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Las historias de Oppenheimer

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

Lo que muchos estábamos ansiando desde que supimos del nuevo libro de Andrés Oppenheimer, titulado ¡Basta de historias, se hará realidad en nuestro país el próximo 12 de abril. La Asociación de Amistad Argentino-Panameña ha invitado al conocido periodista a la presentación formal de su obra en el Istmo y a dictar una charla magistral en el marco de un almuerzo. Y es que Andrés no es un improvisado ni un desconocido. Ha sido identificado como uno de los ‘500 periodistas más importantes’ de Estados Unidos y una de las 100 figuras más poderosas de América Latina (esta mención se la otorgó la revista ‘Poder’ en el año 2002). Además de contar con los créditos académicos más renombrados en la rama del periodismo (una maestría en Columbia University, de la ciudad de Nueva York) Oppenheimer ha tenido una rutilante carrera en las principales agencias noticiosas del mundo, como la BBC, la Associated Press, The New York Times, CBS News, The Washington Post y desde 1983 es jefe de corresponsalía del Miami Herald. En esa posición le ha tocado cubrir el acontecer de países como Panamá y Colombia, por lo que su visita será el reencuentro con viejos amigos .
Además de su acuciosidad periodística, y la forma amena y asertiva con la que aborda los temas que capta su interés, Oppenheimer es un connotado escritor, que ha recibido los premios periodísticos de más prestigio de habla hispana, como el Ortega y Gasset, del periódico El País, de Madrid, España, en 1993 y el premio Rey de España, que concede la agencia española de noticias EFE y el Rey de España, en el año 2001. También fue galardonado con el Premio Pulitzer en conjunto con el equipo de investigación del Miami Herald en 1987 que reveló el escándalo Irán-Contras y otros más, como el María Moors Cabot de la Universidad de Columbia, en 1998 y el más reciente Emmy Suncoast de la Academia Nacional de Televisión, Artes y Ciencias de Estados Unidos en el año 2005. 

CULTO AL PASADO

En ¡Basta de Historias! así Oppenheimer el crítico tema de la educación, tan crítico para todos nuestros países, a la que cataloga como ‘algo demasiado importante como para dejarla en manos de los gobiernos’. Tuve el privilegio de asistir al lanzamiento de su libro en la última Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en noviembre del año pasado, y al respecto escribí que ‘en América Latina siempre estamos mirando para atrás, celebrando los aniversarios de las gestas liberadoras y desenterrando a los muertos que las hicieron posible’. Con esa atractiva elocuencia que posee, durante su presentación trajo a colación que al Presidente Chávez se le ocurrió exhumar los restos de Bolívar para mostrárselos a Venezuela. En realidad, agregó, lo que hizo fue mostrarle al libertador los restos de su Venezuela natal. Igualmente contó que a uno de los próceres de Centro América, en virtud que se lo disputaban varios países, lo habían partido en tres para que cada país tuviera su parte, creando así una nueva modalidad, la del turismo necrológico.

Oppenheimer sentenció en esa ocasión y a lo largo de su libro, que lo que caracteriza a los países que avanzan es la humildad, el estar conscientes que deben aprender mucho y manejar la economía del conocimiento. Su libro, que al fin circula en nuestras librerías, es el resultado de un extenso y largo viaje por el mundo, donde evalúa lo que hace avanzar y lo que retrocede a los diferentes países de los que se ocupa.

En su presentación en Guadalajara destacó -y estoy segura que muchos de los que están leyendo o ya han leído el libro concordarán- que la cultura familiar de países milenarios como India, China o Corea es una en la que todos los miembros de esa familia se involucran y que no termina nunca, es un ciclo permanente. Los estudiantes no tienen tiempo durante el día ni la noche para hacer otra cosa que acercarse al conocimiento, estudiar, y que en esa cadena por la superación participan padres, abuelos, hermanos, etc.

El autor realizó esta exhaustiva investigación cuando los países suramericanos se aprestaban a celebrar el bicentenario de sus independencias, y cuestiona con severidad si es correcto tener esa obsesión por la historia, y si lo que en algún momento inspiró a Bolívar, San Martín o Sucre nos ayuda a prepararnos para el futuro, o nos distrae de la urgente tarea que todos tenemos ante sí, que es la de prepararnos para competir mejor en la economía del conocimiento del siglo XXI.

LAS CLAVES DEL PROGRESO

En el libro describe la experiencia finlandesa, la de Singapur, la India, China, Israel, Chile (que está rumbo al primer mundo), Brasil, Argentina (el país de las oportunidades perdidas), aspectos de Uruguay y Perú, México y los caminos opuestos de Colombia y Venezuela y remata con lo que él denomina las 12 claves del progreso: mirar hacia adelante, hacer de la educación una tarea de todos, inventar un PIB educativo, invertir en educación pre escolar, concentrarse en formar buenos maestros, elevar el status social de los docentes, ofrecer incentivos salariales, buscar pactos nacionales en materia de educación que involucren a fuerzas que inclusive sean antagónicas; forjar una cultura familiar de la educación; romper el aislamiento educativo; atraer inversiones de alta tecnología; fomentar la ‘educación internacional’ y atacar fuertemente la complacencia y adoptar la paranoia constructiva que caracteriza a los países innovadores.

El delirante viaje del laureado periodista, plasmado en su fascinante libro, viene a abonar más al tema del rezago crítico que tenemos -Panamá inclusive- en el tema educativo, y que ha sido motivo de alarmantes señalamientos de informes como el Índice de Desarrollo Humano que recientemente divulgó el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y que demanda de todos la creación y adopción de una cultura de la educación y la creación de organizaciones civiles pluripartidistas que presionen a los gobiernos a mejorar la calidad de la educación. Ya basta de historias de super magos o chicas maravillas en los Ministerios de Educación. Es tarea de todos y es urgente porque de ello depende no sólo el país sino lo que hagamos como profesionales y ciudadanos.

COLUMNISTA DE AMÉRICA

Andrés Oppenheimer publica semanalmente una columna que se reproduce en unos 60 diarios de Estados Unidos y América Latina, titulada El Informe Oppenheimer y conduce su programa semanal de televisión en CNN en español, Oppenheimer Presenta. Es el autor de los muy leídos libros Cuentos Chinos, Crónicas de Héroes y Bandidos, Los Estados desunidos de Latinoamérica, México en la frontera del caos, Ojos Vendados: Estados Unidos y el negocio de la corrupción en América Latina y la Hora Final de Castro.

Es argentino de nacimiento y no se le ha quitado el dejo. Debe ser por eso que la Asociación de Amistad Argentino-Panameña ha logrado lo que muchos hemos estado esperando y que estoy segura no dejarán pasar todos los que tenemos el compromiso de elevar el nivel educativo de nuestro país.

 

Lo que Varguitas no dijo

La otra cara de la moneda

Tal como alguna vez sentenció Antonio Machado, el poeta español representante de lo que se llamó la generación del 98 y epítome del modernismo en su época: Tu verdad no; la verdad / y ven conmigo a buscarla. /La tuya, guárdatela, siempre tuve la curiosidad de leer el libro “Lo que Varguitas no dijo”, cuya autora es Julia Urquidi, la primera esposa de Mario Vargas Llosa, hermana de una tía política de éste y con quien se casó cuando el escribidor (como le gusta a él llamar a todos los que considera escritores de segunda categoría) tenía 19 años y ella 29. Y justo me llegó el libro, tras una pesquisa implacable por Bolivia, de donde era oriunda la señora Urquidi,-para más precisión, de Cochabamba- gracias a los buenos oficios de la familia política de mi hija, el día que se anunció el fallecimiento de la autora, a los 84 años de edad, en Santa Cruz.

El libro en mención -editado supongo que en muy pocos ejemplares porque es difícil ubicarlo, por la Editorial Khana Cruz en La Paz, Bolivia, en 1983, y de apenas 304 páginas- es una respuesta visceral al que el autor de La Ciudad y los Perrosle dedicara, La Tía Julia y el Escribidoren 1977 y cuya dedicatoria reza “A Julia Urquidi Illanes, a quien tanto debemos yo y esta novela” cuando ya Vargas Llosa se había casado con la prima hermana y sobrina carnal de Julia Urquidi, Patricia Llosa (hija de una hermana de Julia, para mayores referencias).

El libro en sí no tiene, en mi humilde opinión, mayor valor literario que el de arrojar luces sobre los inicios del escritor peruano y las inmensas barreras que tuvo que sortear para llegar a ser primero publicado y luego conocido en el mundo literario, con todas las limitaciones económicas y los sacrificios que ello implicó. Su valiosa amistad con Jorge Edwards, Octavio Paz, Carlos Fuentes y Julio Cortázar y otros que hoy día son autores conocidísimos y todas las consecuencias que el hecho de haber “seducido” a su sobrino y casarlo le trajo a la señora Urquidi, especialmente de parte de la familia Vargas.

La lectura del libro es entretenida pero desordenada, se nota que no hubo la intervención de un editor en el proceso, puesto que se lee como quien escucha una cháchara interminable. Hay mucha amargura y saña en todo lo que dice la señora Urquidi y es de entender: ella fue el apoyo del novel escritor y tuvo que hacer ingentes sacrificios para que saliera adelante, y tal como ella lo explica, él le comunicó -mediante una carta- que la dejaba por su sobrina.

El libro destila despecho y relata la época en la que ambos vivieron, primero en París y después en Madrid; ahonda en las permanentes crisis que tuvo esa relación de pareja y la acogida que le dieron a las sobrinas de Julia, Wandita y Patricia, y el profundo dolor que les causó primero la pérdida en un accidente de aviación de Wandita y luego la “traición” de Patricia. Sin embargo, sí rezuma en apoyo hacia los inicios de un escritor que hoy es admirado y venerado por muchos y los inmensos esfuerzos que tuvo que hacer “la tía Julia” para que un descorazonado Vargas Llosa no desistiera de perseguir la fama que finalmente le llegó, y con creces. Es probable que sin el apoyo de su primera esposa, sin su permanente compañía y entusiasmo y el amor que ella le profesó, Varguitas no hubiera dejado de ser un escribidor y no se hubiera convertido en escritor.

Julia Urquidi se tomó el trabajo de publicar las cartas que Vargas Llosa le escribió y en las que lo muestra egoísta, mezquino y hasta cruel, y lo desnuda ante sus lectores y seguidores. La señora Urquidi, después de esa durísima ruptura, volvió a casarse y vivió un tiempo en la capital estadounidense y según entiendo, se divorció por tercera vez, terminando sus días en su patria natal. Se le recuerda como una mujer muy culta y muy bien relacionada en la estrecha sociedad boliviana.

La vida de la tía Julia repite el patrón de muchas mujeres que fueron soporte y baluarte de sus compañeros en sus inicios y después, como si fueran desechables, las cambiaron por otra. Algunas veces le reconocen ese apoyo que les permitió llegar a ser lo que son, o a publicar lo que tenían en ciernes. En la mayoría de los casos, prevalece la mezquindad. Y es doloroso que no se le reconozcan los sacrificios que hizo. Espero que la tía Julia haya muerto con la tranquilidad de sentirse, en cierta forma, resarcida por todos sus esfuerzos.