Archivos de la categoría opinión

UN EJEMPLO DE COMPLEMENTO

affiche_2009Siguiendo con el tema de cultura y turismo, he tenido la oportunidad de vivir la delirante actividad que se desarrolla en Montreal, Canadá, en época de verano, entre otras, el festival de jazz, que este año cumplió su aniversario número 30. Del 30 de junio al 12 de julio la ciudad se ha volcado en actividades que se realizan al aire libre, desde el mediodía hasta pasada la medianoche.

Bandas de todas partes del mundo y figuras legendarias como Stevie Wonder, Wynston Marsalis, John Pizzarelli, los Van Van de Cuba, Jazzing Flamenco, Al Di Meola, Chucho Valdés y Tony Bennett, entre muchos otros, fueron el gran atractivo de una ciudad que tiene dos estaciones: la de invierno y la de construcción.

Aparte del delirio que se apodera de Montreal en estos días, los hoteles, mobiliario urbano (avisos en las paradas de buses), restaurantes, tiendas y demás se han hecho eco de tan singular evento. Los escaparates están decorados con el tema del festival, que este año tiene un logo más que atractivo y el merchandising aprovecha hasta el último recurso para dejar su sello inolvidable, de los que propios y ajenos no se pueden excluir.

De las cosas más interesantes que encontré en este revival que tiene a Montreal de escenario es el auspicio de entidades, tanto públicas como privadas, que no solamente brindan su patrocinio sino que montan sendos escenarios para que las bandas y artistas se presenten. Rio Tinto Alcan (empresa de aluminio), Bell, GM (al borde de la quiebra), SAQ (la versión pública del Felipe Motta de acá), TD Bank y Loto Quebec son apenas algunas de las responsables de la divulgación y puesta en escena del festival. En cada hotel, en cada restaurante, en cada esquina está el programa para que nadie quede exento de contaminarse con la música magistral y los sonidos del jazz. La mayoría de las presentaciones son gratuitas y hay cafés instalados en la Place des Arts para que, además de un evento musical, se convierta en un punto de encuentro y un destino familiar, como lo pueden ser los malls en nuestra versión criolla.

En los últimos años se ha hecho un gran esfuerzo por celebrar en Panamá un festival parecido y el mérito se le debe indiscutiblemente a Danilo Pérez. Entiendo que el jueves 9 de julio participó este insigne músico en una reunión en la Biblioteca Nacional, donde se elevó a debate el tema de la integración de las actividades culturales con las turísticas. Es probable que no me entere de los resultados antes que mande este artículo pero estoy segura que por la calidad de los participantes, la idea de complementar sin subordinar va por buen camino, tal como he tratado de aportar en mis dos artículos anteriores.

Pero no todo es música en esta ciudad, también hay competencia de fuegos artificiales, festival de la risa, festival de cine, y todos permean no solo a los visitantes sino a los habitantes y estudiantes, familias y hasta mascotas. La municipalidad entiende lo de “ser cultos para ser libres” como señaló José Martí. La organización de eventos como puede ser la Feria Internacional del Libro no significa, como en nuestro país, un evento de un grupo de intelectuales o cretinos que leemos, sino una oportunidad para proyectarse al mundo entero y ofrecer entretenimiento sano y edificante a los residentes y visitantes. En vísperas de la gran fiesta cultural que se celebrará del 19 al 23 de agosto, adoptemos con orgullo “Todos a leer” para que seamos parte de esa gran masa de panameños que queremos avanzar hacia ser un pueblo educado y también libre.

UN DEBATE CULTURAL

Puente de las Américas, a la entrada del Canal de Panamá
Puente de las Américas, a la entrada del Canal de Panamá
Mi humilde opinión del domingo pasado, sobre la integración de una autoridad que conjugue las actividades culturales con el turismo levantó tantas opiniones que me reafirma lo que debe ser un debate trascendental para nuestra identidad como país, resumiendo algunas ideas expresadas por mis amables lectores.

Si bien es cierto que anteriormente estuvieron funcionando juntos la cultura y el deporte y el modelo no fue exitoso, Fernando Manfredo establece que desde los tiempos que él iba a la universidad, lo que no funciona se repara, y que esa reparación no está en la fusión. Eduardo Pazmiño ahondó más señalando que como país, debemos estar claros dónde estamos, de dónde venimos y hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos; hecho éste que implica una racionalización en el uso de los recursos escasos. Si lanzas medidas en el vacío, no hay posibilidad real de evaluarlas. Peor aún, la mera presentación de posiciones genera disputas que roban energías necesarias para lograr los objetivos que las necesidades requieren, pero que los actores desconocen. Señala que el tema invita a una discusión seria sobre CULTURA, ya que de la misma emana la riqueza, determinación y fortaleza nacional.

Fernando Arias Chiari apuntó que no debemos temerle al ensayo ya que las opciones son: Puede que mejore con la unión o en el peor de los casos, no empeorará. Raúl Leis, con esa sapiencia que lo caracteriza advirtió que una cosa es conjugar (eso está bien) y otra cosa es subordinar (que no está nada bien). Mi propuesta se inclina por la primera. La incansable Alexandra Schjelderup me ilustró ampliamente sobre lo complejo del sector. En todas partes se están elevando los institutos de cultura a ministerio o por lo menos a alguna institución que pueda negociar en el gabinete el desarrollo de programas intersectoriales (en temas como la prevención de la violencia, por ejemplo) a costo compartido de ministerio a ministerio. En un valioso documento me indicó los ejes transversales que son comunidad, turismo, nuevas tecnologías, y educación y apunto a que el concepto de cultura = patrimonio monumental = turismo, fue ya una experiencia fallida en Panamá en los años 70. En resumidas cuentas, no todo lo turístico es cultural, pero mucho de lo cultural no es turístico y con una lógica de contención de gasto público, es claro que cuando haya que decidir donde meter la plata, se votará por el desfile de las mil polleras en detrimento de la publicación de los premios Miró, que son en definitiva, los retratos de nuestra identidad nacional.

No puedo citar a todos los que opinaron sobre el tema, pero exhorto, inclusive al Ministro de Gobierno, que se hizo eco de mi tema en virtud que ahora rige los destinos de la banda republicana, a que la orientación del debate vaya por allí, y que se haga de manera abierta y consensuada. No creo que entre las prioridades del nuevo gobierno esté el tema cultural, pero si se va a hacer algo, que se haga seriamente. Carlos Fong, promotor del INAC remató el intercambio con la opinión de una estudiante panameña en España, y su desencanto por el desconocimiento de nuestros autores en eventos en la cuna de nuestro idioma. El autor de la defunción de la cultura apunta atinadamente que ofrecer un paquete turístico cultural no es una propuesta para una política cultural coherente y la diferencia entre el turismo cultural y la identidad cultural la ponderó en el marco de la reconstrucción epistemológica de las ciencias sociales. Para esto advierte que no se puede experimentar con la institucionalidad de la cultura. Existen tensiones entre la diversidad y la universalidad en el marco de la homogenización de las manifestaciones culturales.

Ahora, la bola está en la cancha de nuestros recién estrenados gobernantes.