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TÁCTICAS OBSOLETAS

Por Mariela Sagel, 6 de agosto de 2018, El Siglo

La campaña electoral ya arrancó y veremos mucho lodo en redes, medios de comunicación y hasta peleas entre amigos y parientes.  Debemos estar conscientes de que no podemos ni debemos permitir que una campaña afecte amistades de muchos años o lazos familiares inquebrantables.

Leía con interés el domingo en La Estrella a uno de mis compañeros de las columnas de opinión, don Samuel Lewis Galindo, –que a sus más de 90 años sigue aportando y dando luces sobre ética–, que los candidatos de hoy usan las mismas tácticas de hace 70 años.  La diferencia, le aporto yo al distinguido columnista, que rememoraba unas notas que había escrito su padre, es que ahora cualquier pelafustán agarra un teléfono “inteligente” para insultar al que menos uno se espera.  La inteligencia debería estar en las personas que usan ese teléfono, pero por el abuso de ese aparatito, se está diluyendo y perdiendo la poca inteligencia que tiene el usuario en insultos, diatribas, sacadera de trapos y demás.  Esta semana leía un ataque que el secretario de metas de este agonizante gobierno (¡al fin!) le dirigía a un expresidente. Aquí se aplica muy bien lo que definió el gran educador argentino Domingo Faustino Sarmiento, que la ignorancia es atrevida. Y de ignorantes estamos llenos en las redes.

Debemos sentarnos a tratar los temas políticos con la cabeza fría y sin pasiones.  Pensar que una palabra mal dicha, un ataque mal intencionado puede reventarnos en la cabeza en lo que uno menos piensa.  Muchos creen que las redes son las que marcan las tendencias ahora, pero en realidad es la réplica de lo que sucede en las redes lo que hace la noticia.  Por eso yo no dejo de escribir columnas que orienten y traten de impartir docencia y decencia.  Es mi contribución a que nuestro país no se hunda más en la inmundicia al que nos han llevado estos políticos improvisados.

 

 

ENTENDIENDO EL MENSAJE

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 5 de agosto de 2018

Ahora que todo el mundo se cree que puede opinar sobre cualquier tema, siempre y cuando tenga un teléfono inteligente (pareciera una contradicción, porque el inteligente debe ser uno para saber cómo usarlo, y no como abusar de él) me llegó un video muy atractivo producido por la Casa del Cultura Ecuatoriana, titulado “Cría cuervos”.  Es subyugante el mensaje porque empieza estableciendo que “La cultura es el eje transversal de toda transformación revolucionaria”.  El video dura unos 4 minutos y su planteamiento es, básicamente, que el expresidente ecuatoriano Rafael Correa no atendió lo que esa institución de gestión cultural, que es autónoma, le planteó en su momento.

La Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) funciona desde el año 1944 y tiene su sede principal en la ciudad de Quito.  También tiene sedes en casi todas las provincias del país y sus objetivos son el de coadyuvar al desarrollo de los derechos culturales y principios programáticos, enmarcados en la política pública cultural del Estado ecuatoriano.

Como en Panamá estamos en pañales en temas culturales, y ahora que se acerca la Feria del Libro, evento cultural de excelencia en nuestro país, me puse a indagar qué hace esa institución. Fue fundada por Benjamín Carrión, cuyo nombre aparece al inicio del video, y entre sus funciones, la más importante a destacar es “Orientar el desarrollo de la cultura nacional y universal, estimular su conocimiento y difundir los valores de la cultura ecuatoriana en el ámbito nacional e internacional”.  Benjamín Carrión fue un escritor, político, diplomático y promotor cultural.

La CCE no es parte del Ministerio de Cultura y Patrimonio, y sin embargo de ella dependen varios museos, teatros, salas de cine, convoca premios, organiza conciertos y toda una variedad de actividades culturales.  Algo muy importante es que tiene valiosos archivos de documentos, películas, videos y temas relacionados.  Carrión tenía la firme creencia de que en la cultura hay una fuerza superior que podría levantar la moral del país.

Pero el mensaje que quería mandar el video, de impecable factura, era un reclamo del anterior director de la CCE al expresidente Rafael Correa y su llamada Revolución Ciudadana, pues aparentemente éste no le hizo caso a sus sugerencias y no le dio al pueblo “la oportunidad de abrir su corazón a la cultura” y por tal razón, los cuervos que crio le sacaron los ojos.

Según lo que pude leer en torno a la polémica que se suscitó en torno a ese video, la noción de cultura que todavía maneja la CCE es trasnochada, excluyente y paternalista, similar a la que maneja el Ministerio de Cultura y Patrimonio, de acuerdo con los polemistas.  Llama la atención que ese país tenga dos instituciones poderosas que lidien temas culturales y nosotros no llegamos a tener ni una.  La ley que rige al Instituto Nacional de Cultura nuestro (INAC) es de 1974 y urge que sea replanteada, revisada y actualizada.  Si en Ecuador señalan que la noción de cultura que se maneja es trasnochada, excluyente y paternalista, no quiero ni intentar definir la panameña, de repente no es ni noción.  El INAC tiene a cargo varios museos y teatros y todos se están cayendo, además que sus funcionarios carecen, en su gran mayoría, de la formación para conducir tan importantes instituciones.  Solamente recordemos lo señalado por una señora que fungía (espero que ya no) como directora del Museo Nacional de Historia, que decía categóricamente que allí se enseñaba sobre la Guerra de los Dos Mil Días (la guerra duró mil días) y que los tratados fueron firmados en 1968 (la firma se efectúo en 1977).

Urge que nos replanteemos nuestra noción de cultura, lo que entendamos de ella y para qué sirve.  Especialmente en este año preelectoral, cuando ya han empezado las campañas proselitistas y cuando es muy fácil prometer para no cumplir después.  En la gestión del preso del Renacer se aprobó en la Asamblea Nacional una Ley de Cultura, con la idea de crear un Ministerio de Cultura.  Es muy bonito decirlo, exigirlo y pedirlo, todos los días aparece cualquier/a cantamañanas alegando que es la solución a nuestros males, pero la mayoría no saben ni se imaginan qué es ni para qué sirve.  Seremos capital cultural iberoamericana el año entrante y ni siquiera tenemos la infraestructura para realizar una mínima cantidad de eventos que esto involucra.