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Una privatización incorrecta

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 29 de Noviembre de 2010

Recientemente se ha mencionado por parte de los personeros del gobierno que los Correos Nacionales van a ser privatizados. Correos y Telégrafos de Panamá (COTEL) es una dependencia casi olvidada del Ministerio de Gobierno y Justicia, que sobrevive gracias a que puntualmente llegan las cuentas a través de ese servicio y también la utilizan muchísimos jubilados para retirar sus cheques.

Yo soy muy partidaria de las privatizaciones, especialmente cuando se busca la eficiencia y la sana competencia. Sin embargo, en el caso de COTEL, he estado haciendo algunas averiguaciones y exhortado a la ex Directora inmediata, Marta Amado, a que brinde a los lectores información que sustente toda la modernización que ha atravesado esa entidad recientemente y su opinión será pública pronto.

Como ex ministra me siento obligada a emitir mi opinión en este tema. Me faltó tiempo para poder sacar COTEL del ministerio, como hice con medios de comunicación, registro público, tránsito y otras dependencias que por estar metidas en ese pozo sin fondo, nadie les pone atención. Pero reconozco que recientemente se hizo un esfuerzo para modernizar el servicio y para muestra un botón: ahora tenemos código postal.

Entiendo que la Unión Postal Mundial ha exigido a los países ajustes que uniforman las prácticas y Panamá los ha hecho con éxito. No veo entonces cuál es el apuro de privatizar el servicio, especialmente en medio de tantos otros problemas que atraviesa el país.

COTEL solo capta el 18.5% del mercado postal en Panamá, el resto está cubierto por el sector privado pero sin ningún tipo de regulación y solamente una minoría de la población aparece registrada en las zonas postales. Para nadie es un secreto que en las ciudades principales hay una gran cantidad de servicios postales que traen artículos que se compran por internet y toda clase de documentos.

Lo que hace falta es una regulación debida y darle autonomía a COTEL, que cuente con un presupuesto acorde con las prácticas modernas y brinde servicios relacionados. En los Estados Unidos el servicio de correos sigue siendo público y el cartero es símbolo de estabilidad. Así se constató con los sobrevivientes del atentado a las Torres Gemelas: al restaurar el servicio, la población se sintió que la ciudad de Nueva York volvía a la normalidad.

El asunto no es privatizar por privatizar. En el caso de los correos y telégrafos, sería políticamente incorrecto hacerlo.

¿Hacia dónde vamos?

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 22 de Noviembre de 2010

El bombardeo inmisericorde y despiadado que somos objeto de las cuñas oficiales, que nos repiten una y otra vez que ‘Vamos Bien’ no deja de entusiasmar a muchos, que han cifrado en la ejecución de un buen gobierno el avance del país. Tal como ha sido la política del poderoso poder ejecutivo (valga la redundancia), ‘una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad’, práctica que distinguió al jefe de propaganda del régimen nazi, Joseph Goebbels y que todos quieren copiar, aunque no sepan ni de dónde viene, ni hacia dónde van (aunque sospecho que algunos del gobierno sí saben a dónde quieren llegar con tantas mentiras repetidas).

Pero no creo que vamos bien cuando los precios al consumidor han aumentado, en lo que va del año, en 4.2% y todos, sin distingos, lo resentimos. El combustible acaba de recibir otro remezón, por dar un ejemplo. Tampoco creo que vamos muy bien cuando han disminuido los permisos de construcción en un 29% y el movimiento de la Zona Libre ha caído, en solamente cinco meses, en 41%.

No vamos bien si las exportaciones bajan en 6% y decrecen los permisos de trabajo en 2.5%. Pero vamos aún peor mientras tengamos a 910 mil panameños careciendo de facilidades sanitarias mejoradas, 525 mil carentes de agua potable, y 350 mil bebés tengan bajo peso por causa de la desnutrición.

Vamos bien mal si en toda la administración Torrijos se otorgaron 540 millones de dólares en contratos directos y en un año de este gobierno la cifra ya casi le pisa los talones: 500 millones.

Vamos todavía peor si recompramos los corredores, a un costo de $970 millones, sacando la plata de las arcas de la Caja de Seguro Social, poniendo en peligro las jubilaciones. Con ese dinero aumenta la deuda pública considerablemente, no se agrega ni un centímetro a la infraestructura, no se reduce ni un segundo al ya insoportable congestionamiento vehicular, y es absolutamente innecesario, toda vez que el actual contrato termina la concesión en el año 2030 sin la obligación de parte del Estado de extenderlo. Pensemos cuántos problemas urgentes para el bienestar de toda la población, se podrían resolver con este dinero.

Hay muchos otros proyectos magnificentes que no son necesarios en estos momentos, y que se quieren ejecutar solamente para satisfacer los egos mesiánicos de algunos de las figuras de gobierno. Vamos proponernos hacerles llegar una réplica en LEGO, para que las tengan en sus oficinas.