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La verdadera historia sobre la Cámara y la Feria del Libro

El Domingo, 27 de septiembre de 2009

Estimado señor Lewis:

Para aportar al artículo que publicó ese suplemento, de la pluma de la señora Priscilla Delgado, el domingo 20 de septiembre pasado, le agrego los siguientes comentarios, necesarios para la comprensión de la evolución de la Cámara Panameña del Libro:

• La Fundación Pro Cultura fue la asociación original que dio paso a la Cámara Panameña del Libro y la misma fue constituida en el año 1992 y su personería jurídica inscrita en el Registro Público el 1 de Marzo de 1993.

• Esta Fundación sin fines de lucro tuvo como socios fundadores a la Dra. Rosa María Britton, quien fungía como Presidenta y Representante Legal al momento de solicitar el cambio de nombre (en 1997), y el mismo se verificó de acuerdo con una reunión de síndicos y directivos, el 17 de enero de 1996, fecha en que también se hicieron modificaciones a los estatutos de la Fundación.

• Entre los síndicos estaban Ramón Fonseca Mora, Alfredo Arango, Juan David Morgan, Rodrigo Noriega, Rodrigo Burgos y la que suscribe.

• Posterior a este cambio, Ramón Fonseca se convirtió en el Presidente de la Cámara Panameña del Libro, mi persona Secretaria/Tesorera y el resto de los síndicos, directores.

• Es importante destacar que la primera presidenta de la Cámara Panameña del Libro fue la Dra. Rosa María Britton y que al momento que se le cedió a la señora Delgado la Cámara Panameña del Libro, se le entregó también la cuenta corriente que ésta poseía y cuyos fondos pasaron a ser manejados por las personas que nos reemplazaron en la directiva.

Lo anterior para despejar de una vez por todas a quién le corresponde el crédito de constituir la Cámara Panameña del Libro y dar por descontados sus primeros dignatarios.

Atentamente,

Mariela SagelMariela Sagel, Rosa María Britton, Daniel Domínguez y Briseida Bloise

Reality Show

Opinión, 4 de Octubre de 2009, La Estrella de Panamá
El alcalde reclamando su nacionalidad, el colmo del reality
Casi a diario —los más que puedo— escucho el programa “El Cañonero de Domplín”, que siempre tiene los bochinchitos calientes, con mucha sal y pimienta y con esa sapiencia que colocan a Andrés Vega (“Domplín”) como uno de los más beligerantes periodistas radiales —o el más— y una voz autorizada especialmente en la política. En la semana que recién terminó, después de los saludos a Perla y Calitín, entre otros, (yo creo que ni ellos saben quiénes son), estaba “Domplín” analizando las diferentes instancias que sucedieron en el funeral del presidente Endara. Y destacaba, como la más retorcida y un verdadero exabrupto, las declaraciones que hizo el alcalde a su salida de la Catedral Metropolitana: cambiarle el nombre a la Cinta Costera por Guillermo Endara Galimany.

Le atribuía el periodista al burgomaestre que, por su más reciente pasado mediático al frente de un “ reality show “, sus reacciones y apariciones están todas revestidas de mucha emoción. Sin embargo, me picó la curiosidad y me puse a buscar los significados de la expresión tan alegremente utilizada. Es así como me encuentro que en el Diccionario de la lengua española Espasa-Calpe la definen como “ un programa televisivo que muestra como espectáculo los aspectos más morbosos o marginales de la realidad ”. Otro, del diario El País , como “ un programa de televisión que trata sucesos reales como un espectáculo “. La expresión la españolizan como “ telerrealidad ”, y señalan los programas que la practican como de “ un género televisivo en el cual se muestra lo que le ocurre a personas reales, en contraposición con las emisiones de ficción donde se muestra lo que le ocurre a personajes ficticios “ (personajes interpretados por actores, de ahí, su efecto de realidad). Entre las categorías hay una que encajaría perfecto para el “ show ” diario que vivimos y a un concurso de telerrealidad donde un grupo de personas en un ambiente cerrado compiten por un premio, mientras son observados de forma continua por las cámaras.

Profundizando en la vívida recreación que hacían en “ El Cañonero ”, encuentro acertadísimo el señalamiento puesto que, primero, el alcalde ganó fama en “ Bailando por un Sueño “ y segundo, tiene reacciones que lo enmarcan dentro de la descripción que hacen los diccionarios de lo que es un “ show ” de telerrealidad. Pero lamento tener que confirmar que se acerca más a la primera definición, la que dice que “ muestra como espectáculo los aspectos más morbosos o marginales de la realidad ”.

Es patético que nuestros destinos como ciudadanos estén en manos de personas viscerales, que reaccionan al primer impulso y con la primera de las ocurrencias. Es así como no sé si la Cinta Costera tiene otro nombre que no sea Avenida Balboa. Con la falta de nomenclatura en este país, sería un desastre estar poniéndole a las obras nombres de figuras que, sin desmeritarlas, causarían más enredo en los orientadores geográficos y los turistas, que cada día se quejan más de esta ciudad, cuyas direcciones se dan en virtud de las cercanías que hay o ha habido en determinado barrio. Por ejemplo, la calle F de El Cangrejo no se señala así, sino como “ la calle donde vive Durán (el boxeador) ”.

Por otro lado, es lamentable que se quiera ganar indulgencias con Avemarías ajenas, y este es el caso de la figura de Guillermo Endara, que aún no había sido cremado y ya le estaban esparciendo sus cenizas por la Cinta Costera. El presidente Endara recibió el reconocimiento y sus familiares el cariño y respeto que se merecían y no había que excederse al punto de hacernos quedar en ridículo.

Ya tenemos la experiencia del Parque Omar, que por más de una décadas se llamó así, a principios de los 90 se le cambió el nombre a Héctor Gallego y volvió a los cinco años a llamarse Parque Omar, como hasta la fecha sirve de obligada referencia. Bien dijo “ Domplín “ que espera que el alcalde nos dure en el puesto el término por el que ganó, porque si algo le pasa, hasta a la sede de la Embajada de los Estados Unidos le cambian el nombre por el del alcalde o a la sala de masajes de la Vía Cincuentenario.