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EL DERECHO A EMPINARSE


Por Mariela Sagel, 4 de febrero de 2019, El Siglo de Panamá

     En estos tiempos electoreros vemos con demasiada frecuencia que los ataques a las personas que salen al ruedo, sea como candidatos o designados para vice de un candidato son atacados con ferocidad.  Si bien es difícil encontrar a alguien que sea impoluto entre los políticos, los viscerales señalamientos muchas veces provienen del miedo que tienen a que esa persona atraiga o distraiga votos.

     Lo acabamos de ver con la designación del vice del candidato Nito Cortizo.  Un joven de 35 años que tiene un futuro por delante y en lo poco que lo conozco, ha sido un entusiasta y fiel aliado del aspirante a la silla presidencial.  Tanto que se habla del relevo generacional y no le dan chance a que uno de los que militan en la juventud de ese partido sea el que llegue a ocupar la vicepresidencia del país.

     La mayoría de las personas que se enfrascan en estos ataques son oficiosas, sin nada que hacer, envidiosas y en general, mal intencionadas. Recuerdo cuando hace más de 20 años a mí me designaron ministra, me señalaron que no tenía la idoneidad de arquitecta, lo que tuve que desmentir con mi certificado respectivo.  Este país no puede avanzar con personas mediocres que solamente ven los errores de los demás sin que se superen a sí mismos.

     Otra cosa es la denuncia que le ha puesto el abogado Jorge Hernán Rubio a la candidatura del expresidente Martinelli a diputado y alcalde.  Sin ser abogada entiendo perfectamente que el reo del Renacer NO ha vivido en su corregimiento desde 2015 cuando salió en un viaje del que retornó esposado.  Esta denuncia sí tiene sustentación porque es a todas luces una verdad de a puño.

     Empinémonos sobre tantos complejos y revisemos todas las lecciones que le papa Francisco dejó en su reciente visita.  Tratemos de ver lo positivo y no criticar por criticar.  Así no vamos a ninguna parte.

DE VUELTA A LA REALIDAD

Por Mariela Sagel, 3 de febrero de 2019, La Estrella de Panamá

     Según he leído y escuchado, la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) fue un éxito no tanto por la concurrencia de peregrinos sino por la dedicación que le brindó el gobierno en los últimos meses.  Estaba claro que, para Juan Carlos Varela, en su último año de agónico gobierno sus dos prioridades eran el Mundial de Fútbol y la JMJ.  Ojalá hubiera puesto el mismo empeño en cumplir con sus promesas de campañas, entre otras la renovación de Colón, que le sirvió a un ministro para candidatizarse a presidente (y lo peor es que casi logra ganar las primarias), lo de cero letrinas, lo de la canasta básica que nadie ha visto el prometido ahorro en su compra, y así muchas otras.

     De que la JMJ le dio una pátina urgente de respetabilidad a Panamá no hay duda.  Y era necesario: después de los Papeles de Panamá, en los cuales su ministro consejero y presidente de su partido está involucrado hasta la coronilla, la caprichosa Lista Clinton que evidenció el desprecio por los nacionales que siente la canciller y la genuflexa actitud de este gobierno ante lo Estados Unidos, que llevó a quebrar a todo un emporio comercial dejando a miles de trabajadores en la calle (sin que a la fecha se haya podido probar nada) y todos los escándalos aún pendientes de resolver, como Blue Apple, Finnacial Pacific, New Business, la mega corrupción que llevó a cabo Odebrecht, y otro montón, que han sido selectamente tratados por el Ministerio Público, no merecíamos más sobresaltos.  No están exentos, por supuesto, las renovaciones urbanas del Cangrejo y Calle Uruguay, que tanto daño han causado y que no tienen visos de acabarse y el alcalde sigue haciendo flagrantemente campaña con recursos del estado en su aspiración a llevar a la presidencia.

     Juan Carlos Varela se lleva el honor de haber inaugurado la ampliación del Canal de Panamá que otro gobierno inició (y a la que él se opuso cuando se llevó a cabo el referéndum que decidió que se iba a hacer). De haber hablado en Naciones Unidas sin que le saliera de su boca que los tratados canaleros se llaman Torrijos-Cárter, de postergar a niveles inaceptables el nombramiento de los magistrados que le toca nombrar en la Corte Suprema de Justicia, de haber endeudado al país irresponsablemente, de haber donado descaradamente a la iglesia católica cientos de miles de dólares sin ninguna justificación, de permitir que las calles de la ciudad estén en pésimas condiciones, que fueron arregladas solamente si el Papa Francisco iba a pasar por ellas.  De haber aupado una justicia selectiva que de alguna manera se le revertirá eventualmente.  De haber abandonado la atención en el Seguro Social, los hospitales (el Hospital del Niño tiene más de una década de estar esperando por la orden de proceder para su ampliación), las escuelas, el agro, todo lo que no representara un evidente beneficio para sus patronos y sus negocios.  Además, no ha sabido defendernos de los ataques de las instituciones financieras y muchos menos mostrar transparencia en los manejos de las relaciones exteriores.  Cuando menos uno lo espera nos enteramos de que ha firmado un pacto contra ISIS o a favor de las migraciones.

     No sé cuáles serán los planes de los próximos dos meses del gobierno en cuanto a resolver las graves crisis que nos desunen y que llevan a muchos a protestar.  ¡Ah, que dimos la talla, por favor! Ridícula aseveración porque el nombre del país estaba en juego y de cierta forma, el papa Francisco es un ser excepcional que seguramente no sabía el oneroso gasto en que se iba a meter el gobierno con esta JMJ.  Y las enormes desigualdades que consumen al país.  Celebro que todo haya quedado tan bien, que haya reinado un ambiente de paz y unión entre los panameños.

     Mientras les pasa la resaca de los que se emborracharon de JMJ (con o sin Seco Herrerano o Ron Abuelo) volvamos a la realidad y practiquemos los que esos días de visita papal nos hizo conducirnos con respeto, benevolencia, tolerancia y que todas las bendiciones del papa Francisco derramó en sus múltiples convocatorias sean un referente para el comportamiento como ciudadanos.