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LA CENICIENTA DEL PRESUPUESTO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 29 de septiembre de 2017

      No se habían tranquilizado los ánimos contra intento de tasajear el presupuesto de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) por parte de los diputados de la Asamblea cuando recibimos la nefasta noticia de que al Instituto Nacional de Cultura (INAC) les habían asignado el ridículo presupuesto de 39 millones para el año 2018.  No sé qué mente calenturienta puede albergar la idea de que la entidad gestora de la cultura nacional siga siendo la cenicienta del gobierno.

Desde su fundación en 1974, su misión se estableció como el ente rector para fomentar, orientar y dirigir el proceso cultural en el territorio nacional.  Han pasado 43 años y a pesar de que tradicionalmente ha contado con pocos recursos, ha continuado con la organización de los Premios Ricardo Miró (que este año cumplieron 75 años) e incrementado los montos de dichos galardones; ha seguido con los otros certámenes que tiene bajo su responsabilidad, a trancas y barrancas, como son el de literatura infantil, el de cuentos medio pollito, el de poesía Gustavo Batista Cedeño, el de literatura infantil y juvenil Carlos Francisco Changmarin, el de artes visuales Roberto Lewis además de tener bajo su responsabilidad todos los centros regionales, administrar el Teatro Anita Villalaz, el Teatro Nacional y el Teatro Balboa, coordinar la Orquesta Sinfónica y el Ballet Nacional, además mantiene 18 museos entre los que se destacan el Museo de Arte Religioso, el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz y el Museo Afroantillano.

La invisible directora del INAC presentó a la Asamblea Nacional un presupuesto de 103 millones de dólares, de los cuales 68 millones estarían dedicados a inversiones y el restante, unos 35 millones se requerían para funcionamiento.  Con la asignación de los genios del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) a duras penas sobreviviría y sin dignidad, porque no podría estar presente en importantes eventos que se planean para el año siguiente y mucho menos, podría apoyar a la Alcaldía en la organización de la designación de la ciudad como capital iberoamericana de la cultura, ni mucho menos participar en la celebración de los 500 años de la fundación de Panama La Vieja, que lleva a cabo con garbo y metas bien trazadas el patronato que rige ese sitio histórico.

Las necesidades del INAC son urgentes e impostergables: le toca levantar de sus cenizas el Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, que ocupa la antigua estación del Ferrocarril en la Plaza 5 de Mayo; restaurar el Teatro Nacional, que está cerrado desde el 2015 y que fue construido en 1908 en el Casco Antiguo de la ciudad; rescatar la gobernación de Colon y en teoría, continuar con la Ciudad de las Artes, complejo que se empezó mal porque  produjo un impacto negativo en el Parque Metropolitano pero que la actual administración insiste en seguirlo.

La indignación de los “culturosos” (así nos dicen a los que nos preocupa la cultura) ha sido grande, pero no ha pasado de los post en Facebook y Twitter y como han ocurrido hechos más graves en el país, no ha trascendido a los medios.  Careciendo de defensores aguerridos como los que tiene el Canal en el Administrador Quijano y el Ministro Roy, o la Corte, cuyo presidente defendió el presupuesto solicitado para ese órgano como un gorila, la directora se limitó a decir que “un pueblo sin cultura e identidad no es nada”.

Ahora que estamos de plácemes con los chinos y que por primera vez el Presidente Varela fue a otra Recepción que no fuera la de los gringos, el discurso debería ser, para todos los países, intercambios comerciales e intercambios culturales.  Así lo han venido haciendo muchos países hermanos, con sólidas estructuras culturales, como México, Colombia, Chile, España, Francia y muchos  otros sin cuyos apoyos el INAC no hubiera podido hacer más de cuatro cosas.  Pero tiene que empezar por poner sus prioridades en orden y darse a respetar.  Ya está bueno de ser siempre los que reciben las sobras pero para las iglesias y los proyectos asistencialistas que nos convierten en un estado proteccionista, que no resuelve los problemas de fondo, si hay dinero.  La cultura se basa en la educación y ésta es la única que no solo nos mantendrá creciendo económicamente sino que mejorará la calidad de vida de todos los panameños.

EL COMIENZO DEL FIN

Por Mariela Sagel, 22 de septiembre de 2017, La Estrella de Panamá

El 19 de septiembre se cumplían 32 años del devastador sismo que azotó a México en 1985 y en esos días se habían realizado ejercicios de evacuaciones en algunos sectores de la población porque apenas hace dos semanas habían sufrido un terremoto menor.  Al mediodía, casi en vivo, se pudo ver por CNN cuando acontecía un terremoto de similares proporciones y desde entonces, la noticia no ha dejado de estar en las mentes y en los corazones de todos, esperanzados que los daños no sean mayores ni más dolorosos de lo que ya se han cebado en esa golpeada población.  Cobra aquí validez la famosa frase que se le atribuye al general Porfirio Díaz, pero que se asegura que es de la autoría del intelectual Nemesio García Naranjo: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

El gobierno y el pueblo panameño han respondido con absoluta y decisiva solidaridad para con el hermano país, el que apenas el viernes estaba celebrando sus efemérides y seguiremos apoyando a una nación al cual nos unen muchos lazos, tanto culturales como comerciales, sin desestimar la enorme cantidad de panameños que estudiaron o estudian en las universidades mexicanas.

Pero mientras esto pasaba, un tsunami de proporciones inimaginables se estaba formando sobre nuestro activo más valioso como país: el Canal de Panamá.  La Asamblea Nacional, compuesta por lamentables figuras que se hacen llamar diputados (y que salvo dos o tres no merecen ni el título de “honorables”) y que están supuestos a ser los que legislan, –hacen leyes–, intentaron meterle mano al presupuesto de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), que según la ley 320 de la Constitución, aprobada en dos asambleas y dos gestiones de gobierno diferentes (las de Guillermo Endara y la de Ernesto Pérez Balladares) le otorgó a la ACP el título constitucional XIV que lo blinda de las vaivenes politiqueros. No se le está permitido a la Asamblea “modificar” el presupuesto presentado, solamente su aprobación o rechazo.  La reacción de toda la ciudadanía no se hizo esperar.  Después de 40 años de la firma del Tratado Torrijos Carter, todavía hay una causa que amalgama a los panameños, y es el Canal de Panamá.

Liderados por el cuestionado diputado Barría, que ya en ocasiones anteriores ha mostrado su descaro y falta de vocación de servicio, la comisión de presupuesto pretendía aumentar los montos para desviarlos a un circuito del que, coincidentemente, él fue electo y así afectar los programas de mantenimiento e inversión, reducir puestos de trabajo, afectar los tránsitos, haciéndolos más dificultosos con maquinaria que requiere sostenimiento especializado y sobre todo, la insatisfacción laboral que afecta la mística con que se ha trabajado hasta ahora.  Para colmo de males, según ha trascendido, este “tasajeo” del presupuesto se había pactado entre el ejecutivo y los diputados, evidenciando una vez más la injerencia de ese órgano del estado y el desconocimiento de la norma constitucional que establece que el presupuesto de la ACP no forma parte del Presupuesto General.

La intención de la comisión de presupuesto debió causar no solo un rechazo masivo de la población, como en efecto lo hizo a nivel de redes e intervenciones en los medios y acciones contundentes de algunos gremios, sino una conferencia de prensa de los integrantes de la Junta Directiva, que no han dado la cara (a excepción del señor Ameglio) y que está formada por polémicos individuos que fueron nombrados por el gobierno del preso de Miami, que fueron a servirse de esa honrosa designación y no a servir al país.

La presión hizo que se bajara a primer debate el conflictivo y alterado presupuesto, y más de uno se ha dado golpes de pecho pretendiendo exonerarse de culpa en este cínico intento de meterle mano a la autonomía de la que debe gozar el Canal de Panamá para su funcionamiento. Patéticas y absurdas han sido las expresiones vertidas por Twitter tanto del Ministro de Economía como de la Vicepresidenta, cuestionando nimiedades, todo esto mientras el presidente Varela se daba golpes de pecho en el foro de Naciones Unidas diciendo que su gobierno estaba comprometido con dejarle a Panamá una democracia funcional.  La realidad es que ninguna institución funciona y la que lo hace a trompicones, que es el Canal de Panamá, se ve amenazada por estos angurrientos que demostraron con su actuar una apología del delito.

Preparémonos para repudiar este tipo de acciones, porque tal como lo dijo Torrijos, “¡Bien pendejos serían si se dejan quitar lo conquistado!” (refiriéndose al Canal de Panamá)