Archivos de la categoría La ética y la política

Un ministerio para la seguridad

MARIELA SAGEL
El Siglo, 22 de Febrero de 2010

Sin apenas darnos cuenta nos desayunamos un día con la creación de un Ministerio de Seguridad. La figura, que no es aberrante ni mucho menos innecesaria, nace como resultado de las pugnas internas de poder que existen en el gabinete y no es incluyente de todos los estamentos que caen dentro del tema “seguridad”, del que existe total descontrol.

A fines de la gestión del ex presidente Pérez Balladares presenté al Consejo de Gabinete la propuesta de crear dos viceministerios dentro del ya enorme Ministerio de Gobierno y Justicia –que de justicia no tiene nada, más que el nombre y un par de juzgados nocturnos–. La explicación de motivos sustentaba que, habida cuenta que no existe un ejército en el país, los temas de seguridad debían tratarse con mayor celeridad y excluyéndolos del maremágnum de dependencias que ese ministerio tiene, entre los que está la política indigenista, los correos y la banda republicana.

El quinquenio siguiente se sumió en el sopor propio de los gobiernos arnulfistas (aún así dos ministros de Gobierno saltaron de allí para la Corte Suprema) y, a raíz de la elección de Martín Torrijos a la Presidencia, le hice llegar mi propuesta. Como era una iniciativa producida por “gente del Toro” ni me pararon bolas, pero fue cuando Rodrigo Cigarruista fue nombrado en el Servicio Marítimo que esa idea logró cristalizarse y de hecho, el señor Cigarruista fue el primer viceministro de Seguridad que tuvimos en Panamá.

En los estertores del gobierno de Torrijos, el ministro Delgado propuso cinco decretos ley que hasta le costaron el puesto, donde se reforzaba la seguridad del país. En campaña, los adláteres del cambio anunciaron a voz en cuello que derogarían esos decretos ley, pero ahora, en el poder, como que ya no le son tan incómodos, de hecho, mejor tener más control desde un poderoso Ministerio de Seguridad. Nunca más se habló de la amenaza que los decretos ley DDD o que la militarización de la policía representaría una vuelta a los abusos del odiado G2.

Ahora tendremos un ministro de Seguridad que deberá velar por lo indefendible que son nuestras costas y nuestras fronteras para el enemigo más grande que tiene el país, que es el narcotráfico y sus secuelas. No hay más detalles del asunto y mucho menos, en quién recaerá esa responsabilidad.

El tema da para muchas consultas, opiniones y especulaciones. Un estamento así debe tomar en cuenta que no hace falta un pie de fuerza en las fronteras, sino la presencia de todas las dependencias del Estado que tienen un control sobre lo que ingresa y lo que sale: migración, aduanas, salud, etc. Debemos estar vigilantes para que no vayamos a crear un ente incontrolable y preguntarnos si, en el fondo, no es una vuelta al militarismo.

El ataque a los medios de comunicación

Publicado en El Siglo,  4 de febrero de 2010
MARIEL SAGEL

En fecha reciente, nuestro incontinente mandatario citó a los dueños de los dos canales de televisión más importantes al Palacio de Las Garzas para advertirles que tenían que bajar el tono de las noticias que pasan —siempre que no le favorezcan a su gobierno— y modificar el horario en el cual se transmiten las narconovelas, donde aparecen actos explícitos pecaminosos. A raíz de ese acontecimiento, que es un atentado a la libertad de expresión que tanto pregonan algunos diarios, siempre y cuando esa expresión les sea favorable a sus intereses, me preguntaron si yo había firmado el acuerdo del 15 de septiembre de 1999, mediante el cual los dos magnates de las televisoras se adscribían a un pacto de autorregulación.

Por respeto a mis lectores, deseo ilustrarles que la Dirección de Medios de Comunicación pasó a ser parte del Ente Regulador de los Servicios Públicos mediante la Ley 24 de 1999 en el mes de junio de ese mismo año. Con esa acción, el gobierno del Dr. Ernesto Pérez Balladares se anticipaba a otorgar, con transparencia, la apertura de las frecuencias que se iban a liberar cuando los gringos salieran de las bases y que no se prestara para un tráfico de influencias, como había sido hasta la fecha la concesión de éstas, tanto de radio como de televisión. Es así que, al entregar la gestión de gobierno el 1 de septiembre de 1999, no me correspondió a mí como Ministra de Gobierno, firmar dicho acuerdo de autorregulación.

Sin embargo, he seguido de cerca —aunque me confieso antitelevisiva— la forma cómo los noticieros nos abruman con malas noticias y muchas veces se alían en forma morbosa para desinformar. Recientemente estuve involucrada en un incidente desagradable, por estar en el lugar equivocado a la hora equivocada, tropezándome con un operativo de la DIJ, y me bajaron del auto —a mí y mi compañero— “con las manos arriba”. Una vez hechas las explicaciones del caso y habiéndome identificado debidamente, nos dejaron continuar nuestro trayecto. ¡Cuál no sería mi sorpresa que en el noticiero estelar de TVN la noticia más importante fue que una “alta funcionaria del gobierno de Pérez Balladares estaba inexplicablemente en el área”! Durante una hora, la escena de nuestro auto retrocediendo mantuvo a los televidentes en vilo. La ocasión era propicia: era el 5 de enero y precisamente el ex presidente estaba a unos días que le violentaran sus derechos fundamentales..

Así que los directores de noticias deben hacer un mea culpa, revisando si se están autocontrolando verdaderamente y también poner sus barbas en remojo, porque ya probaron del mazo que simbólicamente esgrimió nuestro Chávez criollo al inicio de su gestión.