Archivos de la categoría La ética y la política

El apuro trae cansancio

07-19-2009
Unos 20 días fuera del país me recibieron con idas y vueltas en todas las instancias del gobierno, como consecuencia lógica del estreno de una nueva administración. Si bien el tema Panamá no fue objeto de mayor comentario en la mass media de EUA, porque el show se lo robó (y se lo sigue robando) la muerte de Michael Jackson, tampoco el zangoloteo de la vecina Honduras se logra entender, concentrados como estamos en ver cómo gatea primero y luego empieza a dar sus primeros pasitos el gobierno de los locos (y no lo digo en un sentido peyorativo, sino ceñida al eslogan de campaña).

Llama la atención que las primeras acciones visibles de un gobierno fuerte se interpreten como un gobierno de fuerza. La incursión en Amador, en dos ocasiones, por parte del presidente y algunos ministros envían mensajes equivocados, y como uno no es monedita de oro para que todo el mundo lo quiera, sus resultados son recibidos con beneplácito por unos y con aprehensión y advertencia por el otro.

Dos temas son sensitivos en este momento y pequeñas acciones pueden elevar aún más el nivel de simpatía que tiene por ahora la administración Martinelli: reparar los huecos de las calles “ya mismo” y desplegar un operativo de seguridad que demuestre que las promesas de campaña no se quedarán en eso. Para la primera solo se necesita un poco de voluntad y recursos, que se pueden trasladar o conseguir de manera inmediata, porque no estamos ante un inminente final de un período fiscal —a menos que la culminación de la Cinta Costera haya empeñado hasta los salarios de los funcionarios que se han quedado en el MOP— y para la segunda, una comprensión cabal de lo que realmente se necesita para que la población se sienta verdaderamente segura.

No sé si será por los recientes vendavales, los temblores y el tsunami de votos que obtuvo la administración Martinelli —o la pospuesta asunción del alcalde electo—, pero encuentro todas las calles de la ciudad, sus aceras, parques y demás vías en un estado deplorable, sin poder entender cómo puede justificarse eso ante tanta bonanza y crecimiento que se aprecia desde lejos. Todavía tengo que hacer una ruta crítica para saber dónde están los periodistas que han migrado de un medio a otro, o que se han convertido en voceros de las diferentes entidades del Estado. Parece que todas las caras bonitas (y otras no tanto) de la televisión fueron a parar a las oficinas de prensa del Estado.

No escapa a todo este revuelo el hecho cada vez más recurrente de poner al frente de las direcciones de los medios a profesionales ajenos al periodismo, lo que ha sido la tónica, por lo menos, en los diarios impresos. Si bien es válido que en la gerencia y gestión comercial tal decisión es vital para la sobrevivencia del medio, no estoy segura de que sea lo más adecuado, cuando a nivel de política editorial se refiere. De allí salen las tirrias y el sensacionalismo e improvisación que se ha estado macerando en los últimos 15 años. Esto, aparte de causar daño a las víctimas, distorsiona la percepción del público en general.

En fin, temas que nos tocará ir entendiendo a medida que se vayan desenvolviendo los acontecimientos, sin prisas, dándoles a todos su tiempo para que entiendan que hay que hacer lo importante antes que lo urgente.

Que siga la rumba

Ahora que todos pensábamos que nuestras vidas volverían a la rutina —los últimos dos años no hemos tenido una tregua en política— nos despertamos a diario con camarones, langostas y hasta escoltas que pretenden hacernos los días finales del mandato de Martín Torrijos unos de sobresalto.

Tal parece que los medios de comunicación y los diputados no quisieran que este año del Hidalgo —como le dicen en México— no pase sin que siga la rumba, llámese ésta los salarios de los diputados, el pago de escoltas a los presidentes de la Asamblea y, por qué no, la impunidad de Ingeniería Municipal ante el caos urbanístico que ha hecho que hasta el frente de la Avenida Balboa se colapse sin que aún se inaugure la Cinta Costera.

La batalla desatada contra algunos nombramientos del gobierno electo ha puesto en la palestra lo que todos esperábamos que pasara: que se formara la rebatiña por los puestos públicos. Si seguimos así, creo que habrá cambios de Gabinete antes de que los designados asuman sus cargos.

Ya está pasando la euforia —léase pánico— sobre la gripe A H1N1, que por razones inentendibles, se ha armado en nuestro país. ¿Será porque no tenemos nada que hacer o queremos que siga la rumba, una danza oscura que lo que puede hacer es convertirnos a todos en pesimistas y en detractores?

Todo el rollo de las acreditaciones de la Carrera Administrativa, y la luna de miel de la transición que se va agriando poco a poco, por aquello de los puestos que hay que llenar, descartando a los funcionarios comprometidos como si fueran desechables, crea un ambiente de confrontación y tensión que no se verá contrarrestado hasta que felizmente el presidente electo tome posesión, en una ceremonia que se adelanta faraónica. Como si estuviéramos para eso, pero que siga la rumba.

El tema de las escoltas a los últimos presidentes de la Asamblea no tiene ni pies ni cabeza. Cuando yo terminé mi gestión ante un ministerio tan sensitivo como es Gobierno y Justicia, el 31 de agosto, a las 12 de la noche, se retiró la unidad que fungía como seguridad y solamente me quedé, por gentileza del ministro entrante, con un conductor en horas laborables, por espacio de un mes. Es más, el 1º. de septiembre salí a pasear sola a mi perrita por el barrio sin ningún tipo de aprehensión y al día siguiente, nos fuimos mi hija y yo a Chiriquí, solas en nuestro auto, sin ninguna prebenda. Y la cartera de Gobierno y Justicia es la que maneja las cárceles, migración, seguridad del país y muchos temas más, hasta la Banda Republicana, que seguramente lo único que me traerían hubiera sido una buena serenata.

Hay demasiados gastos innecesarios en la maquinaria del gobierno y demasiadas personas que se han acostumbrado a recibir un salario sin hacer nada. También hay un ego-apetito insaciable.

Destinar casi cinco millones de dólares para unos deslucidos carnavales, que aún no sabemos cómo se gastaron —ni tampoco las sumas otorgadas en años anteriores—, otro montón de dinero para escoltas sin sentido y una fiesta de toma de posesión que más va a parecer la asunción de un emperador parece traducir el sentir de que no va a haber cambio, sino que siga la rumba.