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La Vida De Jane Fonda, Hasta Ahora

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En el año 2005 fue publicado el libro titulado My Life So Far, de la actriz, activista y mujer de convicciones muy profundas, Jane Fonda. Estuvo en mi biblioteca su buen par de años hasta que a fines del año pasado emprendí su lectura. Jane Fonda cumplió 71 años en diciembre de 2008 y se aprestó a escribir estas memorias cuando se acercaba a los 60. Consideraba que entraría a la tercera etapa de su vida y que dadas sus vivencias, era obligante compartirlas con muchas personas.

Creo que todo el que lea este artículo tendrá una idea de quién es esta famosa actriz: hija de un ícono de la industria del teatro y cine, Henry Fonda, hermana de un rocambolesco actor llamado Peter y casada en tres ocasiones con otros famosos como Roger Vadim, el director francés que también fue marido de Briggite Bardot y Catherine Deneuve; Tom Hyden, político contestatario y finalmente con Ted Turner, el magnate de las telecomunicaciones.

Jane Fonda proviene de una aristocrática familia, cuya madre se suicidó y fue criada entre madrastras, institutrices y tías, además de asistir a los mejores colegios donde iban las chicas de sociedad. Acepta que quiso escribir el libro de sus memorias en parte para hacer una catarsis de lo que había sido su vida, hasta ahora, y para sanar sus heridas y seguir dando ejemplos.

Su infancia fue un vaivén de sentimientos encontrados, de complacencias a un padre idolatrado y dicharachero, al tiempo que indiferente y duro con su familia. Su madre, de carácter más bien débil, entró en grandes depresiones que la mantuvieron internada en centros psiquiátricos, para finalmente, al primer descuido, cometer suicidio. Jane y su hermano Peter supieron mucho después la verdadera razón de la causa de la muerte de su madre, lo que les creó sentimientos encontrados a lo largo de sus vidas.

Sus vivencias al lado de Roger Vadim, quien la lanza a la fama con Barbarella y la convierte en un símbolo sexual, tampoco fue un jardín de rosas. Confiesa en el libro la obsesión que tenía su marido en tener sexo de a tres y de alguna manera, desgarra con sus relatos lo penoso que era aceptar eso en su momento. Una señora le escribió que gracias a esa confesión, pudo salvar su matrimonio, porque su marido también era proclive a esas desviaciones. Yo había leído las memorias de Vadim tituladas Bardot, Deneuve y Fonda y había escrito y publicado, en 1987, una reseña sobre ese libro, considerando que el llamado en su época el enfant terrible, a la que más había querido era a Jane. Pero hubo otras mujeres en su vida, muchas, todas las cuales coinciden en su funeral y después, se van juntas a intercambiar anécdotas sobre las particularidades que vivieron junto a él.

Jane Fonda tuvo una hija con Roger Vadim, Vanessa, que hoy tiene dos hijos. A su vuelta a los Estados Unidos se involucra y compromete cada vez más con los Black Panthers y la oposición a la guerra de Vietnam. Llega a viajar a ese país en conflicto y para ello le levantan sendos expedientes en la era Nixon, los que detalla en el libro con acuciosidad. En ese mundo anti establishment y político se involucra con su segundo marido, Tom Hyden, un brillante demócrata que empezaba su carrera pública. Fueron años de militancia y gran exposición en una era tumultuosa por los graves problemas que enfrentaba el gobierno de los Estados Unidos. No deja de actuar y su filmografía suma más de 40 filmes, algunos tan renombrados como “On Golden Pond”, junto a su padre y la legendaria Katherine Hepburn; Gringo Viejo, con Gregory Peck y Julia, con Vanessa Redgrave. De hecho, On Golden Pond fue producida y dirigida por ella en homenaje a su adorado mentor y progenitor y por esa actuación, Henry Fonda obtuvo finalmente el reconocimiento de la Academia de Artes, mejor conocidos sus premios como los Óscares, de los cuales ella ya tenía dos (por Coming Home y Klute) y varias nominaciones. Debido a su avanzada edad, el veterano actor no pudo asistir a la ceremonia y le tocó a su hija recibirlo. Henry Fonda murió cinco meses después.

Sus amigos son actores memorables, como Robert Redford, Jack Nicholson, Simone Signoret e Yves Montand, Warren Beatty, Robert De Niro, entre otros y todos, en algún momento de su vida, fueron importantes para las decisiones que tuvo que tomar. Fue cuestionada por su militancia, tildada de comunista, contestataria en sus actuaciones y aún así, siguió siendo exitosa tanto en el cine como en la empresa que emprendiera.

En una de esas vueltas, se le ocurrió incursionar en el tema del “fitness” como se le conoce a la disciplina de hacer ejercicios, y su producción tanto de videos como de sitios donde se hacían los mismos fue tan exitosa que la consagró como un gurú en ese aspecto. A pesar de ser bulímica confesa desde pequeña, a sus setenta años es una mujer que se mantiene envidiablemente y hoy día promociona cremas faciales con singular éxito.

Pasó por manos de un cirujano para colocarse implantes en los senos, lo que reversó después porque se sentía que le habían cercenado el cuerpo. El inicio de su relación con Ted Turner es de morirse de risa, por la evidente confusión que este señor tiene del poder (en su tiempo, era el dueño de CNN, cuando empezaba y era tan anodino que le decían Chicken Noodle News). La intensidad de su vida se ve reflejada en el vacío que le producía tener 21 casas y no disfrutar de ninguna, comprar la ropa interior por docenas y la perplejidad de la dependienta que le preguntó si llevaba todo eso para regalos. Finalmente se divorcia y deja una vida llena de glamour y estrellato, pero sigue activa, gracias al apoyo económico que le brinda Turner mediante una fundación para ayudar a las madres adolescentes solteras y con el apoyo, tanto de sus hijos Vanessa y Troy (que tuvo con Tom Hyden), como de los cinco de Turner.

El libro es un sendo volumen de 600 páginas, en inglés (no sé si se habrá traducido al español), pero que vale la pena leer con fruición y aprender de cada ejemplo que nos da esta mujer inteligente, brillante, asertiva, con principios sólidos y convicciones aún más, que no rehúsa decir la verdad ni adornarla, intensa y absolutamente comprometida.

El libro de Don Alvaro

Mi amigo y colega Álvaro González Clare aportó con la presentación de su libro a aliviar lo inextricable que se ha vuelto el desarrollo diario de la política criolla, al punto que parece que los locos son más en este país.

Álvaro presentó su libro Sobre el amor, el tiempo y otras inquietudes, un compendio de sus columnas mensuales que ha publicado por diez años en la revista Mundo Social, bajo el título de “Las inquietudes de don Álvaro”. Confieso que poco he leído la revista, a pesar de recibirla mensualmente en mi casa, porque tengo tanto que leer para estar al día que tuve que prescindir de las revistas “Light” por no decir sociales. Pero Álvaro es un ser especial, lleno de inquietudes, como reza su columna y el haberlas exteriorizado e irlas develando y evolucionando con ellas (porque el asunto de escribir es 95% oficio y 5% talento) y compartiéndolas con todos es algo digno de emular. Para los amantes de los libros, es un gozo poder abrir todos los días una página, como quien lee la Biblia, y degustar el vuelo de las mariposas, como la que adorna la impecable portada.

Como él mismo lo señaló en sus amenas palabras de presentación, rebuscando en sus memorias fue encontrándole sentido a la vida, a los sentimientos y se le fue haciendo cada vez más profundo el tema de escarbar en los sentimientos, especialmente en el amor, la espiritualidad y el sentido de la vida.

Una crítica constructiva (o varias): la editora, al presentar el libro, se refirió a un “refrán popular” el que un hombre o una mujer tienen como obligación en la vida plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Este “refrán” se le atribuye a José Martí, según lo he entendido por más de 30 años. Por otro lado, no encuentro por ningún lado de la edición el ISBN que corresponde al International Standard Book Number (en español, ‘número estándar internacional de libro’), un identificador único] para libros, previsto para uso comercial. Se gestiona en la Biblioteca Nacional de Panamá. Dicen los entendidos que sin ese registro, como el refrán de las páginas amarillas, el libro simplemente no existe.

Y por último, la letra es muy pequeña, aún para una persona con una visión que no necesita gafas para leer como la mía. Valdría la pena saber dónde estarán vendiendo el libro para los que no asistieron a su presentación.

En hora buena Álvaro por tan feliz iniciativa de hacer un compendio de tus columnas. En la presentación tuve la oportunidad de saludar y conversar con dos de mis inolvidables profesores de la Facultad de Arquitectura, Rodrigo Mejía Andrión y Jorge Riba, éste último doblemente colega mío, porque además de arquitecto, también fue ministro de Gobierno. A algunos arquitectos nos une este delirio de escribir y los que menciono son de los más destacados ejemplos vivos.