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¿HASTA CUANDO CON LOS INSULTOS?

Por Mariela Sagel, El Siglo, 9 de abril de 2018

      Como me encuentro lejos de Panamá y parte del proceso de vacaciones es el de desconectarme del estercolero que allá se vive, trato de no leer noticias y de enterarme de lo mínimo necesario para no amargarme la existencia.  Pero siempre me llegan las glosas de La Llorona y los comentarios por WhatsApp de mis amigos además de que de vez en cuando me meto en Twitter.

Es así como me he enterado de que Panamá finalmente tomó cartas en el asunto de las relaciones con Venezuela.  Aunque no ha sido una postura ejemplar, ya que la política exterior de este gobierno dista mucho de saber qué hacer y en el momento que debe hacerlo, seguramente el mayor freno que tuvo el presidente para llegar a ese punto de ruptura fueron los intereses de los dueños de Copa.

También he sabido que finalmente avanza el proceso de destitución de los directores d la Junta Directiva del Canal Corcione y Mizrachi. Por paviolos. Personas como ellos, que no les interesa cumplir con el honor que se les confiere al nombrárseles a tan distinguidos cargos no merecen estar allí.  Distan mucho de estar a la altura y es obvio que fueron allí a hacer negocios.  Los trabajadores deberían exigir, en esta coyuntura, que se nombre a un representante en ese sector, como en antaño hubo.  Sin ellos la vía interoceánica no funcionaría.  Es justo que estén representados, y con dignidad.

Pero lo que más me ha disgustado, en la corta distancia donde me encuentro, es la mamarrachada del ex viceministro Zarak en Twitter.  Se le nota la amargura que tiene porque a su esposa no la ratificaron como magistrada para seguir gozando de estar en posición de poder después de que esta deleznable gestión acabe. Pero eso de mandarnos a “mamar” si no nos gustaba que sus hijos tengan ya la camiseta de la Copa Mundial de Fútbol demuestra la clase de individuo que es.  Parece que insultarnos por Twitter es algo endémico del Ministerio de Economía.

Despidiendo a los amigos

 

Por Mariela Sagel, 8 de abril de 2018, La Estrella de Panamá

La película animada Coco ganó hace un mes el Oscar a la mejor en su categoría, y realmente uno se regocija al verla. A pesar de ser una serie de Disney, exalta las tradiciones mexicanas del Día de Muertos y rescata los valores familiares y los lazos de amistad. Cuando transcurría la ceremonia anual de la Academia y se dio a conocer el veredicto se escuchó entre el público, con mucha alegría, ‘Viva Mexico!’.

Uno de los aspectos que más me cautivó de este film fue el que el muerto se terminaba de morir cuando sus parientes o amigos lo olvidaban, en el mundo de los vivos. Y recordé el pregón que siempre dice mi admirado Andy Vega, Domplín, en su escuchado programa de radio, ‘morimos cuando se nos olvida’.

Y cuánta coincidencia hay en esto que dice Domplín, y en lo que muestra la película de Disney, que es un portento de animación. Creo que nunca había disfrutado tanto una película animada en mi edad adulta como ésta. Y aunque se trata de olvidar a los muertos, a los vivos también se les olvida, generalmente por la forma en que se comportaron en determinado momento, o por sus deleznables acciones. Es más fuerte el olvido que el rencor.

Los diplomáticos que vienen a servir a sus países en el nuestro hacen fácilmente amistades porque a los panameños todavía nos encandila de que sea un/a embajador/a que nos convide. Acabamos de vivir una lamentable experiencia con el gringo que enterró su incipiente carrera comprando un cuento a la DEA y emprendiéndola contra las empresas del señor Abdul Waked, obligando a pasar a este medio de comunicación por un ‘asedio’ de 17 meses en que el estuvo a punto de cerrar y tuvo que reducir su fuerza laboral a la mitad. Y todavía se dio el lujo de montar su propio ‘reality show’, que lo llevó al extremo del ridículo.

Pero hay representantes diplomáticos que no olvidamos y con los que la mayoría de las veces, mantenemos largos y sostenidos contactos y eventuales reencuentros, como es el caso personal que la semana entrante me llevará a reunirme con Patrick y Annie Boursin, que fue un ejemplar embajador de Francia en Panamá y que lo celebró con todos cuando su país ganó la Copa Mundial de Fútbol en 1998, siendo además sede de ese popular deporte. Patrick y Annie no solo fueron los finos anfitriones que todos esperan que sean los representantes de Francia, sino que respaldaron decididamente las artes en sus manifestaciones pictóricas y literarias, especialmente cuando realizamos en Taboga el homenaje a Paul Gauguin, en 2003, al cumplirse los 100 de su muerte en lo que fue un sitio de paso del pintor impresionista. Se enseñó a pintar a los niños de la escuela como Koke, y los artistas panameños no solo revivieron un monolito en la casa que se dice él habitó en su breve paso por la isla de las flores, sino que le dejaron un gran homenaje en un mural público.

Ahora nos toca despedir a Francisco Cruz, que como su tocayo el Papa también tiene el mismo sobrenombre y que ha servido a su país, Chile, por cuatro años. Pancho no solo se involucró en temas comerciales e institucionales sino que creó una diplomacia ‘del vino’ que llegó a auspiciar una ‘Guía del vino’; se involucró con los medios de comunicación y la literatura ofreciendo un respaldo absoluto al Forum de Periodistas y a la Cámara del Libro, trayendo representantes de Chile en los eventos que realizan anualmente, como el Premio Nacional de Periodismo y la Feria del Libro. También fue vital su apoyo cuando vino el escritor chileno Carlos Franz a presentar su novela ‘Si me vieras con tus ojos’; cuando Miguel Littin, el mítico cineasta, visitó nuestro país por invitación de la Fundación Omar Torrijos, y tuvo la bendición de servir de anfitrión en dos ocasiones del ex presidente Ricardo Lagos.

No recuerdo otro embajador chileno que haya dejado tantas huellas en todos los campos como lo ha hecho Pancho, decididamente respaldado por la cautivadora Paola, su esposa. Se ganaron la amistad y el cariño de muchos. Los logros que alcanzó su gestión seguramente serán medidos por varios parámetros y las cifras de presencia de Chile, tercer usuario del Canal de Panamá hablarán por sí solas. En lo que a mi respecta, siento una profunda admiración por la labor incansable de este joven diplomático y la alegría de saber que se quedará entre nosotros trabajando, para tener a Chile y Panamá ‘más cerca que nunca’.