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De nuevo a clases

Hoy empieza otro año escolar con los mismos vicios y problemas de todos los años: infraestructuras en mal estado, tardanza en los nombramientos de los maestros y profesores, quejas de parte de los padres de familia por el alto costo de los útiles y libros de texto. Esto se repite año tras año y todavía no se toma la decisión de hacer un vice ministerio que solamente se encargue del mantenimiento de las aulas, que se planifiquen con tiempo las reparaciones que se necesitan y que se vayan haciendo durante todo el año.

Este gobierno y los anteriores no han comprendido (o no les interesa) que lo más importante para una nación es la educación. Invertir en ella es invertir en el futuro del país. Se le da prioridad a los asuntos comerciales, se vende al país como una plataforma de negocios, con servicios de alto nivel, pero no se prepara al ciudadano común para rendir en eso que se quiere vender. De allí viene la queja de que el panameño no está calificado, que es vago o que no se encuentra entre nosotros las personas preparadas para los más altos oficios. Y empieza la contratación de inmigrantes y la bola pica y se extiende.

Con tanto esfuerzo que hemos demostrado al mundo que hemos sido capaces de manejar el Canal de Panamá, a pesar de que gringos y algunos panameños gritaban a voz en cuello que no lo íbamos a poder hacer, deberíamos invertir en contagiarnos de creencia en la educación.

Sería muy provechoso que, antes de que se acabe esta gestión gubernamental – y de que se celebre la Jornada de la Juventud – se declare el “año de la educación” y que todo lo que se haga gire en torno a ella, incluyendo el rescate de los bienes patrimoniales en peligro, la recreación de las artes y las ciencias y, sobre todo, la solución inmediata de los problemas que afectan tanto los centros escolares como las evaluaciones de los docentes y la revisión de los planes escolares.

 

ABUSO DE HACER EL RIDÍCULO

Por Mariela Sagel, El Siglo, 27 de febrero de 2017

Antes del inicio del carnaval causó polémica una valla publicitaria de una empresa cervecera en que decía que durante estas fiestas teníamos derecho a hacer el ridículo.  Un muy poco edificante mensaje para una población que solamente está pendiente de esta época del año, en la que parece que todo se vale y que tiene su autoestima muy disminuida.

En un reciente artículo del escritor español Antonio Muñoz Molina en El País, en referencia a las diarias declaraciones del Presidente Trump, resaltaba que la chulería (gracias) se celebra como coraje y la mala educación como campechanía.  Nunca antes se habían usado tanto las palabras élite y elitista para demeritar a quienes critican la ignorancia y la pobre educación del actual presidente.

Extrapolando la tortura diaria que pasan los estadounidenses con ese loco que eligieron como presidente, y lo que tenemos que aguantar aquí, no solo del loco prófugo sino de los gobernantes que con su cara de falsa decencia están llevando al país al desastre, mientras se ufanan de tener los índices de crecimiento más altos del continente, vemos que la diputada que se enarbola como dirigente de la juventud del partido de gobierno hace un comercial donde regala entradas al Pub Herrerano si se va a determinados poblados del país.  También un embajador que pone un video en la página oficial de su misión yendo a una barbería de Calidonia y anunciando que va para Las Tablas. Se niega a abordar temas puntuales de su misión pero sí quiere hacerse el gracioso pasando como un tipo del pueblo.

Trump alega que él nació en Queens, un barrio de trabajadores e inmigrantes, y se jacta de su desprecio por todo aquello que no le ha hecho falta saber ni estudiar. La prueba de su autenticidad, de su legitimidad popular, es su grosería. Los que estamos presenciando aquí la decadencia que supuestamente se debe permitir en estos de días nos merecemos más respeto y dejar de aplaudir todas estas ridiculeces.