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HASTA PRONTO, GLORIA

Por Mariela Sagel, Vida y cultura, La Estrella de Panamá, 19 de mayo de 2019

     La noticia de su muerte no acababa de calar en mí, porque la supuse eterna.  Mi gran amiga, compañera y confidente Gloria Guardia de Alfaro, de las más insignes escritoras panameñas vivas, había expirado mientras dormía en su residencia de Bogotá, después de una larga enfermedad que la mantuvo postrada los últimos dos años.  Con apenas 79 años y muchos proyectos que quería llevar a cabo, nos dejaba de forma evanescente, quedándonos perplejos y desorientados.  La escritora panameño nicaragüense, que tanta gloria le dio a este país y a los de su adopción, está ahora en el Parnaso.

     Gloria Guardia, novelista, ensayista, periodista y académica nació en Venezuela, porque sus padres, él panameño y su madre nicaragüense, –hija del héroe nacional de ese país, Benjamín Zeledón–, estaban de trabajo en la nación bolivariana.  Su padre, oriundo de la provincia de Coclé, era un ingeniero sanitario cuyo prestigio y capacidad lo llevó a varios países por ser un adelantado en su profesión. 

Gloria Guardia de Alfaro, junto al poeta, ya fallecido, César Young Núñez, en 2014

     Recibió una educación exquisita que fue cincelando en ella a la intelectual en que se convirtió, acompañada por su esposo, Ricardo Alfaro, con quien no solo compartió un hogar sino un proyecto de vida.  Estudió en el exclusivo Vassar College, que forma parte de las Siete Escuelas Hermanas (especie de Ivy League) fundadas exclusivamente para mujeres, y que está ubicado al norte de la ciudad de Nueva York, en el valle del Río Hudson.  Allí obtuvo su título de Bachelor of Art, con especialización en Historia. Complementó esa privilegiada educación, con estudios de filosofía y literatura en la Universidad Complutense de Madrid, para ingresar posteriormente a la también muy importante Universidad de Columbia, donde estudió una maestría y un doctorado en literatura comparada.

SU OBRA  

Todavía recuerdo la impresión que me causó leer su primera novela, “Tiniebla Blanca”, que publicó cuando apenas tenía 21 años.  A ese libro le siguieron muchas obras importantísimas que han sido publicadas por destacadas editoriales.  “Tiniebla Blanca” obtuvo una medalla de oro de la Sociedad de Escritores Españoles e Iberoamericanos en 1961.  En 1966 se alzó con dos premios en el concurso nacional Ricardo Miró, de novela (“Despertar sin raíces”) y de ensayo (“Orígenes del Modernismo”).  Los premios siguieron reconociendo su talento, y en 1976 ganó el Premio Centroamericano de Novela por “El último juego”.  Sus “Cartas apócrifas” fue premiada en 1996 con el Premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá y en 2000 otra de sus novelas, “Libertad en llamas” llegó a una de las dos finalistas del premio “Sor Juana Inés de la Cruz” que entrega anualmente la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).  “El último juego”, reeditado por Alfaguara en 2009, forma parte de la trilogía Maramargo, junto a “Lobos al anochecer” (2006) y “El jardín de las cenizas” (2011).

     El premio que recibió la autora por “El último juego” tuvo de jurados nada menos que a Ángel Rama, el famoso escritor uruguayo, José Emilio Pacheco, insigne escritor mexicano y Lizandro Chávez Alfaro, de Nicaragua.  La trama gira alrededor de un asalto guerrillero a la residencia de un alto funcionario del gobierno panameño que, además, es parte del equipo negociador de los tratados Torrijos Carter.  Es un libro muy didáctico y aborda el tema del poder como elemento político, codiciado y corruptor de las relaciones entre los entes que lideran las sociedades.

     “Lobos al anochecer” trata el tema del asesinato del presidente José Antonio Remón Cantera y las conversaciones en torno al tratado conocido como “Remón-Eisenhower”, que se implementó apenas unos 20 días después del magnicidio del mandatario, y que primordialmente aumentaba la anualidad de 430 mil dólares a un millón 930 mil que Estados Unidos pagaba por el usufructo del paso transístmico y áreas aledañas.

     Para terminar la trilogía, Guardia recibió una beca de residencia en Bellagio, Italia, de la Fundación Rockefeller, y de allí publicó “El jardín de las cenizas”.  Ese conjunto de obras describe la historia de Panamá y su gente durante el siglo XX, con sus luces y sombras, los escenarios políticos y todos los acontecimientos que marcaron nuestro país.

     Su última novela, “En el corazón de la noche”, fue editada primero por la Editorial Victoria Ocampo, de Argentina, en 2014 y posteriormente Penguin Random House la reedita, en 2016. La obra fue presentada en la Feria del Libro de Panamá en 2014 por Giovanna Benedetti y por mí y para la reedición Gloria me pidió una opinión que está impresa en la contraportada.  En esta novela histórica la autora narra un tiempo aciago para los españoles, el bombardeo del pueblo Guernica, y da voz a quienes padecieron las consecuencias que tuvo este acto demoledor, en la persona del primer “lehendakari” (presidente vasco), José Antonio Aguirre y su protector, el diplomático panameño Germán Gil Guardia, pariente de Gloria.  En la investigación que llevó a cabo con gran esmero tuvo acceso a los diarios de sus protagonistas y con pulcritud recrea esos tiempos convulsos.

LA ACADEMICA

     Gloria Guardia no solo era académica de número de la Academia Panameña de la Lengua (desde 1985) sino correspondiente de la Real Academia Española (1989), desde 1997 de la Academia Colombiana de la Lengua y desde el año 2007 de la Academia Nicaragüense de la Lengua.  En estas instituciones colaboró denodadamente en la elaboración y redacción de la vigésima primera edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia (DRAE) y en la elaboración y redacción del “Diccionario de Colombianismos”.

     Nicaragua la distinguió como “Ciudadana del Siglo” de la orden Rubén Darío en el año 2000 y la Biblioteca Ayacucho, de Venezuela, con la redacción del prólogo de dos de las obras del mayor exponente de las letras panameñas, Rogelio Sinán.  Su ensayo “Rogelio Sinán a la luz de las nuevas propuestas críticas sobre la narrativa latinoamericana” recibió el Premio Nacional del Libro de Venezuela.

     Su relación con la Fundación Rockefeller se afianzó después de obtener la beca Bellagio, y ésta la nombró novelista-residente en el Bellagio Study and Conferences en Bellagio, Italia y en los últimos años fue consultora de esta fundación en el campo de las artes creativas, como son la música, pintura, cine y escultura.  Desarrollaba un trabajo titánico cuando estaba seleccionando los candidatos que recibirían el beneficio de una beca, según me comentó en alguna ocasión.

La escritora panameño nicaragüense Gloria Guardia, recientemente fallecida

     En 1995, la Biblioteca del Congreso de Washington grabó su voz para la posteridad. También para la posteridad han quedado sus libros, sus numerosas publicaciones, su participación como fundadora en el año 1992 del capítulo panameño del PEN Internacional y desde 1995 a nivel continental forma parte del Consejo Mundial de la sociedad más importante y antigua de escritores, que vela por los derechos de éstos en el mundo.  Nos legó la huella indeleble de que el español fuera aceptado como una de las lenguas oficiales del PEN.  Al momento de su muerte era la Vicepresidente Internacional de este organismo, del cual también presidió la Fundación Iberoamericana del PEN Internacional.  Sus últimos esfuerzos estaban enfocados en refundar el capítulo panameño del PEN en Panamá, que ha estado inactivo en los últimos años.

     Se codeaba con escritores de fama y la referencia a su obra trascendía fronteras.  Para la celebración del 1er. Foro de Novela Histórica fue la primera escritora panameña que consideramos, a lo que me respondió que no podría viajar por sus problemas de salud.  Uno de los escritores colombianos que asistió, Pablo Montoya, estuvo conversando conmigo sobre su trabajo y logró conseguir un ejemplar de uno de los libros de la trilogía Maramargo, que está fuera de catálogo.  Yo usé un collar de inspiración precolombina cuando impartí mi conferencia sobre literatura panameña en Tánger, en enero pasado. Era mi talismán y mi homenaje a ella.

     Sería urgente que la editorial que editó la mayoría de sus libros hiciera una edición conmemorativa, por lo menos de la trilogía Maramargo, para que muchos de los nuevos talentos, a quienes tocó de una forma u otra, tengan acceso a ellos.

     Se nos fue Gloria Guardia, pero dejó una huella que enaltece a Panamá y los panameños, y que estoy segura seguirá siendo el referente obligado de la literatura panameña, de calidad y de compromiso, para las actuales y futuras generaciones.

Gloria Guardia definió su proyecto de vida temprano, ser escritora, y nunca se desvió de su meta.  Con inteligencia empuñó la pluma y disciplinó sus horarios, y con elegante sabiduría supo acercarse a los talentos y la intelectualidad. Habiéndola conocido desde la escuela, estoy segura de que vivió la vida que soñó. Descansa en paz, querida Gloria.  

Beatriz “Tichi” Valdés, escritora

Para Gloria Guardia de Alfaro el progreso no llegó a Panamá con el Metro ni con los rascacielos. En «Facetas» del 2011, entrevistada por Luis Pulido Ritter, declaró que el desarrollo llegará a Panamá cuando logremos recoger los frutos de un absoluto respeto al otro y un amplio avance de la especie humana. Este es el cultivo que el intelectual panameño tiene la obligación de producir como “despertador de almas”.   ¡Bravo, Gloria! 

Margarita Vásquez, académica

Gloria Guardia es una escritora a la que nunca se termina de conocer completamente, no solo por la variedad de los registros literarios que acumula, sino por la exquisita sencillez y naturalidad de su estilo, así́ como por la profundidad de su erudición. Y es que en ella se conjugan –y sin perturbar esquemas— una multiplicidad de personificaciones que le dan ritmo y oficio: la literata, la intelectual, la historiadora, la periodista, la documentalista, la lexicógrafa, la académica de la lengua, la filóloga y la investigadora.

Su voz narrativa está también llena de gestos. Por lo general muy diáfana; al fondo siempre aguda, introspectiva y cavilosa; a ratos tan recóndita que toca los abismos… y, desde luego, cultísima: porque es una mujer de muchas huellas.

Hay en su escritura (y esto es algo que me intriga) una suerte de resonancia mórfica; es decir, de consigna transversal sobreviviente que parece transmitirse (o heredarse), texto a texto: un conflicto domestico inconcluso, una gesta o gestión falsificada, un episodio arrinconado por el tiempo… que la autora de novelas tan emblemáticas como Libertad en llamas, En el corazón de la noche o estas Cartas apócrifas, reconstruye y habilita una manera de dar substancia prioritaria a las mujeres. Sí, a las mujeres, que son quienes, en sus obras, suelen llevar y traer sus repertorios.

Y si ya solo esto es notable, está también el lenguaje. Una manera de contar curiosamente “arbórea”: que se va ramificando y dando vástagos (objetos paratextuales, intrahistorias coloquiales y una variedad de engranajes retóricos, en apariencia dispersos), pero técnicamente entrelazados a un tronco estructural. 

Giovanna Benedetti, poeta

Gloria Guardia de Alfaro era una dama a carta cabal.  Poseía una gran inteligencia y una humanidad sin límites.  Sabía reconocer el talento y correspondía con una amistad sin manchas ni condiciones, siempre dispuesta a orientar, a compartir, a valorar.  Así lo fue con los maestros y los jóvenes.  Panamá pierde a una gran escritora y a una gran mujer de oro puro y filigrana.  Su erudición era impresionante. La magnitud de su obra, de su espíritu y su fina sensibilidad son las cualidades de los seres y de las albas perdurables. 

Javier Alvarado, poeta

Gloria Guardia era una magnífica ensayista y una gran crítica literaria.

                   Omar Jaén Suárez, historiador y geógrafo

Siempre fue una mujer muy entusiasta en todas las cosas que hacía, especialmente en la literatura. Cuando me presenté a ella como quien había obtenido el Premio Ricardo Miró en 1990, se abalanzó sobre mí con un beso y un abrazo efusivo, me honró con palabras emotivas hacia la obra y me instó a continuar escribiendo porque llegaría a hacer muchas cosas importantes en las letras panameñas. Nunca he olvidado ese momento.

                        Rogelio Guerra Ávila, escritor

Gloria Guardia nos hará mucha falta a todos, su partida es una noticia difícil de asimilar

Cuando nos conocimos ya no recuerdo cuando, sentí que hablaba con una persona dulce y muy sencilla; muy pronto nos dimos cuenta de que teníamos mucho en común. Gloria tenía el don de hacerte sentir especial, pero efectivamente compartíamos nuestro gran cariño hacia Nicaragua, compartíamos también historias familiares comunes ya que ambas tuvimos abuelos que fueron amigos y caudillos liberales destacados a comienzos del siglo 20, el presidente liberal José Santos Zelaya de Nicaragua y Belisario Porras de Panamá.  Como panameñas nos preocupaban siempre las buenas y malas noticias de nuestro terruño, pero, sobre todo, cuando tenía la suerte de poder verla, disfrutábamos de la buena tertulia con ella, pero sobre todo de su calidez personal. Descansa y disfruta de tu nueva paz Gloria, te extrañaremos mucho por aquí.

                             Marisabel Aramburú, antropóloga

LAS FIEBRES DE LA MEMORIA


Por Mariela Sagel, Vida y cultura, La Estrella de Panamá, 5 de mayo de 2019

     Cuando creíamos que nada de la escritora nicaragüense Gioconda Belli nos sorprendería, después de su portentosa obra reunida en novelas, memorias, poesías, ensayos y hasta cuentos para niños nos llega “Las fiebres de la memoria”, una novela de amor, misterio y aventura, con la prodigiosa habilidad que tiene la autora de reinventarse una identidad y darse una segunda oportunidad.  La obra fue presentada por la periodista, también nicaragüense, María Lourdes Pallais, junto a la escritora, en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) y desglosa la verdad de sus antepasados, en la que su padre fue hijo de una relación fuera del matrimonio y a los 18 años él, su padre, se da cuenta de que la que pensaba que era su madre, era su abuela y el que pensaba que era su hermano, era su padre.  Parece un galimatías, pero la lectura de la novela es fluida como la prosa que “la Belli” exuda.

     La autora pescó un hilo y fue tirando de él hasta construir una historia narrada con habilidosos y sugestivos recursos a pesar de que las circunstancias en que se originaron los hechos representaron un gran escándalo en la corte francesa del siglo XIX y de allí viene el origen de su progenie.

LA NOVELA

     Narrada en primera persona y por una voz masculina, la trama real no se revela hasta bien avanzada la aventura de escape del conde Charles Choiseul De Praslin en el año 1847 de la corte de Luis Felipe I de Orleans, rey de Francia.  Acusado de haber acabado con la vida de su mujer, Fanny, De Praslin (o sus acólitos) fingen un suicidio y es así como logra escapar.

     Primero va a la isla de Wight, en Inglaterra, al otro lado del Canal de la Mancha, donde conoce a personas muy interesantes, y una de ellas le inculca el interés en la botánica y medicina natural.  Cuando se entera que se sospecha de su fingida muerte en su país natal y temeroso de ser descubierto y decepcionar a sus nuevos amigos, se marcha con su siempre leal criado Ibrahim a New York, desde Liverpool, no sin antes reunirse con el depuesto rey francés y toda su familia en Claremont House, que gozaban de la hospitalidad que la Reina Victoria dispensada a la familia real una vez derrocado Luis Felipe en 1848.  En New York conoce al Comodoro Vanderbilt, que lo convence de embarcarse en la aventura de encontrar una ruta corta de una costa estadounidense a la otra, a través de Nicaragua, –lejos de la “malsana” Panamá–, para llegar a California e imbuirse en la fiebre del oro en California. En esa ciudad también encuentra la verdad de la muerte de su esposa al reunirse con la que fue su amante, Henriette.

     El protagonista de esta novela es un personaje muy complejo, lleno de contradicciones y como tiene que vivir dos o tres vidas, fingiendo que no tiene descendencia (dejó 9 hijos en Francia), que es un burgués (siendo un aristócrata) afloran en él sus relaciones complicadas con las mujeres, a las que indirectamente culpa de sus desgracias.

     Una vez embarcado en la expedición de Vanderbilt, conoce a un estadounidense que viaja a Granada, entonces asentamiento principal en Nicaragua, y éste lo convence de quedarse en ese país por las ventajas que les ofrecían a los extranjeros.  Charles (que ahora se llama Jorge) no está exento de caer con malaria y gracias a su previsión de aprovisionarse de medicamentos, la quinina hace su efecto y se cura.

     Nuestro personaje queda subyugado por la belleza exuberante del trópico y también por una mujer viuda que le corresponde y al final forman una familia en Matagalpa.  No dejan de sorprenderme los recursos narrativos que Belli utiliza, su prosa pulida, cuidada y delicada.  Extrapolando lo que se hizo en la remodelación reciente que han sufrido algunas de nuestras joyas arquitectónicas en referencia a enterramientos de antiguos guerreros, rescato esta frase: “El dinero no respeta la historia, ni los huesos de los héroes”.

     Jorge y Margarita tienen descendencia y le siguen atormentando al antiguo conde su pasado y la mentira en la que tiene que vivir y muchas veces quisiera sincerarse con su mujer, pero no lo hace y cae en la melancolía.

     La escritora relató cómo fue su proceso de documentación, la investigación, que la llevó a la Biblioteca Nacional de Francia. También vio una película sobre el caso con Bette Davis, “All this, and heaven too” –“El cielo y tú”, – la historia de un conde enamorado de una institutriz, lo que indica que fue un caso muy sonado, fue un escándalo enorme en la Francia de 1847. Le fascinó revivir la Revolución Francesa, el proceso de lo que fue, por la analogía con Nicaragua. “En el sentido de que se da una gran revolución que cambia la historia de la humanidad, en el caso de la Revolución Francesa, pero que inmediatamente después viene todo lo contrario. El terror, Napoleón, el imperio… Pasan de una monarquía a un imperio, vuelve la monarquía… Les toma cien años al menos llegar realmente a la conformación de la República” le dijo Belli a Marta Ailouti de El Cultural, en octubre pasado en su paso por España. También se imbuyó de información sobre la desilusión que fue la revolución para su antepasado y también para los nicaragüenses, que viven sometidos hoy día a una gran presión migratoria, que conduce a reinventarse, preguntarse de dónde venimos y mirar un futuro en otro lugar de donde se ha nacido.

GIOCONDA BELLI

     Gioconda Belli ha obtenido varios premios, como el Premio Biblioteca Breve y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela “El infinito en la palma de mi mano” (2008).  Otras de sus obras más sonadas es la icónica novela “La mujer habitada”, que también recibió el Premio de los Libreros, Bibliotecarios y Editores a la Novela Política del Año y el Premio Anna Seghers de la Academia de las Artes.  Sus otras novelas memorables son “Sofía de los presagios”, “Waslala”, “El pergamino de la seducción”, “El país de las mujeres” y “El intenso calor de la luna”.  Sus memorias se recogen en “El país bajo mi piel” que recrean la época sandinista que ella endosó con entusiasmo.  Tiene varias antologías poéticas y una colección de ensayos, así como cuentos para niños.

La escritora nicaragüense Gioconda Belli

     Francia le concedió el título de Chevalier de las Artes y las Letras y es la presidenta del PEN Nicaragua. 

     Gioconda ha vivido fuera de su país muchos años y comprende muy bien cómo la identidad del que emigra cambia, cómo la voz existe en otro idioma, y que hay una parte de uno que no está. Esa experiencia la ayudó a ponerse en el pellejo de sus protagonistas y lograr reconstruir una identidad.

     Reclama que ella es un poco introvertida, y que la escritura y ahora las redes, la ayudan a comunicarse y estar en contacto con sus seguidores de su muro de Facebook, o por otros medios.

     De las mejores frases que leí en esta magnífica novela está “Hay una extraña dignidad en la escritura” y “El acto de escribir tiene un efecto civilizador para la conciencia”.  Eso, refuerza, nos permite reflexionar y al hacerlo el pensamiento sale mucho más acabado.  “Ese pensamiento que usas todos los días para relacionarte con la gente tiene un proceso de purificación a través de la palabra”