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CONJUGANDO TURISMO Y CULTURA

Avenida Balboa con el café Squirt a la derecha
Avenida Balboa con el café Squirt a la derecha
En declaraciones recientes, el presidente electo señaló que las actividades culturales que hace el estado (léase INAC) se fusionarían con las de la Autoridad de Turismo (IPAT) y no han faltado voces de alarma ante esta posibilidad así como tímidas defensas a un modelo organizativo como tal, que incluya ambas entidades en una sola. Se ha llegado a decir que estamos ante la defunción de la cultura y levantado toda clase de argumentos en público y en privado contra esta posibilidad.

En lo personal, no lo veo ni bien ni mal, sino todo lo contario. Alegar que en otros países, algunos mucho más desarrollados culturalmente que nosotros, este modelo trabaja bien, es sustentar la propuesta sobre bases endebles. Uno debe apoyar o rechazar los cambios (y ahora que entraremos en un período donde se han prometido los mismos hasta en la manera de caminar) en la medida que avancemos o retrocedamos como país sino ver con luces largas lo que le conviene al país.

Si bien es muy cierto que las manifestaciones artísticas que impulsa la Autoridad del Turismo son esencialmente para promover la riqueza étnica del país, también lo es que ese organismo del estado ha hecho poco o nada para incluir en su oferta o sus diferentes mercados, tanto las actividades que se dan a nivel de danza, arte, literatura, precisamente porque cada uno está en lo suyo y no estudian la sinergia que puede haber entre ambos pilares. Igualmente, el turismo que llega a Panamá es muy variado, está lo estrictamente turístico (conocer y paseas por nuestras ciudades y visitar las playas) al turismo de negocios e inclusive el de compras. Sería interesante conjugar todas esas actividades en una. De repente funciona y los extranjeros, que llegan no solo vengan buscando el sol y el canal, sino también visitando los museos o asistiendo a eventos culturales de todo tipo.

No veo tan descabellada la idea. Por años, el Instituto de Cultura ha funcionado no solamente con un magro presupuesto sino circunscrito sus actividades a apoyar estructuras obsoletas y empujar desfasados programas que necesitan de muchos recursos para innovarse. En entrevista reciente el pintor argentino que reside en nuestro país, Juan Carlos Marcos, señaló que sus recursos solamente satisfacen la planilla de la institución y no está lejos de la realidad. El INAC que creó Omar Torrijos y ejecutó con mucho tino Jaime Ingram ya no es el ente dinámico que ellos tuvieron en mente. Sobrevive por el esfuerzo de unos cuantos pero su accionar se ve muy limitado. Paralelamente, otras entidades que promueven la cultura, como son los museos de arte, del canal, Explora, la Biblioteca Nacional, Panamá Viejo y similares, han demostrado ser exitosos funcionando como un patronato, apoyados financieramente por empresas privadas y hasta por países extranjeros.

En años recientes las actividades turísticas se han disparado y las cifras que han arrojado como resultado de su atractivo son más que alentadoras. Beneficiaría mucho a la cultura el tener los recursos del turismo, pero para eso habría que tener una perfecta sincronización.

Es así como llego a la conclusión que no debemos adelantarnos a oponernos a un modelo de fusión que puede que sea bueno para Panamá, sin antes estudiar sus pro y sus contra y cómo podríamos beneficiarnos todos y ofrecer un paquete turístico cultural que enaltezca nuestras manifestaciones más variadas sin demeritar la una y la otra. Lo que se impone es un cambio de actitud dentro de nosotros mismos, para elevar el nivel cultural de la población y seguir siendo el país dinámico y de avanzada que hemos llegado a ser, culto y educado que aspiramos.

¿Es el medio el mensaje?

Mi último artículo tuvo muchas reacciones, favorables en su mayoría, porque es inaceptable para las personas de mentes (o sea, que tenemos criterio y discernimos qué es lo bueno y qué lo malo y sobre todo, qué es lo que enseñará al resto de las personas valores suficientes para elevar el nivel cultural de la población) que se utilice como mensaje un episodio enmarcado en un banal concurso de belleza donde nuestra representante quedó muy mal.

Uno de esos comentarios sobre mi artículo me señalaba que tal parecía que los promotores del Atlas Mundial Ilustrado —y ahora más recientemente Nissan— entendían en forma bastante retrógrada que pretendiendo querer lavarle la cara (o sacarle la pata) a la confusa joven, estaban enmendando el error y dándole valor agregado a sus desaciertos. Nada más alejado de la realidad y de su responsabilidad como enaltecedores de la cultura.

Fue el educador y filósofo canadiense, Marshal McLuhan quien sentenció que el medio era el mensaje, así como acuñó el término “aldea global” para describir la interconexión humana a escala global generada por los medios de comunicación apenas en el siglo XX. Según su óptica, somos lo que vemos y formamos nuestras herramientas y luego éstas nos forman. Bajo estos parámetros, el arrobamiento que se tiene por la señorita Cozarelli como insignia de conocimiento o estupidez es consecuencia que queremos reflejarnos en la ignorancia, porque al voltear su desatinado desconcierto cultural en una especie de rescate del conocimiento, damos poco valor a la forma en cómo se está educando a nuestro pueblo. McLuhan se adelantó a su tiempo en el estudio de los medios. Advirtió, en la década de los 60, al redefinir los conceptos medio y mensaje, que la era de la televisión iba a reemplazar la cultura del libro, reconociéndole su enorme poder. En el caso que nos ocupa, la intervención de la chica, al ser interrogada durante el concurso, llegó a todo el mundo y por medio del youtube , éste le dio la vuelta al mundo en forma de burla hacia la mujer panameña.

Sin querer volverme muy exquisita, a donde quiero llegar es a establecer hasta qué punto la creatividad publicitaria ha llegado a un punto tan bajo (o tan alto, según se mire) en que pretender enmendar un entuerto con una campaña con poco sustento y menos credibilidad, perjudica no solo al mensajero, sino al mensaje y al medio: el anunciante queda en evidencia como uno a quien no le importa en lo absoluto con el público, mucho menos la ética con la que debe enfocar sus mensajes y hace público su desprecio por inclusive, la mensajera, porque su actuación no solo es patética, sino a todas luces desacreditadora de su intelecto y ponderación de sus atributos físicos.

Los padres, sin discriminar padre y madre, hasta cierto punto en la vida, son los llamados a orientar a los hijos y no mirar que la confusión de ellos sea motivo para la explotación de sus debilidades, más si son intelectuales. Deben estar atentos a cuando el contenido se convierte en ilusión o visión, porque a veces el mismo se esconde tras una máscara, que modifica el medio (lo mediatiza). Esto es lo que lamentablemente ha sucedido en este caso que tanto escozor nos ha causado, pero que defienden a capa y espada tanto publicistas como los mismos medios por la cacareada libertad de expresión, de la que ellos tienen una representación que usan a su antojo con quien quieren.