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SILENCIO CÓMPLICE

Por Mariela Sagel, El Siglo, 12 de septiembre de 2016

La semana pasada se realizó en Panamá una reunión muy caldeada en torno al exabrupto que le ha dado a Estados Unidos aplicar contra Panamá, la Lista Clinton.  Por esas mentadas “razones para creer” con que se amparan, los gringos nos quieren volver a someter como están acostumbrados a hacer con todos los países que ellos consideran inferiores.  Ya han destruido casi todo el supuesto poderío de la familia Waked en tiendas comerciales y siguen blandiendo su espada de Damocles sobre los diarios La Estrella y El Siglo, amenazando la libertad de expresión e información de un país soberano e independiente.

Y fue precisamente la semana pasada que se conmemoraron 39 años de la firma del Tratado Torrijos Cárter, ése que le devolvió a Panamá la soberanía sobre todo su territorio.  Un país pequeño que forzó a la gran potencia del norte a ceder en sus pretensiones de tener un enclave colonial.  Fue una lucha perseverante y audaz, que estuvo liderada por patriotas.

Y esos son los que escasean en este momento, en que nos vemos atacados por los caprichos del imperio, y el gobierno, que debe velar por el bienestar y el trato justo de todos los ciudadanos, no dice nada, solamente se aseguró el presidente si cuando restablecieron el servicio de tarjetas de crédito en la tienda Félix B. Maduro, estaba funcionando bien.  El pueblo no compra en esa tienda, solamente algunos privilegiados, y el slogan de campaña del gobierno varelista fue “El pueblo primero”.

En el tema de los periódicos, uno el más antiguo del país y el otro, éste en que me están leyendo, el de mayor circulación a nivel popular, es inaceptable que las autoridades no digan nada. Cancillería debió haber citado al embajador de Estados Unidos para que explique qué es lo que pretenden con estos ataques. Si eso hacen con un tema tan sensitivo como la libre expresión de las ideas, no quiero ni imaginarme su actitud en temas donde nuestra soberanía se vea atacada.

 

DOS CONMEMORACIONES

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 11 de septiembre de 2016

El pasado 7 de septiembre en el Salón Asamblea, un vetusto espacio donde resalta un balcón que rememoraba cómo se hacían antes las reuniones de estado y el público se sentaba a ver a sus gobernantes debatir leyes y buscar lo mejor para el país, como debe hacer todo buen gobierno, el Ministro de Gobierno Milton Henríquez invitó a los ex ministros de esa cartera a un almuerzo.  La sorpresa fue grande cuando al entrar los asistentes, una orgullosa Banda Republicana, a la que muchos de nosotros distinguimos durante nuestras gestiones, como los consagrados músicos que son, entonaron una marcha nacionalista de bienvenida.  Allí reunidos, sin diferencias de partidos ni de los gobiernos a quienes pertenecimos, escuchamos las palabras del gentil anfitrión, sucesor de los que estuvimos presentes (con la diferencia de que antes era Gobierno y Justicia y ahora es simplemente Gobierno) y del decano del grupo, no en edad –porque sospecho que Don Juan Chevalier es mayor– el Dr. Eduardo Morgan, que ocupó ese puesto en 1968, después del golpe militar.

El Ministro Henríquez, con su singular simpatía, explicó que ese salón había permanecido oculto y utilizado para otros propósitos por muchos años, hasta que en la gestión de Mireya Moscoso se había restaurado el edificio.  Yo le agregué posteriormente que la restauración había sido aprobada durante mi gestión y hecha por dos arquitectas como una tesis de graduación.  Yo no tuve ni el tiempo ni los fondos para hacerla, dinero que posteriormente se obtuvo de Taiwán como una donación.  El ex ministro Aníbal Salas tuvo el gesto caballeroso de invitarme, en una ocasión, cuando se había ejecutado parte de la misma, para ver cómo iba quedado.

El Dr. Eduardo Morgan, veterano de muchas luchas y beligerante en la actual contra la OCDE y la Lista Clinton, además de resaltar la ocasión que nos reunía allí –que era la conmemoración de los  100 años del Código Civil– aprovechó la oportunidad para destacar que también ese día hace 39 años se habían suscrito en Washington, los Tratados Torrijos Cárter, que reintegraron la soberanía sobre la Zona del Canal a nuestro pequeño país y el usufructo de nuestra posición geográfica estratégica y cómo la diplomacia mundial se había volteado a mirar a una pequeña nación que logró negociar con la mayor potencia del mundo.  No escatimó detalles de lo difícil que habían sido las negociaciones y hasta reveló incidencias de los planes en los que él estuvo involucrado para que se llevara a cabo el golpe.

El almuerzo también se vió prestigiado por la participación del abogado Olmedo Arrocha, quien esa noche presentaba el libro titulado “Biografía y genealogía de un código”, un homenaje al Código Civil en su centenario.  Sus breves palabras fueron un acicate para leer este enjundioso trabajo y el por qué es importante conocer nuestra historia, nuestras raíces y los protagonistas de lo que hoy tenemos como país.  En ese mismo tenor se manifestó el ex ministro Chevalier, a quien le resultaba inverosímil que los jóvenes no sepan ni el nombre de nuestros próceres, mucho menos de nuestros mártires y grandes protagonistas de la nacionalidad.

La portada del libro evoca un árbol lleno de hojas, pero que también tiene raíces y éstas son las que le dan el sustento a lo que vemos en la superficie.  Para que un árbol florezca, debió haber sido plantado y haber echado raíces.  De allí el magnífico título escogido por el abogado Arrocha.

Esta iniciativa del Ministro Henríquez honra su caballerosidad y desprendimiento, más cuando nos entregó a cada uno de los presentes un pergamino de reconocimiento por nuestro servicio al país y sus ciudadanos, y un ejemplar del mencionado libro.  Eduardo Morgan, con su locuacidad sin límites también recordó que hoy día Panamá está siendo amenazada ya no por la permanencia de bases militares, sino por la ominosa Lista Clinton, que tiene a este diario y a la libertad de expresión en Panamá bajo una amenaza sin fundamento, con simples “razones para creer”, y sobre las cuales el gobierno del Presidente Varela no ha hecho absolutamente nada para defenderla, como si la misma no le interesara.