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El precio de crecer

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 8 de Noviembre de 2010

Acaba de celebrarse en Panamá un Foro de Turismo, con el objetivo de atraer para Panamá todo aquel turismo que esté ávido de conocer culturas que dejaron huellas, como fueron las que se asentaron en Portobelo, las ruinas de Panamá La Vieja y el Casco Antiguo, y como testigos dejaron los monumentos que rememoran su pasado. Para ese esfuerzo se invitó a Jordi Tresseras, un experto en turismo cultural y se contó también con las disertaciones de otros expertos que desde hace más de una década están estudiando todas las rutas que pueden convertirse en atractivos para el extranjero que visita nuestro país.

Panamá ha experimentado en los últimos años una afluencia de visitantes producto de las incontables alternativas que ofrece, como son el turismo cultural, el de compras, el de negocio (que ya estaba bien establecido), el de salud (potencial que está siendo desarrollado lentamente), el de retirados y otros menos edificantes como son los que se ofrecen en los alrededores de la vía Venetto. Sin embargo, la infraestructura de la ciudad y las carreteras del interior dejan mucho que desear.

Estuve en las fiestas patrias transitando la ‘autopista’ Panamá-Chorrera, camino a Coronado y la verdad que la misma está en un estado deplorable. Si ésa es la antesala al paraíso que se promete en los folletos y avisos del IPAT, que lleva a las playas, el sueño se convierte en pesadilla. Y no hay que ir muy lejos para darnos cuenta que los inmediato no se está atendiendo. En la misma ciudad, aparte de los descomunales tranques vehiculares que se producen, están los inmensos cráteres que se plantan amenazantes en las vías de mayor circulación, que si un auto pequeño cae en ellos, es muy probable que no vuelva a salir.

Para que una cosa siga a la otra es preciso que el gobierno acepte pagar los precios de crecer. Si queremos posicionar el país como atractivo turístico hay que capacitar a los meseros, conductores de taxi y todos aquellos que tengan contacto con el turista. Si queremos llevar turistas a las playas, debemos arreglar las carreteras. Si los queremos llevar por las rutas culturales que ya existen, remendemos las calles llenas de huecos.

Roberto Roy, Secretario del Metro, me escribió una vez durante el pasado gobierno que un gobierno responsable es el que permanente está reparando las calles. Ningún cura se acuerda cuando era sacristán.

Un metro tardío

MARIELA SAGEL

marielasagel@gmail.com

El Siglo, 1 de Noviembre de 2010

En el año 1999, al final de mi gestión como ministra, entregué al Dr. Winston Spadafora, quien sería mi sucesor en la cartera de Gobierno y Justicia, un proyecto de factibilidad, con financiamiento aprobado y demás, para hacer un metro en la ciudad de Panamá. El proyecto había sido elaborado por el gobierno francés y la empresa Alstom, la misma que hoy integra el grupo que obtuvo la licitación del metro, junto a la sopeteada Norberto Odebrecht y FCC.

Alstom es un consorcio francés que fabrica trenes, entre otras cosas. Con el fin de eventualmente obtener la concesión de hacer el metro en Panamá, abrió una oficina del rubro transporte (están en el tema de hidroeléctricas) en nuestro país y por varios años estuvo participando en cuanta feria y exhibición había, con videos e información que ilustraban las ventajas de hacer un metro en una ciudad que cada día está más congestionada y cuyo transporte colectivo es un desastre.

Ante la indiferencia que le propinó el gobierno arnulfista, y la poca atención que le brindó al tema la posterior gestión de Martín Torrijos, la unidad de transporte se marchó. El diseño estaba hecho y la ruta trazada, se perdió el financiamiento del estudio de factibilidad y la posibilidad de acceder a préstamos blandos para construir esa arteria vial.

Ahora, después de casi doce años de estar en remojo, se desempolva el tema, con muchos millones más de costo, muchos miles más de usuarios y muchos intereses más puestos en las empresas que conformaron el consorcio ganador. Cabría preguntarse cuál ha sido el costo de oportunidad que hemos pagado, cuál es la seguridad que no pasará, a estas alturas del partido, lo que sucedió en Chile, que los usuarios rechazaron la nueva modalidad de transportarse –especialmente cuando pareciera que se le monta una competencia paralela, con el Metro bus— y cuál es el incremento de costos en la construcción en una urbe que está más caótica y congestionada que entonces.

Yo quiero que el metro sea una obra que solucione el problema de desplazamientos de la mayoría de los residentes de la ciudad. También aspiro que para mí sea un gusto poder transportarme en él, como lo hago en las ciudades donde viajo y existe este modo de transporte. Y anhelo que el proyecto sea bueno para todos. Fue una pérdida de tiempo no haberlo hecho antes.