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Celebrando en voz baja

MARIELA SAGEL*

2 de Mayo de 2010

El mes que acaba de terminar —que ya es el cuarto del año— tuvo varias celebraciones que nos deben hacer reflexionar sobre el valor que le damos a las conmemoraciones versus lo que practicamos a diario.

Y es que no solamente se trata de un día pintarnos de verde, porque es el Día de la Tierra, o de morado, porque es Viernes Santo, o acordarnos de Rogelio Sinán, porque es el Día del Escritor, o regalar un libro, porque es el Sía del Libro, o festejar a la secretaria por su día. Las celebraciones deben ser modos de vida, como el que va a la iglesia y practica en su vida diaria eso por lo que tanto reza y hace reverencial genuflexión ante las imágenes de los santos.

La naturaleza ha azotado con fuerza a nuestro maltratado ambiente, y lo que se esperaba iba a ser una sequía o verano larguísimo, ha traído, súbitamente en abril, en lluvias inclementes que han sorprendido a más de uno, y causado severos daños materiales por la malas prácticas de los ciudadanos, de disponer de lo que no quieren —léase basura, electrodomésticos, colchones, envases de foam, etc.— en las quebradas y ríos, dando como resultado que esas primeras lluvias tengan bloqueadas las endebles alcantarillas y se formen unas colosales inundaciones.

También se celebró el día o semana del reciclaje, y en otra columna resalté la importancia de reciclar, que se define como “someter a un proceso físico químico y/o mecánico a una materia o a un producto ya utilizado, a un ciclo de tratamiento total o parcial para obtener una materia prima o un nuevo producto”. También puede ser “la obtención de materias primas a partir de desechos, introduciéndolos de nuevo en el ciclo de vida y se produce ante la perspectiva del agotamiento de recursos naturales”.

Actualmente, muchas personas conscientes están reciclando papel, que es el más fácil de los materiales con que tratamos día a día, y también las latas. En algunos lugares venden un aparato que las aplasta y de esa manera, es más fácil disponer de ellas, pues el aluminio es de fácil reciclaje, como lo es el vidrio (si tienen duda, dense una vuelta por Casa Cor y vean cómo hicieron la taquilla).

Supongo que la conmemoración a reciclar en un día específico estuvo ligada a la celebración del Día de la Tierra, que fue el 22 de abril. Valdría la pena investigar si en las materias que se imparten en las escuelas se enseña el valor y la importancia del reciclaje, ya que esa sería una manera muy eficaz de influir sobre la conciencia del individuo desde su temprana edad. Si en su casa no se enseña que los recursos no son limitados y que por el contrario, hay que apreciar lo que se tiene para darle otra vida, de ser posible, pues que se aprenda en el colegio.

Me contaba mi hermana que vive en Indonesia que allá, donde el agua no es potable, no se vende nada envasado en plástico en el colegio donde asisten sus hijos y los chicos deben llevar su botella reusable para servirse de los dispensadores de agua embotellada.

El composting o degradar desechos orgánicos a abono —por ejemplo todo lo que se recoge de los jardines (ramas, hojas)— se desintegra a abono que se re-usa. En teoría se puede hacer lo mismo con los desechos orgánicos de la cocina, pero el tema es que esto atrae roedores, cucarachas y otros animales con los que no quisiéramos tropezarnos.

Existen ya industrias completas que basan sus recursos en la reutilización de materiales existentes. Están muy de moda las carteras hechas de empaques de gomas de mascar o cualquier otro material y las mismas son el último alarido de la moda. Recuerdo que a nosotras en Las Esclavas nos enseñaron a hacer pequeños petates con esos empaques, pero ahora la sofisticación ha llegado a tanto, que es elegantísimo llevar esas carteras y son muchos los países que innovan con otros materiales y con otros productos.

Tratemos de crear y adoptar una cultura de reciclaje. De hacerlo así, como dice el juramento que se le toma al que accede a un puesto, “Dios y la patria os lo agradecerán o de lo contrario, los castigará”. Yo añadiría “y el medio ambiente también se lo agradecerá o lo castigará”.

La voz de los sin voz

09 de mayo de 2010 

MARIELA SAGEL*
La Estrella de Panamá

Así llamó a los medios de comunicación Monseñor Oscar Arnulfo Romero, según las palabras de mi apreciado amigo Guillermo Antonio Adames, quien tuvo a bien invitarme a la toma de posesión de la Junta Directiva, que a partir del martes él preside, del Consejo Nacional de Periodismo, que reúne gremios, empresas periodísticas, la academia y la sociedad civil para fomentar el periodismo de calidad, libre y responsable y fortalecer la democracia y la libertad de expresión.

Precisamente el día anterior (3 de mayo) se celebraba el Día de la Libertad de Expresión y el evento al que asistí estaba lleno a más no poder, con las figuras representativas de todas estas corrientes e, inclusive, invitados internacionales. Ñito, como todos conocen a Guillermo Adames, fue honrado con la asistencia del señor presidente de la República, Ricardo Martinelli, y con el recién estrenado Arzobispo, Monseñor José Domingo Ulloa (que el presidente llamó José Dimas, pero yo la metí hasta el fondo cuando le saludé y le dije Monseñor Laboa).

De su discurso, que me pareció una pieza magistral de sapiencia y saber decir las cosas como son sin herir a nadie, destaco aquello que los medios hoy día son menos obsecuentes con el poder, es decir, no están sumisos a él. Que se ha disfrutado de una opinión pública autónoma y bien informada, que es la base de la legitimidad de la democracia. Y que la democracia de un régimen se mide por el grado en que se ejerza la libertad de prensa, que es la vara para medir la democracia.

El periodismo, dijo Adames, es una profesión, un oficio, que basa su credibilidad en la independencia. “ Y es que sin crítica y reportajes confiables e inteligentes el gobierno no puede mejorar su forma de gobernar… ”.

La responsabilidad de los medios está en hacer un periodismo crítico, de denuncia, pero ecuánime y equilibrado, señaló Ñito Adames. Y finaliza con una alegoría muy entusiasta: “ al edificio de la transición panameña a la democracia, le faltan pisos por construir ”.

Pero no solo les toca a los medios hacer un periodismo crítico, también a los lectores, a los bisoños, a los que queremos emitir nuestras opiniones sin cortapisas. En Panamá, como asumo quiso decir el presidente Martinelli en su atropellado discurso en el acto de toma de posesión, todo el mundo tiene una epidermis muy corta (supongo que debió decir delgada o sensible) no solo los políticos, también los escritores, los pintores, los artistas, no resisten una crítica, y se ensañan por nuestras opiniones públicas y lo hacen a través de todos los medios que pueden, sin darse cuenta que, rechazando lo que nos atrevemos a señalar con valentía lo que es nuestro humilde criterio, nos catapultan a la fama.

En Argentina, Federico Andahazi ganó en 1997 un premio por su novela “ El anatomista ” y cuando la presidenta de la Fundación que otorgaba el galardón leyó el manuscrito, se lo retiró. Lo siguiente fue la fama inmediata y más recientemente, con su “ Historia sexual de los argentinos ”, (una serie de tres libros) hasta han solicitado excomulgarlo y hordas enardecidas han pedido su cabeza. Lo único que ha conseguido es que sus libros se vendan como papas fritas.

Como me manifestó mi profesora de Historia del Arte del Colegio de Las Esclavas, Ángela de Picardi, “ Lamento que vivamos aún en Panamá este criterio de que las críticas literarias o artísticas sean para definirse en el plano del insulto personal y no en el de las ideas o argumentos ” en respuesta a un virulento ataque de una autora – a la que ni siquiera criticaba, nada más como referencia que debía apartarse del grupo literario en que “militaba” — como consecuencia de un artículo que publiqué en una revista internacional. Y como si fuera poco, esos mismos comentarios los dicen los que hoy me quieren crucificar, pero en voz baja y con palabras soeces y gestos aún más deplorables.

En fin, este es Panamá, donde las pasiones se enfocan en pequeñeces y las mismas no permiten que se crezca, como se ha elevado mi querido amigo Ñito al lanzar un discurso que debe hacer pensar a toda la clase periodística panameña y recapacitar a la clase política, que ha dado tantos golpes a la independencia de los que opinamos sin complacencia.