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PANAMÁ POLÍGLOTA

Por Mariela Sagel, El Siglo, 18 de junio de 2018

El término “poliglota” se refiere a la persona que domina varios idiomas.  Bilingüe es el que habla dos, y trilingüe el que tiene habilidad en tres.  Con esto de los viajes del presidente Varela, acabaremos siendo, en teoría, un país polígloto, porque donde va promete que se reforzará la enseñanza del idioma que se habla en el país que visita.

Empezamos con la enseñanza del inglés, que en mi concepto debemos dominar la mayoría de los panameños.  Prometió que se reforzaría su enseñanza porque era el lenguaje de los negocios.  Todavía no he visto resultados contundentes.  En mis tiempos escolares, salíamos mucho mejor preparados en ese idioma de los colegios privados, al punto de que, si entrábamos a una universidad en Estados Unidos, siempre llegábamos a los grados más altos en las pruebas de ingreso.  Esto no es así ahora, a menos que el estudiante asista a una escuela bilingüe, que generalmente son costosas y exclusivas.

Al establecer relaciones con China, prometió reforzar la enseñanza del mandarín (lo que se ha estado haciendo gracias a la laboriosa comunidad china en nuestro país) porque es el idioma que más personas hablarán en un futuro.  No sé si en Jordania prometió implementar cursos de árabe, y si en Israel prometió la enseñanza del hebreo.  Ahora en Rusia, para caerle simpático al inescrutable presidente Putin, proclamó a los cuatro vientos que el ruso sería una prioridad en las escuelas panameñas.  Desconoce, entre las muchas cosas que no se interesa ni en averiguar, que hubo una gran cantidad de estudiantes que estudiaron en la Universidad Rusa de Amistad de los Pueblos gracias a las becas que otorgaba la entonces Unión Soviética y que permitió a jóvenes de escasos recursos ser hoy médicos, ingenieros, economistas y muchas otras profesiones.

Pero el español, que es hablado por 559 millones de personas en el mundo, según el Instituto Cervantes, cada día se habla peor en Panamá.  ¿Por qué no se le sugiere al presidente que refuerce la enseñanza de nuestro idioma?

LO QUE TENEMOS QUE APRENDER DEL MUNDIAL

Por Mariela Sagel, El Siglo, 11 de junio de 2018

En medio de la fiesta futbolística que inicia esta semana en el país más grande del mundo, hay lecciones que aprender de toda esta invasión mediática a la que nos tienen sometidos.  Para muchos la simbología les parecerá algo extraña, porque cada país tiene elementos identificatorios que lo caracterizan.  Se han escogido las cúpulas en bulbos, generalmente con cinco torres y circunscritas por campanarios y alas radiantes.  De las más representativas de ese período moscovita central y tardío son las Basílicas de San Basilio, que está en la Plaza Roja, al lado del Kremlin, y la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, ubicada en San Petersburgo, donde asesinaron al zar Alejandro II en 1881.  La primera fue construida por decisión e instrucción de Iván el Terrible para su jubileo, el primero que ostentó el título de Zar desde 1547.

Ojalá que todos los que se animan a ir a Rusia para esta copa mundial de fútbol vayan a visitar todos estos monumentos que dan fe de la enorme riqueza y la desproporcionada desigualdad que había en el pueblo ruso, lo que llevó, en parte, a que la población se alzara en contra de la estrafalaria corte zarista y buscara para ellos mejores condiciones de vida.  El año pasado se cumplieron 100 años de la revolución rusa y es interesante ver y entender por qué se dieron unos hechos que cambiaron al mundo y la forma de hacer política.

Otro símbolo que están usando en la publicidad del campeonato mundial es el de las “matrioshkas”, que son un conjunto de muñecas tradicionales creadas en Rusia en 1890. La más grande se va abriendo por la cintura, estando hueca en su interior, y dando cabida a una idéntica, y así se van sucediendo. Pueden ser la cantidad que uno imagine pero deben ser un número impar.  Están pintadas con los colores típicos del país en laca y confeccionadas de madera balsa.  Son un excelente recuerdo de ese gran país.