabras de la ex primera dama de la república, Dorita Boyd de Pérez Balladares, “está lleno de patriotismo.  Allí está el espíritu que hizo posible la conquista de esas tierras”.  No hay panameño que tenga más derecho a estar en esa área que el General Torrijos, porque fue gracias a él que tenemos el usufructo de nuestra posición geográfica y el control de la vía canalera.  En palabras del poeta Manuel Orestes Nieto: “Es un desvarío ir a contravía del sentimiento profundo del panameño, quien sabe perfectamente y con gratitud que al general Omar Torrijos le correspondió culminar la jornada final por la devolución de la vía interoceánica y el fin del colonialismo en nuestra tierra.  Hazaña tenaz que nadie puede regatearle, ni la mezquindad puede menoscabar”. La defensa (y ofensa) de esta verdad causó todo un revuelo en las redes sociales, esas que, al decir del escritor italiano Umberto Eco, han generado una “invasión de imbéciles”, ya que “dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”. Algunas opiniones, de supuestos referentes sociales y políticos, en detrimento del sentimiento patriota han sido verdaderamente lamentables.

Arnulfo Arias, el líder del partido del actual presidente, que llegó en tres ocasiones a la presidencia del país y nunca terminó ninguno de sus mandatos, en un decreto denigrante a la raza humana prohibió, mediante un “Boletín Sanitario” publicado en 1934, –cuando era director del Departamento de Sanidad y Beneficencia–, la entrada de “razas indeseables”.  El documento señala que las autoridades “han relajado y en ocasiones, apadrinado, la entrada al país de razas indeseables, y que la poca cultura que tenían los panameños de entonces no les había permitido desarrollar ‘un orgullo nacional para no mezclarse con elementos que lo inferiorizan’”.  Entre otros apunta a “‘una mancha amarilla’ que se extiende por las aldeas, pueblos y ciudades ‘que arrebatan con sus métodos comerciales de cuartillo y su dieta de arroz y chop suey los negocios de las manos de los panameños’” refiriéndose a los chinos, y ese decreto contiene otros epítetos denigrantes para los negros y otras etnias.

La oposición de los panameños dignos no es por la reacción que eventualmente tengan los gringos, — a ellos igual no los dejaríamos construir su embajada en las riberas del Canal–, ni tampoco porque ellos hayan llamado a su encargada de negocios a consultas, junto a los representantes diplomáticos de países que recién establecieron relaciones con China, como El Salvador y República Dominicana.  Es por nosotros, por nuestro orgullo patrio que debemos oponernos a que este presidente de caricatura deje de estar plegándose al mejor postor hasta el último día de su desacertado mandato.