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La importancia de reciclar

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com

En todas las instancias se insiste lo importante de reciclar y, en nuestro país, sin mucha cultura al respecto, ciertos productos y también algunas empresas se han estado ocupando del tema.

Para que todos estemos al tanto de lo que significa el término, el mismo se define como “someter a un proceso fisicoquímico y/o mecánico a una materia o un producto ya utilizado a un ciclo de tratamiento total o parcial para obtener una materia prima o un nuevo producto”. Otra definición es “la obtención de materias primas a partir de desechos, introduciéndolos de nuevo en el ciclo de vida y se produce ante la perspectiva del agotamiento de recursos naturales, marco económico y para eliminar, de forma eficaz, los desechos”.

El símbolo de reciclaje es un triángulo verde compuesto de flechas que van dando vueltas. De la manera más doméstica, en nuestro país las personas conscientes de la importancia de reciclar llevamos los periódicos a centros de acopio, separamos y destripamos las latas de aluminio para ponerlas por separado en donde se coloca la basura y en algunas ocasiones, los más enterados, separan los vidrios de los plásticos.

En países avanzados, como puede ser Canadá y Estados Unidos, existen reglas muy estrictas para, al disponer de la basura, en un tambucho se coloque el papel, en otro los plásticos, en otros las latas y en otros los vidrios. Lo que no se recicla son los desperdicios de comida, sea cocinada o cruda y el “foam”. Aún cuando en lugares públicos como el aeropuerto de Tocumen existen esos tambuchos y cada uno tiene un color, no hay una homologación de colores que permita al conocedor de todo el sistema de reciclaje identificar dónde tiene que depositar determinado desperdicio. Y la razón es muy sencilla: 15% de los hombres son daltónicos (no identifican un color de otro).

Sin embargo, hay una nueva tendencia en el tema del reciclaje, que está impulsando el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y es simplificarlo a dos tambuchos: uno donde vayan los desechos orgánicos y en el otro los materiales que se pueden reciclar.

En nuestros países eso puede ser aplicable desde el hogar -especialmente enseñando a los niños y las empleadas domésticas- la importancia de segregar qué va en uno y en otro. Luego eso va a las bolsas que recoge el Municipio y de allí a Cerro Patacón. Creo que es una manera muy amigable para no solo crear conciencia de la importancia de reciclar, sino ofrecer trabajo a los llamados pepenadores para que separen lo que se debe reciclar y se lleve a los lugares correspondientes.

Es urgente empezar a adoptar desde el hogar estas prácticas edificantes porque los recursos se agotan y hay que crear conciencia que la naturaleza nos lo agradecerá.

Hechos son amores

MARIELA SAGEL*

“Hechos son amores y no buenas razones” dice del más sabio de los refranes españoles, y por allí se van “por bulerías” como ellos mismos dicen, para criticar a Rodríguez Zapatero tildándolo que ejecuta una legislatura de ruptura.
Sin embargo yo quiero referirme al hecho bienvenido de la designación de Roxana Méndez como primera Ministra del Interior, que fue anunciado por el presidente Martinelli, lo que llena de alegría al género al que pertenecemos además que, a las que la conocemos, sabemos que es bien merecido el nombramiento no solamente por la lealtad que ella ha mantenido desde el inicio con el partido al que pertenece y su cabeza, así como supo separarse a tiempo de una gestión municipal que nos tiene hundidos en la basura y en la inmundicia, al punto que el ministro de Salud ha decretado una alerta sanitaria a nivel de la ciudad.

Roxana tiene además la muy formada experiencia de haber dirigido una fundación que ha sido exitosa y ha sentado precedentes, los que nadie le va a escatimar, sabe de las necesidades del pueblo y no le adornan, precisamente, premios de baile por hacer su trabajo sino todo lo contrario, un compromiso muy grande en una posición de tanta relevancia y responsabilidad. Enhorabuena por ese nombramiento, lo que sumará una cara bonita y fresca y con clase al gabinete.

Otro hecho interesante que se da en esta semana pestilente es la anunciada implementación de la llamada Ley Zanahoria, que debe su nombre a que fue Antanas Mockus, hoy candidato a presidente de Colombia, que la puso en ejecución en Santa Fe de Bogotá cuando era alcalde. Y los resultados le dieron vuelta a la tuerca. De ser la ciudad más peligrosa del país ahora es una perla de cultura, decencia y buenas maneras. Y simplemente la Ley Zanahoria ordena que cierren los bares y el expendio de licores a las 2 de la mañana.

Enseguida pitaron los dueños de bares y restaurantes, que si el turismo se va a ahuyentar, que si la seguridad jurídica. Vale más la seguridad de nuestros hijos y de nosotros mismos y hasta de la fuerza pública que es la que tiene que velar porque estemos a salvo y, si queremos parrandear, salgamos temprano. Lo que pasa es que se ha hecho costumbre salir tarde a los bares. Una de las veces que fui a Bogotá en misión oficial, nos reuníamos a cenar temprano y cerca de las 11 ya estábamos todos bien portaditos en nuestras habitaciones. Y de eso dan fe mis compañeros de viaje, comisionados de la policía, funcionarios del ministerio tanto de Gobierno como de Relaciones Exteriores y periodistas, que nos acompañaron a negociar una repatriación de insurgentes del vecino país.

Esta ley no solamente debería aplicar a los bares y lugares públicos, también debe ser ley para las fiestas privadas. Hay áreas sociales de condominios donde a veces hay que llamar a la policía bien entrada la madrugada porque los decibeles no dejan dormir al vecindario entero y mientras más alta la música, más altos los gritos. A la gente le encanta oírse y si tienen que competir con la música, pues más alto hablan.

Apoyo con denuedo esta iniciativa del Ministro Mulino y ojalá que sea realidad pronto. Escuchaba en un programa de radio que en los barrios populares las cantinas abren a las 10 de la mañana, entonces, ¿qué hacen expendiendo licor a las 12 de la noche?

Los hechos demuestran que bien pensados, pequeñas acciones y decisiones como éstas, en medio de esta locura, dan una luz de esperanza para que algo cambie mientras todo sigue igual (bien dicho por Lampeduza en su laureado libro El Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie” y que los que nos mandan a veces dejen de ser testaferros de los espurios egoísmos de los que los rodean.