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Regalos de los Reyes Magos

MARIELA SAGEL*
Publicado en La Estrella de Panamá el 6 de enero de 2010

Para el día de los Santos Inocentes publiqué un artículo donde sugería regalos para ciertas personalidades de la política, los medios y otros famosientos (o aspirantes a) del patio local. Por estar fuera del país lo mandé a mis mal acostumbrados lectores que reciben puntualmente mis artículos por medio del correo electrónico una semana tarde y la avalancha de comentarios no se ha hecho esperar, reclamos de por qué no se incluyó a tal o cual, y hasta voluntarios para entregar personalmente algunos de los regalitos —y algunas sugerencias para regalarme a mí—. También recibí otros comentarios de los que tienen la buena costumbre de leer La Estrella los domingos, y muchos me han animado a que siga regalando, ahora en ocasión del Día de los Reyes.

Así que allí les va:

A Ricardo Martinelli, el libro “ El Espíritu de las Leyes ” de Charles—Louis de Secondat, barón de Montesquieu y que busque la definición de logorrea en Google.

A José Batista, ex director de Desarrollo Urbano, pastillas para la memoria, para que se acuerde de la demanda que le pusieron los vecinos de la calle 61 de Obarrio, por el cambio de zonificación y que acaban de ganar en la Corte.

A Mariela Jiménez, las grabaciones de cuando era legisladora y abogaba por los empleados públicos y se quejaba que en la Asamblea solamente la ponían en la Comisión de Arreglos Florales.

A Fernando Núñez Fábrega, un libro de recetas que se pueden hacer con canabis, para que se las cocine a Mitchel Doens, y una corbata Ferragamo con imágenes taurinas, para su colección.

A Noel Riande, un libro de contabilidad para que demuestre todo lo que buenamente le donó al PRD en la campaña política y ni siquiera se lo han agradecido.

A Giacommo Tamburelli, una salida airosa y no al estilo de Posse.

A Carlos Vallarino, un recibo de exoneración de impuestos por lo que le ahorró a su pariente en la venta del banco.

A Juan Carlos Varela, la obra “ El Tartufo ” de Moliere, autografiada.

A Giselle Burillo (ex de Calcagno), una foto de cuerpo entero de su amiga Balbina y el carné de miembro del PRD plastificado para su baúl de los recuerdos.

A Miguel Antonio Bernal, una televisora y una radioemisora para que solamente hable él.

A Alvin Weeden, todo el dossier del caso Samos, empastado, y una foto de Chito Montenegro.

A Eladio Fernández, el recuerdo de la promesa que le hizo Mireya Moscoso del aumento a los jubilados.

Al Diario La Prensa , el record Guinness de portadas dedicadas al Toro.

Al Partido Panameñista, una fundación que incluya a todos los que han nombrado.

Hasta la próxima repartición de regalos.

La verdadera imagen de las zapatillas del pueblo
La verdadera imagen de las zapatillas del pueblo

Echar de menos o de más

Publicado en La Estrella de Panamá

3 de enero de 2010

Newport Coast, CA. Leía hace poco que la expresión “echar de menos” no debería ser tal, sino lo contrario, “echar de más”. Sin embargo, hurgando en el significado de las expresiones, encuentro que “echar de menos” significa en teoría “notar la falta de alguien o algo” o “tener sentimiento y pena por la falta de alguien o algo”. La forma castellana que se documenta a partir del siglo XIII es “echar menos”, pero en el siglo XVIII se convirtió en “echar de menos”. Como siempre, el “de” se cuela en todo lo que decimos. Pero es el “más” o el “menos” lo que está en discusión.

El año que acaba de terminar tuvo de todo: unas elecciones que culminaron un proceso que fue innecesariamente doloroso, agotador y por demás costoso, donde presenciamos atónitos cómo se ventilaban conciencias y vituperaban prestigios, además de confirmar aquello que “todo pueblo tiene el gobierno que se merece” y lamentablemente, nuestro Panamá no solo lo ha más que confirmado, sino que demostró que la calidad del nivel de la población está íntimamente ligada a los candidatos que tuvimos y donde a duras penas votamos por el menos malo, porque no nos quedó de otra. La época pre y post elecciones ha sido todo lo incierta e inestable que una pueda imaginar y aún no termina de arrancar este Singapur to be, como pretenden hacernos creer algunos ilusionistas.

También se desinflaron estrellas y sueños, pero damos gracias a Dios porque no hubo grandes tragedias colectivas, como en años anteriores, y dentro de todo lo malo que fue la accidentada puesta en escena de las villas de la Cinta Costera, no se ven tan mal, aunque no hayan ganado ningún premio Guinness y mucho menos se tropiece uno ni por casualidad con un Niño Dios en un pesebre o con los Tres Reyes Magos, una vez se haya estrellado contra los muñecos de Disney y los avatares chinos.

El año que termina nos dejó algunas tristezas por la partida en forma prematura de amigos entrañables y también alegrías, por los triunfos de nuestros hijos y allegados, ya sean personales o profesionales. El cambio climático nos tiene locos y vivimos verdaderos contrastes en nuestro país tropical, con lluvias torrenciales y veranos borrascosos en los momentos más inesperados, aprestándonos a tener una larga temporada seca, donde la tierra va a estar pidiendo a gritos por agua, que es hoy el recurso más importante y también, el más desperdiciado, especialmente en Panamá.

La educación no termina de entenderse ni por las autoridades encargadas y así como los padres le echan la culpa a los maestros y profesores por el fracaso y las malas actitudes de sus hijos, los maestros hacen poco o nulo esfuerzo por enderezar varillas que vienen torcidas por malos ejemplos presenciados en casa y estamos ante una (o varias) generaciones perdidas, que lo único que van a aportar a la urgencia de un cambio de actitud de parte de nuestra juventud, —que imita solamente lo que ve en la televisión y en las revistas de chismes— es la habilidad en los teclados de los blackberries, que ya ni respetan las reuniones familiares y mucho menos los espectáculos públicos.

En fin, un año más o un año menos, igual al dilema de echar de menos o de más o aquel que dice del vaso medio lleno o medio vacío. Todo un año desperdiciado o uno digno de un rico crecimiento intelectual. El balance es al final de uno mismo y, en lo que a mí respecta, a pesar de las pérdidas personales y de los desencantos, ha sido aleccionador saber dónde debo enfocar mis esfuerzos para que los mismos no resulten fallidos.

La Torre Eiffel
La Torre Eiffel