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UN DEBATE CULTURAL

Puente de las Américas, a la entrada del Canal de Panamá
Puente de las Américas, a la entrada del Canal de Panamá
Mi humilde opinión del domingo pasado, sobre la integración de una autoridad que conjugue las actividades culturales con el turismo levantó tantas opiniones que me reafirma lo que debe ser un debate trascendental para nuestra identidad como país, resumiendo algunas ideas expresadas por mis amables lectores.

Si bien es cierto que anteriormente estuvieron funcionando juntos la cultura y el deporte y el modelo no fue exitoso, Fernando Manfredo establece que desde los tiempos que él iba a la universidad, lo que no funciona se repara, y que esa reparación no está en la fusión. Eduardo Pazmiño ahondó más señalando que como país, debemos estar claros dónde estamos, de dónde venimos y hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos; hecho éste que implica una racionalización en el uso de los recursos escasos. Si lanzas medidas en el vacío, no hay posibilidad real de evaluarlas. Peor aún, la mera presentación de posiciones genera disputas que roban energías necesarias para lograr los objetivos que las necesidades requieren, pero que los actores desconocen. Señala que el tema invita a una discusión seria sobre CULTURA, ya que de la misma emana la riqueza, determinación y fortaleza nacional.

Fernando Arias Chiari apuntó que no debemos temerle al ensayo ya que las opciones son: Puede que mejore con la unión o en el peor de los casos, no empeorará. Raúl Leis, con esa sapiencia que lo caracteriza advirtió que una cosa es conjugar (eso está bien) y otra cosa es subordinar (que no está nada bien). Mi propuesta se inclina por la primera. La incansable Alexandra Schjelderup me ilustró ampliamente sobre lo complejo del sector. En todas partes se están elevando los institutos de cultura a ministerio o por lo menos a alguna institución que pueda negociar en el gabinete el desarrollo de programas intersectoriales (en temas como la prevención de la violencia, por ejemplo) a costo compartido de ministerio a ministerio. En un valioso documento me indicó los ejes transversales que son comunidad, turismo, nuevas tecnologías, y educación y apunto a que el concepto de cultura = patrimonio monumental = turismo, fue ya una experiencia fallida en Panamá en los años 70. En resumidas cuentas, no todo lo turístico es cultural, pero mucho de lo cultural no es turístico y con una lógica de contención de gasto público, es claro que cuando haya que decidir donde meter la plata, se votará por el desfile de las mil polleras en detrimento de la publicación de los premios Miró, que son en definitiva, los retratos de nuestra identidad nacional.

No puedo citar a todos los que opinaron sobre el tema, pero exhorto, inclusive al Ministro de Gobierno, que se hizo eco de mi tema en virtud que ahora rige los destinos de la banda republicana, a que la orientación del debate vaya por allí, y que se haga de manera abierta y consensuada. No creo que entre las prioridades del nuevo gobierno esté el tema cultural, pero si se va a hacer algo, que se haga seriamente. Carlos Fong, promotor del INAC remató el intercambio con la opinión de una estudiante panameña en España, y su desencanto por el desconocimiento de nuestros autores en eventos en la cuna de nuestro idioma. El autor de la defunción de la cultura apunta atinadamente que ofrecer un paquete turístico cultural no es una propuesta para una política cultural coherente y la diferencia entre el turismo cultural y la identidad cultural la ponderó en el marco de la reconstrucción epistemológica de las ciencias sociales. Para esto advierte que no se puede experimentar con la institucionalidad de la cultura. Existen tensiones entre la diversidad y la universalidad en el marco de la homogenización de las manifestaciones culturales.

Ahora, la bola está en la cancha de nuestros recién estrenados gobernantes.

CONJUGANDO TURISMO Y CULTURA

Avenida Balboa con el café Squirt a la derecha
Avenida Balboa con el café Squirt a la derecha
En declaraciones recientes, el presidente electo señaló que las actividades culturales que hace el estado (léase INAC) se fusionarían con las de la Autoridad de Turismo (IPAT) y no han faltado voces de alarma ante esta posibilidad así como tímidas defensas a un modelo organizativo como tal, que incluya ambas entidades en una sola. Se ha llegado a decir que estamos ante la defunción de la cultura y levantado toda clase de argumentos en público y en privado contra esta posibilidad.

En lo personal, no lo veo ni bien ni mal, sino todo lo contario. Alegar que en otros países, algunos mucho más desarrollados culturalmente que nosotros, este modelo trabaja bien, es sustentar la propuesta sobre bases endebles. Uno debe apoyar o rechazar los cambios (y ahora que entraremos en un período donde se han prometido los mismos hasta en la manera de caminar) en la medida que avancemos o retrocedamos como país sino ver con luces largas lo que le conviene al país.

Si bien es muy cierto que las manifestaciones artísticas que impulsa la Autoridad del Turismo son esencialmente para promover la riqueza étnica del país, también lo es que ese organismo del estado ha hecho poco o nada para incluir en su oferta o sus diferentes mercados, tanto las actividades que se dan a nivel de danza, arte, literatura, precisamente porque cada uno está en lo suyo y no estudian la sinergia que puede haber entre ambos pilares. Igualmente, el turismo que llega a Panamá es muy variado, está lo estrictamente turístico (conocer y paseas por nuestras ciudades y visitar las playas) al turismo de negocios e inclusive el de compras. Sería interesante conjugar todas esas actividades en una. De repente funciona y los extranjeros, que llegan no solo vengan buscando el sol y el canal, sino también visitando los museos o asistiendo a eventos culturales de todo tipo.

No veo tan descabellada la idea. Por años, el Instituto de Cultura ha funcionado no solamente con un magro presupuesto sino circunscrito sus actividades a apoyar estructuras obsoletas y empujar desfasados programas que necesitan de muchos recursos para innovarse. En entrevista reciente el pintor argentino que reside en nuestro país, Juan Carlos Marcos, señaló que sus recursos solamente satisfacen la planilla de la institución y no está lejos de la realidad. El INAC que creó Omar Torrijos y ejecutó con mucho tino Jaime Ingram ya no es el ente dinámico que ellos tuvieron en mente. Sobrevive por el esfuerzo de unos cuantos pero su accionar se ve muy limitado. Paralelamente, otras entidades que promueven la cultura, como son los museos de arte, del canal, Explora, la Biblioteca Nacional, Panamá Viejo y similares, han demostrado ser exitosos funcionando como un patronato, apoyados financieramente por empresas privadas y hasta por países extranjeros.

En años recientes las actividades turísticas se han disparado y las cifras que han arrojado como resultado de su atractivo son más que alentadoras. Beneficiaría mucho a la cultura el tener los recursos del turismo, pero para eso habría que tener una perfecta sincronización.

Es así como llego a la conclusión que no debemos adelantarnos a oponernos a un modelo de fusión que puede que sea bueno para Panamá, sin antes estudiar sus pro y sus contra y cómo podríamos beneficiarnos todos y ofrecer un paquete turístico cultural que enaltezca nuestras manifestaciones más variadas sin demeritar la una y la otra. Lo que se impone es un cambio de actitud dentro de nosotros mismos, para elevar el nivel cultural de la población y seguir siendo el país dinámico y de avanzada que hemos llegado a ser, culto y educado que aspiramos.