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MI TIO MACO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 8 de octubre de 2018

     Después de una batalla campal contra un cáncer que a cualquiera que le dé se lo lleva en 6 meses, el fin de semana murió mi tío Maco Rosas.  Jesús Lisímaco, como era su nombre, era el menor de los hermanos de mi madre y vino a vivir con nosotros cuando terminó su escuela primaria en Tolé.  Para mí fue un hermano, porque apenas le llevaba a mi hermana mayor 10 años.

Siempre fue muy guapetón y en el bus de la escuela nos decían cuñadas, pensando que éramos sus hermanas.  Después se quedó a vivir con nosotros y tuvo con mi papá una relación entrañable, más allá de la de cuñados, eran como hermanos.  Yo fui cómplice de muchas de sus andanzas (y vaya que las tuvo) y testigo de todos sus logros profesionales y políticos.

Su vida la gozó al máximo, en todos los sentidos, no dejó que nada se le escapara.  Gozaba de los mariachis y era generoso con sus amigos. Sus sobrinos aprendimos de él que la vida está para gozarla, todo lo contrario del resto de sus hermanos, que son tan estrictos.  Cuando supo que tenía un cáncer en el páncreas se enfrentó a él con entereza, decidido a vencerlo y estuvo dos años y medio en esta lucha, hasta que perdió su última batalla.

En el último mes, siempre pendiente de la situación del país y de lo delicado de las decisiones partidistas, me llamó a su lecho de enfermo para indicarme cuál era su lectura de lo que ocurría y redactó un documento que le entregué a su destinatario.  Mantuvo esa lucidez hasta el final, cuando reunió a sus hermanos a fin de despedirse de ellos, reiterando el amor que les había inculcado mis abuelos y que él prodigaba a todos, sobrinos, amigos, parientes.

Se nos fue un guerrero mayor, pero nos deja su ejemplo de valentía y entereza.  Lo menos que podemos es celebrar su vida y sentirnos afortunados que fuimos tocados por su amor y amistad.

SOMOS UNA BURLA EN EL EXTRANJERO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 1 de octubre de 2018

Parece que cada vez que el presidente Varela sale del país a representarnos, lo que hace es dejarnos en ridículo.  La semana pasada rompió récords.  En la Asamblea de Naciones Unidas habló de un país que ni el mismo se cree que ha cambiado, con estadísticas que parecían escritas por el Pato Donald.  Cometió la gravísima falta de referirse a los tratados del canal sin el nombre oficial que tienen “Tratados Torrijos Carter” y le agradeció al ex presidente Carter por devolvernos el canal, como si el general Torrijos no hubiera sido quien lideró la causa para que todos los líderes del mundo la apoyaran antes de que los Estados Unidos aprobaran, por un estrechísimo margen, los tratados.

Posteriormente fue a la Universidad de Harvard y ante la pregunta del famoso doctor Ibis Sánchez Serrano, oriundo de Veraguas, que ha sido investigador y ha publicado sendos tratados de políticas de salud, sobre el estado de las instituciones sanitarias nuestras y la falta de medicinas, le dijo que no sabía quién era él y que en su teléfono celular tenía 2,000 contactos y que allí no estaba.  No contestó la pregunta, solamente dijo que a un funcionario le era más fácil meterse en Internet y comprar una camioneta Land Cruiser por $60 mil dólares que un medicamento.  Esos son los parámetros que él maneja.  Yo entiendo que habrá quienes no hayan escuchado del doctor Ibis Sánchez Serrano, pero un mandatario (o sus asesores) debe estar enterado, sobre todo, de los panameños que se destacan en el extranjero y más cuando el Dr. Sánchez ha sido entrevistado en la televisión panameña y sus logros divulgados por los comunicadores sociales.

El video de este intercambio se hizo viral y deja muy mal al presidente, y uno se pregunta, es tonto o es un maleante en el fondo.  He allí el dilema.