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Del 4 al 7….o al revés

MARIELA SAGEL*
marielasagel@gmail.com
La Estrella de Panamá, 4 de julio de 2010

Durante toda la semana pasada se acrecentaron las evaluaciones del primer año de gobierno, acontecimiento que fue celebrado con marchas, protestas y muchas mediciones que, de lado y lado, arrojaron un balance negativo hacia la gestión autoritaria del cambio. Tal pareciera que los hoy funcionarios todavía no se han cambiado la camiseta (y las zapatillas) de campaña y se han calzado los zapatos y puesto las camisas que les permita hacer gobierno.

No recuerdo un gobierno que haya recibido tanta atención en su primer cumpleaños, a favor o en contra. A tal punto fue el aquelarre que le cantaron el ‘tuyú’ los presidentes de Centro América, con la presencia del de Corea y el tiquismiquis primer ministro italiano, acompañado de una despampanante amiga, sin que faltara el ‘tan querido’ presidente colombiano, pronto ex, Álvaro Uribe. Todo un circo.

Pero lo que todo el mundo comenta es el aumento del impuesto de bienes muebles del 5% al 7% y que se han gravado algunos servicios que no lo estaban antes. Y ya nadie se pregunta qué pasó con el espinoso tema del FIS, en qué quedó esa investigación que prometió llevarse ‘hasta las últimas consecuencias’. Se ha bajado a un nivel mínimo la ebullición de la olla de grillos que se destapó y al italiano que dirige esa institución no se le ve ni de lejos su característica cabellera blanca, menos ahora que el equipo de Italia se fue para su casa al son de las vuvuzelas futbolísticas.

Tampoco ha habido una evaluación asertiva de la gestión del alcalde de la ciudad capital, y lo último que escuché, en un programa especial donde fue interrogado el presidente Martinelli fue que si el burgomaestre era tan incompetente, que renunciara. Pero no se hace nada y nos desayunamos, también durante la semana pasada, con que la flamante primera figura capitalina había suscrito contratos por casi un millón de dólares para que lo ‘asesoraran’ en cómo mejorar su imagen y otros temas relacionados. Y que su aceptación, después de un año de estertores, que es lo que ha sido su accidentado paso por la Alcaldía, alcanza apenas el 4%.

No podía creer lo que estaba leyendo al ver la lista de las asesorías y los asesores y tampoco podía creer que los capitalinos, todos los residentes de esta ciudad, que vemos cómo se deteriora nuestra calidad de vida a diario, cómo nos ha secuestrado el miedo y cómo los espacios verdes, las veredas y lugares de esparcimiento se hacen cada vez más inseguros, insalubres y los representantes de corregimientos, especialmente los que son del partido del gobierno, le ladran a uno si exige que cumplan su trabajo y que por lo menos, suplan de bolsitas para recoger las caquitas de los perros, no protestemos como es debido. Esos representantes alegan que no es trabajo de ellos continuar con la política ‘paternalista’ (como me escribió el de mi corregimiento) de proveer las bolsas, sino de la Junta Comunal y yo pregunto, ¿a quién responde la Junta Comunal?

En un programa en vivo que me animé a ver, porque Milton Henríquez me había dicho en la mañana que en uno anterior el presidente se había comportado como todo un mandatario, el señor Martinelli respondió a una pregunta que le hizo el periodista Eduardo Ling Yueng, por qué había aceptado que Taiwán le regalara el avión y respondió: ‘¿Usted cree que yo estoy loco?’. ¿Ese no era el lema de campaña? De verdad que no entiendo nada.

En un año, el acelerador se ha apretado hasta el fondo y lo que yo había anticipado que sucedería en un par de años, se ha dado en estos 365 días a la velocidad del rayo, y sin beneficio para la gran colectividad. Lo que se ha hecho, lo poco que se ha hecho, no le ha tocado al pueblo.

El gobierno tiene cuatro años por delante para enmendar los errores y corregir el rumbo. Esperemos que, para beneficio del país y, sobre todo, para no defraudar a todos los que pusieron sus esperanzas en el prometido ‘cambio’ no acabemos adoptando el eslogan de ‘los arrepentidos somos más’.

El premio “Ñopo”

Domingo, 20 de junio de 2010
MARIELA SAGEL*
marielasagel@gmail.com
20 de Junio de 2010, La Estrella de Panamá

Hace unos días asistí, por invitación de la Fundación Eleta, al lanzamiento del Premio de Prensa Fernando Eleta Casanovas, que se otorgará anualmente a los mejores trabajos periodísticos publicados en el término de un año, que resalten el Patrimonio Cultual y el Patrimonio Natural de Panamá.

Esta iniciativa, a menos de un año de la inesperada muerte del inolvidable amigo ‘Ñopo’ Eleta, que partió demasiado pronto y demasiado aprisa, tiene el propósito de honrar su memoria por parte de sus padres y hermanos. Lo hace bajo un convenio con el Centro Latinoamericano de Periodismo (CELAP), quienes serán los organizadores del mismo. Loable iniciativa que no nos dejó indiferentes cuando ‘Bati’, su hermana, explicó a los presentes, no solo los propósitos de vida de su entrañable hermano, sino el compromiso que tiene su familia para preservar su memoria de la manera en que él mismo lo hubiera hecho: capacitando periodistas que ejerzan con responsabilidad su oficio.

Aparte de los considerables montos que serán destinados para premiar la excelencia periodística, tanto escritos, radiofónicos, como televisivo y multimedia, los jurados internacionales que calificarán los trabajos que se inscriban serán designados por el Smithsonian Tropical Research Institute (STRI), ramal del Smitshonian Institution que está establecida en nuestro país desde 1923 —para los premios de patrimonio natural— y por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para los premios correspondientes a Patrimonio Cultural. ‘Ñopo’ fue el Representante Alterno de nuestro país ante dicha institución, desde el 2005 hasta el día de su fallecimiento.

Como orador de fondo del almuerzo, donde se sirvió un delicioso pollo ‘A la Ñopo’, estuvo el experto en gestión cultural y desarrollo, docente e investigador, Gerardo Neugovsen, quien destacó ‘la importancia del periodismo responsable para permear la sociedad en todos sus estamentos y capas’. Ante la inevitable masificación de la comunicación, éste —el periodismo responsable— ‘cobra mayor importancia para que cada individuo pueda construirse una imagen de la realidad cercana y lejana’. A su vez, destacó que ‘es esencial que el periodismo sea crítico con su propia práctica y acción’ y que ‘es necesario que el periodismo panameño se sume activamente a iniciativas como ésta, participando de propuestas como la presentada por la Fundación Eleta, proponiendo temas, investigando con sentido crítico y enriqueciendo así su propia acción profesional’.

‘Ñopo’, desde la Gloria donde esté, posiblemente comiendo pixbae y riéndose con esa sonora risotada que siempre alegraba a quienes trataba, estará complacido de esta magnífica iniciativa que han tomado sus hermanos, porque él mismo fue un gran formador de toda una pléyade de comunicadores, quienes han dado, en el tiempo transcurrido desde su partida, franco y abierto testimonio de lo importante que fue para cada uno de ellos trabajar en su momento bajo su dirección. Desde aquel aciago día en que se fue, siempre ha estado en la mente (y en el bolsillo de quienes guardamos una cruz de vidrio, en su recuerdo) y ahora se materializa en esta actividad, señalada como un acto de ciudadanía responsable. Una forma de generar esperanzas en una época donde las esperanzas están en extinción, como señaló el expositor invitado.

Y como si todo fuera una infausta coincidencia, ese mismo día se celebró una marcha contra la llamada Ley 9 en 1 —que ya fue sancionada por el Ejecutivo— y ese patrimonio natural que precisamente necesita preservar Panamá y que el Premio Ñopo va a premiar, se ve gravemente vulnerado por leyes que nos ponen en seria desventaja frente a un mundo de hoy día, donde la sostenibilidad es el valor agregado que tienen los países, pues, las empresas que aplicarían para un financiamiento que incluya, obligatoriamente, créditos de carbono requieren estudios de impacto ambiental. Eso nos pasa a los panameños por agarrar todo a relajo, hasta un eslogan de campaña que llevó a un montón de ingenuos a tener esperanzas, cuando vemos cada día cómo las mismas, como lo dijo Gerardo Neugovsen, están en extinción.

Ojalá que el esfuerzo puesto en este ejemplar premio no quede solo en sendos trabajos, sino en prácticas que beneficien el entorno y el ambiente que una partida de locos se ha atrevido a vulnerar.