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CUANDO LA VERDAD PREVALECE

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 27 de octubre de 2017

El revuelo que causó la noticia de que los periódicos del Grupo GESE, La Estrella y El Siglo salían de la Lista Clinton no dejó a nadie sin opinar, algunos con desatinos incontrolables pero la mayoría con alivio, después de 17 meses de lucha sin cuartel, durante los cuales la fuerza laboral se redujo en más de 50% y la que permaneció vivía en continua zozobra ante la incertidumbre de si tendrían trabajo el próximo mes.

El pasado 13 de julio se venció la última licencia concedida por la oficina del Tesoro de los Estados Unidos (OFAC) para que los diarios circularan sin restricciones estando en la Lista Clinton.  Lo incongruente de todo el asunto es que el “logorreico” embajador de Estados Unidos insistía, después de señalar al grupo Waked como el mayor lavador de dinero, que los diarios no estaban en la lista.  Sin embargo, se sugería que el señor Abdul Waked se deshiciera de la mayoría de sus acciones para que se volviera a la normalidad.  Con Félix B. Maduro, SoHo Mall y Balboa Bank se le puso una pistola en la sien para que vendiera esos negocios por una bicoca.  La comisión que se formó cuando esto se dio a conocer, formada por el Ministro de Finanzas, el de Comercio y el de Trabajo, repetía el estribillo de “velar por los puestos de trabajo”.

No importó que las tiendas la Riviera se fueran cerrando una a una en los diferentes países y que las que permanecen solo acepten efectivo, en un mundo donde el dinero plástico manda, sobre todo en los aeropuertos.  Si importó que las tarjetas de crédito funcionaran en la tienda Félix, a la que la mayoría de los panameños no tienen acceso, y de eso se aseguró el mismo presidente y el embajador de marras.  ¿Es que los que laboran en GESE no representan puestos de trabajo y estaba en riesgo no solo su continuidad sino el cierre del diario más antiguo del país y el tabloide que más circula?

A partir de julio, siempre con la confianza de quien actúa con la verdad, el periódico se fue reinventando, dejando de publicar los fines de semana para ahorrar papel, y muchos anunciantes, contra todo pronóstico, siguieron pautando y otros apoyando con suscripciones.  No se podía permitir una agresión imperialista de esta índole.

El caso de GESE fue elevado a los más altos estamentos que tienen que ver con la libertad de expresión e información en el mundo y recibió un respaldo nacional e internacional sin precedentes.  El presidente del grupo, Eduardo Quirós se alzó por encima de cualquier presagio o crítica y lideró una lucha que no tiene parangón en la vida republicana, comparada en las proporciones guardadas, con la librada para recuperar el Canal de Panamá.

Las cosas se le empezaron a complicar al imperio a partir del fallo que exoneró a Nidal Waked de lavado de dinero –que nada tiene que ver con GESE— y las “razones para creer” se fueron convirtiendo en “razones para dudar” por varias circunstancias, entre ellas que en 17 meses no se ha levantado ni un solo cargo contra Abdul Waked.

Desde el vencimiento de la licencia el señor Waked había enviado, a través de sus abogados, una propuesta a la OFAC porque había reiterado que “no iba a vender los diarios” aunque de sus negocios, estoy segura era el que menos dividendos le daba y cuidado y le costaban mensualmente.

La respuesta de la OFAC se conoció apenas la semana pasada en la que aceptaba la creación de una fundación que fuera la dueña del 51% de las acciones.  Seguramente fueron días largos de negociaciones y redacciones, pero se logró y el lunes 23 de octubre se divulgó que el señor Waked donaba irrevocablemente no solo las acciones sino el inmueble y todo lo relacionado a la operación de los periódicos.  El regocijo era inmenso.  La noticia repicó en todo el mundo con el beneplácito de los organismos que velan por la libertad de expresión.

Hasta ahora, el gobierno nacional no ha dicho esta boca es mía, lo que sí hizo la canciller hace meses para decir en forma tajante que ella no iba a ir a defender ante Estados Unidos el caso Waked, como si éste no fuera panameño.  Si en sus cándidos arrebatos al presidente Varela se le ocurre condecorar a Eduardo Quirós, por haber librado esa dura batalla, sin el apoyo gubernamental que por ley debieron haberle brindado, seguramente hará lo mismo con el embajador de Estados Unidos, para seguir con la lambonería.  Sugiero que se cree un grado especial para este señor cuya palabra seguramente mi editora no me dejará publicar pero que todos se imaginan cuál e

LA VICEPRESIDENCIA Y LA CANCILLERÍA

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 11 de agosto de 2017

     Algunos amigos diplomáticos me han preguntado insistentemente por qué en Panamá el/la vicepresidente/a ocupa el cargo de canciller y si no hay nadie más capacitado para ejercer las funciones en Cancillería.

Un poco de historia nos viene bien para recordar nuestro reciente pasado.  Panamá es una pequeña nación que luchó contra un gigante como Estados Unidos y ganó, consiguió, gracias a las negociaciones de los tratados (y a los hábiles negociadores) que se nos devolviera el usufructo de nuestro más importante activo nacional, nuestra posición geográfica, donde está ubicado el Canal de Panamá.

Durante nuestra historia republicana, había dos vice presidentes y la cancillería recaía en algún destacado panameño ducho en la materia.  Todos debemos recordar al canciller Galileo Solís que, en 1964, le tocó liderar la decisión del Presidente de la Dignidad, Roberto F. Chiari que, pese a sus intereses personales de negocios con los Estados Unidos, rompió relaciones con esa potencia por los hechos que ocurrieron el 9 de enero. Recayó en la figura del Dr. Eloy Benedetti la redacción de esa histórica acción.  El Dr. Miguel J. Moreno, canciller del gobierno de don Ernesto de la Guardia, tuvo en sus manos la reanudación de las relaciones, lo que hizo de manera patriótica y sin entreguismos.  Cuando murió, su hija, Rita Moreno de Valdés nos recordó sus palabras en esos momentos aciagos: “Esa justa indignación, que yo he compartido con todos mis compatriotas, me ha dado la fuerza para exponer ante la conciencia de América la causa de Panamá y para defender el derecho que le asiste a que se le haga justicia”.  Frases como ésta lo mantendrá vivo en el corazón de todos los panameños.

Durante el gobierno de Guillermo Endara, inmediatamente después de la invasión, el canciller Julio Linares se convirtió en una piedra en el zapato del entonces “pro cónsul” gringo, Deane Hinton.

Más recientemente, durante el gobierno de Mireya Moscoso, el canciller Harmodio Arias resaltó que, debido a las presiones de Estados Unidos  para hacerse con las obras que se hacían en Panamá dijo “Ya di mi opinión y cuando uno se para con dignidad no debe temer represalias. Si me quitan la visa por defender la dignidad de mi país, no me retractaré”, enfatizó. Agregó que no es el único que piensa que la posición de EU busca hacer presión contra Panamá para obtener beneficios económicos de la ampliación del Canal.

“Esa es la percepción que he recibido de muchas personas que dicen que esto posiblemente es un plan a largo plazo de Estados Unidos, para garantizar las contrataciones que vienen con la expansión del Canal”, sostuvo.  Añadió que “su opinión es que EU ha actuado con irrespeto y que busca hacer una advertencia al próximo gobierno para que no permita que otras empresas que no sean norteamericanas ganen licitaciones en la ampliación del Canal”.

Desde el 2004, cuando Martín Torrijos asumió la presidencia, nombró como canciller a Samuel Lewis, su primer vicepresidente.  Samuel Lewis tenía el bagaje para ser canciller, hijo de un tigre de la diplomacia como Gabriel Lewis Galindo y contó con un vicecanciller de lujo, como Ricardo Durán.  No hubo ni un incidente o mal paso que lamentar, incluso se efectuaron los acercamientos más cercanos a establecer las relaciones con China.

Ricardo Martinelli nombró a su vicepresidente (pegado con “crazy glue” gracias a las presiones de la embajadora de Estados Unidos en ese entonces) como canciller y a los 26 meses lo despidió por twitter. Durante el tiempo de su romance, hicieron todos los viajes juntos, parecía que no quería que el vice se quedara en el país para que no llegara a destronarlo.  Se cuentan leyendas negras de sus viajes, incluso la visita al Papa Benedicto, que dan mucho que hablar, especialmente siendo el hoy presidente Varela tan religioso, que hasta raya en el fanatismo.

Ahora volvemos a lo mismo: una vicepresidenta-canciller que empezó con paso firme, organizando la Cumbre de las Américas, donde Raúl Castro y Barak Omaba se dieron la mano e iniciaron las conversaciones para normalizar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.  La canciller ostenta una gran experiencia en temas sociales y de concertación, pero no los ha sabido aplicar en su gestión, sea por falta de voluntad o por simple tirria a determinados asuntos. Como vicepresidenta haría mucho bien, aliviando la carga al Presidente de tantas demandas sociales diarias (como la protesta de los conductores de taxi hace unos días). Siendo mujer y en teoría, experta en concertación, obtendría muchos logros.

Su papel, ante la agresión que ha sufrido Panamá por incluir a un nacional en la Lista Clinton y afectar al diario más antiguo y el tabloide más popular, deja mucho que desear y raya en lo irresponsable.