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PROMOVIENDO EL RECICLAJE

Por Mariela Sagel, El Siglo, 21 de mayo de 2018

La semana pasada se celebró el Día Mundial del Reciclaje y se hace propicia la conmemoración para promover, a todo nivel, la cultura que salvará al planeta:  la de las 3R: Reducir, Reutilizar y Reciclar.

El reciclaje salva nuestros recursos naturales, reduce la contaminación y genera empleos, además de que es una excelente manera de intentar revertir el cambio climático. Es importante que tomemos conciencia y convenzamos a los que no reciclan que los residuos útiles, como latas, botellas de plástico, frascos de vidrio, papel, cartón y periódico disminuyen el consumo de petróleo, agua, emisiones de CO2 y consumo energético y reducen la generación de toneladas de basura.

Todos somos responsables de los desechos que producimos, no solamente de ponerlos en la calle para que lo recoja el camión de la basura, sino también de su eliminación.  Pero muchos de estos desechos son reutilizables, y adicional, pueden ser una fuente de generación de ingresos para muchas personas que los necesitan. Es cuestión de ilustrarse y educarse en las 3R.

No todo lo que desechamos en casa o en la oficina puede ser reciclado, pero un buen hábito, y uno que es urgente es separar la basura que ponemos alegremente en las aceras.  En América Latina, el 90% de la basura se puede reutilizar.

En Panamá se aprobó una ley de reciclaje, identificada como Ley 6 de 2018.  Fue impulsada por el diputado suplente independiente Edison Broce, un joven “millenial”, que inició su activismo ambiental a los 19 años y ha fundado y participado de grupos ecologistas que han promocionado las campañas de reciclaje.  Mientras la basura no sea motivo de riqueza no se va a adoptar la cultura de reciclar.  Tan pronto se creen los incentivos para que los empresarios establezcan plantas de reciclaje, que traerían concatenados entrenamientos y empleos para muchos panameños, la situación cambiaría.

La ley no se ha implementado ni reglamentado.  Demandemos que esto se haga pronto.

CAPITALES SIN RASCACIELOS

Por Mariela Sagel, El Siglo, 14 de mayo de 2018

       La capital de los Estados Unidos, Washington, es una magnífica ciudad en cuyo centro no están presentes los rascacielos.  Su trazado fue responsabilidad del arquitecto Pierre Charles L’Enfant, de origen francés, que combatió en la guerra de independencia junto a las tropas del General George Washington. Una vez adoptó su nuevo país se cambió el nombre a Peter. El mismo general Washington le encargó el diseño de la capital, cuyos planos los empezó en 1791.

El concepto empleado por L’Enfant es similar al que tiene la ciudad de París, de cuyos monumentos salen en forma radial las avenidas principales.  Los puentes tienen sendas esculturas a cada lado y son de constitución muy fuerte, generalmente son de piedra y en su momento representaron un reto estructural para poder cubrir la luz que había entre orilla y orilla del Río Sena.

Paris, al igual que Washington, no tiene rascacielos que contaminen su belleza, sino en la periferia.  Su diseño original fue responsabilidad de Georges-Eugene Haussmann, que fue senador durante el gobierno de Napoleón III.  A pesar de haber estudiado derecho, Napoleón le encargó la ambiciosa renovación de la ciudad luz, la que empezó en 1852. Su principal motivación era crear una ciudad con calles más seguras y en su momento, como todos los genios incomprendidos, lo criticaron por construir el Paris moderno y olvidarse del antiguo.  Su gestión incluyó una mejoría en la salubridad y los servicios públicos y la adaptación de los nuevos y modernos medios de transporte, como eran el tranvía, los coches y eventualmente, los automóviles. Muchas ciudades del mundo tienen influencias “haussmannianas”, como Londres, Viena, Florencia, Bruselas y hasta Moscú.

Estos ejemplos, de las capitales más famosas y posiblemente más hermosas del mundo, demuestran que las ciudades bien trazadas, con estilo, que respetan su historia, son las más atractivas y las que demuestran que la proliferación de rascacielos no es necesariamente sinónimo de prosperidad.