Archivos de la categoría La ética y la política

Por la plata baila el mono

Dice un blog del Clarín, diario argentino, que la economía, en el fondo, representa el estudio de los incentivos: el modo en que las personas obtienen lo que desean, o necesitan, especialmente cuando otras personas desean o necesitan lo mismo. En las prematuras y desgastantes primarias que
recién acontecieron, tanto la de los arnulfistas como de los PRD’s, se ha visto una dilapidación de recursos que para unos es visible, pero el que no sabe de activistas, caminantes, apoyos, logística y otros rubros -hasta entierros, exhumaciones y lo inimaginable- y tiene la intención de hacer política, mejor que tenga una buena chequera.

Cuando el Partido Arnulfista celebró sus primarias era obvio el derroche de pauta publicitaria que tuvo el pre candidato Vallarino. Para los que no saben cómo se teje la política, fue una sorpresa que Vallarino perdiera. Sus mensajes, por más despliegue que hizo, no permearon a las bases de su
partido y mostró una cara cosmética de ese colectivo. El Ing. Varela, por el contrario, pecó muchas veces de guardar silencio, pero hizo un trabajo, según entiendo, de organización y motivación necesario en los momentos actuales. Todavía recuerdo una conversación con él y su hermano Popi, hará 12 años, cuando recién pasaron las elecciones de la salsa, que ganó El Toro; me dijeron ambos que lo que necesitaba ese partido era rescatarlo de las manos de los gamonales que lo tenían secuestrado. Les tomó tiempo, golpes, moretones, esfuerzo y supongo que mucho dinero, alcanzar el lugar que hoy ocupan, pero lo fueron construyendo con perseverancia y constancia.

En las primarias del PRD, partido al que pertenezco, a nivel de pre candidatos a presidente, el actual alcalde contaba con una organización hecha casi con escalímetro y edificada durante años, en detrimento de las necesidades de la ciudad. La Ing. Herrera, por el contrario, decidió lanzarse una vez comprobó que su liderazgo era aceptado en el partido, ratificado en el congreso del mes de marzo. Pasaron cosas malas y aún peores durante estos largos meses de campaña, trapos sucios y ejemplos que no había visto Panamá en muchos años, quizás desde antes del golpe del ’68, cuando no
quedaba una reputación femenina mancillada o una virilidad masculina cuestionada. Los mensajes publicitarios se volvieron a los finales patéticos y se equivocaron aquellos que pensaban que con ese recurso de jugar con la pobreza ajena, aún ganando dos elecciones anteriores, se iba a lograr el
triunfo. Reñido el resultado, ganó la campaña de “corazón”, aunque estoy segura de que nadie hizo nada de “corazón”, sin que mediara de por medio una retribución o un compromiso.

El peligro de las campañas costosas, si no se tienen recursos propios para financiarlas, es que los donantes no dan nada de “corazón”. Se adquieren compromisos que a veces resultan más costosos que lo que se recibe. No hay campaña política que no sea costosa, por eso los idealistas o los románticos mejor que se busquen una buena chequera que aguante paraguas, calcomanías,
gorras, placas, suéteres, banderas y demás “gimmicks”, adicionales a los dirigentes naturales autoproclamados y los pseudo analistas políticos que consiguen escenario por medios cuestionables. Como bien dice el dicho, “por la plata baila el mono” y cuando la consigue, elige otra pieza y baila al
son que le toquen.

La propuesta de Noel Riande

A escasa una semana de las primarias del PRD quiero dar testimonio de mi compromiso con la campaña para la Alcaldía de Noel Riande. No ha sido impuesta ni señalada por nadie, mucho menos aupada por ninguna autoridad. Un periodista le señaló recientemente que “para la batalla electoral que se avecina se requiere conocimiento, experiencia y pro -actividad con el propósito de que el partido no pierda la Alcaldía, que tanto ha costado mantenerla en dos periodos seguidos, por esa razón no nos podemos dar el lujo de inventar un candidato que no sea competente”.

Al periodista de marras le digo, con derecho y experiencia que seis meses han sido suficientes para palpar la realidad de esta ciudad que esconde la pobreza a la par que se regodea en la riqueza.
Después del Congreso del PRD el señor Riande me invitó a formar parte de su campaña. Durante varias reuniones, en marzo de este año, me di cuenta de que el posible candidato era un hombre sincero y que tenía intenciones de promover un cambio a la politiquería de este país. En vista de que mi candidato a presidente no se lanzó, tal como yo lo había predicho, me embarqué en esta cruzada, que tiene visos de salir airosa.

Noel Riande podrá no tener experiencia politiquera, pero la política ya la adquirió, recorriendo los 21 corregimientos que conforman la comuna capitalina, a sol y sombra, bajo lluvia y bajo un sol inclemente. Su programa de trabajo da fe de sus compromisos. Éste fue diseñado luego de un inventario pormenorizado de las dificultades de los residentes de los cuatro circuitos.

La ciudad de Panamá merece mejores rumbos. Hasta ahora, el crecimiento ha sido desorganizado y sin planificación, obviando los planes urbanísticos que sendos profesionales de la arquitectura confeccionaron con detalle desde el año 2000. Su nomenclatura deja mucho que desear y es una ciudad hostil, que no da espacio para los adultos mayores ni para los jóvenes, mucho menos para
el esparcimiento. Se han dado licencias para operación de garitos, cantinas y bares a diestra y siniestra. Ni hablar de los centros de juego, que son fuente de sangramiento de los ahorros de los jubilados. No se hacen actividades que reúnan a la familia.

El transporte, la seguridad y los servicios públicos, que no son competencia de la Alcaldía hasta ahora, deberán formar parte de las grandes soluciones que adoptó Riande como eslogan de campaña. Siendo el
segundo puesto de importancia en la República, así mismo se debe encomendar al más capacitado y honesto de los candidatos, sobre todo para que la acariciada descentralización no sea malversada por unos pocos. Por eso, no he dudado en aportar con mi esfuerzo y talento a la candidatura de Noel Riande para alcalde.