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El premio “Ñopo”

Domingo, 20 de junio de 2010
MARIELA SAGEL*
marielasagel@gmail.com
20 de Junio de 2010, La Estrella de Panamá

Hace unos días asistí, por invitación de la Fundación Eleta, al lanzamiento del Premio de Prensa Fernando Eleta Casanovas, que se otorgará anualmente a los mejores trabajos periodísticos publicados en el término de un año, que resalten el Patrimonio Cultual y el Patrimonio Natural de Panamá.

Esta iniciativa, a menos de un año de la inesperada muerte del inolvidable amigo ‘Ñopo’ Eleta, que partió demasiado pronto y demasiado aprisa, tiene el propósito de honrar su memoria por parte de sus padres y hermanos. Lo hace bajo un convenio con el Centro Latinoamericano de Periodismo (CELAP), quienes serán los organizadores del mismo. Loable iniciativa que no nos dejó indiferentes cuando ‘Bati’, su hermana, explicó a los presentes, no solo los propósitos de vida de su entrañable hermano, sino el compromiso que tiene su familia para preservar su memoria de la manera en que él mismo lo hubiera hecho: capacitando periodistas que ejerzan con responsabilidad su oficio.

Aparte de los considerables montos que serán destinados para premiar la excelencia periodística, tanto escritos, radiofónicos, como televisivo y multimedia, los jurados internacionales que calificarán los trabajos que se inscriban serán designados por el Smithsonian Tropical Research Institute (STRI), ramal del Smitshonian Institution que está establecida en nuestro país desde 1923 —para los premios de patrimonio natural— y por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para los premios correspondientes a Patrimonio Cultural. ‘Ñopo’ fue el Representante Alterno de nuestro país ante dicha institución, desde el 2005 hasta el día de su fallecimiento.

Como orador de fondo del almuerzo, donde se sirvió un delicioso pollo ‘A la Ñopo’, estuvo el experto en gestión cultural y desarrollo, docente e investigador, Gerardo Neugovsen, quien destacó ‘la importancia del periodismo responsable para permear la sociedad en todos sus estamentos y capas’. Ante la inevitable masificación de la comunicación, éste —el periodismo responsable— ‘cobra mayor importancia para que cada individuo pueda construirse una imagen de la realidad cercana y lejana’. A su vez, destacó que ‘es esencial que el periodismo sea crítico con su propia práctica y acción’ y que ‘es necesario que el periodismo panameño se sume activamente a iniciativas como ésta, participando de propuestas como la presentada por la Fundación Eleta, proponiendo temas, investigando con sentido crítico y enriqueciendo así su propia acción profesional’.

‘Ñopo’, desde la Gloria donde esté, posiblemente comiendo pixbae y riéndose con esa sonora risotada que siempre alegraba a quienes trataba, estará complacido de esta magnífica iniciativa que han tomado sus hermanos, porque él mismo fue un gran formador de toda una pléyade de comunicadores, quienes han dado, en el tiempo transcurrido desde su partida, franco y abierto testimonio de lo importante que fue para cada uno de ellos trabajar en su momento bajo su dirección. Desde aquel aciago día en que se fue, siempre ha estado en la mente (y en el bolsillo de quienes guardamos una cruz de vidrio, en su recuerdo) y ahora se materializa en esta actividad, señalada como un acto de ciudadanía responsable. Una forma de generar esperanzas en una época donde las esperanzas están en extinción, como señaló el expositor invitado.

Y como si todo fuera una infausta coincidencia, ese mismo día se celebró una marcha contra la llamada Ley 9 en 1 —que ya fue sancionada por el Ejecutivo— y ese patrimonio natural que precisamente necesita preservar Panamá y que el Premio Ñopo va a premiar, se ve gravemente vulnerado por leyes que nos ponen en seria desventaja frente a un mundo de hoy día, donde la sostenibilidad es el valor agregado que tienen los países, pues, las empresas que aplicarían para un financiamiento que incluya, obligatoriamente, créditos de carbono requieren estudios de impacto ambiental. Eso nos pasa a los panameños por agarrar todo a relajo, hasta un eslogan de campaña que llevó a un montón de ingenuos a tener esperanzas, cuando vemos cada día cómo las mismas, como lo dijo Gerardo Neugovsen, están en extinción.

Ojalá que el esfuerzo puesto en este ejemplar premio no quede solo en sendos trabajos, sino en prácticas que beneficien el entorno y el ambiente que una partida de locos se ha atrevido a vulnerar.

Debacle en este lado del mundo

MARIELA SAGEL*

La Estrella de Panamá, 6 de Junio de 2010
CAMBRIDGE, MA. En el mundo entero todos los fenómenos naturales andan manga por hombro. Los terremotos en Haití y posteriormente en Chile, la erupción del volcán con nombre impronunciable en Islandia, que trastocó el tráfico aéreo entre Europa y el resto del mundo e hizo perder millones de dólares a miles de compañías y afectó a individuos que debían estar de uno u otro lado del Atlántico o de allende los mares, hasta el deplorable derrame totalmente antinatural, que hoy afecta el Golfo de México, no sabemos si la naturaleza se ha ensañado con los humanos por el abuso al que la hemos sometido.
Acá en Massachusetts amanecimos un día con una neblina un poco sospechosa y resulta que era el humo que se producía por unas quemas en Quebec, que a su vez habían sido causadas por descargas eléctricas, que provocaron incendios forestales tan fuertes que su humareda se sintió a kilómetros y kilómetros de distancia.

El derrame del Golfo de México es todavía más preocupante, porque si bien todos los fenómenos naturales son parte de la factura que nos pasa la madre naturaleza por el maltrato y el abuso, la culpa de esta tragedia es entera responsabilidad del contubernio de las petroleras con el gobierno, para decirlo de una manera elegante.

Si por el golfo llueve, en Centro América no escampa. El huracán Ágata se estrenó con fuerza antes que se iniciara oficialmente la época de huracanes y sus secuelas están dejando muchas víctimas en esas empobrecidas regiones y muy malos tiempos en nuestros países, donde está lloviendo más que nunca. Agréguenle a esto las erupciones de volcanes en Guatemala (otro fenómeno natural más) y en Ecuador y vamos sumando desastre tras desastre.

Ayer, 5 de junio, se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente. Mientras las entidades promotoras de la conservación y adscritas al protocolo de Kyoto —que todavía está vigente, pero que nunca lo firmó Estados Unidos— y tantas otras preocupadas por los recursos naturales de nuestro planeta exhortan a las buenas prácticas ambientalistas, en Panamá estamos dando alegremente concesiones mineras a cielo abierto que son altamente dañinas, no estamos siguiendo las pautas para que las represas hidroeléctricas se apeguen a un verdadero plan de desarrollo del área y seguimos sin solucionar los problemas elementales que abruman a los habitantes del pequeño istmo, como son el alcantarillado, el saneamiento de la bahía y la disposición de los desechos.

El gobierno, tal como si fuera Harry Houdini, se saca ahora de la manga una nueva autoridad de aseo, sumando más burocracia a la ya inoperante existente y todo empieza a caminar como la procesión de Taboga (tres pasos para adelante y dos para atrás).

Me preocupa qué va a hacer el señor alcalde ahora que ni la basura va a recoger. De repente se le ocurre organizar un concurso de bailar por un sueño en la Cinta Costera y allí sí que la acabamos de rematar. Creo que además de una abierta degradación para la posición del burgomaestre, es una gran bofetada para los que votaron por él, porque se burlan de esa confianza que depositaron en quien ni de sus mentores ahora la merece. Tal como dice mi admirado periodista y excelente columnista, —de los pocos buenos que quedan en La Prensa—, Paco Gómez Nadal, ‘hoy es la misma mierda que ayer, multiplicada por 1000. Mejor sinceremos esta basura de planeta’.