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Las Cosas que no nos dijimos

Mariela Sagel

El título me sedujo sin conocer nada del autor. Llegó en un momento en el cual sentía que se me quedaron cosas por decirle a mi ex marido, que recién había fallecido. Me las ingenié para conseguir la edición española y el esfuerzo valió la pena. Posteriormente me puse a investigar sobre el autor y me llevé agradables sorpresas.

Marc Levy está catalogado como el autor más leído de Francia. Tiene otras obras que tengo pendiente encontrar si están traducidas, especialmente porque no leo en francés, pero parece que hay una constante en su narrativa: el romance. No se considera un escritor romántico sino un hombre romántico. Ha publicado desde el año 2000 con repetido éxito y su primera novela ¡Ojalá fuera cierto! fue llevada al cine por el director Mark Waters. No se hubiera imaginado ser escritor si no fuera porque una noche, cuando ya su hijo tenía 9 años, como acostumbraba a diario, le estaba leyendo un libro. El chico le dijo que prefería ver la tele, por lo que decidió escribirle para cuando creciera.

Fue socorrista de la Cruz Roja y vivió en los Estados Unidos dirigiendo una empresa de diseño digital hasta que volvió a Francia, donde lo involucraron hasta con Cecila Sarkozy –como su amante— lo que niega rotundamente y se lo achaca a los opositores del Presidente francés. Tiene una interesante pinta de galán de cine y actualmente vive en New York, ciudad donde se lleva a cabo casi toda la trama de ‘Las Cosas que no nos dijimos’, además otras escenas que se desarrollan en Montreal y Berlín. Los relatos en torno a la más cosmopolita ciudad de la provincia de Quebec son sobrecogedores y tan vívidos que de alguna manera me hacen ser un poco sesgada en esta nota, toda vez que es una de mis ciudades preferidas.

El libro empieza con una cita de Albert Einstein, a quien considera un genio además de un tipo con un peculiar sentido del humor. En una entrevista que apareció en la prensa española con motivo de la edición de Planeta España citó una frase de Einstein que decía que “hay dos cosas que son infinitas, el universo y la estupidez humana, aunque sobre la primera todavía tengo mis dudas”. Yo me identifico con ese pregón y hasta agregaría que “la naturaleza humana se envilece cuando dota de poder a la ignorancia”. La trama es totalmente inusual pero rebosa de aquellos sentimientos que muchas veces un malentendido orgullo nos hace adoptar durante nuestras vidas una actitud de no decir lo que sentimos por aquellas personas que queremos, aunque nos hagan la vida de cuadritos.

Julia, la protagonista principal, va a casarse y no espera que su padre asista a la boda. Justo unos días antes de celebrarse la ceremonia recibe el anuncio que su padre, de quien se había alejado desde que tenía 18 años, ha muerto. Posteriormente le espera una sorpresa en su departamento del Lower Manhattan que la dejará perpleja –y a nosotros también— y tiene entonces la oportunidad de recorrer todos los caminos y averiguar el por qué de todos los silencios que mantuvo su progenitor con ella durante toda la vida.

Montreal le ofrece la oportunidad de volver a la iglesia donde la bautizaron –la Basílica de Notre Dame— y encontrar a quien fuera el amor de su vida en un retrato al carbón de una dibujante de esas que se apostan en la Plaza Jacques Cartier. Berlín es utilizada por Marc Levy como el escenario perfecto para recrear una reconciliación, ya que vuelve sobre los años al día maravilloso donde se encontraron el este y el oeste y el muro cayó. Las alegorías son estupendas y los diálogos y escenas todavía más. Acabé el libro en lágrimas, convencida que no debemos pasar por este mundo sin decirle y repetirle a los que queremos cuánto los queremos, y no posponer decir o hacer aquellas cosas que pueden hacer felices a los que amamos.

Termino de hacer este escrito mirando en la televisión el funeral del Presidente Guillermo Endara. He podido evaluar cómo la desaparición de una figura que jugó un papel protagónico tan importante en la historia política de nuestro país ha causado tan genuino dolor entre la población. Y siento que a don “Cuchungo“, en vida, se le dijeron muchas cosas y ojalá que sus más allegados sientan que no se les quedaron otras sin decir.

Portada del libro de Marc Levy
Portada del libro de Marc Levy
Foto del autor francés, Marc Levy
Foto del autor francés, Marc Levy

Semana de mediciones

MARIELA SAGEL*

La semana que recién acabó se cumplieron los 100 primeros días del gobierno de Ricardo Martinelli y en todas partes, en todos los medios, y de todas las plumas y todos los grupos han salido evaluaciones que dan para entretenernos en su lectura un buen par de días. También se dieron a conocer los ganadores de los premios Nobel, ese codiciado galardón que desde 1901 entrega la Academia Sueca. De la misma forma, el Programa de Naciones Unidas presentó el informe de los índices de desarrollo humano al que me he referido en artículos anteriores, confirmando que en Panamá estamos haciendo cada día menos patria al dejar que decaiga el nivel educativo y cultural de la población.

Cuatro mujeres obtuvieron este año el Nobel, en Literatura, Medicina y Química, algo altamente representativo para el género, toda vez que en 108 años, solamente 35 galardonados, de un total de 789 ganadores, han sido mujeres (el 4.4%).

La ganadora del Nobel de Literatura es una alemana nacida en Rumania, Herta Müller, de 56 años de edad, quien estudió filología germánica y románica y emigró por razones políticas, por sus historias sobre las personas privadas de derechos ciudadanos y lucha por la libertad de expresión en su país antes de la ejecución de Nicolás Ceaucescu. Con este premio la academia sueca rinde un particular homenaje a quienes lucharon contra la opresión el año del vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín, decía uno de los cables internacionales que daban cuenta de la noticia. Se quedaron con las ganas los eternos aspirantes, Mario Vargas Llosa y Philip Roth, entre otros. De la obra de Müeller se dice que es merecedora de tan altísimo reconocimiento por “ cómo, gracias a su concentración de poesía y franqueza, ha descrito el paisaje de los desposeídos ”.

Pero esta semana también se midieron otras fuerzas, se entregaron otros premios, se rindieron otros reconocimientos: Uno de ellos fue la dedicatoria que recibí de parte del poeta César Young Núñez, en una edición de sus crónicas en un volumen titulado “ La memoria es una extraña campana ” como parte de la Biblioteca de Autores Panameños, que ha estado publicando la Editorial Portobelo. En dicho volumen, bellamente ilustrado en su portada por una obra del artista Mario Calvit y cuyo título lo toma prestado de Emily Dickinson, coloca un “ Pabellón de la Amistad ” y me honra en formar parte de ese selecto grupo de 20 de sus amigos.

María Mercedes de Corró, autora de la biografía de Gabriel Lewis Galindo, “ Hasta la última gota ”, me dedicó un par de horas para relatarme lo que representó hacer ese valioso trabajo.

Y también el talentoso pintor panameño, Aristides Ureña Ramos, quien vive y pinta en Florencia, presentó una extraordinaria exposición titulada “ Cartolline ”, donde refleja las diferencias creadas durante el “ gold roll “ y “ silver roll ”, en la época de la Zona del Canal y la humillación que recibían los panameños empleados allí, así como ahonda en temas históricos, reflejando a un Victoriano Lorenzo en su afán guerrillero. Sus personajes siempre están en actitud solitaria, casi que metidos a la fuerza en el lienzo, alejados de la realidad. Este artista presentó un video titulado “ Perpetua ”, que también gira alrededor de la presencia estadounidense en nuestro país, y que corre de forma simultánea en la galería de arte. Pero lo más loable de su visita es el rescate del mural que pintara Daniel Richards en 1971 en la sede del Instituto Panameño de Habilitación Especial en Santiago, lugar de donde es oriundo el pintor. Precisamente su ayudante en esa labor pictórica fue el pintor Ureña Ramos.

Y de cómo hemos avanzado o retrocedido en un año, desde la medición anterior del IDH, pensemos en la frase lapidaria que me hizo llegar recientemente Daniel Pichel, junto a una caricatura: “ Todo mundo piensa en dejar un planeta mejor para nuestros hijos.. Cuando lo que debería pensar es en dejar mejores hijos para el planeta ”. El libro de César Young, la labor de Chelle de Corró y la muestra de Aristides Ureña nos dan por lo menos una voz de aliento en este Panamá que nos ha tocado vivir.

Foto de la ganadora del Premio Nobel de Literatura, Herta Müller
Foto de la ganadora del Premio Nobel de Literatura, Herta Müller
Portada del libro de César Young Nuñez
Portada del libro de César Young Nuñez
Biografía de Gabriel Lewis Galindo, Hasta la Ultima Gota
Biografía de Gabriel Lewis Galindo, Hasta la Ultima Gota