Archivos de la categoría Panamá

Las metas incumplidas

MARIELA SAGEL*

Cuando se privatizaron la telefonía y la electricidad en Panamá, en los años 1996 y 1997, también se creó el Ente Regulador de los Servicios Públicos, con el fin de que se establecieran metas de cumplimiento y que los clientes estuviéramos protegidos de los abusos de las empresas que obtuvieron la concesión para proveer los servicios que desde ese momento estarían prestando.
A partir de esa fecha, hemos podido contar con teléfono celular y, reniegue el que reniegue contra la privatización, sin haberla ejecutado, estos servicios no se estarían ofreciendo.

Más recientemente entraron a proveer servicios de telefonía celular dos empresas, con promociones agresivas que puso a todo el mundo a cambiar su número de teléfono, porque se le daba al cliente que optaba por un servicio de estas nuevas empresas hasta un BlackBerry sin costo.

Entiendo que el número de unidades de celular supera la cantidad de habitantes que tiene todo el país y sería interesante que ahora que nos aprestamos a un Censo Nacional, se miren estos datos.

Sin embargo, las metas de cumplimiento o no se supervisan o no se cumplen. Y mucho menos se divulgan o se hacen del conocimiento de los usuarios. Desde la salida forzada del Ente del Ing. José Guanti ha habido un relajamiento, al mismo tiempo que no se han actualizado las metas iniciales y estamos a merced de la mala atención y el abuso de las empresas prestadoras del servicio. Lo peor es que la manida portabilidad numérica, no se ha implementado y, en lo personal, tengo el mismo número de teléfono celular desde el día en que empezó a prestar servicio Bellsouth y por no poder conseguir el mismo número con otro proveedor, soy una damnificada del pésimo servicio que presta Movistar.

Si bien mis amigos me dicen que tengo un karma celular , porque siempre escojo los modelos que vienen premiados, o que hacen un viernes por la tarde o un lunes en la mañana y con frecuencia, salen malos, la atención a clientes de esta empresa es pésima. Si uno llama al teléfono que se indica para saber cómo anda la reparación de una unidad, lo atiende un call center en Guatemala, pero más parece que está en Bosnia. Si uno se acerca a los centros de servicio, se quedan con el teléfono, repetidas veces, sin confesar que ese modelo ha salido malo en un 50% (y con la suerte que tengo, estoy en ese 50% de los defectuosos) y lo que es peor, no tienen un equipo para prestarte mientras supuestamente lo reparan.

Actualmente estoy pasando ese calvario: mi BlackBerry ha estado tres veces en reparación y el modelo es de los que han salido malos, pero la empresa insiste en quedarse con él para repararlo. Las fechas que establecen para entregar la unidad reparada no se cumplen y apenas te lo entregan, de una vez vuelve a presentarse el mismo problema por el cual se llevó. En el ínterin porto un aparato que parece salido de una cajita de Cracker Jack a la espera que Movistar decida y acepte que mi equipo está en el 50% de los aparatos que han salido defectuosos.

Esta situación es insostenible. No hay manera de llegar a los directivos y ponerlos en autos del mal servicio que prestan, la barrera que crean entre sus clientes está en Guatemala, por medio de su call center. Los pobres ejecutivos y técnicos que están atendiendo en los centros de servicios se han vuelto casi que impermeables ante las quejas diarias que deben procesar.

Al final, entiendo que las fallas de los aparatos celulares pueden tener solución (si no están en el 50% de los defectuosos) en las tiendas de chinos, las electrónicas que tienen de todo. ¿Tendremos que recurrir a eso por la pobre atención que nos brinda Movistar?

Ahora no podemos vivir sin los Black Berrys
Ahora no podemos vivir sin los Black Berrys

El reto del agua

3gargantasClarinMARIELA SAGEL Y ADRIANA MÉNDEZ SAGEL*

Publicado en La Estrella de Panamá el 28 de febrero de 2010

Mi hija compartió recientemente conmigo una presentación de una charla a la que ella asistió, en Cambridge, Massachusetts, por parte de John Briscoe, cuya carrera se ha enfocado en el campo del manejo de aguas y desarrollo económico. Oriundo de Sur África, trabajó en el centro de investigación del cólera en Bangladesh, fue profesor en la Universidad de North Carolina y en los últimos veinte años ocupó una posición en el Banco Mundial que lo llevaba a analizar las políticas operativas que se implementaban en el campo del financiamiento de generadores de energía. Actualmente, dicta una cátedra en la Universidad de Harvard y además tiene como misión crear un Instituto Interdisciplinario para el Agua.

En dicha presentación, exhaustiva y además muy bien estructurada y animada, Briscoe lanza un reto al Massachusetts Institute of Techonology (MIT) a unirse a lo que él llama Water Security ( aseguramiento del agua ) y detalla cómo economías emergentes asumen los retos para asegurar el agua en regiones pobres, dado que la ayuda financiera de parte de países desarrollados e instituciones internacionales disminuye considerablemente.

Inicia la presentación con enumerar la forma en que el común de los mortales enfrenta el reto del agua: primero, en un contexto cultural e histórico. Lo tradicional ha sido contar con un recurso (ríos), hacer una represa; y el resultado, el orden político (comenta cómo la famosa represa de las Tres Gargantas de China es una demostración de poder y no una simple represa). Lo segundo, las amenazas externas, en lo que puso por ejemplo que el agua de Pakistán viene de países vecinos con los que no ha mantenido relaciones muy cordiales. En tercer lugar, las herramientas internas, identificadas como la selección, muchas veces, de tecnologías básicas para enfrentar los problemas.

A medida que uno va pasando las filminas de este valioso documento, va entrando en materia y mostrándonos cómo las instituciones financieras, especialmente las que deben apoyar los proyectos que pueden brindar soluciones a la escasez de recursos hídricos —en especial el Banco Mundial— han ido disminuyendo, desde los inicios de la década del 90, los préstamos a proyectos hidroeléctricos, a tal punto que cita al entonces gobernador de Ceara, Brasil, alegando que si se le ocurriera presentar un proyecto para construir una represa de apenas diez metros de altura, ese organismo a lo mejor requeriría de estudios similares a los que se presentarían para replicar a la de Itaipú (la mayor hidroeléctrica del mundo, binacional entre Paraguay y Brasil). Apunta que es realmente dramático que los países en desarrollo, con escasos y no muy robustas economías, necesitan, la mayor parte del tiempo, financiar sus propias infraestructuras. Y cómo las economías medianas, como India, Brasil y más importante, China, están llenando el hueco dejado por los timoratos ricachones donantes. En un escenario mundial, el Banco Mundial financia 5 proyectos versus 200 que respalda China.

Hay mucha tela que cortar en este enfoque avanzado del Prof. Briscoe, tanto que daría para varios artículos. Quiero resumir una experiencia suya, que relata que hace 21 años, en un poblado de Bangladesh, al que le llega el afluente del segundo río más caudaloso del mundo (el río Congo), él mismo se opuso a que se generara electricidad por medio de una represa y cuando volvió constató que el nivel de vida de la población se había elevado, se habían incrementado las labores agropecuarias, ahora los residentes tenían bombas de agua para su uso y de la misma manera se alimentaban mejor y habían establecido un sistema de letrinas, a la vez que la expectativa de vida de las mujeres había aumentado.

Todo este rodeo para indicar que el tema debería ser prioridad en los países en desarrollo. En la Antigua China, el emperador era representado por el dragón, el cual simboliza el poder, particularmente sobre el agua, la lluvia y las inundaciones. Si el monarca no manejaba exitosamente el tema, no duraba mucho. Usando esta misma alegoría debemos asegurarnos que nuestros gobiernos sean responsables en el manejo del agua. Se debe elevar el asunto a tema de seguridad y comenzar primero en invertir en infraestructura y luego en estrategias innovadoras.

En Panamá, el agua abunda, pero existen grupos que se oponen a manejar este recurso de manera innovadora y prefieren quemar combustible, pagando una tarifa más alta en concepto de energía en vez de hacerlo de forma responsable y asegurar un desarrollo económico más sostenible y más equitativo para la mayoría de los panameños.

MARIELA SAGEL Y ADRIANA MÉNDEZ SAGEL*

Mi hija compartió recientemente conmigo una presentación de una charla a la que ella asistió, en Cambridge, Massachusetts, por parte de John Briscoe, cuya carrera se ha enfocado en el campo del manejo de aguas y desarrollo económico. Oriundo de Sur África, trabajó en el centro de investigación del cólera en Bangladesh, fue profesor en la Universidad de North Carolina y en los últimos veinte años ocupó una posición en el Banco Mundial que lo llevaba a analizar las políticas operativas que se implementaban en el campo del financiamiento de generadores de energía. Actualmente, dicta una cátedra en la Universidad de Harvard y además tiene como misión crear un Instituto Interdisciplinario para el Agua.

En dicha presentación, exhaustiva y además muy bien estructurada y animada, Briscoe lanza un reto al Massachusetts Institute of Techonology (MIT) a unirse a lo que él llama Water Security ( aseguramiento del agua ) y detalla cómo economías emergentes asumen los retos para asegurar el agua en regiones pobres, dado que la ayuda financiera de parte de países desarrollados e instituciones internacionales disminuye considerablemente.

Inicia la presentación con enumerar la forma en que el común de los mortales enfrenta el reto del agua: primero, en un contexto cultural e histórico. Lo tradicional ha sido contar con un recurso (ríos), hacer una represa; y el resultado, el orden político (comenta cómo la famosa represa de las Tres Gargantas de China es una demostración de poder y no una simple represa). Lo segundo, las amenazas externas, en lo que puso por ejemplo que el agua de Pakistán viene de países vecinos con los que no ha mantenido relaciones muy cordiales. En tercer lugar, las herramientas internas, identificadas como la selección, muchas veces, de tecnologías básicas para enfrentar los problemas.

A medida que uno va pasando las filminas de este valioso documento, va entrando en materia y mostrándonos cómo las instituciones financieras, especialmente las que deben apoyar los proyectos que pueden brindar soluciones a la escasez de recursos hídricos —en especial el Banco Mundial— han ido disminuyendo, desde los inicios de la década del 90, los préstamos a proyectos hidroeléctricos, a tal punto que cita al entonces gobernador de Ceara, Brasil, alegando que si se le ocurriera presentar un proyecto para construir una represa de apenas diez metros de altura, ese organismo a lo mejor requeriría de estudios similares a los que se presentarían para replicar a la de Itaipú (la mayor hidroeléctrica del mundo, binacional entre Paraguay y Brasil). Apunta que es realmente dramático que los países en desarrollo, con escasos y no muy robustas economías, necesitan, la mayor parte del tiempo, financiar sus propias infraestructuras. Y cómo las economías medianas, como India, Brasil y más importante, China, están llenando el hueco dejado por los timoratos ricachones donantes. En un escenario mundial, el Banco Mundial financia 5 proyectos versus 200 que respalda China.

Hay mucha tela que cortar en este enfoque avanzado del Prof. Briscoe, tanto que daría para varios artículos. Quiero resumir una experiencia suya, que relata que hace 21 años, en un poblado de Bangladesh, al que le llega el afluente del segundo río más caudaloso del mundo (el río Congo), él mismo se opuso a que se generara electricidad por medio de una represa y cuando volvió constató que el nivel de vida de la población se había elevado, se habían incrementado las labores agropecuarias, ahora los residentes tenían bombas de agua para su uso y de la misma manera se alimentaban mejor y habían establecido un sistema de letrinas, a la vez que la expectativa de vida de las mujeres había aumentado.

Todo este rodeo para indicar que el tema debería ser prioridad en los países en desarrollo. En la Antigua China, el emperador era representado por el dragón, el cual simboliza el poder, particularmente sobre el agua, la lluvia y las inundaciones. Si el monarca no manejaba exitosamente el tema, no duraba mucho. Usando esta misma alegoría debemos asegurarnos que nuestros gobiernos sean responsables en el manejo del agua. Se debe elevar el asunto a tema de seguridad y comenzar primero en invertir en infraestructura y luego en estrategias innovadoras.

En Panamá, el agua abunda, pero existen grupos que se oponen a manejar este recurso de manera innovadora y prefieren quemar combustible, pagando una tarifa más alta en concepto de energía en vez de hacerlo de forma responsable y asegurar un desarrollo económico más sostenible y más equitativo para la mayoría de los panameños.