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EL PAÍS QUE NOS QUEDARÁ

Por Mariela Sagel, El Siglo, 29 de octubre de 2018

Cuando termine el período de gobierno de Juan Carlos Varela tendremos un país que ha retrocedido más de 40 años en muchos términos, aunque tengamos metro, conectividad altísima y un “hub” de la aerolínea nacional que registra unas 400 operaciones de vuelos diarios, tiene 34 puentes de abordaje y moviliza 12 millones de pasajeros anualmente, según su página web.

Las instituciones están en la más baja y deplorable condición, tanto interna como desde afuera.  En estos días escuché la magistral presentación que ofreció la exsenadora y exministra chilena Soledad Alvear en cómo han sido estos 30 años desde que, mediante un plebiscito, los chilenos decidieron decirle un NO rotundo al gobierno del dictador Pinochet.  Y cómo, con un liderazgo fuerte del presidente Alwyn, pudieron echar adelante a su país, teniendo como comandante del ejército al mismísimo Pinochet.

Eso solamente pudieron hacerle fortaleciendo las instituciones, haciendo un verdadero ejercicio de concertación y, sobre todo, teniendo políticas de estado y no de gobierno.  Mejor dicho, que, aunque viniera un gobernante que no fuera del partido que hasta entonces gobernaba, respetara las políticas que se habían estado llevando a cabo, que fueran exitosas y, sobre todo, que mejoraran la calidad de vida de la población.

Otro dato importante fue la comisión que investigó los miles de casos de tortura, asesinato y desaparición, incluyendo exilios, que hubo en ese período, que no era conformada por el gobierno ni amañada por amiguetes de los que estaban en el poder.  Este gobierno de Varela va a terminar su mandato habiendo dedicado su tiempo a perseguir y encarcelar, sin que hasta la fecha no se haya condenado a nadie y cuidado que los casos más escandalosos prescriben por la forma en que la señora procuradora ha manejado el Ministerio Público.

Total, que el gobierno de Varela, que ha dejado al país en los huesos, seguramente hará ver el de Mireya Moscoso como el de una estadista.

HASTA PARA MENTIR HAY QUE SABER HACERLO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 22 de octubre de 2018

      La semana pasada realizó una visita fugaz a Panamá el Secretario de Estado de Estado Unidos, Mike Pompeo, cuyo curriculum académico y ejecutorias son tan limitados y mediocres como el de su jefe máximo, el presidente anaranjado.  Todo el mundo especulaba de que venía a regañar al presidente Varela por la cada vez más creciente presencia y acuerdos de inversión suscritos con la República Popular China, con quien Panamá estableció relaciones diplomáticas hace apenas un año y cuatro meses.

Esta histeria anti-China tiene a Estados Unidos paranoicos.  ¿Si tanto les preocupa que países como el nuestro tengan relaciones con China, por qué no establecen ellos mismos relaciones con Taiwán?  Mientras las tuvimos con esa isla rebelde los gringos ni se inmutaban, aun cuando Taiwán sí llevaba a cabo una “diplomacia de chequera”.  Ahora, como el histérico presidente Trump está en guerra con China, quiere que todos estemos de su lado.

Según registran los medios panameños, en la brevísima conversación que sostuvieron el secretario Pompeo y el presidente Varela, donde estuvieron presentes la vicepresidenta y canciller y el embajador de Panamá en Estados Unidos, Emanuel González Revilla, además de otros funcionarios, NO se habló de las relaciones de Panamá y China.  Pero como la hospitalidad de Varela no tiene límites y más cuando se trata de arrodillarse ante los poderosos, algo que lo ha caracterizado, invitó privadamente a Pompeo al ala residencial del Palacio de las Garzas, y allí el gringo le apretó las tuercas, sin testigos locales.  Eso lo dice la prensa extranjera.

Y como casi ninguno en este gobierno mete una sino es para embarrarla, el embajador González Revilla fue a la televisión al día siguiente a negar que se hubiera hablado de China, cuando ya ese momento “íntimo” había sido registrado en la prensa internacional. Un tipo tan sagaz como el embajador panameño cayó en las redes de un gobierno mentiroso, nada transparente y genuflexo.