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LA VICEPRESIDENCIA Y LA CANCILLERÍA

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 11 de agosto de 2017

     Algunos amigos diplomáticos me han preguntado insistentemente por qué en Panamá el/la vicepresidente/a ocupa el cargo de canciller y si no hay nadie más capacitado para ejercer las funciones en Cancillería.

Un poco de historia nos viene bien para recordar nuestro reciente pasado.  Panamá es una pequeña nación que luchó contra un gigante como Estados Unidos y ganó, consiguió, gracias a las negociaciones de los tratados (y a los hábiles negociadores) que se nos devolviera el usufructo de nuestro más importante activo nacional, nuestra posición geográfica, donde está ubicado el Canal de Panamá.

Durante nuestra historia republicana, había dos vice presidentes y la cancillería recaía en algún destacado panameño ducho en la materia.  Todos debemos recordar al canciller Galileo Solís que, en 1964, le tocó liderar la decisión del Presidente de la Dignidad, Roberto F. Chiari que, pese a sus intereses personales de negocios con los Estados Unidos, rompió relaciones con esa potencia por los hechos que ocurrieron el 9 de enero. Recayó en la figura del Dr. Eloy Benedetti la redacción de esa histórica acción.  El Dr. Miguel J. Moreno, canciller del gobierno de don Ernesto de la Guardia, tuvo en sus manos la reanudación de las relaciones, lo que hizo de manera patriótica y sin entreguismos.  Cuando murió, su hija, Rita Moreno de Valdés nos recordó sus palabras en esos momentos aciagos: “Esa justa indignación, que yo he compartido con todos mis compatriotas, me ha dado la fuerza para exponer ante la conciencia de América la causa de Panamá y para defender el derecho que le asiste a que se le haga justicia”.  Frases como ésta lo mantendrá vivo en el corazón de todos los panameños.

Durante el gobierno de Guillermo Endara, inmediatamente después de la invasión, el canciller Julio Linares se convirtió en una piedra en el zapato del entonces “pro cónsul” gringo, Deane Hinton.

Más recientemente, durante el gobierno de Mireya Moscoso, el canciller Harmodio Arias resaltó que, debido a las presiones de Estados Unidos  para hacerse con las obras que se hacían en Panamá dijo “Ya di mi opinión y cuando uno se para con dignidad no debe temer represalias. Si me quitan la visa por defender la dignidad de mi país, no me retractaré”, enfatizó. Agregó que no es el único que piensa que la posición de EU busca hacer presión contra Panamá para obtener beneficios económicos de la ampliación del Canal.

“Esa es la percepción que he recibido de muchas personas que dicen que esto posiblemente es un plan a largo plazo de Estados Unidos, para garantizar las contrataciones que vienen con la expansión del Canal”, sostuvo.  Añadió que “su opinión es que EU ha actuado con irrespeto y que busca hacer una advertencia al próximo gobierno para que no permita que otras empresas que no sean norteamericanas ganen licitaciones en la ampliación del Canal”.

Desde el 2004, cuando Martín Torrijos asumió la presidencia, nombró como canciller a Samuel Lewis, su primer vicepresidente.  Samuel Lewis tenía el bagaje para ser canciller, hijo de un tigre de la diplomacia como Gabriel Lewis Galindo y contó con un vicecanciller de lujo, como Ricardo Durán.  No hubo ni un incidente o mal paso que lamentar, incluso se efectuaron los acercamientos más cercanos a establecer las relaciones con China.

Ricardo Martinelli nombró a su vicepresidente (pegado con “crazy glue” gracias a las presiones de la embajadora de Estados Unidos en ese entonces) como canciller y a los 26 meses lo despidió por twitter. Durante el tiempo de su romance, hicieron todos los viajes juntos, parecía que no quería que el vice se quedara en el país para que no llegara a destronarlo.  Se cuentan leyendas negras de sus viajes, incluso la visita al Papa Benedicto, que dan mucho que hablar, especialmente siendo el hoy presidente Varela tan religioso, que hasta raya en el fanatismo.

Ahora volvemos a lo mismo: una vicepresidenta-canciller que empezó con paso firme, organizando la Cumbre de las Américas, donde Raúl Castro y Barak Omaba se dieron la mano e iniciaron las conversaciones para normalizar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.  La canciller ostenta una gran experiencia en temas sociales y de concertación, pero no los ha sabido aplicar en su gestión, sea por falta de voluntad o por simple tirria a determinados asuntos. Como vicepresidenta haría mucho bien, aliviando la carga al Presidente de tantas demandas sociales diarias (como la protesta de los conductores de taxi hace unos días). Siendo mujer y en teoría, experta en concertación, obtendría muchos logros.

Su papel, ante la agresión que ha sufrido Panamá por incluir a un nacional en la Lista Clinton y afectar al diario más antiguo y el tabloide más popular, deja mucho que desear y raya en lo irresponsable.

 

LO QUE INDIGNA ES EL SERVILISMO  

 

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 16 de julio de 2017

Lamento estar fuera del país y no al lado de mis compañeros de La Estrella y El Siglo, -como lo hice en los primeros días de enero – , que atraviesan momentos angustiantes por la negativa de la súbitamente importante Oficina de Control de Activos (OFAC) del gobierno de los Estados Unidos de renovar la licencia para negociar con empresas estadounidenses.   Y digo mis compañeros porque aunque no laboro allí, tengo 10 años de opinar en sus páginas dominicales y me relaciono con todos, sean directivos, ejecutivos o periodistas.  Sin embargo, no he podido abstenerme de estar pendiente de lo que se ha estado desarrollando y con dolor y verdadera vergüenza he leído la carta genuflexa que le mandó la cancillería a la OFAC, en inglés, lo que viola el código diplomático, por el contexto y el idioma que utiliza, pidiéndole instrucciones de cómo proceder, el mismo día que se vencía la licencia. Que una vicepresidenta y canciller se arrodille en esos términos ante una oficina del gobierno de los Estados Unidos demuestra el nivel de servilismo que permea a estos funcionarios y la falta de compromiso con el país.  Se ha perdido a esos niveles la noción de nación.

La distancia a veces es un buen recurso para ver las cosas de forma desapasionada.  Si Panamá tuviera su propia moneda y un banco central con reservas monetarias diversificadas, no estaríamos sujetos a los caprichos gringos.  Todas las manos en un plato solo sirven de arrebato, y en este caso, el arrebato se ha encarnizado contra La Estrella y El Siglo.

Ya no hablemos del Grupo Wisa, porque seguramente de él solo quedan escombros.  Las tiendas “fashion” que tantos desvelos le causaron al Presidente y el embajador gringo para asegurarse que las tarjetas de crédito funcionaran (¿cuanta gente del pueblo puede comprar en esas tiendas?) las vendieron por una bicoca, un ínfimo porcentaje de su valor, para beneficiar seguramente a los amigos de la silla presidencial y su círculo O.  El Banco Balboa ha sido rematado con la consiguiente pérdida de un gran porcentaje de lo que tenían allí invertido sus clientes, que seguramente no son los millonarios del país sino profesionales esforzados que ahorraron toda la vida para tener una vejez sin sobresaltos.

Formalmente, hace 40 años recuperamos el Canal de Panamá, pero en la trastienda, los gringos han conservado el control de la seguridad y sobre todo, del sistema financiero.  Sufrimos un sangriento 9 de enero en 1964, una injusta y devastadora invasión en 1989 y ahora nos tienen colgando de un hilo por la nefasta OFAC.  Es el gran garrote del siglo XXI. Para colmos, le damos importancia a lo que no tiene, y desaprovechamos las oportunidades para defender a nuestro país en los momentos oportunos.  En la pasada visita del Presidente Varela se debió abordar el tema de la Lista Clinton por parte de los funcionarios que participaron en ella.  No hacerlo demuestra la falta de compromiso de nuestros gobernantes para con los que los eligieron y para con la población que gobiernan.

Diversas voces han elevado su enérgica protesta en contra de la postura pusilánime y entreguista que han demostrado el Presidente y la Vicepresidenta, desde los más recalcitrantes anti sistema hasta los más encumbrados políticos conservadores.  Es que no se explica cómo hemos llegado a tanto servilismo.  Al señor Waked ni siquiera se le han formulado cargos y solamente se tienen unas caprichosas “razones para creer” que el dueño de los diarios está involucrado en negocios que tienen que ver con lavado de activos.

El solo hecho de obviar el tema en la visita a Trump debió haber sido motivo de protesta por parte de los panameños.  Se nos está despojando de un patrimonio y todos asistimos a ese despojo agradecidos con nuestros verdugos.  Proporciones guardadas, no le perdonan a Francia el trato que le dispensó a la canciller cuando estuvo en París por lo de la OCDE, pero corren todos como borregos al primer pailazo que dé el vaquero de Clayton y le rinden pleitesía.

Si la población estuviera tan pendiente de los eventos que afectan al país, el solo hecho de leer la carta de la canciller sería una tendencia en las redes sociales.  Pero en vez de eso, una tal Asilem ha captado toda la atención por una fiesta que iba a celebrar en la barriada 24 de diciembre.  Sigamos cayendo tan bajo que no habrá piso que reciba tanta mediocridad y falta de autoestima.  Exijamos que la susodicha funcionaria renuncie a un puesto que ha irrespetado y ha dirigido una política exterior desacertada.