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ASALTO NAVIDEÑO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 8 de diciembre de 2017

El título de este artículo evoca una canción que se hizo famosa en 1970 por el ya desaparecido cantante puertorriqueño Héctor Lavoe, que la estrenó en las fiestas navideñas de ese año con Willie Colón, y se convirtió en el álbum más vendido de la historia de la música latina con tema navideño. Y en Panamá, desde hace unos años, las empresas e instituciones internacionales acostumbran perpetuar un “asalto navideño” al país, y las mismas autoridades también lo hacen, disfrazados del populismo que han abrazado como método de gestión.

Todos recordarán que durante varios años la empresa Sacyr, contratista de la expansión del Canal de Panamá, nos regalaba unos alcances, paralización de obras y sobrecostos como regalo del Niño Dios.  A pesar del pusilánime llamado que hizo el presidente Juan Carlos Varela el año pasado, que dejáramos los temas importantes para después de las fiestas de fin de año para que nada las enturbiara, siguen lloviendo las malas noticias.  No han valido las entregas de los CEPADEM, de casas en Colón o la celebración de licitaciones de infraestructuras, nada logra disipar el tupido velo que tiene que ver con Odebrecht, con Blue Apple y con muchos de los escándalos que, como una pelota de fútbol se la pasan de un lado de otro. Y la Procuradora ni se entera, no da cuentas, no avanza en las investigaciones que todo el país espera que ofrezca.

Para rematar el ambiente enrarecido, dos de los directores de la Junta Directiva del Canal de Panamá, que debería (como en años anteriores) estar conformada por un grupo de notables en diferentes disciplinas –aunque la única mujer que actualmente funge como directora es de cuestionables ejecutorias, sin que necesariamente sean méritos profesionales o académicos — están señalados en un escándalo de los muchos que escenifica este gobierno, incluso con alertas de Interpol para su captura, y el presidente se excusa diciendo que estará “evaluando” si se los remueve.  Se sabe que los dos, Corcione y Mizrachi han incumplido con sus funciones, ausentándose más de lo permitido, por lo que la decisión no debería tomar mucho tiempo para el jefe del ejecutivo que como dice su nombre, debe ser “ejecutivo”, no un pinche burócrata que todo lo demora.

También se anuncia que a partir del 15 de diciembre el presidente va a decidir a quién nombra en la Corte Suprema de Justicia, y todos recordamos lo que ocurrió la última vez que designó a dos ilustres desconocidos y con abiertos lazos con el poder: reeligieron al deleznable magistrado que había sido premiado por el ex presidente Martinelli con la magistratura cuando le sirvió como un fiel peón tanto desde la Fiscalía contra la delincuencia organizada como desde la Procuraduría General de la Nación.  Nada nos garantiza que, otra vez, el presidente se burle de los que todavía suspiran de que vaya a cumplir su palabra, la que no ha honrado a lo largo de su mandato.

Para rematar, la Unión Europea nos pone en la peor de las listas, al lado de países que uno no sabe ni dónde están ubicados en el globo terráqueo, como poco colaboradores en el lavado de dinero y otras yerbas.  La cancillería, en esta ocasión, se desboca en defenderse y protestar, lo que no hizo cuando nos golpearon con los Panama Papers ni cuando por capricho de un par de burócratas gringos, metieron en la infame Lista Clinton a las empresas de la familia Waked, logrando quebrarlas, rematarlas y doblegarlas. Cuando se dieron cuenta de que no podían comprobar nada, se erigieron en defensores de la libertad de expresión, sacando los periódicos La Estrella y El Siglo, a pesar de que el representante diplomático de Estados Unidos señaló contundentemente en su oportunidad de que los miembros de esa familia eran los mayores lavadores de dinero y financistas del terrorismo.  A la fecha, no se ha levantado ni un solo cargo contra los Waked, y, por ende, no se les ha podido probar nada.

El populismo no es solo de izquierda, también es de derecha y de centro y es el resultado de políticas irresponsables que agravan los problemas sociales y económicos de los países que se rinden a su hechizo.  Para muestra varios botones: los subsidios, las ferias de jamones, las becas sin mérito y acciones como las de CEPADEM en época de Navidad:  nos toman por asalto y, por ende, nos toman por imbéciles.

 

NUNCA FUI PRIMERA DAMA

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 1o. de diciembre de 2017

La famosa escritora cubana Wendy Guerra (que además vive en la isla) escribió en 2008 el libro “Nunca fui primera dama” justo antes de que la editorial Bruguera quebrara.  Wendy había ganado el premio que otorgaba esa editorial en 2006 con la novela “Todos se van” que fue llevada al cine por el colombiano Sergio Cabrera en 2014 y se puede ver por Netflix.

“Todos se van” ganó varios premios adicional al Bruguera, entre ellos el diario “El País” la seleccionó como Mejor Novela en 2006. También recibió el Premio Carbet des Lycéens en Francia (2009) y su edición en inglés “Everyone Leaves” (Estados Unidos, 2012) fue seleccionada por la revista Latina como uno de los 9 mejores libros del año publicados por autores latinoamericanos en Estados Unidos.

Nunca fui primera dama

Con el engreimiento que le dieron tantos galardones, se presentó ante su agente Ana María Moix con un legajo enorme de escritos sobre la siempre impenetrable situación sentimental del comandante Fidel Castro, ya que Cuba, desde su ascenso al poder, no ha tenido primera dama.  Ella buscaba, como en otros de sus libros, la figura materna, esa que tanto la marcó en su niñez y adolescencia, y sobre todo, se centró en la figura de Celia Sánchez Manduley, que era la asistente y posiblemente la amante del comandante, y que murió de cancer en 1980.

La editora tomó su manuscrito y prescindió de unas 200 páginas y la novela que resultó se vendió sorprendentemente bien.  Sin embargo, le faltaba cerrar esa historia y está reedición que presentó en la Feria de Guadalajara lleva el capítulo final titulado “Sin Fidel” y la presentó justo el día que se cumplía un año de la muerte del comandante.

Siendo Wendy tan mediática y expresiva, además de ser la heredera literaria de Gabriel García Márquez (fue su alumna en los talleres de guiones que impartía Gabo en San Antonio de los Baños) explicó junto a su editor y el escritor Luis Muñoz Oliveira, muchas de las situaciones que allí se convierten en lectura adictiva.

Julio Trujillo, editor, la considera una escritora imprescindible de su generación además de valiente, porque escribe desde Cuba y es crítica de las situaciones que allí se dan.  Trujillo explicó que este libro es nuevo y no lo es, pues ha sido revisado, corregido y aumentado y rematado, añadiría yo, una vez se consumó el desenlace biológico de cualquier ser humano, la muerte de Fidel Castro.

Wendy Guerra es también poeta y guionista, además de que escribe para diarios como El Pais, el New York Times, el Nuevo Herald y otros importantes periódicos.

UNA NOVELA LLENA DE TRAMPAS

Luis Muñoz Oliveira empezó diciendo que “Nunca fui primera dama” es una novela llena de trampas en el sentido que son anzuelos que captan lectores, como a los peces. La novela nos sumerge en un misterio, porque los personajes parecen reales.  Nadia Guerra empieza diciendo que ella es nadie y necesita saber quien es su madre, que partió de Cuba.  Eso nos introduce en la intriga a ver si finalmente la encuentra en los varios países que recorre.

Wendy Guerra en la FIL 2017

El segundo anzuelo es la búsqueda de conocerse a uno mismo, acompañado de una prosa magnífica, muy cuidada. Extracto de ese libro que destaca el presentador es “no es lo mismo la nostalgia que la melancolía” y sobre ese tema elaboró la autora.

El erotismo y la sexualidad juegan un papel muy importante en el libro.  Además de la búsqueda y el autoconocimiento, Nadia Guerra, la protagonista, se encuentra una caja y a través de ese hallazgo llega  la vida de Celia Sánchez, la mujer que “Nunca fue primera dama”.

El corazón de la novela es que mientras unos quieren ver el futuro Wendy está escribiendo contra el olvido.

HABLA WENDY

La autora relató la suerte que ha tenido la novela de tener dos editores de lujo, como Ana María Moix y Julio Trujillo.  Dijo que muchos recuerdan a una Cuba “vintage” y ella quiere mostrar la Cuba de hoy.  La portada muestra a Celia trabajando mientras Fidel está reclinado en una hamaca.  Los escritores cubanos “tenemos la obligación de rescatar esa especie de nichos prohibidos que se han cerrado”.  Celia Sánchez fue la directora del Archivo Histórico.  En sus archivos hay objetos, cartas a Fidel, etc.  El héroe en Cuba es esa cosa tiesa, que no hace pipí ni caca. En relación a Fidel, no se le conoció pareja hasta hace unos ocho años que por fin se supo que tenía una esposa.  “Fidel no nos parecía que era un hombre que podíamos tocar y apapachar de vez en cuando”.  Celia viene a humanizar y a frivolizar el asunto.

Con relación a su madre, que era amiga de Celia, llena de facetas y contradicciones Wendy nos ilustra ampliamente.  Su generación fueron niños de apartamentos, cuyos padres se fueron a hacer la revolución, que no tuvieron tiempo para ellos, que hacían cosas inauditas en el aspecto sexual.

La novela es una reconstrucción de esa época. Y una búsqueda de una madre, cuando hay muchos escritores que buscan a su padre.  Cuando Wendy creció tuvo una infancia colectiva.  Ellos se consideran hijos de la patria.

También hubo en Cuba una ausencia de valores católicos en la literatura.  Por eso el compromiso de ella, de contar la verdad aunque sea descarnada y no se le debe mentir al diario íntimo es su premisa. La mejor lección que le dio Gabo a Wendy fue que sacó todo lo que los latinoamericanos escondían.  Su literatura es dura, porque el mundo occidental no se parece a cómo se vive en Cuba. Ella paga las consecuencias, como mujer y como transgresora.

Julio Trujillo señaló que la autora hace un ejercicio de honestidad brutal, un desnudamiento absoluto.  Además el libro es protagonizado por tres mujeres.  Wendy que es la voz narrativa, la madre y Celia, que es el personaje medular.  Es un postulado muy claro.  La búsqueda del padre, que es Fidel, la madre que es la revolución.  Es muy feminista, en el sentido sentimental en donde las mujeres juegan un papel fundamental.  Es un homenaje a los verdaderos héroes de Cuba que fueron sus padres, que trabajaron por la revolución.

El libro tuvo dos vidas, y tuvo una apertura y ahora un cierre, con el capítulo final que culmina la historia con el remate “Sin Fidel”.  Cuando salió la primera vez fue adoptado por el Sistema educativo de Francia por dos años y mucha gente lo leyó.

En Cuba solo hay tres héroes, el Che, Camilo y Fidel. Pero Celia Sánchez estuvo opacada por la testosterona de la revolución cubana.  Para Wendy no ha habido otro canon de adoración como los Beatles, Bob Dylan o Sting, porque siempre la mandaron a adorar a Fidel.  Celia Sánchez fue una gran patriota cubana mucho antes de que Fidel arribara en el yate Granma a las costas cubanas. Su padre fue un médico rural y Celia lo acompañó a desafiar a Batista. Según Wendy, durante el gobierno de Batista el país estaba peor de lo que está hoy Cuba.

A Fidel le hablan de Celia cuando llegan a las montañas y cuando se conocen lo cura, lo atiende y diseña el sistema de seguridad. Cuando triunfa la revolución es Secretaria de Estado. Era ella la que mandaba. Hizo que en los comedores de las escuelas cubanas los niños aprendieran a manipular los cubiertos y a colocar la servilleta en el regazo.  Hizo trabajo con las prostitutas, replanteó el protocolo, y muchas otras obras hasta que muere en 1980.  Para Wendy, si Celia hubiera durado un poco más hubiera habido una Perestroika, un Glasnot, porque ella estaba preparada antes de Fidel, y durante su vida con Fidel para llevar cabo una gestión de país. En su opinión la presidenta de Cuba fue Celia Sánchez y no Fidel Castro.