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Prioridades del “cambio”

29 de Agosto de 2010

Una reciente publicación del Cato Institute’s Center for Global Liberty and Prosperity, firmada por el coordinador de proyectos para América Latina, Juan Carlos Hidalgo, enuncia en un informe que hay una gran desilusión en Panamá del gobierno liderado por Ricardo Martinelli. El artículo, titulado Dissapointment in Panama, hace un cuidadoso detalle de las expectativas que había creado su estruendosa campaña pro mercado abierto versus los resultados un año después.

Llama la atención que, entre los primeros señalamientos que hace del tema, va directo a criticar la construcción del ‘lavish’ (fastuoso) rascacielos que se pretende erigir en la avenida Balboa, en donde ha estado ubicada, desde su construcción, la Embajada de los Estados Unidos. Esa Torre Financiera, que quiere romper record como la más alta de América Latina, es objeto también de serios cuestionamientos de parte de muchos sectores de la población, quienes se preguntan con qué argumentos se nos puede convencer que se justifica su construcción, justo al lado de un edificio tan histórico como importante, como lo es el Hospital Santo Tomás.

Poca atención le he parado al proyecto en sí, de tantos temas que a diario nos abruman y a los cuales hay que meterles cabeza, pero muy recientemente recibí la opinión de una versada amiga que me preguntaba cómo se haría para mantener dentro de esa torre tanto oficinas de gobierno como valiosas propiedades, sobre todo por el pésimo mantenimiento que el Estado hace de sus bienes. Añadía ella, con cierta sorna, que en poco tiempo se convertiría en un muladar y que para reparar algo se tendría que esperar que ya no sirviera irremediablemente.

Cuesta creer que un edificio de 70 pisos, en un terreno que está atestado de calles de dificultoso acceso, pueda ser mayormente público, funcione eficientemente y no vaya a explotarle una planta eléctrica o tenga un escape de gas —que se han puesto tan de moda—, sin que la bola donde apoya sus botas Vasco Núñez de Balboa acabe enterrada en medio de la bahía.

Bella Vista ha debido preservarse como un barrio ícono, tal como lo ha hecho Manhattan con sus avenidas Quinta y Park, sin que ello les reste a los rascacielos ni agresividad, ni pujanza. Los servicios en la avenida Balboa están al borde del colapso y los estacionamiento no se han previstos en las áreas existentes, a menos que la Cinta Costera entera se convierta en un inmenso estacionamiento soterrado, que no se inunde a la primera lluvia con marea alta.

Hagamos el ejercicio de enumerar los múltiples beneficios que se le podría dar al edificio de la Embajada americana y a lo mejor, con lista en mano, podremos hacer caer en cuenta al gobierno que es un despropósito empeñarse en hacer algo que no va a remediar nada y que hay muchos problemas urgentes que resolver antes de erigir fastuosos edificios que ofenderían a un país que ya de por sí ve una silueta de ciudad que no le pertenece, y que en la misma capital conviven dramáticos contrastes entre los pocos que mucho tienen y los muchos que poseen poco.

Las grandes ciudades son famosas por sus bien planificadas avenidas, parques, paisajes, aceras y nomenclatura. Ya mencioné a New York, Paris tiene a los Champs Elysses y Montmatre, Londres su Hyde Park y la Tower of London, Shanghai ha creado una magnífica y bien planificada área financiera e infraestructura apropiada acorde a su transformación como ciudad del primer mundo, Río de Janeiro su Copacabana, Washington D.C. su Georgetown y los maravillosos jardines que permiten los cerezos en flor. Sin embargo, ninguna de estas ciudades se creó en un período de gobierno, fueron muchos gobernantes y hubo continuidad y sentimiento de patria, mediante acciones programadas, visión de futuro y leyes que se cumplen, con ciudadanos comprometidos en poner de su parte, porque ven el dinero de sus impuestos bien invertido.

Tal pareciera que, durante esta gestión, el afán por romper records antecede a las necesidades reales que tiene la población.

El Cato Institute no es precisamente una organización de izquierda sino todo lo contrario, es conocido por impulsar un estilo de gobierno limitado, la apertura de mercados y la paz social. En próximos artículos seguiré detallando sus señalamientos.

Las zapatillas del pueblo se están tornando horribles

Decir misa

23 de Agosto de 2010

La Procuradora separada, Ana Matilde Gómez

En esos duros términos se refirió el presidente Martinelli a las declaraciones de la procuradora separada Ana Matilde Gómez, una vez conocida su condena. Y es que nuestro primer mandatario no se caracteriza precisamente por tener un léxico lleno de adjetivos, sino todo lo contrario, ha dado cátedra de chabacanería y desprecio por el buen verbo. La misma respuesta la dio recientemente el cantante colombiano Juanes, que ha celebrado varios conciertos por la Paz, ante las críticas que le hizo el músico argentino Fito Páez de que sus conciertos son un negocio, señalando que él (Juanes) sabe lo que hace y que los demás “ya pueden decir misa”. ¿Será que nuestro mandatario sabe muy bien lo que hace no sólo él sino lo que hacen sus cercanos colaboradores?

Pero del juicio, sus vicios y también de sus consecuencias inmediatas y futuras, mucho se ha dicho y se dirá. Concentrémonos ahora en lo que pueda ocurrirnos directamente a cada uno y que seguramente la mayoría de los usuarios no saben que está pendiente desde la apertura de las telecomunicaciones. Me refiero a la “portabilidad numérica” y que es la simple transferencia del mismo número de teléfono que uno tiene con un proveedor y se cambia a otro proveedor por mejores ofertas, precios o cualquiera otra razón.

Han sido ya varios los intentos por llegar a tener esa portabilidad numérica, establecida mediante la ley de telecomunicaciones y que debió empezar a regir desde el mismo día que se abrió el mercado, el uno de enero de 2003. Esa rebuscada expresión que pocos entienden y todos los que tenemos derecho a ella ignoramos, ya tiene una mora de siete años.

El caso no es nuevo, en otros países del área, como Argentina, las autoridades obligaron a los operadores a brindar este servicio de forma gratuita, no solamente en la telefonía móvil, sino hasta en la fija. Lo consideran, tal como debe ser, un derecho, toda vez que al cambiar de número de teléfono se pierden clientes, en caso que sea un teléfono comercial. Se acaba de celebrar la licitación para proveer el servicio y estamos a la espera del resultado. Hubo una licitación anterior y tuvo que ser declarada desierta al detectarse irregularidades. Mientras tanto, seguimos en mora con el servicio. ¿Se dirá otra vez que podemos decir misa y se escogerá a los que ya se tienen designados?