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ESCÁNDALO TRAS ESCÁDALO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 30 de julio de 2017

     El país se hunde cada vez más en escándalos de corrupción que no tienen parangón con lo que se ha visto en años anteriores.  No es que el asunto sea nuevo, es que se ha llevado a niveles insostenibles, intolerantes y hace falta una acción ciudadana para poner un alto, develar todos los involucrados y proceder con los procesos que pareciera que han quedado en el limbo.

Las revelaciones de un abogado brasileño en Madrid no han venido sino a confirmar lo que era un secreto a voces entre los que nos preocupamos por el país.  Ponerlo en tela de dudas y querer matar el mensajero al no poder matar el mensaje es irresponsable y hace cómplices a los que lo practican.  Más de uno ha mostrado que de alguna manera ha sido aceitado por algún contrarito o asesoría y ha salido lanza en ristre a desacreditar lo expresado o señalado por el diario El País.

El jueves pasado amanecimos con una noticia sorprendente y la misma fue opacada esa tarde por las revelaciones que aparecerían en el diario español al día siguiente. Ese mismo día la encuestadora Dichter y Neira daba a conocer su último sondeo y la popularidad del presidente, su gabinete, las instituciones y hasta la alcaldía van en “caída libre”, faltando dos años para que se termine este período de gobierno.

Pensar que el señor Tacla ha sido empujado a declarar todo lo dicho por el preso de Miami no es desacertado pero es una media verdad.  El eximirlo u obviar mencionarlo taxativamente puede haber sido una labor de su equipo de abogados –del que entiendo han ido saliendo algunos que lo conformaban— como parte de una estrategia, pero eso no lo libra de haber estado al frente de los chanchullos que se hicieron en el gobierno anterior.

Los ciudadanos debemos exigir que se conforme una comisión investigadora independiente que dilucide todo lo tocado por Odebrecht cuanto antes.

NOS HACE FALTA UN RÍO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 24 de julio de 2017

     En casi todas las grandes (y pequeñas) ciudades del mundo hay un centro neurálgico que lo ofrece la naturaleza, casi siempre es un río, por eso el transporte pluvial fue tan importante en tiempos pasados.  Paris tiene el Sena, Londres el Támesis, Madrid el Manzanares, Praga el Moldova, San Petersburgo el Neva y así nos vamos, por Lisboa el Tajo, Oporto el gran Duero y Santiago de Chile el Mapocho.  La bella población de Salamanca tiene un Tormes algo reducido por la gran sequía, Sevilla el Guadalquivir, Valencia el Turia y por Budapest, Hungría, pasa el Danubio, que también lo hace por ciudades de Alemania, Austria, Eslovaquia, Croacia, Serbia, Rumania, Bulgaria, Moldavia y Ucrania. Montreal, en Canadá, gira alrededor del río San Lorenzo y Boston en torno al Charles. El gran poeta español Jorge Manrique, en una de sus más célebres obras decía “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar”… (Coplas a la muerte de su padre).

Aquí solamente podemos decir que, para la ciudad de Panamá, donde se concentran la mayoría de la población y la actividad comercial, tenemos el río Matasnillo, que fue desde su primera referencia en la historia panameña, piedra angular en la construcción de la ciudad.  Pero hoy nadie escapa a su mal aspecto, a su nauseabundo olor y la vista patética que ofrece, la basura que arrastra, contrario a los ríos que son emblemáticos de otros países.

Nos seguimos llenando de concreto, invertimos fortunas en adecuar los espacios de la ciudad con mucho cemento, acero y vidrio y poca vegetación, pero estamos descuidando algo tan valioso como podría ser el rescate del río Matasnillo, sanearlo, darle espacio, construirle un puente que sea emblemático de la ciudad y donde hasta los enamorados pongan sus candaditos de amor eterno.

Salvemos nuestros atractivos naturales y no sigamos haciendo íconos artificiales que al final no nos identifican como nación.