Archivos de la categoría Publicado en El Siglo

Deshonra en el Servicio Exterior

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 25 de Abril de 2011

No se habían acallado las airadas protestas en relación a la vergüenza internacional que nos hizo pasar el cónsul panameño en Islas Canarias, cuando otra funcionaria, que nos debería representar con altura en el consulado de Montreal, es señalada como responsable de serios delitos.

En otras ocasiones me he ocupado de la importancia que debe ser para el Ministerio de Relaciones Exteriores el escoger las mejores personas, ojalá profesionales de la diplomacia, para que sean embajadores, cónsules y otras posiciones que le darán la primera impresión a cualquiera que tenga interés por venir a este país, al igual que preste servicio a nuestros connacionales depende donde estos nos representan. No en vano existe una escuela de diplomacia y estoy segura de que los que de allí egresan aspiran a ser nombrados en alguna de las representaciones diplomáticas que el país tiene a lo largo y ancho del mundo.

Debe ser considerada una muy seria y gran responsabilidad esta tarea. Panamá tiene representaciones diplomáticas hasta donde no debe, por lo que convendría hacer una evaluación de cuáles son necesarias y de cuáles se pueden prescindir, con esos ahorros se pueden resolver muchas necesidades apremiantes de la población. De la misma forma, darle un seguimiento minucioso a las labores a las que se dedican nuestros diplomáticos y la forma eficiente en que resuelven los trámites que requieran los que se acerquen a esas sedes. Un par de evaluaciones al año para saber si están al tanto no solo de las bondades del país, como también repasar la historia, cómo van las obras de ampliación de nuestro mayor activo, el Canal de Panamá, el Producto Interno Bruto, los índices y tasas de crecimiento.

Desconozco si se les hace un informativo periódico a estos funcionarios, pero debería ser obligatorio que se mida su capacidad y preparación antes, durante y después de asumir un puesto. Ante todo, nos representan y encima, los mantenemos en los lugares donde son destinados.

El Canciller debería estar más ocupado e involucrado en mejorar tanto las relaciones con otros países como la calidad de nuestra representación diplomática. Hemos tenido suficiente con las vergüenzas que nos han hecho pasar en Miami, Canarias, Bolivia, Barcelona, Guadalajara y ahora Montreal, para que el responsable de este desmadre esté haciendo campaña política anticipada y dirigiendo un partido. Si no puede con la múcura, que nombren a otro, pero que nuestros diplomáticos sean los mejores y más capaces.

 

El Metrobús

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 18 de abril de 2011

Entiendo que el sistema de metrobús fue adoptado para ir, poco a poco, eliminando los buses conocidos como Diablos Rojos, y de esa manera, ofrecer un mejor y más seguro sistema de transporte masivo. Me ha tentado subirme en uno, para conocer sus bondades y aquilatar sus ventajas, pero no he tenido la ocasión. Seguramente, lo haré como paseo, para no llegar a ningún lado, por el simple placer de mirar la ciudad desde un cómodo autobús con aire acondicionado, porque la verdad sea dicha, se ven bien ‘pretty’.

Sin embargo, la semana pasada, llamó mi atención una noticia de primera plana que daba cuenta que una señora fue impedida de subir a uno de esos autobuses porque llevaba tres pollitos. Gracias al iPad de Álvaro Alvarado, pude ver el video del altercado que tuvo la señora con varios oficiales de la policía y que, posteriormente, se convirtió en el programa de Domplín como la ‘historia de los tres pollitos’.

La cosa apenas empezaba. Tal parece, no me consta, que en el Metrobús, los pasajeros no pueden subirse con paquetes o bolsas, mucho menos maletas y el meollo de la trifulca no eran los pollitos, sino una bolsa de compras que la señora llevaba. Me dijeron que esas son las reglas del Metrobús, lo que verdaderamente me parece insólito, pues en todas las ciudades modernas del mundo, el transporte masivo de pasajeros no solamente lo usan los que no tienen automóvil, sino todas aquellas personas para las que ese tipo de movilización les es más conveniente, desde el punto de vista de precio, desplazamiento y tiempo.

Personalmente, uso cada vez que viajo a la ciudad de Nueva York, los buses que van desde el aeropuerto hasta algunas de las terminales y de allí camino hasta donde me esté quedando, con todo y maletas. Lo he hecho también en Boston durante el tiempo que mi hija fue a la universidad allí y Montreal o París no se han escapado que escoja irme por esa vía, en vez de un costoso taxi con taxímetro veloz.

Quisiera que alguien me indicara de qué sirve contar con un sistema de transporte masivo donde no se permita a los pasajeros subir con paquetes y qué otras reglas ocultas tenga el Metrobús, que no conocemos. Tal parece que la historia de los tres pollitos se empeña en ser de primera plana, desplazando a los Pamago y a la renuncia de un magistrado.