Archivos de la categoría Publicado en La Estrella de Panamá

Se requiere un profundo análisis

MARIELA SAGEL*

El reciente anuncio que el gobierno nacional compraría de vuelta a las empresas concesionadas los corredores diseñados dentro del proyecto Estampa, en los años ”80 y construídos durante la administración de Ernesto Pérez Balladares –por lo menos, el inicio de ellos— ha generado una gran cantidad de comentarios, algunos encontrados, que demandan un profundo análisis y sobre todo, una evaluación técnica y desapasionada de lo que ello implica.
Por un lado se escuchan los argumentos que se invertirían los ahorros del país en algo que ya tiene funcionando más de diez años y que con ese mismo dinero se pueden construir obras viales que son de urgente necesidad para los habitantes de este país.

Por el otro lado se dice que las empresas mexicanas que se beneficiaron con esas concesiones han expresado que su recompra les representa el mejor negocio de su vida empresarial, toda vez que ese dinero fresco que les entraría lo pueden usar, a su vez, para otras obras que también les generarán millonarios dividendos. También he leído que la noticia causó, inmediatamente, una baja en el “ranking” que otorgan las calificadoras de riesgos, si eso es que eso es importante para el vulgo.

Lo único que sí es válido, en mi humilde entender, es que los corredores NO VAN a ser gratis ni creo que bajen de precio, y mucho menos, van a recibir el mantenimiento que actualmente tienen cuando pasen a manos del estado. Invito a los expertos en economía, en finanzas y en ingeniería –y a quienes negociaron dichas concesiones— a que participen de un foro abierto donde la población se ilustre sobre las ventajas o desventajas y, de alguna forma, haga sentir su voluntad en contra o a favor.

De la misma manera, se requiere analizar las consecuencias de legalizar 100 mil ciudadanos colombianos de los más de 350 mil que hoy viven en Panamá y las implicaciones que ello traería en varios aspectos de la vida nacional. Sean colombianos, dominicanos, venezolanos, Panamá siempre ha sido un crisol de razas, pero hace falta una política migratoria que no discrimine, ni en contra ni a favor, para que se llegue a la conclusión de, en un momento de obnubilación, acceder a la legalización de personas que no se sabe a qué negocios edificantes se dedican. Propongo que todos aquellos que de alguna manera hemos sido parte del tema analicemos, con el único interés de beneficiar a Panamá, lo que ello representaría.

Los mexicanos que han atravesado la frontera al sur del Río Grande persiguen implacablemente esa moratoria generosamente ofrecida en la ciudad de Medellín al gobierno colombiano, período tras otro de sus presidentes, sin acercarse a algo parecido. Y las circunstancias son totalmente distintas así como lo es el manejo de las mismas.

Y finalmente, analicemos con estadísticas en mano y sin la intención de practicar marketing político, si la criminalidad ha ido en aumento o si el gobierno ha logrado bajar la inseguridad que a todos nos tiene muy preocupados y en lo que parece haber opiniones encontradas. Es necesario aclarar que la tipificación de los delitos ha cambiado radicalmente en los últimos años, y que los robos de autos han dado paso a los ajusticiamientos, y los hurtos sencillos han dado paso de ser delitos menores a  delitos mayores llamados contra la salud, que son el tráfico y consumo de drogas.

Si criticamos ofrezcamos soluciones para que no se diga el día de mañana que nos oponemos a todo. A lo único que no podemos oponernos es al desarrollo y debemos ser responsables del país que estamos construyendo porque, seamos parte del engranaje gubernamental o no, nuestras acciones, decisiones y opiniones son las que pesan al final para hacer un mejor Panamá.

Vista del Corredor Sur con el paisaje urbano de la ciudad de Panamá al fondo
Vista del Corredor Sur con el paisaje urbano de la ciudad de Panamá al fondo

El Kitsch arquitectónico panameño

MARIELA SAGEL*

Muchas personas que vieron la película Chance alegaban que se trataba de una burla a la clase alta panameña, a los “rabiblancos” (y de hecho, sé de casos en los que algunos se sintieron seriamente ofendidos). A mi entender, y sin ser ni pretender ser crítica de cine, no se burlaban de la clase alta sino a los “wanna be”, esa gente que aparenta ser más de lo que tiene y vive del cuento y de las apariencias.
Todas esas doñitas que no hacen nada todo el día, aparte de tomar café en el Deli e ir a misa y hablar mal de todo el mundo, o los sufridos maridos que hipotecan hasta el trasero para alcanzar un puesto que les permita pregonar que ahora sí le toca al pueblo. Y por supuesto, el mal trato que le dispensan a la servidumbre.

Pero ya muchos se encargaron, con buen juicio y tino, de hacer críticas valederas a la cinta que ha sido un éxito local y entiendo que también en los países vecinos.

En esa película mostraban una tendencia —en gustos y estilo de vida— que, aparejado al crecimiento inmobiliario y el boom de la construcción, se ha ido imponiendo, y de allí se ha derivado hacia el mal gusto que hasta los avisos luminosos ostentan. La palabra kitsch se originó en Alemania entre los años 1860 y 1870 e intenta definir el arte que es considerado como una copia inferior de un estilo existente.

Es en realidad un término alemán yidis y se usa, en su sentido más libre, para referirse a cualquier arte que es pretensioso, pasado de moda o de muy mal gusto. Y aclaro que al decir alemán yidis me refiero al idioma judeoalemán medio que se entiende como yiddish y se habla en las comunidades judías del centro de Europa ( ashkenazis ) que tiene raíces alemanas pero también fuerte influencia de lenguas eslavas, del arameo y del hebreo.

El kitsch apelaba a un gusto vulgar de la nueva y adinerada burguesía de Múnich  que pensaba, como muchos nuevos ricos, que podían alcanzar el status que envidiaban a la clase tradicional de las élites copiando las características más evidentes de sus hábitos culturales. Y generalmente esas copias eran malas y de pésimo gusto. Como lo son muchos edificios nuestros, que han adoptado estilos, materiales y hasta colores que no solamente hacen más caliente el entorno urbano sino que demandan más energía para enfriarlo, materiales que no se producen localmente y encima, desestiman totalmente la integración de la exuberante naturaleza tropical de la que debieran sacar partido.

El tema daría para un congreso de arquitectos donde tendríamos que poner a muchos en el banquillo de los acusados y otros a explicar lo importante que son los balcones y la ventilación cruzada en un país como el nuestro.

Sin embargo, en mi artículo de la semana pasada, señalé que en la manzana de Obarrio, sobre la calle 50, donde se talaron unos 180 árboles, se levantaría un hotel llamado Las Américas The Golden Tower, una torre dorada según pude ver en la presentación. Tengo que hacer la corrección que en ese lote el hotel que se va a construir es un Ritz Carlton —que no sé si es mejor o peor que la torre dorada— y también un edificio de oficinas, ya que uno de sus promotores se tomó el tiempo de explicarme el proyecto, los cientos de miles de dólares que pagó por los árboles que taló y la reposición que hará la ANAM de los mismos y que la dichosa torre dorada se construiría en el lote al lado de los Consultorios Médicos Paitilla, donde hay ahora un montón de vallas y siempre estuvo el popular restaurante Wendy”s.

Aclarado el punto, sigo insistiendo que hasta la fachada del Hospital del Niño, hecho con donaciones de la teletón, es un adefesio de mal gusto de remembranzas del estilo corintio que ofende y que si seguimos así, copiando lo que en otros lugares se hace, seguiremos llenando la ciudad de edificios y casas pretensiosas, de mal gusto y que seguirán quitándole personalidad a nuestra ciudad.

Cartel de la película CHANCE
Cartel de la película CHANCE