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Sin placas no hay paraíso

18 de julio de 2010

Panamá se está distinguiendo, de entre todos los países del mundo, por carecer de placas de circulación o identificación vehicular. En buen panameño, si un conductor comete un delito, no hay manera de rastrear el auto, a menos que los sofisticados sistemas de seguridad del Estado ya tengan un GPS instalado —sin nuestro conocimiento— en nuestras licencias o cualquier otro dispositivo.

Las placas son responsabilidad del Municipio y, según he investigado, la gestión anterior dejó la casa en orden para que todos tuviéramos esa identificación que hace unos años, por decisión de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre, nos clavó con una imagen de un sistema de transporte que nunca llegó a realizarse. Es muy peligroso no tener esa identificación y no todos mostramos el papel que nos da la autoridad competente en la ventana del auto, mucho menos los agentes se toman la molestia de verificarlo.

El burgomaestre, que ya no puede ir más abajo en las encuestas de aceptación entre sus propios electores, porque tendría que ser submarino para hacerlo, ante la botada que le dio el presidente, descubrió, ¡oh sorpresa! después de un año, que su antecesor le había dejado, supuestamente ‘las arcas vacías’. Eso quiere decir, para la gente medianamente inteligente, que por un año el tipo no miró ni lo que había recibido, ni mucho menos hizo su trabajo. Quiso romper un record Guinness en la Cinta Costera y la convirtió en una sucursal de Cerro Patacón. Adjudicó casi un millón de dólares en consultorías que, honestamente, cuando veo los nombres de los beneficiados, podría decirle al oído, no me ayudes compadre.

Su renuencia a renunciar se convirtió en cinismo, que ya ni siquiera da risa, sino que ofende. Lo que se muestra en su acto de aferrarse al puesto contra todo y contra todos es el desmembramiento del partido que lo postuló, que lo nacionalizó y que ahora lo quiere reemplazar sin perder el espacio, porque sabe que el avasallamiento del disco compacto que le viene va a ser peor que una aplanadora y quedará fuera de la papa.

A estas alturas del partido, aferrarse a la excusa que no se tenía experiencia en el manejo público es un atrevimiento. En la Alcaldía de la Ciudad Capital se ha registrado el 10% de los despidos masivos que se han dado en el gobierno, especialmente en puestos que no son los gerenciales, —mismos que ahora el alcalde ha pedido sus renuncias—, personas con gran experiencia en la gestión municipal, que tanta falta hace.

En una caricatura se mostraba al alcalde con varias patas, como el pulpo Paul, haciendo ver que no tenía suficientes para meterlas todas y creo que se quedó corto el autor de la misma. La Alcaldía capitalina se le entregó mediante una transición ejemplar, sistemática y, sobre todo, electrónica, donde todo estaba registrado; y eso fue hace más de un año y por espacio de dos meses, donde hubo abrazos y manifestaciones de apoyo de parte y parte. Y que conste que el alcalde anterior tuvo a una Contraloría hostil a cuestas durante sus dos períodos.

Como la ignorancia es atrevida, montarle una campaña sucia al señor Juan Carlos Navarro por culpa de la incompetencia del señor Vallarino ya raya en lo ridículo. Pero peores cosas he visto en este tortuoso año y, la verdad, ya nada me sorprende por el descaro y desparpajo como se han estado haciendo las cosas y se ha ido ‘a balazo’ hacia una dictadura civil con altas dosis de racismo y ofensa y, sobre todo, violación de los derechos humanos.

Ceder la Alcaldía al Chucky legislativo va a ser otra burla y una abierta violación a la Ley, además que será peor para el agonizante partido arnulfista seguir perdiendo ese espacio donde camina como en un entramado de tablas carcomidas por la polilla. La polilla del poder a todo trapo. A lo mejor le toca considerar al inmenso burgomaestre lo que escuché en el Cañonero de Domplín que le ofrecerían: ser embajador extraordinario y plenipotenciario de Panamá en el reino mágico de Walt Disney. ¿Por qué no? Allí seguramente rompería un record, lo que le encanta: ser el primer panameño en presentarle sus credenciales a Micky Mouse.

Cábalas políticas

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com
El Siglo, 12 de julio de 2010

Apenas se supo la sentencia de Manuel Antonio Noriega en Francia, se inició el tradicional juego cabalístico de los panameños: fue un 7 del séptimo mes y lo condenaron a 7 años. Supongo que los billeteros agotaron sin esfuerzo todas las composiciones que el número siete podía tener.

Dice el refrán que “el que no conozca la historia está condenado a repetirla”. Algunos lo atribuyen a Napoleón Bonaparte y otros al español Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana. El 10 de julio de 2010 se cumplían 23 años del Viernes Negro, brutal represión que ejecutaron las enardecidas Fuerzas de Defensa contra los que participábamos de la Cruzada Civilista. Un día como ese, precisamente cuando escribo este artículo, se acaban de producir actos violentos de represión contra los que defienden el derecho a protestar. Ayer iniciamos una vigilia en el Parque Andrés Bello en apoyo a los sindicalistas que han sido avasallados, heridos y nadie sabe cuántos muertos, en Changuinola.

Este clima de protestas ha ido in crescendo después de la sanción a la “ley chorizo” y se fue acrecentando la semana pasada, en varios escenarios: los sindicalistas iniciaron una huelga en las bananeras por las reformas laborales, los comunicadores tomaron acciones en defensa a la libertad de expresión ante la injusticia contra el periodista Carlos Núñez, a quien le sacaron un caso ya prescrito para guardarlo en la “chirola” (uso los mismos términos que acostumbra decir el presidente) y evitar que siga haciendo oposición; la sospechosa maniobra migratoria y supuestamente fiscal contra el periodista Paco Gómez Nadal y más recientemente, la forma como fue tratado el reportero gráfico Mauricio Valenzuela. Posiblemente, cuando esta nota vea la luz, habrá más casos que citar.

Lo que hace 23 años fue posible -el aglutinar a todo un pueblo ante la opresión- sin contar con los medios electrónicos con los que hoy contamos, no quepa duda que ahora será imparable. Si a Paco lo ponen fuera de nuestras fronteras, él va a seguir escribiendo y si ningún medio impreso local lo publica, lo harán los internacionales, y no necesariamente virtuales. No será posible que a Panamá se le corte su conectividad porque a través del istmo pasan todos los cables submarinos que permiten las telecomunicaciones. Si hace 23 años el fax fue un arma muy poderosa, ahora el Internet, el Facebook, los chats y los celulares son imparables.

Así que a hacer sus cábalas y apostar al ganador, que es la democracia y el pleno goce de los derechos humanos, con valentía.