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A 29 AÑOS DE LA INVASIÓN

Por Mariela Sagel, El Siglo, 17 de diciembre de 2018

     El jueves 20 de diciembre se cumplen 29 años de la infame invasión estadounidense a nuestro país, que se llamó “Just Cause” y que muchos panameños aplaudieron y dieron la bienvenida. Desde hace dos años existe una comisión debidamente constituida que busca colocar, en su debido contexto, esta acción asesina hacia nuestro pueblo.  Nadie se explica cómo tuvieron que enviar 26,000 hombres a buscar a uno solo (Manuel Antonio Noriega) que, encima, no encontraron,sino que se asiló en la Nunciatura Apostólica y después se entregó.  Los destrozos causados a las ciudades, la indiferencia en tomar posesión de la seguridad interna, como es el deber de los invasores, permitió que se diera un saqueo vergonzoso que hizo quebrar muchos negocios.  Pero lo más lamentable, la pérdida de vidas humanas que todavía, a casi tres décadas de esta masacre, no sabemos a cuánto ascienden.

     No nos debe extrañar que nuestro actual e indolente gobernante se refiera a esa acción bélica como necesaria y hasta la pondere.  Ya vimos cómo, frente a un auditorio internacional habló de los tratados canaleros omitiendo el nombre, por el simple prurito de no mencionar que se llaman Torrijos-Carter.

     Es urgente reflexionar sobre la invasión y sus causas, sobre las promesas incumplidas de los invasores en restaurar nuestra economía y en los responsables de tan indigna solución para un problema interno que tenía un solo culpable.  Recientemente murió el expresidente George H. W. Bush, que fue quien ordenó esta acción bélica y que fue recibido con animadversión cuando pretendió visitar Panamá dos años después.  Más de una generación ha pasado desde que esto ocurrió y es muy importante que, así como se les enseña a los muchachos la historia de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos, se les incluya el relato de esta innecesaria y cruel violación a la soberanía de nuestro país.

LEGALISMOS

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 16 de diciembre de 2018

     En este país del istmo centroamericano, donde pareciera que la bonanza nunca se aleja (para algunos) y en el cual contamos con un sistema de metro, rascacielos que hacen palidecer de envidia a la ciudad estadounidense de Miami y el uso del dólar americano, –aunque últimamente éste se está viendo escaso, siendo suplantado por las odiosas monedas de 1 balboa (equivalentes a 1 dólar) sin que tengamos claro qué clase de extorsión nos quiere aplicar ahora la Oficina del Tesoro de los Estados Unidos— batimos récord por apegarnos a los legalismos.

     Desde el 11 de junio de este año y casi a diario, se estuvo celebrando el juicio contra el expresidente Martinelli, luego de que Estados Unidos lo deportara (lo habían apresado justo un año antes, el 12 de junio, y sometido a vejámenes que él solamente le había deseado a sus peores enemigos,como grilletes en los pies).  Se constituyó un tribunal de imputación con un juez de garantías (el magistrado Jerónimo Mejía) y un fiscal en la figura del también magistrado Harry Díaz.  Como coincidencia, cuatro días antes de que el expresidente fuera deportado a Panamá, renunció a su curul como diputado del Parlamento Centroamericano, ese mismo que él había catalogado, al inicio de su mandato como “una cueva de ladrones” y donde se fue a refugiar apenas salió de la presidencia para garantizarse inmunidad.  Como buen chapucero que es, la renuncia tuvo que ser “subsanada de forma” y no se atendió sino hasta fines de junio del presente año, cuando ya habían empezado las audiencias en la Corte Suprema de Justicia (CSJ). La renuncia perseguía que no lo juzgara el máximo tribunal de justicia sino un tribunal de juicio.

     Desde el inicio, el comportamiento del reo del Renacer, aparte de las tambarrias recurrentes que le daban cada día de por medio, y en las que exigía que lo llevaran a un centro hospitalario privado, su actitud iba desde el bravucón que ha sido desde que iba al Colegio a La Salle, al llorón que se convirtió por sus altibajos de ánimo, pasando por el lector que ostentaba con orgullo libros que en su vida se ha leído. Ahora que recapitulo, y gracias a una entrevista que me hizo Telemetro en mi casa, donde mostré los libros de los escritores Juan Eslava Galán y Santiago Posteguillo, éste último ganó el premio Planeta en octubre,considerado el nobel español, tanto por el prestigio como por el monto, le comenté al autor recientemente, cuando deambulaba por la FIL Guadalajara escoltado por dos gladiadores romanos, la inesperada publicidad que habían tenido sus libros.

     Durante seis meses, las audiencias del preso del Renacer acapararon la atención de los panameños y desgastaron a sus víctimas, que asistieron religiosamente a ver el “realit yshow” que se montaba en la CSJ.  De repente, uno de los magistrados que estaba por salir ya de esa desprestigiada instancia judicial puso a circular un proyecto de fallo en el que declina competencia en el caso del juicio que se le estaba siguiendo y en una votación sin precedentes, realizada el pasado viernes 7 de mayo, un día antes de la celebración del Día de la Madre (que en Panamá coincide con la celebración dela Inmaculada Concepción), se saca del ámbito donde se había estado deslindando la culpabilidad o inocencia de este señor y se manda a la justicia ordinaria, osea, ante un tribunal de juicio.  A la fecha no están claras varias aristas de este espinoso asunto:  si todo lo actuado y recabado por el Juez de Garantías va a tomarse en cuenta o se va a descartar, si le sumarán el tiempo que ha pasado en la cárcel, tanto en Panamá como en Estados Unidos a la eventual condena que reciba –si lo condenan, porque todos sabemos que el poder económico de Don Ricardo es infinito, como infinitas son las pruebas de que la justicia en Panamá está en estado catatónico y es corrupta– y para colmo, si lo dejarán participar en las elecciones del próximo año.  No se había acabado de divulgar la noticia dela “corrección fraterna” que se le aplicó al juicio de Martinelli cuando han salido toda clase de voces autorizadas anunciando que este señor va a ser el compañero de fórmula del candidato de su partido franquicia, el CD.

     En lo personal creo que podrá haber sido ilegal que la CSJ lo estuviera juzgando, pero es inmoral que esos mismos magistrados y otros destacados abogados (y personas no duchas en materias legales) no hayan advertido, desde hace seis meses, que la Corte no era competente en este caso.  Ni las víctimas de los pinchazos, ni el resto de la población, que estuvo pendiente del show montado, merecen ese irrespeto.

*Legalismo se define como “Formalismo legal excesivo”.