Archivos de la categoría Publicado en La Estrella de Panamá

LAS HIJAS DEL CAPITÁN

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 17 de junio de 2018

Dedicado a Pedro Pessoa e Costa, que seguro le gustará

María Dueñas no deja de sorprendernos.  Aún está viva la historia de “El tiempo entre costuras”, que la catapultó a la fama, y entre el libro que se convirtió en una exitosa serie y esta cuarta novela apenas han pasado 9 años.  “Las hijas del capitán” es un relato que no puedes soltar y te la bebes como agua de mayo desde la primera hasta la última página.

Ambientada en el New York de los años 30 y con los personajes femeninos fuertes que caracterizan sus historias, María Dueñas pone a tres hermosas hermanas, malagueñas y con carácter decidido, a entrar en un mundo para ellas desconocido y lo hacen con coraje y hasta atrevimiento.  Victoria, Mona y Luz son las hijas de Emilio Arenas, un tarambana que va por medio mundo cambiando de oficio para no aburrirse y cuando visita a su mujer la deja preñada.  En determinado momento decide asentarse en un antiguo barrio de la ciudad de los rascacielos (en una calle que ya no existe por haber cedido al progreso inexorable) donde se encuentran los españoles que en algún momento se fueron tras el destello de libertad de la antorcha que levanta la dama que está en la desembocadura del río Hudson.  Se trae a su mujer, Remedios, bastante ignorante y demasiado sumisa y temerosa y a sus tres hijas.

Las chicas están descontentas por ese traslado y se muestran arrogantes y displicentes entre sus vecinos de la calle 14, (en la parte oeste de la isla, donde viven los emigrantes tanto españoles como de otros países de habla hispana) que tratan de agradarlas.  Un accidente acaba con la vida del padre antes de que empezaran a adaptarse sus hijas a su nuevo entorno y eso cambia para siempre sus existencias.

LAS HIJAS DEL CAPITÁN

     El negocio que Emilio Arenas les hereda es una especie de fonda que se llama El Capitán y tiene muy poco éxito, por lo que sus hijas buscan un empleo supletorio que ayude a sostener la precaria economía familiar.  La muerte del padre las pone en situaciones impensables porque les ofrecen, por un lado, una indemnización de parte de la naviera en cuyos predios ocurrió el accidente, pero se les aparece un abogado italiano que les promete mayor compensación.  Las cuatro, madre y tres hijas, están confusas y apelan a una vecina, también española que vive en el mismo edificio (a la que antes ni saludaban pero que ahora, como todos, les ha tendido la mano) y llegan a conocer a una peculiar monja que además es abogada y ponen el caso en sus manos.

Mientras, Luz se emplea en una lavandería, Mona tiene trabajos eventuales como mesera para eventos de la alta sociedad y eventualmente como auxiliar de una caprichosa e insoportable dama y Victoria se queda ayudando en la fonda. Luz tiene aspiraciones artísticas y se presenta en audiciones para interpretar zarzuelas y otros bailes.  Tiene mucha gracia y atractivo y llama la atención. La más avispada es Mona, que en cierta ocasión conoce, por esas cosas del destino, al Conde de Covadonga, el príncipe de Asturias Alfonso de Borbón y Battenberg, que renunció a sus derechos sucesorios en 1933 y se casó con una cubana.  En esos meses estaba separado de su mujer y vivía en el Hotel St. Moritz, mientras estaba en Nueva York.  Mona no tenía ni idea de quién era, ni mucho menos los tejemanejes de los ricos y nobles de su país.  Solo una tarjeta de presentación guardó cuando ayudó al expríncipe en una caída.  Un hombre de cristal, afectado de hemofilia y más solo que la luna en un hervidero de pasiones.

Las hijas del Capitán

Se hacen inseparables de Fidel, el hijo del propietario puertorriqueño de una funeraria que trabaja en el negocio del padre y que aspira a ser cantante de tango y emular a Gardel.  En Luz se van fortaleciendo sus dotes artísticas y hace audiciones con no tan confiables personajes del espectáculo.  Como son de impecable factura y muy hermosas, más de uno sueña con ellas.  Los desenlaces de sus aventuras bien valen un maravedí por cada página de lectura.

Van adentrándose en la ciudad, adoptándola, caminándola (la noche que Mona conoce al Conde de Covadonga le tocó caminar en diagonal 58 cuadras, sin hablar inglés y sin tener idea de por dónde pasaba).  Victoria se casa con un vendedor de habanos que le dobla la edad y se muda a Brooklyn.  La madre piensa que así estarán más domables las marisabidillas de sus hijas, pero el matrimonio no termina en tragedia porque a Luciano, el marido, lo mata el abogado que pretende defenderlas ante la naviera.  Ocurren las cosas más inverosímiles cuando ellas intentan reformar la triste y lúgubre fonda que estableció su padre y hacer una especie de night club, con actuaciones de Luz y de Fidel.

Mona se empata con Toni Carreño, un tipo que se dedica a oscuros negocios, prohibidos en esos tiempos, gracias a que Luciano, el marido de Victoria, conoció a su padre, que vivía en Tampa.  Son de ascendencia cubana y con el atrevimiento que da la ignorancia, llegan a visitar al conde para pedirle que vaya a la noche de apertura de “Las hijas del Capitán”.  Inmerso en la soledad e impedido por su frágil salud, el ex príncipe de Asturias los invita a cenar (Toni les consigue a Luz y a Mona unos vestidos de ensueño, pero ellas no tienen maneras en la mesa).  Con las pasiones entre los republicanos y los monárquicos a flor de piel, la cena termina en un motín que hacen los empleados del restaurante que se oponen a la presencia del monarca en el exilio.  Toni acaba trabajando como asistente del Conde y abandona sus negocios turbios.  La inauguración del local nunca tiene lugar.  Y de allí siguen muchos sucesos impensables pero fascinantes.

MARIA DUEÑAS

Nacida en Puertollano, Ciudad Real, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, en 1964, María Dueñas tiene 9 años de estar disfrutando de las mieles de la fama, desde que su “opera prima”, “El Tiempo entre costuras”, fue publicada.  Posteriormente fue llevada a serie de televisión por Antena 3 y ahora se puede ver también en Netflix.  Obtuvo su primer galardón por ese libro, que ha sido considerado un fenómeno literario (Premio Ciudad de Cartagena de Novela Histórica) y al año siguiente, 2010, le concedieron el de Cultura 2011 de la Comunidad de Madrid, categoría Literatura.

Ejerció de profesora titular de filología inglesa en la facultad de Letras de la Universidad de Murcia​ y vive en Cartagena. Su tercera obra, “La Templanza”, que fue el libro más vendido en 2015, el año que salió, también está siendo adaptado para televisión.  El segundo libro de la escritora, “Misión Olvido”, salió a la venta en 2012 y para muchos fue una decepción, pero para mí fue de gran valor porque rescata historias de las misiones españolas que se establecieron en California.  Es una de las máximas exponentes de la novela histórica.

Sus obras tienen la constante de enaltecer a las mujeres que protagonizan sus historias y son un tributo a ellas, que resisten cuando los vientos soplan en contra. Y en este caso, un homenaje a los hombres y mujeres valientes que viven la aventura incierta y siempre épica de la emigración.

María Dueñas estuvo en Panamá en 2015 presentando su libro “La Templanza” en la Feria Internacional del Libro de Panamá y su interlocutor fue nada menos que Jorge Zepeda Patterson, escritor mexicano, ganador del Premio Planeta de 2014, y esa fue una de las veladas más inolvidables de la que han disfrutado los amantes de la literatura en nuestro país.

 

 

 

AÑOS ELECTORALES

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 17 de junio de 2018

Entre el año pasado y el próximo se estarán celebrado elecciones en más de 10 países de América Latina, en donde unos 625 millones de votantes estarán decidiendo sobre su futuro político.  Y todo parece indicar que este trienio (2017-2018-2019) mueve el péndulo de izquierda a derecha, aunque en algunos casos, como en Venezuela, no prevalezcan las garantías para que se realicen procesos transparentes.

El primero en arrancar fue Chile, con la vuelta al poder del derechista Sebastián Piñera, dando a la mandataria saliente, Michelle Bachelet, un nivel de aceptación del 39% versus el 84% que obtuvo cuando terminó su primer mandato.  Su partido cometió varios errores estratégicos que le costaron el triunfo al candidato oficialista.

Le siguió Costa Rica a principios de año, asumiendo como vicepresidenta la primera mujer afrodescendiente en el cargo.  La señora Epsy Campbell estará de visita esta semana en Panamá y se organizan interesantes encuentros con ella y asociaciones vinculadas a los temas de igualdad de las mujeres.  Con motivo del viaje del presidente Alvarado a Estados Unidos, la señora Campbell asumió como presidenta, siendo la primera mujer afrodescendiente en ejercer la Presidencia de un país de América continental.  Contrario a Panamá, donde el presidente carga con su vicepresidenta para todos lados y si se ausenta, no la encarga, Costa Rica no queda en modo avión.

Las tres economías más importantes de la región, Colombia, México y Brasil tendrán elecciones este año y en los tres países se ha dado el fenómeno de que se han presentado (y en el caso de Colombia, han pasado a la segunda vuelta) candidatos alejados de los partidos tradicionales, como son Gustavo Petro en Colombia, Andrés Manuel López Obrador en México y Jair Bolsonaro en Brasil.  Hoy domingo se decide quién será el presidente de Colombia y la contienda está entre Iván Duque, heredero político del expresidente Álvaro Uribe y Gustavo Petro, ex guerrillero del M19 y exalcalde de Bogotá.  En los debates que he estado viendo en Twitter y en los medios colombianos hay muchos que alegan que votarán en blanco.  Cito un tuit del periodista Jon Lee Anderson sobre la irresponsable decisión de votar en blanco: “Los que “no votaron” a Hillary porque no les gustó su peinado nos regalaron a Trump por 4 años”.

Sigo de cerca lo que ocurre en el vecino país, con el que compartimos una frontera indescifrable.  Creo, como lo he conversado con entendidos que, si Sergio Fajardo hubiera unido esfuerzos con Humberto de la Calle, estaría hoy disputándole a Duque la presidencia y con muchas probabilidades de ganar.  Lo mejor que puede hacer el candidato de Uribe, si llega a ganar, es cortar con él.  Recuerden el libro de Iván Cepeda “Uribe y la derecha transnacional”, donde muestra las similitudes y sociedades entre éste y nuestro nunca mejor ponderado “loco” Ricardo Martinelli, que volvió a Panamá esta semana para enredarnos la vida y hacer a diario su show, exigiendo un respeto a los derechos que él nunca respetó y hasta violentó.

No sé si los colombianos calcularon que en medio de la celebración de la Copa Mundial de Fútbol se celebraría la segunda vuelta.  En un país que se caracteriza por ser super hinchas de ese deporte, ver un partido puede significar una alta abstención.

A México le toca el turno el 1 de julio y todo apunta a una victoria de AMLO a pesar de que los empresarios, que siempre han puesto al ocupante de Los Pinos del siguiente sexenio, están diluidos entre Ricardo Anaya, un tipo al que solo le faltó sacar una AK47 en el segundo debate, y José Antonio Meade, el “destapado” del Partido Revolucionario Institucional (PRI) sin ser miembro de ese partido y que no levanta pasiones.

Octubre tendrá de protagonista a Brasil, donde el “impeachment” a la presidenta Dilma Rousseff en 2016 le impidió terminar su mandato y su mentor político, Luiz Inácio Lula da Silva, que tiene los mejores pronósticos para ganar, está encarcelado.  Lula cumple condena de 12 años de prisión por corrupción y lavado de dinero.  En su defecto, se apunta a la figura de Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, que sus detractores acusan de ser ultraderechista.

Y nos abocamos a las nuestras, que se realizarán en mayo de 2019.  El panorama es incierto e intranquilo, con un independiente desconocido, salido de la nada, financiado por el partido gobernante para impedir que los que realmente se han doblado la espalda recogiendo firmas tengan su oportunidad.  Es importante que tengamos presente que en casi todos los países donde se están realizando elecciones, y otros de la región, un fantasma recorre las gestiones de gobierno y las obras de infraestructura: Odebrecht.  Y no podremos pretender erradicar la corrupción sin que sepamos a quiénes tocó y cómo en las elecciones de 2009 y 2014.