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UNA DECISIÓN IMPERDONABLE

Por Mariela Sagel, El Siglo, 5 de agosto de 2019

     El viernes a última hora nos enteramos de que se le negaba a la Fiscalía Especial Anticorrupción una prórroga por parte de un Juzgado Penal para continuar con la investigación que esa instancia del Ministerio Público llevaba en torno a uno de los escándalos de corrupción más sonados en los últimos años:  el que involucra a la constructora brasileña Odebrecht, que tantas obras de infraestructura ha construido en Panamá desde 2006, desde el Metro hasta el aeropuerto de Tocumen.

     Este fallo impedirá que los fiscales investiguen a dos gobiernos, sin incluir al que acaba de concluir, que seguro debería haberse sumado a la investigación porque hay pruebas más que evidentes de que continuaron con la contratación de esta empresa.

     No me queda claro si esta negativa a seguir investigando es un cuento chino que nos están echando para enterrar de una vez por todas el caso de Odebrecht, o la incapacidad manifiesta del Ministerio Público de culminar con las pesquisas.  No recuerdo un solo caso resuelto por esta procuradora, que cada vez que quiere llamar la atención hace una pataleta mediática, se victimiza y todo el mundo corre a socorrerla y excusarla por su incapacidad.

     Según publicaciones especializadas, Panamá (y en este caso el Ministerio Público) no ha cumplido con lo que se ha solicitado a nivel internacional sobre el asunto.  Se señala que “Panamá se resiste a cumplir con investigación Lava Jato” y puso al descubierto que nuestras autoridades contestaron tardíamente o solo con una fracción de la solicitud que hicieran los brasileños.

                En abril del año pasado se le otorgó a la fiscalía un año para continuar con las “complejas” investigaciones, como calificaron a la oficina de instrucción.  Después vinieron con el cuento de que el caso presentaba un avance de 80% y se ponía la fecha de abril 2019 para culminar las pesquisas.  Ahora nos encontramos que la Fiscalía no solicitó otra prórroga.  Todo esto nos deja un mal sabor en la boca y un legado de impunidad imperdonable.

COMUNICACIÓN DESDE EL GOBIERNO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 14 de mayo de 2017

Una de las fallas que tiene la actual gestión gubernamental es la referente a la comunicación que emana desde el gobierno, y por eso se forman los zaperocos a los que ya nos estamos acostumbrando.  En sus inicios se produjo el “efecto Castalia”, que fue el resultado de que la conocida presentadora de televisión migrara con casi todos los periodistas que trabajaban con ella, hacia las oficinas gubernamentales.  No pasaron 18 meses cuando la aguerrida coclesana volvió a coordinar el noticiero matutino, pero el resto de los que la siguieron –como al flautista de Hamelin– están desperdigados en diferentes instituciones.

El gobierno no se da cuenta –o no quiere darse cuenta – la importancia que tiene una comunicación clara y oportuna, que es una poderosa herramienta para generar no solamente apoyo a una gestión, sino para ejercer gobernabilidad, informar de manera adecuada lo que acontece –y vaya que estos últimos 12 meses ha pasado de todo – y hacer un control de daños adelantándose a que los demás hablen. Es la manera en que los políticos le informan a sus simpatizantes y hasta sus opositores, que están presentes, trabajando, haciendo lo que deben hacer, para lo que fueron electos o designados. Rendir cuentas de los presupuestos que se les asignan, anticiparse a las crisis y no mirar para otro lado cuando viene el golpe.

Siempre se tiende a pensar y a criticar la gestión de un político, por el prurito de ser o no afín a él, y ahora, con las redes sociales, la cosa se está volviendo una batalla campal con acusaciones que cada vez suben más de tono.  No entiendo qué hace la oficina de comunicación del estado: las crisis más recientes por la que hemos atravesado, específicamente en abril del año pasado, cuando se dieron a conocer los #PanamaPapers y ahora en medio de las investigaciones de Odebrecth han sido enfrentadas con una tibieza que raya en la desidia y los principales voceros del gobierno –léase ministros, directores de instituciones autónomas y hasta el mismo presidente y vicepresidenta – optan por bloquear a un determinado periodista, como si el problema fuera el mensajero y no el mensaje.

Si vemos lo que pasa en otros países, el vocero del presidente o primer ministro emite responsablemente boletines periódicos porque es una obligación informar a la sociedad lo que está haciendo, así sean solamente letrinas.  Es necesario que se le informe a la población con veracidad y no con burlas (como la más reciente, del Ministro de Obras Púbicas, que alegó que nunca había caído en un hueco, como si la ciudad de Panamá no pareciera un campo de Marte) porque se les dio la oportunidad de representarnos en esos cargos, si no, no estarían en esas posiciones.

Está probado que implementar una buena estrategia de comunicación de gobierno le reduce a un político y su grupo un 50% de su trabajo y la inversión en futuras campañas y nos permite a nosotros, los electores, saber cuáles son las personas idóneas para representarnos.  Pero aquí se hace todo al revés: no se implementa un buen control de daños y cuando éste se produce, corren a contratar campañas carísimas de proveedores internacionales y nunca se conocen sus resultados (caso #PanamaPapers).

La Universidad de Panamá, con apoyo de la Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y la George Washington University ha estado dictando diplomados internacionales desde el año 2009 sobre gobernabilidad, gerencia política y gestión pública a través del Centro de Políticas Públicas y Transparencia de esa casa de estudios.  No hay que inventar nada, sino aceptar la responsabilidad de los cargos, dar la cara y sobre todo, dejar la burla a la inteligencia del más humilde de los panameños.  Como si no transitáramos por las calles y sufriéramos cada vez que caemos en un hueco, como si no sintiéramos que la ciudad es cada vez más peligrosa (el ministro aduce que es “percepción”) como si el costo de la canasta básica no subiera a diario, como si el país estuviera volando porque un chiringuito de cuatro mesas está lleno (“inventores de crisis” nos llamaron) como si no nos diéramos cuenta del jueguito en que anda el Ejecutivo y la Corte, para que no se investiguen de verdad los chanchullos de la gestión Martinelli, de la cual formaron parte por 26 meses los mismos que hoy nos gobiernan.