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DE VUELTA A LA REALIDAD

Por Mariela Sagel, 3 de febrero de 2019, La Estrella de Panamá

     Según he leído y escuchado, la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) fue un éxito no tanto por la concurrencia de peregrinos sino por la dedicación que le brindó el gobierno en los últimos meses.  Estaba claro que, para Juan Carlos Varela, en su último año de agónico gobierno sus dos prioridades eran el Mundial de Fútbol y la JMJ.  Ojalá hubiera puesto el mismo empeño en cumplir con sus promesas de campañas, entre otras la renovación de Colón, que le sirvió a un ministro para candidatizarse a presidente (y lo peor es que casi logra ganar las primarias), lo de cero letrinas, lo de la canasta básica que nadie ha visto el prometido ahorro en su compra, y así muchas otras.

     De que la JMJ le dio una pátina urgente de respetabilidad a Panamá no hay duda.  Y era necesario: después de los Papeles de Panamá, en los cuales su ministro consejero y presidente de su partido está involucrado hasta la coronilla, la caprichosa Lista Clinton que evidenció el desprecio por los nacionales que siente la canciller y la genuflexa actitud de este gobierno ante lo Estados Unidos, que llevó a quebrar a todo un emporio comercial dejando a miles de trabajadores en la calle (sin que a la fecha se haya podido probar nada) y todos los escándalos aún pendientes de resolver, como Blue Apple, Finnacial Pacific, New Business, la mega corrupción que llevó a cabo Odebrecht, y otro montón, que han sido selectamente tratados por el Ministerio Público, no merecíamos más sobresaltos.  No están exentos, por supuesto, las renovaciones urbanas del Cangrejo y Calle Uruguay, que tanto daño han causado y que no tienen visos de acabarse y el alcalde sigue haciendo flagrantemente campaña con recursos del estado en su aspiración a llevar a la presidencia.

     Juan Carlos Varela se lleva el honor de haber inaugurado la ampliación del Canal de Panamá que otro gobierno inició (y a la que él se opuso cuando se llevó a cabo el referéndum que decidió que se iba a hacer). De haber hablado en Naciones Unidas sin que le saliera de su boca que los tratados canaleros se llaman Torrijos-Cárter, de postergar a niveles inaceptables el nombramiento de los magistrados que le toca nombrar en la Corte Suprema de Justicia, de haber endeudado al país irresponsablemente, de haber donado descaradamente a la iglesia católica cientos de miles de dólares sin ninguna justificación, de permitir que las calles de la ciudad estén en pésimas condiciones, que fueron arregladas solamente si el Papa Francisco iba a pasar por ellas.  De haber aupado una justicia selectiva que de alguna manera se le revertirá eventualmente.  De haber abandonado la atención en el Seguro Social, los hospitales (el Hospital del Niño tiene más de una década de estar esperando por la orden de proceder para su ampliación), las escuelas, el agro, todo lo que no representara un evidente beneficio para sus patronos y sus negocios.  Además, no ha sabido defendernos de los ataques de las instituciones financieras y muchos menos mostrar transparencia en los manejos de las relaciones exteriores.  Cuando menos uno lo espera nos enteramos de que ha firmado un pacto contra ISIS o a favor de las migraciones.

     No sé cuáles serán los planes de los próximos dos meses del gobierno en cuanto a resolver las graves crisis que nos desunen y que llevan a muchos a protestar.  ¡Ah, que dimos la talla, por favor! Ridícula aseveración porque el nombre del país estaba en juego y de cierta forma, el papa Francisco es un ser excepcional que seguramente no sabía el oneroso gasto en que se iba a meter el gobierno con esta JMJ.  Y las enormes desigualdades que consumen al país.  Celebro que todo haya quedado tan bien, que haya reinado un ambiente de paz y unión entre los panameños.

     Mientras les pasa la resaca de los que se emborracharon de JMJ (con o sin Seco Herrerano o Ron Abuelo) volvamos a la realidad y practiquemos los que esos días de visita papal nos hizo conducirnos con respeto, benevolencia, tolerancia y que todas las bendiciones del papa Francisco derramó en sus múltiples convocatorias sean un referente para el comportamiento como ciudadanos.

TREGUA PAPAL


Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 20 de enero de 2018

     Esta semana se celebra en nuestro país la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), evento que reunirá a miles de jóvenes y adultos católicos y que contará con la presencia del Papa Francisco durante cinco días.  No hay duda de que es un evento importante, la 34 versión y el tercer país latinoamericano donde se realiza, después de Buenos Aires (1987) y Río de Janeiro (2013) y la primera vez en Centro América.  Si bien se acostumbra a celebrarla en los meses de julio o agosto, por gozar de temporada seca estos meses (le llamamos verano) se dispuso a organizarla en estas fechas.  Es sin duda el proyecto más ambicioso del presidente Varela y en vista de que sale del puesto a fines de junio, y las elecciones se celebrarán en mayo, hubiera sido inadecuado y un riesgo de lluvias hacerla en las fechas tradicionales.

     Los peregrinos han estado llegando en manadas y por los telediarios he podido conocer de las actividades que se han estado llevando a cabo en las pre-jornadas.  El gobierno nacional ha dado tres días libres a partir de la llegada del Papa Francisco por la alteración del tráfico y la movilización que ello implica.  Definitivamente que es una jornada histórica para nuestro país e independientemente de la creencia que tengamos, de la religión que practiquemos, debemos entender que el mundo nos mira, de que seremos noticias en muchos lugares y que, a pesar de que somos, en teoría, un estado laico, la religión católica es mayoritaria y tiene gran peso en toda la sociedad panameña y más con este gobierno.

     Debemos aprovechar esta semana para hacer una tregua, con la inminencia de los comicios y dejarnos de insultar, denigrar y esparcir “fake news” en redes sociales.  He visto con preocupación los deplorables señalamientos que circulan alegremente por WhatsApp y otros medios, contra Ana Matilde Gómez, candidata independiente a la Presidencia y Judy Meana, que correrá como suplente con el aspirante a la Alcaldía capitalina y realmente elevo mi más enérgica protesta porque, sea verdad o sea mentira, nada de lo que allí se dice es óbice para que no tengan un legítimo derecho a ser candidatas.  También protesto porque se trata de mujeres y todos sabemos que este país, aunque se diga que hay igualdad de género y se haya logrado una supuesta paridad en los cargos públicos, hay un acendrado machismo y mucha más misoginia de lo que uno pueda imaginar.  Lo vemos en forma palpable en la conformación de juntas directivas, en cargos importantes en la empresa privada y en los puestos públicos.

     Es difícil, para los incontinentes tuiteros y WhatsApperos contenerse y no reenviar textos y fotos que ni siquiera tienen firma responsable y que se convierten en virales.  Las mujeres siempre somos el blanco de los troles, de los acosadores anónimos y hasta de las mismas mujeres que nos ven como una amenaza.  Pero pregunto, ¿qué aporta uno al debate reenviando algo que daña la reputación de otro, que a lo mejor no conoce?  Seamos consecuentes con la responsabilidad que, como ciudadanos, tenemos ante el mundo y por lo menos en esta semana, cuando esté de visita el Papa Francisco, que tanto ejemplo ha dado de humildad y de tratar de enderezar los torcidos y millonarios senderos del Vaticano, mostremos nuestra mejor cara y recibamos con regocijo su visita.  Y que la tregua se extienda en lo moral y en el respeto al derecho ajeno, que, como decía Benito Juárez, es la paz.

     Y después, exijamos un detalle pormenorizado, una auditoría minuciosa, de los gastos en que se ha incurrido en este último y costoso capricho del presidente Varela, porque debemos conocer a cuánto ha ascendido lo que se ha invertido en esta jornada, al igual que de dónde han salido los fondos, cuando no hay escuelas ni centros de salud, ni garantía para nuestros agricultores de que sus productos van a ser comprados y consumidos y las calles están hechas un desastre, al igual que las alcantarillas se revientan en los puntos menos pensados, como ocurrió recientemente en Obarrio.  Es una gran oportunidad de que la gestión Varela, que ya agoniza y se terminó de hundir con la cantinflada de la quinta papeleta, muestre que es seria y que, aunque no haya cumplido con casi ninguna de las promesas que hizo en campaña, por lo menos ha administrado responsablemente los dineros del estado en este rubro, que seguramente representa el clímax de su gestión.

     Y después, con respeto, el que tenga que hacer campaña, que la haga con mesura y de altura, sin recurrir a acusaciones traídas de los cabellos, especialmente contra mujeres que aspiran a cargos públicos.  Es lo menos que espero en un país cuya población femenina es un poquito más de la mitad del total de panameños.