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TOMEMOS CONCIENCIA

Por Mariela Sagel, El Siglo, 30 de enero de 2017

Panamá ha entrado en un torbellino de problemas que uno tapa al otro y no podemos concentrarnos y ponerle prioridades.  Tal parece que un escándalo le cae encima al otro y eso no lo podemos permitir.

El pago de coimas de Odebrecht debe llevarse hasta las últimas consecuencias y que se auditen todos los proyectos que esta empresa constructora ha hecho desde el año 2006. Al Ministerio Público deben dársele los fondos necesarios para que investigue sin cortapisas, y de la misma forma, devolverle el expediente de los #PanamaPapers y que empiece, de una vez por todas, a investigar ese asunto.

Todos los ciudadanos debemos participar en el debate de la propuesta ley 245 porque si no lo hacemos, si seguimos indiferentes, la delación no va a ser otra cosa que más impunidad para los corruptos.  Hay que estar alertas e involucrarnos.  De igual forma, exigir que se aclaren todos los chanchullos que nos han sobresaltado en los últimos años, como Financial Pacific, Barro Blanco, Riegos de Tonosí, por decir unos pocos, pasando por todas las obras de infraestructura que cuestan el doble o triple de lo que se estimaba.

Los panameños tenemos que estar conscientes de que la corrupción nos afecta a todos, porque encarece las obras de infraestructura, o priva a los más necesitados de servicios básicos como agua, alcantarillado, educación o salud.  Panamá está entre los países más desiguales del mundo, pero a los ojos de todos somos el que más crece en la región, lo que es incongruente con lo que realmente ocurre.  Cada día se encarecen más las cosas y se reducen las oportunidades para ascender en los campos laborales.  Si todos tomamos conciencia de lo grave que estamos, haremos los cambios y exigiremos la rendición de cuentas necesaria.  No es excusa el decir que “robó pero hizo”.  Es inaceptable y se hace cómplice de la corrupción el que así piensa.

CIUDADES INHÓSPITAS

Por Mariela Sagel, El Siglo, 31 de octubre de 2016

La ciudad capital se ha convertido en una jungla agresiva, inhóspita y en la que se debe sobrevivir a como dé lugar.  A medida que avanzan los meses y se acerca el fin del año, pareciera que salen más y más automóviles y los tranques se vuelven insoportables.  Se comenta que el stress que producen estos tranques está afectando a los conductores que a diario tienen que batirse como en un duelo en un escenario donde la basura está derramada por el suelo, las aceras son inexistentes o incómodas y no se respeta al peatón.  Salir a caminar por las calles de la capital es una verdadera odisea.

A este caos urbano se suma la ausencia de una acción eficaz por parte del Ministerio de Obras Públicas.  Desde varias tribunas se reclama al titular de esta cartera respuestas concretas al estado catastrófico de las calles, y lo único que parece que  hacen para remediar los huecos es pasarle capas y capas de asfalto que se erosionan rápidamente por las muchas precipitaciones que caen en este país tropical y la poca calidad del material que se utiliza.  Sorprende que el anterior ministro, tan cuestionado por la forma en que de sus forros tiró la cinta costera 3 por fuera del Casco Antiguo, como costanera, sacrificando su calificación como Patrimonio Histórico, no haya sido alcanzado ni por una “razón para creer” de que en sus ejecutorias hubo dolo.

En David, donde estuve recientemente, no hay aceras para que los peatones caminen y éstos utilizan los bordes de las calles, lo que es muy peligroso pues los conductores tienen que estar muy avispados para, en la noche, no atropellarlos.  Y los que caminan muy sobrios para que no zigzagueen.

Me comentaba una visita de afuera que pareciera que Panamá tuvo una mala planificación. Yo le contestaba que NO ha habido planificación, hemos crecido como a lo loco y las consecuencias las estamos pagando, andando como locos por estas ciudades panameñas.