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Los derechos de los ciudadanos

MARIELA SAGEL
marielasagel@gmail.com

Para muchas personas es totalmente desconocido que, como clientes, consumidores y ciudadanos, tenemos derechos y en la mayoría de los casos, no sabemos dónde ir a reclamarlos. Es así como a pesar de que se dice que todos tenemos derecho al debido proceso (es decir, a que se presuma de la inocencia y se respeten las garantías de los panameños) se han tomado acciones que violentan esas garantías, como ha sido caso de las medidas cautelares contra el ex presidente Pérez Balladares y más recientemente, la forma rampante como se removió de su posición a la procuradora, Ana Matilde Gómez. Cuando analizamos la forma en que han sido tratados ellos nos ponemos a pensar, cómo nos tratarán a unos pinches hijos de la cocinera, que no tenemos los recursos ni el perfil de los medios para denunciar los atropellos.

Otros derechos que a diario se violan y que aunque sean menores no dejan de alterar la vida diaria, son los que conciernen a la prestación de los servicios públicos. El Ente Regulador estableció, cuando fue creado, metas estrictas de cumplimiento para que las transnacionales que obtuvieran las concesiones, con el fin de que los clientes de estos servicios no se quedaran eternamente esperando una solución ante un daño o queja. Por ejemplo, las transmisoras de electricidad tienen un tiempo perentorio para restablecer un servicio y de paso, darle el crédito correspondiente al cliente que se ha visto afectado por el daño en cuestión.

Las telefónicas igual, tienen unos días para instalar una nueva línea o para reparar una que se haya dañado, y quizás es por eso que así como tienen metas que cumplir, su meta es que ninguno de sus clientes se atrase en el pago, y para ello hacen uso de toda clase de presiones para recordarle a los clientes que deben apersonarse a pagar su cuenta a tiempo.

Las empresas que prestan el servicio de telefonía celular son otro cuento, y de horror. A pesar de que están en feroz competencia, una de ellas, Movistar, sigue con la misma mentalidad colonialista que trajo a los españoles al istmo y en sus centros de atención se viven a diario verdaderos dramas de personas que reclaman, con justa razón, el pésimo servicio que reciben.

Es hora que todos los panameños conozcan sus deberes y sus derechos. Las empresas de servicios públicos deben tener, a primera vista y al acceso de todos los que se acercan a sus oficinas, un folleto que en su momento exigía el Ente donde detallaba estos deberes y estos derechos. Para reclamos, ante la insensibilidad de los que dan la cara en los centros de atención siempre se puede ir a la ACODECO, que debe velar por la protección de los consumidores. Si no hacen esto, seguiremos siendo víctimas de los abusos de estos chupacabras y también, en cualquier momento, de la violación de los derechos elementales.

Cambio de tolda

MARIELA SAGEL
msagel@cableonda.net

En los últimos meses ha ido en aumento la fuga de miembros de un partido a otro, lo que es visto como oportunismo. Si bien es lógico y entendible que los miembros de un partido que esté en oposición encuentren la solución de sus problemas en cambiarse de tolda, toda vez que la política nuestra es básicamente clientelista, no me cuadra este éxodo masivo que se ha dado desde los partidos de la alianza de gobierno al partido que fundó la lidera.

No creo que sea necesario tanto arribismo. Es conveniente fortalecer un partido aliado antes que correr a inscribirse al colectivo que, según los tránsfugas, es el predominante en la alianza. Tal parece que existe un gran descontento en las filas de los colectivos aliados y esa es la excusa para que cojan sus bártulos y se vayan hacia el CD. Sin embargo, me pregunto, ¿por qué, si están en gobierno, no fortalecen sus partidos y de manera indirecta, la democracia que debe prevalecer en nuestro sistema?

El arnulfismo está en permanente estado de alerta, sus dirigentes son seriamente cuestionados y existen, como siempre, varias facciones, que no se ponen de acuerdo y por la misma razón, no trabajan para lograr ser un mejor partido. Su presidente, también canciller y vicepresidente de la República, no para el pie, vive montado en un avión junto con el Presidente. No entiendo la razón de tenerlo a la sombra, será que teme que, dadas las referencias históricas, lo deje a cargo y en vez de un 99 encuentre 100, como me dijo un compañero de luchas recientemente. No existe política exterior alguna por ese zangoloteo y tampoco conducción adecuada de los ñames.

En el Molirena uno de estos días no va a quedar ni las plumas de los gallos. Con el éxodo de Arturo Vallarino y sus adláteres, el gallinero se está quedando sin las ponedoras y peligra su continuidad.

El otro partido, un pastiche, seguro desaparecerá con todo y su emblemático color naranja. Creo recordar la reingeniería que se llevó a cabo con Solidaridad y el Liberal del Baby Arango –con su yerno a la cabeza– para que diera paso a la flamante Unión Patriótica, de la cual ni sus propios miembros le tienen afecto, como me lo manifestó una vez uno de sus más conspicuos miembros.

Algo que me cuesta entender y que a lo mejor alguien que lea esto me pueda explicar es cómo hace un político electo para justificar que se va de un partido para otro ante sus electores. No creo que todos los que lo eligieron sean tan oportunistas como él.

Al final, hay que tener en mente que el que traiciona una vez lo vuelve a hacer.