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La resaca del Carnaval

Caricatura que me hicieron en 1999 cuando mandé a suspender el programa La Cáscara
Caricatura que me hicieron en 1999 cuando mandé a suspender el programa La Cáscara
Los estragos que causó esta fiesta que se toma tan en serio en nuestro país fueron a todos los niveles. Me cuentan que a pesar de que en la ciudad se sintió la presencia de la policía y los mismos residentes del área afectada por la ruta (entre los que me cuento como damnificada), la premura en contratar orquestas y grupos por la tardanza en organizar una junta de Carnaval como Dios manda lo que ofreció fueron eventos improvisados, aburridos y anticuados. Como he repetido y escrito en ocasiones anteriores, para hacer un carnaval en la ciudad, igual que lo hacen en los pueblos del interior, donde son muy particulares, se necesita tiempo, planificación y compromiso, y no precisamente asesores por dos semanas que cobren sumas astronómicas, como ha empezado a circular que se le han pagado a un par de allegados a la precipitada junta que tuvo en sus manos la organización de éste que paso, que ni sé cómo se llamó.

En las carreteras también se sintió mucho control de parte de los uniformados, lo que no impidió, sin embargo, que se registraran lamentables accidentes. No soy muy amante de seguir los eventos en la televisión —a excepción de los políticos— por lo que no ví la demencia de Las Tablas, la saltadera de los colchones ni los latazos en Penonomé.
Algo sí me quedó claro: cuando las pasiones se sobreexcitan y hay descontrol, cualquier cosa puede pasar. Hace 10 años, previo a los carnavales, les pedí a los productores de La Cáscara y Calle 13 que no perdieran la cordura, que no se dejaran llevar por las emociones. No lo hicieron y el resultado fue una sanción, que me impugnaron, pero senté el precedente. Me hicieron una caricatura donde aparezco resbalándome en una cáscara de guineo que conservo en un lugar destacado de mi despacho.

La telenovela de Murcia no dejó de mantenerme en suspenso y por falta de curiosidad no me metí en la página web del canal que tuvo la exclusividad de entrevistar al apresado ángel de las pirámides, que tantos estragos ha causado tanto en su país natal, Colombia, como en el nuestro. Lo que siguió fue el debate de los noticieros reproduciendo no solo los capítulos de la inacabada serie, sino las aseveraciones de algunos políticos de que tal y cual campaña estaban financiadas con fondos de ese dudoso dinero. Es lamentable que la guerra de los ratings haga mano de tan pobres argumentos y la atención se enfoque en a quién le abrió la puerta o qué opinó ese despreciable individuo.

Sin entrar en honduras, colchones o latas, hay que advertir que los ejemplos que vemos a diario, tanto de los políticos como de los medios de comunicación llevan a la conclusión de que es deprimente, deplorable y poco alentador que no se quiera elevar el nivel ni del debate ni de los mensajes.

Todos queremos que nuestros hijos vivan en un país mejor, que estudien y se preparen para un mundo competitivo, que no se consigue a punta de saltos dementes en colchones ni por medio de cuñas publicitarias que desacreditan en vez de orientar. Un mensaje como el decir que “naiden” (refiriéndose a nadie) se queja de los precios de tal o cual supermercado lo que hace es que nuestra juventud retroceda en términos culturales. Como leí recientemente de Edmund Burke, escritor y político irlandés del siglo 18: “lo único que necesita el mal para triunfar, es que los hombres buenos no hagan nada”. Yo añadiría, aunque se infiere, que las mujeres no hagamos nada.

Potpourri de Carnaval

Casimiro, el muñeco de “Debate Abierto”, debería ser Rey Momo de estos Carnavales de Alí Babá —como yo les llamo— porque se ha robado el mandado esta semana que recién acaba. Empezó con la entrevista el domingo en “Debate Abierto”, con la nómina del “Cambio”, y hasta se burló de ellos, y siguió interviniendo a diario, en los más aburridos programas y en los más caldeados.

Otro estreno fue la intervención del Lic. Alejandro Pérez en el programa “El Cañonero de Domplín”, el lunes, cuando dijo, sin que nadie le preguntara, que la presidenta Moscoso había recibido un millón de dólares de “regalo de cumpleaños” por parte del gobierno de Taiwán. Esto fue como corolario al desafortunado fallo de la Corte, que considera que los fondos donados por ese país a fundaciones privadas no son auditables. Al día siguiente, el señor Pérez tuvo que tragarse sus palabras luego de una llamada de la mismísima doña, desmintiéndolo. Sin embargo, la duda se sembró en cuanto a los manejos de la Fundación Mar del Sur y los fondos que recibió durante los años en que nos gobernó el arnulfismo, y los propósitos para los cuales se invirtieron (o gastaron) esos dineros.

El ex secretario general de la Procuraduría, José María Castillo, fue enfático el martes en su participación al desafiar la política exterior del país, exigiendo que el mandatario (a) próximo tenga como prioridad establecer relaciones diplomáticas con la Rep. Popular de China. Lo que tenemos ahora es un desfase, una situación en la que Taiwán sostiene sus precarias relaciones diplomáticas a punta de chequera. Como dijo en su despedida el consejero de esa misión en Panamá, Li Yong Liu, es como si los grandes Estados tuvieran relaciones con la isla de Taboga, en vez de reconocer a Panamá como país.

El esperado foro de los vices no estuvo tan decepcionante como el de TVN , que se convirtió en el monólogo de Balbina. No se sintió la saña que tenían los periodistas contra la candidata y a los vices los trataron con condescendencia y tolerancia (hacía falta, escuchando la lamentable intervención del Dr. Cortizo, a quien su propio candidato lo descalificó posteriormente).

El risible programa que se retransmite a diestra y siniestra, mejor conocido como la “hora Martinelli” —o, como dice Pedro, Trocha Hambrienta— sigue con su detestable escenario, donde pasan videos de unos espaguetis mientras un furibundo miembro de los liberales auténticos (si se le puede llamar a ese pastiche algo) se tira al piso para defender sus puntos de vista. La verdad es que con semejantes referencias, uno no debería ni preguntarse cómo es posible que se tenga cultura política de altura, si lo que se ve es pura basura.
La semana no podía terminar peor si no fuera por el “chancleteo” que formaron las señoras Dixon y Cortés en “Encontremos Soluciones” el jueves. Con semejantes ejemplos, con razón que las mujeres tenemos fama de perequeras y viscerales.

Y ahora que el Carnaval debe de estar en pleno apogeo en la ciudad, habría que preguntarse cómo ha sido tan expedito el desembolso de los fondos para el jolgorio, cuando no hay para reparar las calles, las escuelas y otras necesidades apremiantes. No hacía falta celebrar el Carnaval, si a diario vemos escenas cómicas que pareciera que nunca dejamos de estar en este estado, con tranques y hasta rumbas –amenizadas por Eladio y su combo— y la ñamería que se ha apoderado de la política con lo de “los locos somos más”. Desde este lado somos “gente de mente” y pare de contar.